9 oct. 2012

La defectuosa perfectible


Los políticos a sus intereses, los demás ciudadanos a sus otras profesiones, pero todos pendientes de sus derechos, de que los encargados de administrar la cosa pública lo hagan de la manera más eficiente y honesta posible.
Porque el concepto de ciudadanos no se acaba cuando depositas una papeleta con tu voto en una cajita; de hecho, comienza allí. Votar es un compromiso que adquiere el ciudadano con su sociedad; y cada vez que reclama, cada vez que protesta y cada vez que cumple con su deber -en forma de pago de impuestos, de acatamiento de las leyes y buen uso de ellas, en forma de solidaridad con el más débil o como desobediencia civil bien entendida- relegitima ese simple acto que lo convierte en miembro de un país que se rige por el más perfectible de los defectuosos sistemas de gobierno de la Humanidad: La democracia.
Errores. Se van a cometer todavía cientos de errores en la historia de la democracia, que ya es larga -no deja de sobrecoger el hecho de que, en esencia y a pesar de su compleja evolución, vivimos bajo el mismo concepto en que vivieron Sócrates y Pericles-; vamos a lamentar muchas veces más los pasos mal dados y, sobre todo, la muy mala costumbre de la democracia de suicidarse cada cierto tiempo. Pero aun así la prefiero a los demás sistemas, por más que prometan Jauja y la creación de un ser humano nuevo. Que lo que el genoma no ha hecho en diez millones de años no lo van a hacer un puñado de presuntuosas ideologías en unos cuantos cientos.
A menos que de verdad podamos dar un salto cualitativo y nuestra consciencia entienda que es la educación lo primero que debe ser modificado para alcanzar cotas más altas, más lejanas, mejores condiciones. Sólo una buena pedagocracia (y no la que se critica, quizá con razón, aquí y aquí, sino la que apunta directamente al paidagogos como figura ideal) podría sustituir, dentro de muchos años de ensayos y continuos errores, la democracia en la que gozamos, penamos y aceptamos que a veces se gana y a veces se pierde.
Pero en la que siempre se sigue.

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