23 nov. 2010

En Ginebra, en Albatros

Con Rodrigo Díaz, después de la presentación

Este fin se semana estuve presentando El niño malo cuenta hasta cien y se retira en Ginebra; allí, en la ciudad donde está enterrado Borges pero, mucho más importante, también la ciudad donde está Albatros, la librería que dirige Rodrigo Díaz, ese librero de Ginebra que da como para una película basada en una gorda novela. La librería es una preciosidad llena de libros en español en territorio francófono, un nido de agitación cultural -por allí han pasado todo tipo de escritores y editores célebres-, pero lo más importante de la librería y de Rodrigo, me di cuenta mientras estábamos conversando sobre mi novela, es que desde ese rincón ginebrino ha ido uniendo escritores en España; todos los que lo conocemos ya queremos que otro escritor, que otro libro que acaba de salir, esté en la librería, porque se ha vuelto importante estar allí. En Madrid hablamos de él con cariño y reverencia; con ganas de visitarlo. Se me hace que así sería la curiosidad que despertaba el maestro Simón Rodríguez cuando vivía en las altas montañas bolivianas.

Yo me la pasé en grande esa noche, porque encima Rodrigo nos llevó (mis "sobrinos ginebrinos", Patricia y Fabio, fueron a hacerme barra) al cine Alhambra en cuya cafetería, ubicada en el vestíbulo, tomé pisco y comimos chicharrones con plátano y mote: ¡qué rico!

A la entrada del cine Alhambra levanto una patica, pero no se ve bien


Al día siguiente no me acordé de Heidi, porque las calles de Ginebra las mañanas de domingo parecen la secuencia de créditos de una película que está por comenzar:





Incluso, con el ingenioso discurso del pastor para que los feligreses no se duerman y asistan al sermón dominical:



Por supuesto, está película siempre tendrá a Albatros como set principal, como lo atestigua la placa en la oscuridad, y el guionista frente a su máquina de escribir: