29/07/2005
Error. Debe ingresar una cédula válida
Eso es lo que dice ahora la consulta del CNE cuando meto mi cédula con el famoso asterisco (9*315262; 93*15262; 931*5262; 9315*262; 93152*62;931526*2), antes, en donde no me daba nombre, decía otra cosa que no recuerdo pero que no se parecía al error. Pero eso no me tranquiliza sino al contrario, me turba más: ¿cómo es posible que una base de datos tan delicada sea tan voluble y un día me da datos y otros no? ¿A tan pocos días las elecciones todavía están jurungando esa base de datos? ¿Quién controla eso? ¿Cómo se controla eso?
¿Quién decide los datos que da una máquina?
Preguntas, el CNE de mi país no me trae tranquilidad sino preguntas y desconfianza.
Porque son unos tramposos.
¿Por qué va a ser?
BLADE "CNE" RUNNER
recibí un email en el que me décían que metiera mi númeor de cédula de identidad (9315262) y le pusiera un asterisco detrás de cada número cada vez para ver si me habían clonado la cédula. ¿Y qué resulto? Pues se los muestro, tal como en la consulta del Consejo Nacional Electoral lo muestra:
1) 9315262
Yo mismo de mí.
2) 9*315262
Nada
3) 93*15262
Nada
4) 931*5262
Cédula: V-931*5262
Nombre: GONZALEZ PINTO PEDRO JOSE
Centro: ESCUELA BAS ALBERTO RAVELL
Dirección: AV BOLIVAR PUNTA DE MATA
Estado: EDO. MONAGAS
Municipio: MP. EZEQUIEL ZAMORA
Parroquia: CM. PUNTA DE MATA
5) 9315*262
Cédula: V-9315*262
Nombre: QUEVEDO OLIVEIRA YRENE MILLY
Centro: COLEGIO SAN ANTONIO
Dirección: BRR PUEBLO NUEVO SUR EL TIGRE
Estado: EDO. ANZOATEGUI
Municipio: MP. SIMON RODRIGUEZ
Parroquia: CM. EL TIGRE
6) 93152*62
Nada
7) 931526*2
Cédula: V-931526*2
Nombre: SIMONES DE LIMA GUILLERMO
Centro: SUB - REGION CARACAS MSAS
Dirección: FINAL AV ROOSEVELT CON CALLE EL DEGREDO CARACAS
Estado: DTTO. CAPITAL
Municipio: MP. LIBERTADOR
Parroquia: PQ. SANTA ROSALIA
26/07/2005
LOS BLUE BROTHERS
Foto de Íñigo AranzabalPueden aparecer un domingo cualquiera, antes de la comida. Eso sí, se ponen "cantaores" y ya dejan de ser esa cosa como latino/gringa que los acompaña, y se hacen más "hispánics". Es que el arroz con leche es mucho arroz con leche. Aquí, yo, haciendo de blue brother (más bien de green brother) y dando unas palmas con el marido de mi fotógrafa oficial, una calurosa tarde de verano...
25/07/2005
SANTIAGO DE LEÓN DE CARACAS, DE ANIVERSARIO
El punto de encuentro entre ambas ciudades, aparte de que en la Atenas contemporánea se vive el caos de fruteros, carros y calor al mismo tiempo e igualito que en Caracas, es que así como Atenas creó espacio recodificando manifestaciones como las bacanales vertidas a la tragedia, y los originales cultos telúricos en Eleusis; asimismo Caracas domesticó el espacio silvestre y frondoso del trópico colocando un nombre a cada esquina: donde antes no había nada, los caraqueños dicen (o decimos, permítanme incluirme) de Marrón a Cují, de Marrón a Pelota, de Conde a Principal, de Colimodio a Patronato, de Patronato a Jai Alai: este ciudad es la única del mundo que yo conozco cuyas esquinas tienen nombre y, cada nombre, una historia que crea el espacio, que lo domestica, que lo fija. Y todavía hay bobolongos que quieren cambiar el nombre de una ciudad tan llena de sentido. Qué brutos. Insisten en colocar a Caracas de Miseria a Velázquez, más cerca de Miseria que de Velázquez (Ernestina Salcedo dixit).Que se sepa que para mí siempre, siempre, será Santiago de León de Caracas porque somos de la misma edad, sólo que ella cuatrocientos años antes.
Caracas, te quiero.
24/07/2005
EN VEZ DE UNA GRACIA, LES SALIÓ UNA MORISQUETA
El sábado, como cada sábado, leía tranquilamente El País mientras desayunaba con mi novia en una cafetería a la que solemos ir. Noticias, bombas, arte, curiosidades, deportistas firmando contratos millonarios, Tony Blair mintiendo (digo, diciendo) que no hay relación entre el terrorismo islamista y la invasión a Irak, ya saben: todas esas noticias, informaciones, defensas, ataques, opiniones, mentiras, medias verdades y a veces verdades juntas en un mezclote de 90 y más páginas, comunes, por lo demás, en todos los periódicos del mundo mundial. De repente, leo este anuncio:

Y de inmediato exclamé:
-¡Coño! ¡Qué buen trabajo para una enfermera que se dedique a esto!
Y seguí leyendo, tan tranquilo. Al rato, nos dimos cuenta de que el tal anuncio estaba relacionado con el estreno, unas páginas más allá, de The Skeleton Key, o La llave del mal, una película de terror, de esas típicas que se lanzan en verano para que temblemos mientras comemos cotufas (como The Amityville Horror, o La morada del miedo, que acabamos de ver y disfrutamos muriéndonos de miedo un rato). Mirando con más detenimiento, nos damos cuenta de que hay una dirección web que te lleva a la página oficial de la producción. Pues resulta que a los que imaginaron la promoción de esta película no se les ocurrió mejor llamamiento publicitario que insertar este aviso, como de quien necesita este tipo de ayuda.
-¡Pero qué cómicos son estos carajos tratando de jugarse con el personal con publicidad (cuasi) engañosa y "buen rollito"! -volví a exclamar, dudando si reír o indignarme.
Sólo que al mismo tiempo pensé, "¿y si mi padre, o mi hermano, fueran enfermos terminales? ¿Me haría tanta gracia el chistecito?". Claro que no. Me dolería, y mucho, ver cómo una puta película quiere hacer dinero hurgando en las necesidades y sufrimientos de los otros. Así que de inmediato decidí que iba a pegar aquí este anuncio estúpido y ceporro e iba a declarar boicot oficial, y sabré agradecer a quien se sume, en nombre de gente como la de Potala hospice, que es, según dicen ellos mismos, una "entidad sin ánimo de lucro que ofrece apoyo y acompañamiento a enfermos al final de la vida y a sus familiares, en un clima de respeto, cuidado y amor". Respeto, qué olvidada palabra. Cuando metí ["asociación" + "enfermos terminales"] en san Google, encontré esta página y 9.039 entradas más. Una pelusa. Llamo al boicot, porque por lo menos una decencia se tiene que tener en la vida con la gente. Qué coño.
22/07/2005
LOS RICOS, AL NATURAL

considerable de su propia fortuna; y cómo, al mismo tiempo, una donación parecida de Bill Gates -irrisoria en comparación con los millones que atesora- produjo todo lo contrario, rechazo, y acusaciones de tacañería. Y es que en el mismo uso de los diminutivos de sus nombres, Ari, Jackie, Ted, Bill, demuestran una cercanía que vela de algún modo todo el poder que manejan y el dominio que ajercen sobre los demás. El libro me recuerda un documental que vi una vez, donde las leonas del grupo cazan un antílope y lo ponen a disposición del macho dominante, que come
hasta hartarse sin que nadie pueda siquiera acercarse a lamer un poquito de sangre. El egoísmo del macho es tal que, para que nadie pueda comer mientras él duerme, coloca el hocico sobre el cadáver y reposa esperando a que le vuelva el hambre. Sólo los cachorros son lo suficientemente estúpidos o inexpertos para acercarse a jugar con los restos que el macho ha dejado, arriesgándose a que despierte y los destroce de un zarpazo.
EL DEPARTAMENTO DE ESTADO NOS HACE UNA VISITICA

