23 oct. 2011

Noche de Nochebosque en el Café Comercial

Con José Luis y Ernesto

¿Qué puedo decir? Que la noche del jueves fue otra vez hermosa, como en La Fugitiva, porque los amigos nos devuelven, y nos justifican, las ganas de escribir cuando se portan con uno como se portaron los míos el jueves conmigo: calidez, sonrisas, apoyo. Allí estaban todos, hasta los que no pudieron ir, poniendo el hombro en esta larguísima carrera que es la escritura, un acto esencialmente solitario, pero que a veces tiene estas recompensas: José Luis Torres Vitolas, como buen y discreto editor, creó el escenario apropiado para que Ernesto Pérez Zúñiga demostrara una vez más su enorme generosidad convertida en palabras cálidas y brillantes. Y, como digo, los amigos me arroparon con su cariño.

¡Así, sí dan ganas de escribir!

(A continuación, una pequeña galería del evento:)

Con Ernesto

Vista general de la presentación

Con Ernesto mientras habla José Luis

Con Ernesto

Firmando el ejemplar de Conchita Blázquez

Con José Luis mientras habla

Firmando un ejemplar de "Nochebosque"

16 oct. 2011

Nochebosque: segunda salida


Hace casi un mes que mi nueva novela, Nochebosque, anda por las librerías españolas, y hace casi un mes que hizo su "primera salida", a punto de comenzar el otoño y la rentrée, en la librería La Fugitiva.

Pues bien, este jueves, como pueden observar en la tarjeta que encabeza esta entrada (pinchen en ella para verla más grande) y porque todos somos dignos hijastros de Cervantes, mi novela hace su segunda salida, esta vez de la mano del escritor Ernesto Pérez Zúñiga, que fungirá de padrino, y de José Luis Torres Vitolas, el editor de la novela. El legendario Café Comercial, en el que Jardiel escribía sus libros, es un escenario inmmejorable para que una novela asome la cabeza. ¿Qué más se puede pedir?

Será una alegría verlos por allá, compartiendo la pasión por los libros y la inteligencia aguda de mis acompañantes.

¡NOS VEMOS ALLÁ!

15 oct. 2011

Caracas de Noche, Juancho y las lentejas


Adoro las lentejas. Me recuerdan tiempos mullidos, casas ordenadas, olores atractivos. Un plato de lentejas humeante es una señal de que el cielo queda cerca. Además tienen hierro, que eso es bueno, dicen las abuelas.

Pero mejor es comer lentejas con amigos. Entonces, en esas ocasiones, las lentejas son más sabrosas, acompañan más, alimentan mejor. Yo lo hago periódicamente "en el asturiano" con Ernesto Pérez Zúñiga, Juan Carlos Méndez Guédez y Nicolás Melini, cultores los cuatro de la secta bandini; y en el mítico Gijón con Pepe Esteban, Carlos Boix, y Juancho Armas Marcelo, cultores los cuatro de todo lo que se tercie. Justamente nos contaba Juancho que acaba de abrir su nuevo blog, Gran Angular, en el que ha empezado a hablar de todo lo humano y lo divino. Ayer ha contado una historia de la que hablamos esta semana, una historia de la Caracas "oscura", la Caracas de noche, que depara más de un susto: justamente, así se llama esa entrada, Caracas de noche, y la relaciona con la "negrura" de mi nueva novela, Nochebosque. No, no había caído en la cuenta de que quizá mi afecto por el miedo, por las historias de terror, también tiene que ver con ese misterio que desprende la queridísima -y atribulada- capital de mi país cuando el sol se esconde y las calles se convierten en guaridas de espectros y de perros errantes a causa también de los frondosos árboles que las hacen más temibles.

El que ha caminado por Caracas de noche, sabe que no solo la Caperucita debe tener miedo de los caminos desconocidos.

Juancho Armas Marcelo lo sabe.