15 oct. 2008

Los gatos negros han venido al mundo para vigilarnos. Pero vigilarnos como ángeles de la guarda, no como policías o enfermeros de psiquiárico, aunque no son pocas las veces en que los gatos negros opinan que estamos verdaderamente locos.
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    Por ejemplo, Siro, ese gato ya famoso en este blog y cuyo portafolio fotográfico crece día a día, espera siempre a que yo me siente a la mesa a comer para dedicarse a engullir sus pepitas alimenticias de pollo deshidratado; hasta que no se asegura de que yo me procuro alimento, él no se está quieto. Y me llama, y me reclama, y choca su cabeza contra mi pierna, como empujándome hacia el desayuno. Cualquiera podría pensar que se trata de la actitud egoísta propia de los felinos hambrientos, pero yo sé que Siro lo que quiere es cuidarnos, como corresponde a todos los gatos negros del mundo, que para eso han venido a la tierra.

    Como bien lo demuestra Neil Gaiman en su Criaturas de la noche, un esclarecedeor documento para saber de qué nos protegen los gatos oscuros y por qué la cultura popular los relaciona con el demonio y la mala suerte, como si el diablo y el hado tuvieran algo que ver. Como no sea por parentesco a través del señor del sueño y Calíope, no sé cómo.

4 comentarios:

fatma dijo...

Así es, los gatos demuestran lo respetuosos que son al esperar a que coman los humanos que viven con ellos (y no al revés) para saciar su apetito. Pero en esa foto, Siro, que ya es como de la familia, más que recién comido parece beodo. Me lo confirma la botella de licor rumano con la que posa. Título de la foto: Siro en su chiscón después de pegarse un lingotazo de espirituoso después de terminar de escribir sus memorias.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Siro, el poeta del hada verde

Anónimo dijo...

Buz, negro con manchas blancas, hace algo aún más sorprendente: cuando estoy pachucha él lo percibe y me da masajes en la zona donde me duele, así que tengo compañía y masajista en casa. Ah, y no lo presto.

hatoros dijo...

Maestro,tuve gata blanca que no negra. Sira se llamaba y mi hijo en su triciclo la paseaba. Murio,pero antes, me dijo que la matara.No pude,si fallo el golpe, morirme yo, es lo que me faltaba.Al dia siguente, al abrir la ventana,ella sabía que yo la mirara su muerte sufrida, allí, ante la valla.
Ahora un gato tengo, que Tigre se llama.Y casi se muere de chaval, cuando Susana, la puerta de golpe cerraba.Mis dos hijos,a moco tendido, los dos lloraban,pudimos salvarlo y ahora se mete de viejo a dormir en imposibles cajas cerradas.Un abrazo,maestro.