16 oct. 2012

Los premios


No. No voy a hablar de la escritura de Julio Cortázar, que sería lo suyo.

Hoy han confluido en mi ordenador cuatro premios que revelan cuatro maneras distintas de valorar la literatura. La mirada comercial pura y dura (el Planeta a Lorenzo Silva -ninguna objeción, es un escritor solvente y querido por los lectores- y el finalista a Mara Torres (¿eh?), presentadora de noticias de la 2 y su primera novela); la mirada panóptica (el Carlos Fuentes a Mario Vargas Llosa, merecido sin duda por muy boom-enas razones); la mirada polémica (el premio FIL a Bryce Ecehenique que, otorgado hace varias semanas, sigue dando guerra porque algunos intelectuales, sobre todo mexicanos, se sienten estafados pues le afean el premio al peruano por las acusaciones de plagio periodístico que pesan sobre él, a pesar de que el jurado argumenta que el premio es a su obra narrativa, sin duda fundamental en la literatura en español de hoy en día y por ahí sigue la pelea...); y la mirada crítica (el premio de la Crítica de Venezuela a José Napoleón Oropeza, por su novela Las puertas ocultas).

Como se ve, cada premio de los que hablo tiene una finalidad distinta y va dirigido a un público diferente. Quizá el que menos le suene al lector ajeno sea el de la Crítica de Venezuela, porque es muy nuevo y se circunscribe al ámbito nacional; pero a mi modo de ver es el más importante de los cuatro, no sólo porque da visibilidad a una literatura que sigue, por multitud de razones que no es el caso aquí detallar, en el cenicientismo, tal como le ocurría hace una década a la vinotinto, y que tanto le ha costado quitarse de encima; sino también porque es otorgado por los responsables de ejercer la crítica y el estudio de la literatura en Venezuela. La confluencia de esas dos circunstancias en un país en el que hay que animar constantemente y sin desmayo a la lectura, y a la lectura de la literatura hecha en Venezuela, la pienso feliz: Qué bueno que los críticos de mi país ocupen el puesto que les corresponde, el que le corresponde a los críticos en todos los países: El de orientadores de los lectores, el de evaluadores, y -dejémonos de complejos- el de prescriptores. Sí. Porque un lector necesita del librero que le aconseje, del amigo que lo entusiasme y del editor que lo tiente, pero también necesita del crítico que le explique por qué, y cómo, y para qué, ha de leer ese libro determinado. Es una de las funciones más bonitas del que se dedica a pensar la literatura (no a crearla): Formar el criterio del lector que tiene frente a sí.

Y por eso me alegro de que exista el premio de la Crítica de Venezuela, y que lo haya ganado José Napoleón Oropeza, que merece ser leído por su país, sí, y también por los lectores en español. Y cuya novela ha sido publicada en el sello bid&co, cuyo acertadísimo catálogo pueden consultar pinchando aquí.

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