24 ene. 2012

Escritor, apártate que no me dejas leer

He estado leyendo una novela en estos días. Empezó interesándome, pero ahora, en la página cincuenta casi que voy ya, ha dejado de llamarme la atención. No por el tema, que prometía ser gozoso, ni por la prosa, correcta y eficaz; sino por el autor. El autor, que no se quita de en medio, chico.
Hay escritores más interesados en que los conozcamos a ellos, no a sus obras.
Hay autores que, como algunos futbolistas mediáticos, hacen virguerías en los anuncios de refrescos y de carros, y -quizá- en el centro del campo, pero nunca meten un gol.
Hay autores que deberían estar en Gran Hermano: allí los verían más.
Pero, por favor, que no estorben cuando uno lee un libro suyo.

Estoy leyendo, también, a otro autor: este, quizá por su carácter, se aparta de inmediato y nos deja pasar a su imaginación. Y deja que nos instalemos, como Alicia, entre sus personajes, en su espacio y en su prosa; qué delicia, aunque no te sientas cerca de la novela, aunque la novela no sea del todo buena, cuando la novela te abre sus puertas y te deja entrar. Cuando el anfitrión tiene la suficiente delicadeza como para no echársenos encima y dejar que seamos nosotros los que elijamos los trozos más apetitosos.

Y leo el prólogo de Miguel Salabert a La educación sentimental: cuando los traductores sabían tanto que eran capaces de escribir un prólogo a sus traducciones, que eran ensayos tan sabrosos como el texto que nos facilitaban. Y, de paso, habla de eso que hace que una novela sea una joya, que lo mediocre no sea el texto sino el universo del que habla; sin embargo, algunos de sus contemporáneos no lo creyeron así, cosa que sorprende al traductor:
La obra era forzosamente mediocre, puesto que sus personajes lo eran. Negaban, al hablar así, la posibilidad de escribir una novela genial con personajes mediocres, que era precisamente lo que tenían en sus manos.
Y eso que todavía Joyce no había "inventado" la novela del antihéroe.

Joyce y Flaubert: dos que se apartaban para que el lector hurgara a gusto en sus universos complejos y fractales.

Eso es todo lo que un lector pide. Espacio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fernando Aramburu escribe en su blog, sobre una presentación de su libro:
"Me flanquearon hembras a la mesa. Estaba, pues, como en casa. Es que congenio con el rebaño cuando es bello y huele bien".
¿Te parece un comentario machista? Es que no tienes sentido del humor.

La Mancha dijo...

Será que el humor de nosotras, las neveras, no sirve para verle la gracia a esa clase de chistes...