EL CARADURISMO

21/07/2005
25 DE JULIO, DÍA DE LA RESISTENCIA INDÍGENA

Eso es lo que hay que hacer: declarar el 25 de julio día de resistencia de los indígenas que nacieron y viven en Caracas, de los que día a día se tienen que calar las colas, la basura y la ineptitud de gobernantes como Juan Barreto, que además de ineficiente es un estúpido (estúpido. (del lat. stupidus) 1. adj. Necio, falto de inteligencia.), porque no otro calificativo se le puede dar a alguien que en vez de gobernar quiere refundar lo que tiene más 400 años de tradición. No es de una persona con mediana sensatez querer reavivar sentimientos que no existen, y de paso pasar por encima de los que sí existen, como el cariño de los caraqueños por su ciudad, por su nombre y por su origen. Reinvindicar los derechos de los indígenas que están vivos, los que piden limosna en las calles de Caracas, no pasa por aplastar los derechos y las tradiciones de los que han nacido y crecido en la capital, sino por crear las condiciones para que dejen de ser tratados como ciudadanos de segunda clase.
Pero esta tontería de cambiar los nombres de las cosas comenzó cuando dejamos que le endosaran al nombre de nuestro país ese adjetivo feo y de mal gusto, "bolivariana": ¿se puede tener peor sentido de la estética? Lo malo es que este mediocre sentido estético va aparejado a una ética siniestra y vagabunda.
2411 AÑOS
que le han sucedido en el trono, George W. Bush incluido. Por lo menos gracias a él se creó la Biblioteca de Alejandría, que tanto conocimiento guardó para nosotros.WAG THE DOG

Es lo que muchas veces hacen los políticios para que sus gobernados no se den cuenta de sus verdaderas intenciones. Y es lo úncio que se me ocurre pensar cuando analizo el deseo disparatado del Alcalde de Caracas, Juan Barreto, de cambiarle el nombre a la ciudad, como si eso fuera un principio irrenunciable y de esa forma mejorara las condiciones de los caraqueños (¿cuál será el gentilicio de los habitantes de la ciudad cuando ésta se llame Chavópolis, o Guaicapurogrado? ¿Chaveños? ¿Guaiqueños?). Sin duda es un wag the dog, una cortina de humo para que no se note que la ciudad se hunde, que no tienen ni lejana idea de lo que pueden hacer para rescatarla.
Porque la otra opción, la de que de verdad creen que cambiando el nombre borran la historia, es aterradora: ¿así de desquiciados están, así de fanáticos son? ¿Y cómo fue posible que viviéramos tantos años entre tanto loco y no nos hubiéramos dado cuenta? Sabíamos, algunos de los que lo conocimos cuando sólo era un periodista al servicio de El Nacional, que se trataba de un gordito acomplejado y resentido, de tantos que pululan por ahí, perfecta carne de cañón para aprovecharse de ellos en (y que ellos aprovechen de) los períodos oscuros y fanáticos como el que estamos viviendo.
Otro wag the dog lo hace el actual gobernador de Anzoátegui, Tarek Williams Saab (ahora ponen el William, sin "s", pero yo recuerdo la época en que este señor colocaba esa "s", quizá para emparentarse con el poeta norteamericano, o simplemente ahora no lo hace porque le parece una "s" niche): ha anunciado la creación de delatores informáticos, chicos que se dedicarán a decirle a las autoridades qué, cuándo y cuánto se ve en los cibercafés de Barcelona, Puerto la Cruz y demás poblaciones del estado. Esto me pareció un poco una cortina de humo para distraernnos la atención; pero preocupa porque huele demasiado a censura a la cubana, a pacatería comunista que busca el hombre nuevo: George Orwell no sabrá nunca cuántos hijitos ha dejado. Si esto no es una medida fascista que venga dios y lo vea. El tal gobernador, poeta dice él y algunos lo avalan (que de ello yo no salgo fiador, como diría Herodoto), quizá ha olvidado que escaló (perdón, quise decir se labró) una imagen convirtiéndose en adalid de los derechos humanos, si bien es cierto que en su cruzada solía defender terroristas de ETA, quizá porque no sabe que esta gente no lucha por la libertad sino que son unos asesinos capaces de reventarle la cabeza a un buen hombre cuando lleva a sus niñas a la escuela o mientras lee el periódico en una cafetería. Ahora no sé cómo va a defender los derechos humanos poniendo sapos en los cibercafés.
Y así.
Así nos van moviendo la cola para que no vemaos al perro, como para engañarnos como hace el Photoshop con la figura de la mujer que ilustra este texto. Quizá hasta que estemos sentados en el catre del campo de concentración, esperando nuestra ración de avena.
20/07/2005
DEUS LO VOLT
Hay historias donde se cuenta que en el pasado los hombres demostraban su fe haciéndose los locos; se subían a una columna y de allí no bajaban [Buñuel habló de ellos en Simón del desierto], se escondían en cuevas, se iban lejos, mendigaban, cosa que no le gustaba a Benito de Nursia. Ahora no; ahora se hacen los locos de otra manera; han descubierto la pólvora y se lanzan contra los demás para demostrar que su dios los acogerá con una sonrisa una vez hayan cumplido con su triste deber; ahora, otros locos invaden países enteros y los destruyen para demostrar ante sus dioses que son capaces de cumplir justa venganza. ¿Alguien se ha parado un momento a buscar una solución menos explosiva, o es que el bolsillo lleno ensordece los oídos ante el pum pum de las bombas?
ien ecuerdo esta anécdota, convertida en poema por Blanca Strepponi (El jardín del verdugo): por carta, Arnaud Almaric pregunta al papa de turno, una vez que hubo tomado Béziers: "Santo Padre, ¿cómo diferenciar cátaros de católicos?". El jerarca le contestó: "Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos". En 1209 masacraron a 20.000 cátaros. Deus lo volt...Pero, ¿es posible dialogar con un fanático?
ALCIBÍADES

