6 dic. 2008

361. Ahora que su líder se quiere quedar para siempre...

...no está de más recordar a ese gran actor y muy imbécil periodista (o revoluturista) que es Sean Penn: "It's true, Chávez may not be a good man. But he may well be a great one.".
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    Tan imbécil, que es tan vivotonto como para confesar que viajó en un avión de PDVSA que le "prestaron" (o que pagamos nosotros los venezolanos, mejor dicho) y pretender que no pensemos que es uno más de los aprovechados que se quieren rumbear los reales del petróleo antes de que se acaben. Nunca voy a entender por qué estos personajillos tan afectos a los dictadores y a los autoritarios como Chávez y los Castro boys no se van a vivir *de una puta vez* a La Habana o a algún barrio de esos sabrosos de Caracas donde matan 15 y 20 personas a la semana. Cuando viva un par de años pasando el trabajo parejo en las calles de Caracas, sin las comodidades de ser un niño mimado de Hollywood, volvemos a hablar. Qué daño, pero qué daño hacen estos carajitos con conciencia social armani cuando se meten a redentores. Lo mejor es que se dediquen a lo que saben, el cine, el teatro la televisión. Y si se van a meter en los asuntos de otros países, que se documenten primero, digo yo.

8 nov. 2008

360. El verdadero revolucionario


Parece inofensivo, pero este es el verdadero revolucionario al que hay que agradecerle su audacia: el día en que puso en marcha su revolución, nadie se dio cuenta, pero todo estaba ya perdido:
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    cuando puso el punto final a su De revolutionibus, la Tierra había dejado de estar en el centro del Universo y revelaba humildemente su verdad: que tan solo danzaba al rededor de una estrella de tamaño mediano, ubicada en un punto de la galaxia que hoy en día sabemos que ni siquiera es tan importante. Este es el rostro del revolucionario que todos los imbéciles que usan camisetas como parte de su cerebro deberían llevar orgullosamente impresas en sus pechos, y no la de ciertos personajes más asesinos que útiles. Qué revoluciones ni qué ocho cuartos; las observaciones de Nicolás Copérnico y más nada.

15 oct. 2008

Los gatos negros han venido al mundo para vigilarnos. Pero vigilarnos como ángeles de la guarda, no como policías o enfermeros de psiquiárico, aunque no son pocas las veces en que los gatos negros opinan que estamos verdaderamente locos.
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    Por ejemplo, Siro, ese gato ya famoso en este blog y cuyo portafolio fotográfico crece día a día, espera siempre a que yo me siente a la mesa a comer para dedicarse a engullir sus pepitas alimenticias de pollo deshidratado; hasta que no se asegura de que yo me procuro alimento, él no se está quieto. Y me llama, y me reclama, y choca su cabeza contra mi pierna, como empujándome hacia el desayuno. Cualquiera podría pensar que se trata de la actitud egoísta propia de los felinos hambrientos, pero yo sé que Siro lo que quiere es cuidarnos, como corresponde a todos los gatos negros del mundo, que para eso han venido a la tierra.

    Como bien lo demuestra Neil Gaiman en su Criaturas de la noche, un esclarecedeor documento para saber de qué nos protegen los gatos oscuros y por qué la cultura popular los relaciona con el demonio y la mala suerte, como si el diablo y el hado tuvieran algo que ver. Como no sea por parentesco a través del señor del sueño y Calíope, no sé cómo.

14 oct. 2008

358. Huesos correctos


No sé por qué, pero los buenos sentimientos y las buenas intenciones en la televisión me parecen que tienen truco. Hay algo de trampa cuando un personaje le dice a otro has hecho lo correcto, cuando en realidad ha frustrado lo estético. No sé si se trata de que el bien es intrínsecamente cursi, o que no nos creemos nunca que un personaje sea bueno, bueno, bueno. Los estereotipos de 'el muchacho', 'la novia', 'el acreedor', 'el delincuente' siguen en nuestras cabezas, y siempre esperamos que los de las series sean personajes tan humanos como Edmond Dantès, tan fracasados como Arturo Bandini. O, si se va a ser malo, al menos que sea de manera telúrica, como doña Bárbara cuando está a punto de matar a Santos Luzardo y no puede porque ve en su hija la muchacha inocente que ella fue -y entonces se deja tragar por la naturaleza.
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    Veo Bones con mucho placer, pero me incomoda el tufillo políticamente correcto que al final exhala, a pesar de que la asocial doctora trate a un enano como a un funcionario y no como a un ser más débil que ella, y que 'la mala' de la serie sea una persona de color, que es como decir que es azul, verde, roja, violeta pero nunca lo que todo el mundo piensa, negra. Pero no es mala Cam; es humana y está enamorada del mismo hombre que la prota, así que está fuñía. No se vista que no va, aunque a Booth le guste retozar con ella en la cama, cosa que no he visto que haga con Bones -porque es la prota y el amor y lo correcto y el compromiso y la protestante american way of life-. Lo mismo que Angela y el rizos: sólo besitos, nada de tocamientos que para eso está la 'mala', que usa su cuerpo para escándalo de las escrituras. Uf, es agotadora la vaina, la verdad.
    A mí me siguen gustando los casos que se plantean y cómo los resuelven, pero cuando se ponen hollywood-protestantes me levanto y me voy a buscar un yogurt, que al menos los griegos conocen el concepto de cremoso.
    En fin, el arte es implacable y no tolera concesiones no solicitadas. Una pena tanta hipocresía bien hecha enlatada en la caja tonta. Uno se divierte; pero de vez en cuando hace falta pensar en esto. Porque la tontería -como la ignorancia- se acumula.

