11 oct. 2012

El Nobel de Literatura como brújula

Acaba de anunciarse el nuevo nombre a la ya larga lista de premios Nobel de literatura. Se trata de Mo Yan, escritor chino, del que se vienen publicando sus libros en español desde hace varios años aquí en España.
Me sonaba, sobre todo, por Sorgo rojo, de la que hicieron película, y por Grandes pechos y amplias caderas, con la que la editorial Kailas comenzó a publicarlo. No sé la verdad si antes ya había sido publicado en español, a mí me sonaba de los libros de esta editorial. No lo he leído, porque tampoco uno puede estar leyéndolo todo, pero lo conocía. Ahora, con el empujón del Nobel, quizá algunos de nosotros nos acerquemos a él. Con algo de miedo, confieso, como me pasó con Le Clézio y con algún otro Nobel para los que al final yo no soy lector.
Lo que me llamó la atención hoy fue leer los comentarios de varios escritores e "intelectuales" (qué poco me gusta esta palabrita). En cuanto se enteraron del nombre, se apresuraron a decir que no tenían "ni puta idea" de quién era, y casi se podía oler un tufillo displicente y de superioridad, como si la Academia sueca hubiera sacado de un albañal al ganador y lo hubiera, en un solo día, encumbrado sin otro mérito que el de ser más raro que un perro verde. Casi oigo a un intelectual chino, o mongol, homólogo de ciertos intelectuales de aquí, decir con el mismo desdén, "no tengo ni puta idea de quién es ese tal Vargas Llosa" cuando se lo dieron al escritor peruano. Y ambos, el intelectual chino y el de algún país de América latina, se habrán quedado tan panchos, y satisfechos de haberse conocido en la mínima charca que habitan.
No conciben que pueda haber mundo más allá de sus narices y sus libritos y su circulito literario. Y, claro, si no lo conocen ellos no existe, como declaró una vez cierta directora editorial de un gran grupo español, casi analfabeta pero, eso sí, taurina de botijo en mano como la que más.
El rechazo al otro, al ajeno, al extraño, es un rasgo común de todos los seres humanos, y un rasgo que nos salva y nos mata al mismo tiempo. Pero quizá ya sea tiempo de que sea la curiosidad la que guíe nuestros pasos, ahora que ya no tenemos que cuidarnos del ataque de algún tigre dientes de sable agazapado en la floresta. Los tigres de ahora usan corbata o zapatos de marca; y son más perversos. Pero aun así el etnocentrismo y la xenofobia -la campurusería paleta, en definitiva- cada vez tienen menos justificación.
Y enhorabuena a la cultura china por su nuevo premio Nobel.