pero si se cría a uno, regirse por sus costumbres.
Aristófanes
Ni siquiera las hojas del próximo otoño guardan ya cierto respeto hacia mi figura; ¿tan vil soy?, ¿tan repugnante? Ni la acusación de incompetente, ni la de ambicioso, ni siquiera las de irresponsable, apátrida y traidor me ultrajan; es la sensación estética, la censura a mis maneras lo que me destruye. Pero, dioses, ¿tanta repulsión genero?
Esta mañana he bajado al mercado, como siempre; dos esclavos llevan mi impedimenta, y una doncella guarda, por si acaso la ocasión se presenta, el bote de perfume con que suelo anunciar mi llegada a los lugares importantes. No es necesario que explique que las miradas de envidia me siguen a todos lados, como siempre, pero ésa es una sensación a la que ya estoy acostumbrado. Ese tipo de miradas no puede, de ninguna manera, ser signo de un agüero dulce o fatal; es, por así decirlo, una consecuencia natural de mi figura, como la sombra que estamos condenados a llevar pisemos donde pisemos. Hubiera podido prescindir de los esclavos, de la doncella de los perfumes, mi copera personal, pero ni queriendo puedo suprimir esas dos marcas que mi cuerpo inflige diariamente al mundo: mi sombra y los ojos ajenos inyectados de envidia.
No este día.
El día en que Pelópidas me ha despedido.
El ágora bullía de gente de todo tipo; en esa época del año, antes de acercarse el invierno, los comerciantes aprovechaban para deshacerse de la mercancía que no había tenido suerte en los bazares de la costa africana, ni en los tugurios apestosos de los bárbaros del septentrión. El ágora era, a causa de esto, el sumidero de la gente más fea y desagradable del orbe, pero supongo que una vez al año también ellos tienen derecho a transitar por el pulcro decorado que me ha visto nacer —y gobernar—. A mí, al estrategos mayor. Sin embargo, el paso arrogante de mis sandalias y la mirada insolente no tenían por qué desaparecer de mi rostro, nadie espera eso de mí. Esperan, lo sé, que derrame mis riquezas sobre ellos, que reparta mi fortuna comprando cualquier tipo de mercancía que sólo aumentará el gracioso caos de mi hogar, y a incrementar el escandaloso resentimiento con que mis vecinos me miran. ¿Acaso me importa eso?
Para evitar que mi nariz tropiece con ciertos olores malignos que suelen sobrevolar los zocos, ordené a la copera que esparciera mi perfume preferido por la ruta que supuse con antelación. Cuando la morbidez se apodera de mí, soy capaz de alfombrar las montañas con tal de no hacer ningún esfuerzo. La esclava parecía uno de esos duendes que, escondidos entre los olivos sagrados, dan a la frontera de la ciudad el aspecto de recinto para dioses multitudinarios.
Lo primero que adquirí fue un hermoso caballo negro con un lunar en la frente semejante al sello tesalio que distingue a los de la estirpe de los bucéfalos, pero su considerable tamaño revelaba que se trataba de otra especie, más apropiada para los desfiles y las carreras del hipódromo que para el trajinar en medio de una batalla. Pero como sabía que ninguna contienda me esperaba sino hasta después de la primavera, me permití el lujo de entregar veinte monedas de oro a cambio del corcel que de inmediato, quizás porque mi olor le recordaba el regazo de su madre, me tomó afecto; tanto, que me vi obligado a conducirlo con zalamerías al lado del sirviente asignado para cuidarlo. Nada como la lavanda para tranquilizar a un animal asustado. El mercader, zambo, de origen desconocido (¡qué gente dejan entrar en el ágora por estos días!) o, lo más probable, de la casta troglodita, contó con desesperación las monedas que mi administrador le entregara, y si no hubiera sido porque me rehusaba a dirigirle la palabra de nuevo y porque el caballo en realidad me había gustado, le habría devuelto la mercancía acompañada de cuarenta azotes. Sólo le recompensé con los azotes, y antes de finalizar el día tendría que recibirlos ante el templo si no quería perder todo el producto de su venta. Eso, o el sacrificio de setenta cabras en edad de merecer, voto imposible por innecesario.
Los establos me depararon la agradable sorpresa de los animales exóticos: un rinoceronte negro y pacífico, una jirafa cariñosa y una familia de monos peleones; el león meditabundo y el ñu que aguarda la zarpa del guepardo depredador; la garra aburrida del buitre azul, capturado en tierras muy lejanas. No compré nada de esto aunque no me faltaron ganas; pero el olor, ¡asco!, el olor me apartaba. Mi casa no está hecha para estos aromas indecentes.
Para las telas púrpura y los tejidos satinados sí tuve mucho tiempo; para acumular lápices de colores y tintes de todo tipo: el oro que hace brillar mi frente, el rojo para las noches de bacanales y el violeta para los días de tranquilidad. La tela suave que hay que ajustar firmemente en los hombros si no queremos que resbale y nos desnude para escándalo de los sacerdotes; la tela de vivos colores y tacto perverso en las yemas. Todo lo necesario para agradar los ojos de los que me aman y hurgar con saña en los corazones de los que me envidian. Y, como si los maliciosos pensamientos que cruzaban mi cabeza se materializaran o invocaran a genios de épocas pasadas, entró Ánito, con su paso de ganso dormido y los dos esclavos oscuros como el betún que siempre le acompañan.
—Salud, Estrategos, veo que andas de compras, —se atrevió a insinuar, pero como siempre ya sus ojos censuraban las adquisiciones que hago para construirme un mundo cómodo y delicioso, para dormir. Lo que Ánito nunca ha terminado de entender es que mi gusto por la púrpura y la suavidad de las colchas no inutilizan la instrucción que he recibido en la falange, ni disminuyen un ápice la intuición que, como un pájaro de fuego, me acompaña protegiéndome de los malos mestureros. Algo extraño y peligroso está a punto de ocurrir cuando Ánito, el ser con el peor gusto del mundo, se acerca a las tiendas de las alhajas para las maricas. Mi sospecha estuvo muy bien fundada porque de inmediato percibí un olor extraño que no provenía de las habilidades de la portadora de mis ungüentos. Se trataba de dos mercenarios getas que, escondidos entre las telas del cobarde mercader —siempre hay algún plebeyo dispuesto a entregarme—, hacían brillar sus espadas como los adornos de la Señora de la Sombras; pero yo sabía que éste tampoco sería mi final. Con mucha parsimonia y afecto me acerqué a quien me saludaba y lo besé en la boca, como suelen hacer los persas antes de acabar con un enemigo. Sabía que el bruto de Ánito no conocería la bárbara costumbre porque apenas ha pisado las costas de nuestra ciudad y desde hace mucho tiempo no lee un libro. Y, además, esta costumbre persa la descubrí cuando los dominé con mi ejército feroz.
—Querido primo, Ánito, hijo de Dodona y Pan, semidiós de nuestro pueblo...
No estaba de más mi interpretación, no en balde era el primer actor de la Compañía del Teatro Real. Sabía que él odiaba esa manera refinada de llamarle idiota, y que no había sido nunca capaz de devolverme una respuesta adecuada; y ese breve instante de turbación suya me permitió calibrar la posición en que me hallaba y si había una manera de librarme del atentado que se me venía encima. Enseguida supe que no sería sino otro episodio de mi agitada vida política, que ni Ánito ni sus secuaces serían rivales dignos de mi fuerza y mi astucia, que mi belleza estaba por encima de sus torpes intenciones. ¿Entonces por qué esta mañana las hojas en el ágora caminan más rápido que yo y el viento me huye como si estuviera apestado, como si la guapa señora vestida de negro estuviera preparada para llevarme con ella a donde ya las ropas no son necesarias y los perfumes no se sienten? ¿Por qué oigo esa melodía de la flauta, por qué me persigue como si un saltimbanqui hubiera decidido que ése era el fondo sobre el cual mis acciones ocurrirían hoy? ¿Sólo porque Pelópidas se ha enojado hoy conmigo o será que Pan ha venido a buscarme?
—Me tratas con el honor que no merezco, Alcibíades, y eso a veces también puede ser un insulto, —me respondió Ánito con inusitada fiereza mientras me devolvía el beso con un estrecho abrazo que me inmovilizó por un segundo, el abrazo de una serpiente hambrienta. Sin embargo la entonación de las vocales no habría delatado al traidor, y la sumisión de los negros habría calmado a hombres menos capciosos, pero yo suelo confiar en señales más recónditas: el brillo en los ojos de un caballo, fuera de la tienda, y el silencio repentino, como cuando el guepardo está punto de saltar sobre su presa, me previnieron. Olía a muerte. Como pude, desplomé todo mi peso sobre las grasientas partes de mi asqueroso primo, justo en el momento en que los mercenarios saltaban sobre mí con sus espadas y los negros cerraban el paso hacia la seguridad del mercado. Saqué la daga que llevo guardada en la entrepierna —un truco que aprendí de los barbors— y abrí un canal en la panza de Ánito, para cerciorarme que la sangre y los gritos de dolor distraerían a mis atacantes. Ánito me soltó y yo presto me levante y degollé a los dos negros —mi daga estaba sedienta— y gané la salida, dejando a Ánito herido no de muerte pero sí de orgullo. De inmediato la tienda de las telas se llenó de curiosos y los guardias se acercaron a ver qué ocurría.
Mi copera sacó la túnica de repuesto para cuando ocurren episodios semejantes o para cuando el barro mancha mis vestiduras. Yo estaba tan feliz que fui arrancando una a una las cabezas de los Hermes que protegen las entradas de las casas y el pórtico de los templos, echándolas a rodar como si se tratara de las bolas que los celtas usan para distraer las horas antes de las batallas. El imbécil de Ánito tardaría en ensayar otro atentado y si no fuera porque es mi primo hace tiempo lo habría hecho colgar, pero no tengo ganas de escribir el panegírico familiar que se acostumbra en estos casos. Mi humor mejoraba, a pesar de que el viento insistía en evitarme recordándome que había sido despreciado por la mitad de mi existencia y justamente por la única razón que me dolía: la razón estética. ¿Tanto desprecia Pelópidas mi estilo? Era un exiliado de la parte simétrica de mi cuerpo, y la melodía que me despertara en la mañana me seguía en la flauta de los saltimbanquis y las canciones de los comerciantes que titilan en el desierto. ¿Qué estaba ocurriendo con mi humor y el del mundo que no terminaban de ponerse de acuerdo? Y si no era esta aventura con mi primo Ánito, ¿dónde estaba la inflexión que hacía diferente esta visita al mercado lleno de gente de todo tipo, en la ciudad donde nací y que he gobernado con dulzura pero con firmeza? Pelópidas, ay, Pelópidas, recapacita.
En estas cavilaciones estaba cuando lo vi.
Y entonces se hizo la luz. Su cabeza imperiosa y su mirada airada fueron suficientes explicaciones para el misterio que rodeaba ese día, para el oráculo que no terminaba de manifestarse.
Allí estaba. Grande. Hermoso. Iraila.
II
Los más viejos no se molestan en levantarse porque saben que aún hay que esperar el saludo del sol. Las murallas se alzan majestuosas y al mismo tiempo débiles; no es de sus rocas de donde emerge su poder. Mientras el mercado se abre, los aprendices untan los cascos de las bestias ya amansadas, procurando que la crema que le aplican saque, además, el brillo que aumentará su valor a la hora de la puja. He venido como un animal más; y así seré vendido esta mañana. Sólo espero que el amo que me toque no use sus ungüentos en ninguna de mis partes. No he sido entrenado para ese tipo de servicios, pero sé que si me toca un amo con esas costumbres tendré que obedecer porque para eso me han criado. Igual que las otras bestias que vienen de las tierras donde yo nací. Hemos sido preparados para esta jornada, quizá la más importante de todas en nuestra vida. El resto de ella apenas será una sucesión ininterrumpida de placenteros días al servicio de un amo tolerante o guerrero.
El sol ya ha empezado a despeinar sus cabellos, augurando otra calurosa jornada ante las murallas de los barbors. Con un poco de suerte seré vendido hoy, y así no tendré que soportar la incomodidad y los pésimos modales del mercader que me dio caza mientras me bañaba en uno de los siete pozos de mi pueblo. Uno de los célebres pozos donde, según los testimonios de mis antepasados, las siete diosas retozaban protegiéndonos de las aves rapaces y alimentando a nuestras crías; las siete diosas creadoras de la Tierra y de las siete razas que la pueblan. Sólo nosotros, los iraila, hemos sido elegidos para cuidar los lugares de sosiego de las diosas, la única raza entre todas digna de mantener pura el agua donde ellas se bañan. Tal vez por eso, me temo, he caído en esta esclavitud; no debí contaminar con los humores de mi cuerpo sus aguas sagradas. Pero, ¿cómo explicarle a mi padre, el escanciador de leche, y a mi madre, la tejedora de hamacas, que tocarse dentro del agua que las diosas guardan para sí es más enloquecedor que la tibia superficie de las adolescentes iraila; más adormecedor que el vaho que se eleva de su sexo; más enajenante que la dureza de los jóvenes de mi escuadra?
El sol se alza dándole forma a los granos y las verduras maduras que esta misma noche serán servidos en los platos de los ricos; el sol sube y calienta los bollos de trigo y las tortas de harina desconocida; el gallo poncho ya ha sometido a las gallinas con su severo canto y algunas fieras dormitan todavía porque saben que no tiene sentido rugir. El bullicio del mercado barbors es de una grosería que supera incluso cualquier suposición de mis maestros. «Cuando seáis esclavos», solía repetir el más anciano, uno que obtuvo su libertad jugando ajedrez con su amo, «veréis cosas y gente que de otra forma no conoceríais, porque la vida iraila es pacífica y las siete diosas cuidan de nuestra inocencia, al igual que nosotros cuidamos sus cristalinos pozos, donde nunca nos bañamos. Cuando seáis esclavos, mis tiernos hijos, sabréis qué os quieren decir vuestras madres cuando os reprenden si por casualidad dejáis caer vuestra saliva en la sopa; “¡cerdo de los barbors!”, os dirán, y aún así todavía no habrán descrito con suficiente vulgaridad vuestra conducta, porque no hay nada más sucio que un mercado donde estos feroces seres vienen a buscar sus alimentos. Cuando os esclavicen tendréis la suerte de conocer esto y mucho más».
Si logro regresar a mi pueblo y me toca, como a todos los ancianos, enseñar a los pequeños sus deberes como futuros servidores de estas bestias de débiles murallas, no cometeré el error de amenazarlos con el relato de sus groseros hábitos porque, ¿para qué explicar algo que estoy viendo en este instante y que soy incapaz de describir aunque se presenta ante mí con toda su realidad, como se presentan los bucles del sol avisando que la carrera de hoy consumirá la humedad de todo lo que nos rodea? Ahora estoy aquí y siento mi piel erizada por el último aire de la noche y por las miradas de los primeros clientes que ya empiezan a curiosear.
Recuerdo que esta hora era la mejor para bañarse en los pozos.
Yo solía escapar de casa de mis padres muy temprano, cuando aún los pájaros no trinaban y el gallo hacía su última ronda antes de cantar. El agua siempre estaba tibia, así que no había peligro de contagiarse con el llanto que precede a las convulsiones de la muerte. Abrevaba al borde de los siete pozos, sin tomar en consideración que la orden expresa de las siete diosas fue la de alejarse de sus orillas, porque esos lugares sólo les pertenecían a ellas. Nosotros, los iraila, que tenemos como suprema misión velar por la limpidez de los siete pozos, nunca hemos sido autorizados a beber de sus aguas, ni a lavar y, mucho menos, como yo lo hice tantas veces, a sobar nuestra piel dentro de ellos. Sin embargo, aún puedo decir que tuve mucha suerte de conservar mi vida, pues con frecuencia sucede que a alguna de las diosas le da por retozar un rato en su pozo; entonces el agua —líquido divino preparado para recibir a un dios— comienza a bullir y hierve en un santiamén, justo el tiempo que tarda la diosa en revolverse dentro, quizás recordando los días cuando creaban el mundo y sus cosas. Ojalá que en ese momento no estés usurpando el agua de la demiurga, tú que me lees, porque arderás como si de una fogata propiciatoria se tratase. Esa insolencia se paga con el bien preciado de la vida. Los bravíos de mi país pagan su impudicia con la esclavitud en la ciudad de los barbors. La superstición de estos ignorantes seres los hace creer que ganarán más batallas y se llevarán más coronas en las competiciones del hipódromo si se sirven de la fuerza bruta de un iraila: suponen que el agua divina con las que han saciado su sed los convierte en parientes de Pegaso, en carroñeros de irascible pezuña. Por eso nos cazan a las orillas de los siete pozos, para sumar la fuerza del noble bruto a la fuerza de las deidades que esconden entre sus túnicas. Varias veces he podido adivinar el bulto que reposa entre sus muslos; y sé que allí está todo su poder.
