16 sept. 2011

Cuentos recomendados... ¡por Miguel Díez!


Ya que comienza este fin de semana, el último del verano, quiero recomendar a todo el que pase por aquí una joya que acabo de conocer: en el blog de Francisco Rodríguez Criado, Narrativa Breve.com, el profesor e investigador Miguel Díez está coordinando desde este mes de septiembre la sección Cuentos Breves Recomendados que, como su nombre lo indica, es una antología de lo mejor de la narrativa breve de todos los tiempos seleccionada por este especialista en el cuento del que tanto (y con tanta generosidad) he aprendido en el corto tiempo (¡pero son dos años ya!) en que me han privilegiado con su amistad él y su esposa, la brillante poeta (pero también erudita estudiosa de la lengua y la literatura) Paz Díez, con la que podría conversar indefinida y sabrosamente de todo y sobre todos.

Pues resulta que la cantidad de (muy buenos) cuentos que se pueden leer allí casi alcanza ya las seis docenas, así que hay material suficiente para el solaz dominguero... Revolución, de Slavomir Mrozek, El gigante egoísta, de Oscar Wilde, Los bárbaros, de Pedro Ugarte, Reunión, de John Cheever o La gallina, de Clarice Lispector son algunas de las perlas que podrán disfrutar en esa sección. Todo un lujo para lectores gourmets.

Marqué especialmente, como pueden notar, el cuento de Wilde, porque es uno de los relatos fetiche de mi infancia: pero sólo era una evocación que venía en la lista de libros de aquella bellísima colección de cuentos infantiles de la editorial Lumen, donde primero leí Caballito Loco (y Carnavalito) de Ana María Matute, La rosa y el anillo, de William M. Thackeray (la mejor y más divertida fábula realista que he leído en mi vida) y las Leyendas de Jesús de Selma Lagerlöf: ¡Y nunca puede leer el relato de Wilde porque no lo teníamos en la casa! Ya viejo lo leí, en la Biblioteca Metropolitana Simón Rodríguez, en Caracas, allí en la esquina de El Conde, y el que haya conocido esa esquina en los años ochenta sabrá de qué espíritu les estoy hablando...

Entonces son dos alegrías: una suculenta carga de relatos breves y la recuperación del pasado lector, el de los fantasmas y las listas de deseos jamás cumplidos, o cumplidos ya tarde (¿o no?). Vayan, lean, recuerden y, sobre todo, gocen, que ese es el máximo bien de la literatura: el goce pleno.

¡Gracias por eso, Miguel!