14 oct. 2008

358. Huesos correctos


No sé por qué, pero los buenos sentimientos y las buenas intenciones en la televisión me parecen que tienen truco. Hay algo de trampa cuando un personaje le dice a otro has hecho lo correcto, cuando en realidad ha frustrado lo estético. No sé si se trata de que el bien es intrínsecamente cursi, o que no nos creemos nunca que un personaje sea bueno, bueno, bueno. Los estereotipos de 'el muchacho', 'la novia', 'el acreedor', 'el delincuente' siguen en nuestras cabezas, y siempre esperamos que los de las series sean personajes tan humanos como Edmond Dantès, tan fracasados como Arturo Bandini. O, si se va a ser malo, al menos que sea de manera telúrica, como doña Bárbara cuando está a punto de matar a Santos Luzardo y no puede porque ve en su hija la muchacha inocente que ella fue -y entonces se deja tragar por la naturaleza.
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    Veo Bones con mucho placer, pero me incomoda el tufillo políticamente correcto que al final exhala, a pesar de que la asocial doctora trate a un enano como a un funcionario y no como a un ser más débil que ella, y que 'la mala' de la serie sea una persona de color, que es como decir que es azul, verde, roja, violeta pero nunca lo que todo el mundo piensa, negra. Pero no es mala Cam; es humana y está enamorada del mismo hombre que la prota, así que está fuñía. No se vista que no va, aunque a Booth le guste retozar con ella en la cama, cosa que no he visto que haga con Bones -porque es la prota y el amor y lo correcto y el compromiso y la protestante american way of life-. Lo mismo que Angela y el rizos: sólo besitos, nada de tocamientos que para eso está la 'mala', que usa su cuerpo para escándalo de las escrituras. Uf, es agotadora la vaina, la verdad.
    A mí me siguen gustando los casos que se plantean y cómo los resuelven, pero cuando se ponen hollywood-protestantes me levanto y me voy a buscar un yogurt, que al menos los griegos conocen el concepto de cremoso.
    En fin, el arte es implacable y no tolera concesiones no solicitadas. Una pena tanta hipocresía bien hecha enlatada en la caja tonta. Uno se divierte; pero de vez en cuando hace falta pensar en esto. Porque la tontería -como la ignorancia- se acumula.