26 ago. 2010

#xenofobia

Ya no me sorprenden -pero me entristrecen- las noticias sobre las políticas de limpieza étnica light que los gobiernos de Europa se empeñan en disfrazar de soluciones a los problemas como la inseguridad, el desempleo y blablablá. Ahora es el pequeño napoleón galo de nuestros días el que se ha inventado una medida similar a la que se trató de hacer aquí en España hace un tiempo con los extranjeros, "te vas y te pagamos un dinero para que no vuelvas, ya te llamaremos cuando hagas falta de nuevo".

Hoy han sido expulsados 300 gitanos romanís, a los que se les ha dado 300 euros, y 100 más por hijo, para que dejen la patria de la egalité y la fraternité y se vuelvan a su Rumanía natal, ese país que pertenece a la Unión Europea pero que algunos europeos siguen viendo como foránea.

La xenofobia, el chovinismo, el desprecio que están detrás de todas estas políticas supuestamente humanitarias, comprensivas (apoyadas, no obstante, por el 48% de los franceses -el 42% las rechaza y 10% prefiere guardar silencio, hasta que les toque a ellos) ya no me sorprenden, como dije, sino que me entristecen. ¿De verdad los sarkozys del mundo creen que expulsando, levantando muros y discriminando van a parar lo que ha ocurrido desde que el ser humano se yergue, es decir, la migraciones? Creen que expulsando 8 mil no van a entrar 8 mil más buscando Eldorado que se esconde en la ordenadas ciudades europeas, las ciudades del primer mundo? Por menos de eso, Odoacro se hizo finalmente rey de Italia, acabando con la milenaria Roma.

Mientras en el mundo no haya verdaderas políticas de integración que impliquen empleo justo, condiciones sociales verdaderamente igualitarias y dignidad, los flujos de inmigrantes legales e ilegales seguirán yendo hacia donde está la plata y la comida. De eso no quepa la menor duda. A ese 5% mundial de los que más tienen es a los que hay que presionar para que entiendan que la economía que sostiene al mundo -de Michigan a Pekín, de Tegucigalpa a Abu Dabi, de Caracas a Berlín- acabará con el mundo.

Mientras que el único ilegal que entre sea el dinero, este "problema" de la inmigración seguirá siendo combustible para inflamar los corazones enceguecidos por un pedazo de trapo que llaman bandera. Y otro elemento de desunión entre los que deberíamos estar unidos en contra de eso que llaman el negocio del odio, y que tan rentable les resulta a las transnacionales.

El niño malo, en abril

Este es un trocito de la presentación de mi novela, El niño malo cuenta hasta cien y se retira en la Fnac, en abril pasado. La editora, Talía Luis Casado e Ignacio del Valle, presentador de lujo, me acompañaron ese día. Y un montón de amigos y alumnos. Qué bonito:




Y el 23 de abril, día del libro, nada más y nada menos que Jorge Eduardo Benavides habló de mi novela en la librería Sin Tarima de Chueca. Otro lujazo:



Como decía el cantante mexicano Pedro Vargas: "muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido."

10 ago. 2010

#biblioteca

Se mueve twitter con mucha velocidad y nacen iniciativas por todos lados; denuncias, comentarios, noticias; tonterías varias, ya se sabe: Internet aúpa a todo tipo de tontos, necios, zotes, sonsos, gafos, rudos, toscos, estultos, bastos, tardos, torpes, cursis, vagos, brutos, egos, megos y tegos, que es como el megaego y el teraego, y dale que te pego, el petaego. En fin; que no es fácil estar en twitter, solo se puede vivir a trozos, porque la vida real todavía reclama su espacio. Hay que comer y oír los ruidos de la calle; hay que hablar con los que te rodean y darle comida al gato; hay que simular que estamos donde estamos. Y también hay que leer. Leer libros, no pantallas, ni recetas, ni instrucciones de instalación o de juego. Hay que leer libros, todavia.

Los libros a los que aún no le hemos hecho caso, y que reposan en nuestra #biblioteca. Y esa es la etiqueta que se ha puesto de moda, o que han querido poner de moda últimamente en twitter. ¡Qué buena idea! Yo me sumé de inmediato, agregando las tonterías que se me ocurrieron con la etiqueta en cuestión. Aunque una idea se me pasó por la cabeza que no me pareció del todo mala. Claro, es una idea manida, pensada y requetepensada: que la bibloteca, nuestra biblioteca, la que nos acompaña en la vida, es un ser vivo metamórfico: crece y decrece con el paso de los años. A mi primer libro, Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez le siguieron decenas más, sobre todo los que me mandaban leer en la escuela; los que había en casa de mis padres; los que me regalaban: un libro de poemas de amor que hizo estragos en mí. Luego, al llegar a la universidad, aparte del paraíso de las bibliotecas de la Ciudad Universitaria, el primer libro que compré, Utopía, de Tomás Moro. Y al llegar a Salamanca, una madrugada, compré Soy leyenda, que años después llevaron al cine con Will Smith.

He ganado libros, he perdido libros, los he prestado, me los han prestado, alguna vez me he robado alguno, pero no de librerías, que siempre me descubren, no sé si me han robado libros; los he protegido de ladrones muy pillos (mi edición querida de Los Nibelungos, amenazada en Caracas por un vendedor de escarpines vasco); pero mi biblioteca siempre tiene lugar para un libro nuevo, y siempre cobija por lo menos uno. Porque la #biblioteca, esa que ahora recibe tanto cariño en twitter es una manera de hacer nuestra biografía. Eso ya lo supo Miranda, por cierto, cuya biblioteca es un retrato robot de su vida.

2 ago. 2010

Barcelona Low Cost

Barcelona Low Cost
Aníbal Mendoza, Martín Tognola
Glénat, 2010
56p. (color)|ISBN:978-84-9947-029-0|12 euros|Ganador del Premio Coll|
Por el guión bien tratado, y las ilustraciones, el color, la estructura y la "puesta en escena" de la acción: recomendable. Por el planteamento realista de la situación de los empleos precarios tanto para españoles como para inmigrantes: recomendable. Por el tono desenfadado y nada sermoneador: recomendable. No es el tipo de cómic que suelo leer (soy luciferero y fabulero y sandmanero y hellblazerero; me gusta la fantasía en los cómics, el color a cascoporro; me gusta querer volver a leer los cómics que tengo), pero me la he pasado muy bien leyendo este, que me recomendó un amigo en cuyo criterio suelo confiar. No es un cómic que quiera volver a leer, pero aun así lo he adquirido. Además, siempre tengo ganas de leer los cómics españoles; el tono con que están hechos me recuedan las revistas de cómics que leía en los 80 y 90, traducciones hechas en España que me hablaban un español lejano a los calores caribeños de Caracas.
Así que ustedes mismos, si quieren una dosis de realidad en forma de cómic, este es el que deben llevarse a la playa, la montaña o a la casita.