27 mar. 2008

357. "Ahora, ¿por qué leer a Le Clézio...



...cuando las editoriales españolas finalmente inunden nuestras librerías de traducciones apresuradas?", se pregunta Albinson Linares hoy en El Nacional, cosa que me parece de lo más lógica, porque en la vorágine que es la industria editorial española pululan desde hace tiempo piratas que se hacen llamar traductores que, por cobrar rápido y hacer mucho, se lanzan en caída libre, buscando el vocablo fácil -e incierto- que el traductor de Google ofrece.
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    Es una vergüenza a veces lo mal que están las traducciones, y ya es de dominio público que hay que estar muy pendientes de ellas a la hora de comprar una edición. Al parecer, estos seudo tradittores no conocen Decir casi lo mismo de Umberto Eco, que, si no, se morirían de pena y deshonra. De todas maneras, pueden leer aquí, el inicio de una de las novelas ya publicadas del nuevo premio Nóbel, JMG Le Clézio, cuyas primeras líneas no defraudan:
    Cuando tenía seis o siete años, me raptaron. En realidad no me acuerdo muy bien de cómo fue, porque era demasiado pequeña y todo lo que he vivido después ha borrado ese recuerdo. Es más bien como un sueño, como una pesadilla lejana, terrible, que se me repite algunas noches y me deja alterada durante todo el día. Hay una calle blanca por el resplandor del sol, polvorienta y va-cía, el cielo azul, el grito desgarrador de un pájaro negro y, de pronto, unas manos de hombre me arrojan al fondo de un gran saco y me ahogo. Lalla Asma fue quien me compró

25 mar. 2008

356. Escritores en Scotland Yard

Es una ocasión maravillosa cuando un ciudadano normal o un funcionario levanta el vuelo literario sin darse cuenta, a causa de una impresión estética que perturba su vida cotidiana. Cuando eso ocurre, el mortal que nunca ha sido ni quiere ser artista, el mortal que no sabe que Baudelaire compara al poeta con el albatros caminando torpemente pero majestuoso y veloz en el aire; el mortal que ve pasar sus días de manera uniforme y con comodidad se convierte a su pesar y en su inconsciencia en el mejor instrumento para describir lo sublime si se le presenta la oportunidad adecuada.
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    Le ocurrió a las cinco de la tarde de un quince de enero, según cuentan los periódicos por estos días, al pacífico jubilado George William Colmes cuando vio unos dibujos de John Lennon; y no supo hacer otra cosa sino ir a cantar sus loas a la policía: «Al pasar por delante de la galería me he dado cuenta de que se exponían los trabajos de John Lennon... He visto las litografías... Y me he quedado horrorizado. Eran caricaturas que reproducían relaciones sexuales de naturaleza repulsiva. Me ha disgustado francamente el hecho de que una mujer fuese retratada en semejantes posturas. Yo mismo me he sentido contaminado por la simple observación de esos dibujos. Si pienso que mi madre o mi mujer... me pregunto adónde ha ido la decencia». La perversión de Maupasant no habría elegido mejor las palabras; la húmeda sensualidad de Anaïs Nin no habría sabido colocar las imágenes con más acierto: «Yo mismo me he sentido contaminado por la simple observación de esos dibujos», «si pienso en mi madre...» (¡que pillo!). Casi dan ganas de no ver los dibujos porque las palabras son más estimulantes. No; mejor leer la lúbrica descripción de Scotland Yard: «Las litografías ilustran la relación de Lennon con Yoko Ono, su matrimonio y su consecuente actividad sexual. Los dibujos describen los siguientes actos: 1. Yoko Ono hace una felación a John; al dorso está el título: El instrumento de John en la boca de Yoko. 2. John le hace un cunilingüis a Yoko. 3. John tiene relaciones sexuales con Yoko; al dorso leemos: “John posee a Yoko por detrás”. 4. Alguien ejecuta un cunilingüis a Yoko mientras otra figura le besa el seno. 5. Las otras cuatro litografías contienen a Yoko en una posición en la que exhibe la vagina». Pero qué maravilla; el marqués de Sade palidecería de envidia y a uno le dan ganas de leer el periódico con una sola mano: es que cuando la policía se lo propone, puede hacer prodigios. ¡Cuánta literatura se esconderá en los archivos de las comisarías!
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