Pero ya la mañana se ha apoderado del mercado y los cascos pulidos de los caballos levantan polvo que se pega a las caras sudorosas. A mí, sin embargo, el grosero mercader que me posee me esconde entre velos y un pequeño clima de primavera se instala a mi alrededor. Sé que no lo hace por afecto hacia mí, sino como un recurso para aumentar mi valor, tal como los aprendices untan los cascos de las bestias amansadas, para darle más lustre a lo que ya brilla por su cuenta. Yo no debo perder, sin embargo, la compostura propia de un iraila. Un iraila, que nunca pierde la esperanza de regresar a su pueblo, donde su deber lo espera.
El bullicio de los comerciantes y las alas asustadas de las gallinas anunciaron la proximidad de un personaje importante, y eso convirtió a mi dueño en una hiena de falsa sonrisa. Inclinado como sólo lo hacen los que no tienen nada que perder y sí mucho que esperar, salió de su tienda como el embajador que recibe a la más alta dignidad.
—Señor, os esperábamos...
El plural me inquietó porque hasta donde me había dejado ver, mi dueño trabajaba en solitario y ningún socio compartía con él las ganancias, lo que me pareció el colmo de la avaricia. Temí que ya mi futuro hubiera sido negociado, y que ni siquiera se me diera la oportunidad de asomar un leve gesto de aprobación. Una vez vendido, debía ser fiel y obediente a mi nuevo amo, y de ninguna manera mostrarme disconforme, me habían educado y un iraila sabe ser un buen esclavo cuando es necesario. Quizás es un don que hemos recibido de las siete diosas, que saben que la esclavitud es una de las virtudes divinas. ¿Qué otro nombre darle, si no, a la infinita paciencia de ellas para con nosotros, imperfectos y mortales? Así mismo, los iraila debemos representar el papel de las diosas en la tierra y entregar paciencia a cambio de malos tratos y caprichos absurdos.
—No sabía que me habían anunciado en tu tienda, mercader.
—Es tu olor, que te anuncia como un heraldo invisible, mi señor Alcibíades.
Así que ése era el olor que percibí desde el principio. Un olor agradable, como el que despiden los pozos de las diosas. El dignatario fijó desde la entrada la curiosa mirada en mí, y pude observar cómo cuchicheaba con mi transitorio dueño. Seguramente estarían estableciendo el precio en que me compraría. De repente sentí una suave congoja, porque sabía que hasta alcanzar mi vejez no volvería a las tierras irailas donde mis parientes crecen y se reproducen. Los próximos años, hasta que mi cabeza se tiña de gris, seré un esclavo que en ningún momento desobedecerá las leyes y dará a su amo el placer y el servicio para el que fue educado. Porque un esclavo iraila está orgulloso de serlo, y yo no deshonraría la memoria de tantos compatriotas que han servido a sus amos sin nunca proferir un gemido de queja sino, antes bien, entrenándose en el uso discreto de los grititos de placer que tanto gustan a los poderosos.
Mi futuro amo dejó de cuchichear y se me acercó mirándome con codicia, pero mientras me miraba su rostro se transformó en una mueca de miedo, a pesar de que mis ojos sólo podían transmitirle seguridad (eso lo sé hacer muy bien). Entonces hizo algo muy extraño: dándome la espalda tomó varios vestidos de vivos colores y los entregó al esclavo que detrás de él procuraba abrirle espacio apartando los obstáculos; y para que le escuchara, exclamó:
—Mercader, escojo estos vestidos; pero al esclavo no me lo puedo llevar, pues ya he dado veinte monedas de oro por un caballo tesalio y no deseo gastar más.
—Como disponga mi señor...
Nunca había oído hablar a un amo de esa manera. ¿No lleva suficiente dinero? ¿Qué quiere decir? ¿Que no me llevará con él sólo porque no quiere gastar? Una ira súbita se apoderó de mí porque nunca habría esperado tal desprecio. ¿Cómo regresar a mis tierras sin la experiencia de servir a un señor durante años? ¿Qué le iba a enseñar a los hijos de mis hijos? De pronto comprendí que ésta era una posibilidad que no había tomado en cuenta: también era posible que nadie me quisiera comprar y el mercader que me había cazado tendría que devolverme la libertad, con la humillante conciencia de que no era buena mercancía. Una alarma se activó en mí e hice lo único que podía hacer en ese momento. Me erguí todo lo que pude y extendí mis alas a su máxima envergadura. Hemos heredado de las siete diosas iraila dos bienes, y uno de ellos es la capacidad de hacer brillar nuestro orgullo; bien, pues mis alas extendidas bajo el sol de la mañana barbors brillaron tanto que el amo que me despreciaba se volvió hacia mí y, con aplausos de niño se subió a mis lomos, espoleándome para que me elevara como sólo lo sabe hacer un amo cruel, pero las cadenas me impedían seguir más alto. Con gritos de disgusto el amo amenazó al mercader que se apresuró a librar las ataduras y así pudimos ambos volar por encima del mercado, las murallas y la ciudad toda. Varias vueltas dimos por encima de las cabezas de los ciudadanos, mientras mi amo reía y se burlaba de todos sus compatriotas, y no vi muchas caras alegres entre los que le observaban. Alcibíades, el Estrategos mayor, mi futuro amo, era un león que hacía lo que se le antojaba en una ciudad donde era el igual del rey.
Mi amo era un insensato y yo su juguete más divertido. ¿Para esto me había entrenado?
—Caballo, no siento el viento, ¿lo sientes tú? —me preguntó, pero yo no estaba autorizado para contestarle porque la facultad de hablar es un secreto que los caballos iraila guardamos de las curiosas orejas del mundo. Sin embargo, me volví para verle y era cierto: ni sus cabellos ni sus hermosas túnicas se mecían con el viento que me ayudaba a volar por encima de la ciudad barbors. Todo en él estaba tieso como en una estatua. Pero esto no fue lo que más me asustó. Detrás de él, una hermosa mujer de ojos negros, uñas negras y vestidos negros se abrazaba y sonreía, guiñándome un ojo. Era la Muerte, la señora de las sombras. Y mi nuevo amo debió observar el terror que me produjera, porque de inmediato se volvió y palideció cuando vio la sonrisa de la mujer que señalaba hacia adelante: la muralla se nos atravesaba y mis hermosas alas, regalo de las siete diosas, no fueron lo suficientemente ágiles para esquivarla. Y como si fuéramos las moscas de una comedia griega, nos estrellamos contra las durísimas piedras y nos desplomamos sobre las rocas afiladas. Por primera vez escuché cómo sonaba mi lomo al quebrarse y vi cómo la sangre de mi amo se combinaba con la púrpura de sus ropas. En cambio, la señora de negro, sólo comentó:
—Tenían que haber tenido más cuidado.
A lo lejos oí las risas de los ciudadanos que habían presenciado el espectáculo digno de la comedia más graciosa y entre las risas apenas pude descifrar el lamento del mercader que con tanta maña me había cazado mientras me bañaba en el pozo de las siete diosas, mi mayor error.
—¿Cómo me presentaré ante la asamblea ahora? —se preguntaba Alcibíades, sin notar que por fin el viento movía su túnica tan púrpura como su cabeza. El viento, que atravesaba su cuerpo que ya no existía.
—Eso no va a ser necesario, —le contestó la Muerte, mientras lo levantaba y se lo llevaba hacia donde no hacen falta los vestidos hermosos y el olor no se siente más. Detrás de ella, el dios Pan tocaba su flauta inspirado, y su melodía era un líquido viscoso que inundaba el ágora, el palacio y toda la ciudad de los barbors.
El pegaso iraila quedó tendido al pie de la muralla y muy pronto los niños corrieron a despojarlo de las plumas de sus alas, pues la tradición dice que con esas plumas se curan ponzoñas de las serpientes, se sueña durante más tiempo y se descubre la ruta hasta los pozos de las siete diosas.
—Esto me pasa por bañarme donde no debía, —murmuró el caballo antes de expirar.La débil muralla de la ciudad barbors apenas se sostenía; y, desde la alta torre, Pelópidas, el segundo, contemplaba la vida de sus ciudadanos.
EL CINE QUE NOS SALVA

