10 ago. 2010

#biblioteca

Se mueve twitter con mucha velocidad y nacen iniciativas por todos lados; denuncias, comentarios, noticias; tonterías varias, ya se sabe: Internet aúpa a todo tipo de tontos, necios, zotes, sonsos, gafos, rudos, toscos, estultos, bastos, tardos, torpes, cursis, vagos, brutos, egos, megos y tegos, que es como el megaego y el teraego, y dale que te pego, el petaego. En fin; que no es fácil estar en twitter, solo se puede vivir a trozos, porque la vida real todavía reclama su espacio. Hay que comer y oír los ruidos de la calle; hay que hablar con los que te rodean y darle comida al gato; hay que simular que estamos donde estamos. Y también hay que leer. Leer libros, no pantallas, ni recetas, ni instrucciones de instalación o de juego. Hay que leer libros, todavia.

Los libros a los que aún no le hemos hecho caso, y que reposan en nuestra #biblioteca. Y esa es la etiqueta que se ha puesto de moda, o que han querido poner de moda últimamente en twitter. ¡Qué buena idea! Yo me sumé de inmediato, agregando las tonterías que se me ocurrieron con la etiqueta en cuestión. Aunque una idea se me pasó por la cabeza que no me pareció del todo mala. Claro, es una idea manida, pensada y requetepensada: que la bibloteca, nuestra biblioteca, la que nos acompaña en la vida, es un ser vivo metamórfico: crece y decrece con el paso de los años. A mi primer libro, Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez le siguieron decenas más, sobre todo los que me mandaban leer en la escuela; los que había en casa de mis padres; los que me regalaban: un libro de poemas de amor que hizo estragos en mí. Luego, al llegar a la universidad, aparte del paraíso de las bibliotecas de la Ciudad Universitaria, el primer libro que compré, Utopía, de Tomás Moro. Y al llegar a Salamanca, una madrugada, compré Soy leyenda, que años después llevaron al cine con Will Smith.

He ganado libros, he perdido libros, los he prestado, me los han prestado, alguna vez me he robado alguno, pero no de librerías, que siempre me descubren, no sé si me han robado libros; los he protegido de ladrones muy pillos (mi edición querida de Los Nibelungos, amenazada en Caracas por un vendedor de escarpines vasco); pero mi biblioteca siempre tiene lugar para un libro nuevo, y siempre cobija por lo menos uno. Porque la #biblioteca, esa que ahora recibe tanto cariño en twitter es una manera de hacer nuestra biografía. Eso ya lo supo Miranda, por cierto, cuya biblioteca es un retrato robot de su vida.

1 comentario:

cascarino dijo...

Buenas tardes, qué curioso su primer libro, es una lástima que JRJ haya quedado para la posteridad como autor prácticamente de sólo ese, por otra parte precioso libro.
Qué buenas las buenas librerías!¿de dónde es esa que comenta?
Yo una vez robé "La vuelta al día en 80 mundos" del primer instituto en el que trabajé. Tenía planeado robar un ejemplar en cada centro pero mi mujer me dijo que eso no estaba bien y ahora me siento mal cada vez que veo el libro, con su sello y todo. Con respecto a lo del tiwwter no puedo opinar porque no sé de qué va eso.
Un saludo