¿Qué puedo decir? Que la noche del jueves fue otra vez hermosa, como en La Fugitiva, porque los amigos nos devuelven, y nos justifican, las ganas de escribir cuando se portan con uno como se portaron los míos el jueves conmigo: calidez, sonrisas, apoyo. Allí estaban todos, hasta los que no pudieron ir, poniendo el hombro en esta larguísima carrera que es la escritura, un acto esencialmente solitario, pero que a veces tiene estas recompensas: José Luis Torres Vitolas, como buen y discreto editor, creó el escenario apropiado para que Ernesto Pérez Zúñiga demostrara una vez más su enorme generosidad convertida en palabras cálidas y brillantes. Y, como digo, los amigos me arroparon con su cariño.
¡Así, sí dan ganas de escribir!
(A continuación, una pequeña galería del evento:)
(A continuación, una pequeña galería del evento:)















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