Otra razón más para amarla. Al año siguiente se lanzó con Quills, esta rara versión de Sade, más allá de Peter Weiss. Enloqueció con Iris, la vida de Iris Murdoch, y yo daba botes de alegría viéndola hacer papeles no-Oscar pero en películas que sé que le gustan. "Amo a esta mujer", gritaba en el cine. Y lo último que he visto de ella, Eternal Sunshine of the Spotless Mind y Finding Neverland no hacen sino confirmar que es una actriz del tamaño de una montaña, y que a nadie extrañe si termina haciendo cine independiente en su Inglaterra natal. Una frase que se encuentra en imdb.com define su carrera: runs the gamut from Shakespearean tragedy to modern-day mysticism and erotica. Y no puede ser de otro modo: proviene de una familia de actores, hasta sus hermanas son actrices. Y está casada, cómo no, con otro actor, de cuyo nombre no quiero acordarme.
19/07/2005
CARACAS, O EL NOMBRE DE LOS AMOS

Esta noticia que pego al final y que leí en aporrea.org, tomada a su vez de Últimas Noticias, es un detalle más del pensamiento fascista de los gobernantes de turno.
Ahora Juan Barreto, ese insólito alcalde que tiene Caracas, que lo aguanta todo como madre abnegada, decidió que la capital debe cambiar de nombre, para no seguir recordando a Diego de Losada y Francisco Fajardo.
Habría que cambiarle el nombre a Atneas, para no recordar a esa diosa impuesta por los invasores, y cambiarle, cómo no, el nombre a Alejandría para enterrar el recuerdo de ese imperialista que fue Alejandro Magno, cambiar el nombre de NUEVA York a Nueva York, para que Estados Unidos se aleje de la dominación inglesa (y llamarla, por ejemplo, Yakpanatakwa, o así) y, como gesto de revolución total, cambiar el nombre del sistema solar, de la vía láctea y las estrelas, todos nombres imperialistas . La locura no tiene límites, y nuestra frustración al parecer tampoco.
Esto es tan estúpido, que si detrás no hubiera tantos asesinatos, miseria, desempleo y hambre, darían ganas de reír. Pero lo que da es náusea, la verdad:
Caracas cambiará de aniversario y nombre
Caracas. Santiago de León de Caracas perderá su primer nombre y también celebrará una nueva fecha de fundación.
Los cambios del gobierno bolivariano metropolitano apuntan ahora a interpretar algunos hechos históricos que se han convertido en tradición.
El alcalde mayor, Juan Barreto, reveló que han descubierto “varias fechas probables del Día de Caracas y estamos estudiando si es posible que cambiemos la fecha”.
Según la evidencia histórica encontrada por la Alcaldía Metropolitana, Caracas se llamaba San Felipe. “Era un centro que fue abandonado por mucho tiempo, por un grupo rebelde de indígenas encabezado por Guaicaipuro”.
Después del asesinato del cacique, la hoy capital de Venezuela fue fundada el 3 de octubre de 1570 y no el 25 de julio de 1567, que ha sido asumida como la fecha oficial.
“No vamos a seguir celebrando fechas aisladas de la realidad histórica, ni ensalzando a Francisco Fajardo y Diego de Losada, cuando lo que hicieron fue combatir a nuestros pobladores originales”, dijo Barreto.
Tan pronto culmine el estudio histórico, se anunciará la nueva fecha de fundación y “haremos una fiesta en grande donde Caracas se reencuentre con su verdadero cumpleaños”.
Nuevo nombre. Barreto también anunció que la ciudad será renombrada. Se mantendrá Caracas, que fue el nombre que le dieron los indígenas y significa “flor roja”, pero dejará de llamarse “Santiago de León de Caracas”.
El Alcalde Mayor dijo que parte de la revolución “es reencontrarse con sus historias, reedescubrir las artimañas que han hecho posible que las cosas se piensen del modo que se piensan, hay que renombrar la ciudad y rebuscar en su origen y la historia”.
Aseguró que hay documentos que confirman la verdadera historia de la fundación de Caracas, los cuales, “historiadores, no sé con qué intención, han estado manteniendo ocultos”.
OVIDIO'S MAKEUP

O Medicamina faciei femineae, que es como se titula en su lengua original el curioso poema del gran Publio Ovidio Nasón, nacido ariano el 20 de marzo del año 43, justo un día antes del inicio de la Primavera en el hemisferio norte. Los Cosméticos para el rostro femenino son cinco breves "trucos" que da el poeta para preparar cosméticos que ayudan a embellecer la cara de la mujer, nada más y nada menos.
Comienza diciendo
Aprended, mujeres, los cuidados que pueden realzar el rostro
cómo debéis proteger vuestra belleza
et quo sit vobis forma tuenda modo.
Sea lo primero para vosotras, mujeres, la defensa de las cosrtumbres:
una cara agrada si le acompaña en buen carácter
ingenio facies conciliante placet.
La edición donde he leído esto la acaba de sacar a la venta Espasa, en su preciosa colección Blu, Biblioteca de Literatura Universal, en ese papel delicado que dan ganas de contemplar, no de leer, y en una cajita preciosa y de elegante, por sencilla, presentación:

Va el primer "truco", por si hay alguna curiosa que quiera experimentar, aunque algunos de los ingredientes no los conozco y no sé dónde conseguir una lenta burra trituradora de grano, ni de dónde sacar cuerno de ciervo (para filólogas, la versión original). He colocado en negrita lo que me parecieron los ingredientes, pero pude haberme equivocado. Y como dicen aquí en España, ¡a ponerse guapas! y a dejarse la cara como un espejo:
Ea, di, cuando el sueño abandona vuestros miembros delicados,
cómo puede estar radiante una cara blanca.
La cebada, que envían los colonos de Libia en naves,
despójala de la paja y sus cáscaras;
igual medida de yero macérese en diez huevos,
pero que la cebada pelada pese dos libras.
Cuando ésta se haya secado con el soplo del viento,
ordena que una burra lenta la triture en áspera muela.
También raspa los primeros cuernos que caigan de un ágil ciervo
sobre ésta: procura que se añada la sexta parte de un as sólido.
Y cuando ya se haya mezclado con la harina en polvo,
pasa todo rápidamente por un cedazo de infinitos agujeros.
Añade doce cebollas de narciso sin cáscara,
que una mano recia triture sobre en mármol limpio;
que la masa y la semilla toscana alcance la sexta parte de una libra:
a esto échale nueve veces más de miel y otro tanto más a tu gusto.
La que se trate la cara con tal cosmético,
brillará más tersa que su propio espejo.
candida quo possint ora nitere modo,
Hordea, quae Libyci ratibus misere coloni,
exue de palea tegminibusque suis;
par erui mensura decem madefiat ab ovis,
sed cumulent libras hordea nuda duas.
Haec ubi ventosas fuerint siccata per auras,
lenta iube scabra frangat asella mola;
et quae prima cadent vivaci cornua cervo
contere in haec: solidi sexta fac assis eat.
Iamque ubi pulvereae fuerint confusa farinae,
protinus innumeris omnia cerne cavis.
Adice narcissi bis sex sine cortice bulbos,
strenua quos puro marmore dextra terat;
sextantemque trahat gummi cum semine Tusco:
huc novies tanto plus tibi mellis eat.
LA AHIJADA

No es porque esté a punto de convertirse en mi ahijada, es que tenía que poner esta foto de Ana Lía, la más pequeña de mis sobrinas, con una sonrisa a punto de decir ¡agú!
Es que esto de ser tío...
LAS HUELLAS DE COSMOS

entre los cuales --> Ernesto Pérez Zúñiga (Santo Diablo), Nicolás Melini (La sangre, la luz, el viloncelo), Juan Carlos Méndez Guédez (Una tarde con campanas), Jorge Eduardo Benavides (El año que rompí contigo) y el pana aquí
para que diéramos ideas y, de alguna manera, planteáramos algo así como la estructura de esta e-novela: a partir de la propuesta inicial, tuvimos dos divertidas y gratificantes sesiones de "brain storming" que disfrutamos hasta la ansiedad. A ver ahora cómo los lectores*escritores se las ingenian para resolver el enigma de este thriller de género negro-web en el que Mr. Chiappe nos embarca...
15/07/2005
EUTRAPELIA

En De cómo los irlandeses salvaron la civilización, Thomas Cahill dice que si no hubiera sido por la labor de los monjes irlandeses, el saber occidental habría perecido bajo los bárbaros cascos que invadieron la Europa culturizada por Roma. No sin gracia describe cómo se sostuvo la luz del conocimiento hasta que san Patricio se aventurara a sembrar de monasterios el desolado territorio, ahora Unión Europea que se prepara para ser el reino invencible del euro. Al parecer, nunca falta quien esté dispuesto a recoger el cúmulo de ideas mientras otros se afanan en hacer la guerra y sembrar confusión, en luchar y tratar de imponer un nuevo orden. A finales del siglo XVIII, mientras Napoleón establecía su voluntad bélica y en la Provincia de Caracas bullían las ideas rebeldes y libertarias, Fray Juan Antonio Navarrete, un yaracuyano quizás dogmático y rígido pero nunca sin humor, se impuso la tarea de recoger en un libro todo lo que había leído. Presintiendo la guerra que se avecinaba, tuvo el mismo temor que padecieron los monjes irlandeses del siglo V: que la civilización desapareciera bajo los cascos de los caballos y el retumbar de los cañones. De su empeño nació el Arca de letras y teatro universal, libro acerca de todo, compuesto para que "perdidos de vista los libros donde los había encontrado” los saberes quedaran consignados y “no se perdieran de mi memoria”. Su intención fue nada más y nada menos que transcribir de la A a la Z el universo. Su curioso sentido del humor, urbano, amable, cristiano, su capacidad para la chanza, se cuela frente al lector: el libro -que, desde ya, debería instalarse como le corresponde entre las grandes obras venezolanas, entre Cubagua y La torre de Timón, entre Ifigenia y La tienda de muñecos- juega con nosotros desde el principio, con delicada eutrapelia, única manera de humor que se hubiera permitido Navarrete. El Arca... está dedicada a la virgen María, porque ella misma es “la verdadera y animada Arca del Nuevo Testamento”, que cargó dentro de sí el “vivo maná del cielo”; así como ahora el Arca... encierra “el Maná y pan celestial divino (...) el libro misterioso de tantas y tan diversas doctrinas y verdades (...) que como otro nuevo Maná, dará tan diversos gustos al paladar del lector gustante”. A un mismo tiempo, Navarrete descarga su tarea en la madre de Jesús y fija las comparaciones inevitables: el Arca... es la Virgen. En su fractal y complejo pensamiento, sabe que ésa es otra manera de “representar” a la madre de Dios. Y a partir de allí, todo: desde la relación de cómo se han de pintar a santa Ana y san Joaquín, hasta qué cosa sea la franc-masonería; desde la descripción casi obvia de los dedos (“Los cinco de la mano se llaman así”, dice con imperceptible ironía), hasta el sesudo juicio acerca del demonio; desde cómo curar el problema de los flatos (“peo o pedo: dios de los vientos del vientre”) hasta el verdadero significado de la palabra Maricastaña; en fin, en genuina tradición enciclopédica, Navarrete construye un manuscrito interactivo, porque no cesa de hacer referencia a su propia obra, a la que remite constantemente para no repetirse; una enciclopedia hecha para sus compañeros y en el fondo sólo para él, conciente, demasiado conciente de que en los tiempos que corrían a nadie podía interesarle la vida de Ana Bolena, aprender a jugar un juego de cartas que él inventara o descubrir su futuro en una tábula adivinatoria particular. Como el Melquíades de Macondo, Navarrete volcó su saber en libros que él creyó que nadie leería. Casi toda su obra se ha perdido; y el fraile de Guama nunca adivinó que sus lectores curiosos estábamos aquí, cruzando hacia el siglo XXI, ávidos del conocimiento que, como Kafka, mandó él destruir, sin saber que su trabajo salvaba una civilización. Gracias por eso.
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14/07/2005
CUANDO LA FALANGE SAGRADA SALE DEL ARMARIO

Esta ciudad contaba, desde 480 a.C., con un ejército muy especial: la Falange Sagrada, compuesta por soldados-amantes cuya consigna era luchar por la vida del compañero hasta la muerte. Este juramento se hizo realidad el día que se vio enfrentado al ejército macedonio en la Batalla de Queronea, el 4 de mayo de 338. Ni uno solo quedó con vida cuando se vieron forzados a luchar contra la feroz caballería comandada por Alejandro, que a la sazón contaba tan solo 18 años.
Pero lo que sí pervivió fue el espíritu de este grupo de valientes hombres que, más por su honor que por su patria, se mantuvo firme hasta el último suspiro, contrarios a los consejos que Arquíloco da a los combatientes. En este caso, el amor entre los soldados era lo que aseguraba la cohesión de su fuerza sobre el campo, así como el truco de los hoplitas era defender al compañero de la derecha con el escudo (hoplón), mientras se protegían con el escudo del compañero de la izquierda.
Toda esta paráfrasis histórica viene a cuento por las recientes declaraciones de José María Sánchez Silva, teniente coronel del ejército español y secretario de la escuela de Estudios Jurídicos del ejército. Ha “salido del armario”, y sin tapujos ha hablado ante la opinión pública española de sus orientaciones sexuales. A pesar de que reconoce que la Constitución española prohíbe la discriminación por causa de las preferencias sexuales, confiesa que de todas maneras existe una discriminación de «baja intensidad», reflejada en comportamientos difíciles de denunciar pero fáciles de detectar: una mirada que baja convenientemente para evitar el saludo militar, un cambio de ruta, unos chistes alusivos, gestos humanos para señalar los «defectos» con mayor eficacia que con las palabras. Sin duda, las declaraciones hechas al diario El País (3-09-2000, página 22) y el reportaje aparecido en la revista Zero (septiembre, 2000), no le granjearán más amigos ni mayor fortuna a Sánchez Silva, quien ha dicho: «no quiero ni imaginar la cara que van a poner mis vecinos de toda la vida cuando se enteren de que el serio y formal teniente coronel ha resultado ser un gay». Al menos, él puede hacerlo público con más o menos pocas consecuencias. Por ejemplo, el portavoz del Ministerio de la Defensa español dijo que, a pesar de que con sus declaraciones el teniente coronel no incurría en ningún «motivo de sanción», le parece «desafortunado que utilice su rango militar para un pronunciamiento de estas características. Otra cosa es que lo hiciera a título personal». O sea, que es homosexual mientras no lleve el uniforme puesto.
Lo que ha llamado mi atención de todo este reportaje ha sido, no obstante, otro aspecto. Como complemento al trabajo escrito, el diario ha tenido el cuidado de colocar una excelente infografía titulada: «participación de gays y lesbianas en los ejércitos», con datos tomados de la Asociación Internacional de Lesbianas y Gays. En ella se muestra que tan solo 23 países en el mundo aceptan a gays y lesbianas en sus ejércitos. ¿Está Venezuela entre ellos? ¡Desde luego que no! Es más, la patria de Bolívar está expresamente señalada como uno de los países que NO permiten (sic) la participación en el ejército por causa de la orientación sexual. Ningún país latinoamericano permite la participación, por cierto. Ni Japón. Ni —¡oh, sorpresa!— la magna Grecia. En Alemania no está permitido el acceso a gays y lesbianas a los cuerpos de oficiales y suboficiales (supongo que por los diarios secretos de Ludwig Wittgenstein).Ya que no podemos prescindir de las Fuerzas Armadas, ¿será posible que Venezuela, por una vez, vaya a la cabeza de la especie y se dé cuenta de que la lucha por la libertad que entraña la tan utilizada palabra revolución implica a todos los ciudadanos y todos los oficios? Con militares y ex militares gobernando nuestro país por todos lados —que se deben saber de memoria la vida y hazañas de Alejandro Magno y tantos otros estrategos hetero, homo y bisexuales (incluidas las Amazonas)— debería de ser natural la verdadera modernización de las Fuerzas Armadas. Pero no. Así como cuando teníamos a Rafael Caldera de presidente, especialista en Andrés Bello, individuo de número de la Academia de la Lengua e introductor de vocablos en el diccionario—el acertadísimo millardo— la gestión de cultura venezolana bajó a cotas inimaginables (¿cuánto tiempo estuvo el CONAC sin presidente por esos años?), en vez de ocurrir lo contrario, esto es, que la cultura fuera el eje de todo el plan de gobierno; asimismo ahora con un presidente ex militar tendríamos que esperar que el ejército evolucione hacia un rol más civilizado, en vez de esperar temerosos a que las Fuerzas Armadas vuelvan a todo tipo de discriminación, incluida la racial (no parecería probable a juzgar por la combinación étnica de Chávez, pero cosas veredes...), para acceder a los rangos más altos. Es probable que en el ánimo de los chavistas el clasismo económico, epidérmico o social sea un tema a erradicar, pero aún falta extender esta depuración hacia áreas tan obvias como el sexo, basamento fundamental de nuestra existencia en este planeta. Y no sólo en el mundo militar. Hay que entender de una buena vez que la homosexualidad, el lesbianismo, el bisexualismo y la heterosexualidad son manifestaciones distintas de lo mismo: nuestro impulso vital, el movimiento del espíritu hacia la fusión con el otro. Que el ejemplo cultural que la historia nos da con ejércitos como la Falange Sagrada tebana, sirva de guía para la nueva categorización que nuestra época debe hacer de comportamientos completamente naturales, ancestrales y necesarios.
11/07/2005
EL CINE QUE NOS SALVA

He estado curioseando pro ahí sobre la vida de este actor extraordinario, uno de mis favoritos, y me encuentro con esta frase, hermosa, de un actor de la Antigüedad:
La película nos dejó un recuerdo a mis amigos de Valera y a mí: cuando el ladronzuelo pregunta: "¿Who are you?", Michael Keaton contesta: "I'm Batman", frase que resume todo lo que este oscuro personaje es, quizá el superhéroe más interesante de todos, el más perturbador. Ninguno como Bruce Wayne para hablar del hombre a medio camino entre la bondad y la hijodeputez.
Nicholson hace el Joker, o Guasón, como lo conocemos en Venezuela, gracias a la traducción mexicana (ahora que estoy afuera, cada vez que regreso a Venezuela y veo televisión me sorprende el acento ultra mexicano de todas las películas de la televisión, y mucho más me soprende que no tengamos más acento mexicano). El papel le cuadra perfectamente y lo hace tal como él lo describe: es el pop art introducido en una película gótica como pocas y que debe, cómo no, más de un decorado a la nunca envejecida Blade runner. Es que Tim Burton es mucho Tim Burton, pero mucho más Ridley Scott es Ridley Scott, al que le debemos por igual maravillas como Thelma y Louise, Legend y Gladiator y bodrios como 1492, Hannibal y la basura sobre las cruzadas, Kingdom of Heaven, o El Reino de los Cielos, como la titularon aquí.
Otros personajes, no sólo el divertidísimo Joker, hacen de Nicholson uno de mis actores predilectos: el demonio burlón de Las Brujas de Eastwick, donde seduce a Susan Sarandon violonchelo entre las piernas; Jake 'J.J.' Gittes, el detective coñaceado de Chinatown, más malandro quizá que los malos; el poderoso y sensual Frank Chambers de El cartero siempre llama dos veces; el alcohólico Brimmer de El último magnate, una peli de otro monstruo: Elia Kazan; y, por supuesto, el aterrorizante Jack Torrance inventado por Stephen King para protagonizar El resplandor, una película del mejor director de todos los tiempos y para siempre: Stanley Kubrik, el dios de las obras maestras.
Por mala suerte hay algunas de Nicholson que no he visto como, y que se me perdone, One Flew Over the Cuckoo's Nest, que creo que en Venezuela se llamó Atrapados sin salida, ¿no?
Un gran actor, sí.
Pero como nada es perfecto, termino mi investigación descubriendo que también a este actor, que sólo por Batman cobró 60 millones de dólares en regalías y creció pensando que su madre era su hermana y que su abuela era su mamá, se le sale el "que viva la revolución, pero far away": fue a Cuba en 1998 a conocer al dictador y regresó encantado. Me gusta el comentario que se hace en www.imdb.com: allí se dice que lo llama "un genio", "though the luxuries he was treated to on the island are off-limits to most Cuban citizens". Claro, pero esto no lo sabe el pobre Jack, que disfrutó de la isla como sólo un buen putañero lo sabe hacer. Mr. Danger, como lo llamaría Rómulo Gallegos.
Es lo que dice Roberto Echeto sobre los personajes de ficción: que se queden en los libros, así no le huelen mal los pies. Que el Nicholson que yo amo se quede en sus películas. Así no le olerán mal las ideas. Ta logo.

09/07/2005
ERNESTO CARDENAL o la VERGÜENZA AJENA








