10 nov. 2007

328. Lección de escritura


Este jueves he leído en El Cultural la entrevista que le hacen a Norman Mailer, a propósito de nueva novela. Va, como tantas otras, del nazismo; y un trocito de capítulo da una idea de lo que uno se puede encontrar allí.
Por mi parte, debo decir que estoy un poco aburrido de dos clases de novelas, las que van sobre algún aspecto de la Guerra Civil española, y las que regresan a la maldad que tanta hubo en el Tercer Reich alemán. Trato de evitarlas, hasta que se me pase el hartazgo, el empacho, la pereza, la ladilla y el repeluz. Por ejemplo, algo que no voy a leer ni patrás son las tales benévolas de Johnathan Littel: deben de ser casi mil páginas de tostón sobre lo malo que es elmal y lo malos que fueron todos esos malos, y lo bueno que soy yo escribiendo sobre eso. No, mano: send that bone to the next dog.
Sin embargo, la novela de Mailer me ha interesado, y quizá me traicione y caiga en la tentación por esto que dijo en la entrevista, y que constituye toda una lección de escritura. Les ofrezco sus sabias palabras, pues, para que la saboreen:

Escribir una novela es, en cierta medida, como una escalada. Si eres ambicioso, intentas retos que están más allá de tus fuerzas. Hay muy pocos novelistas realmente ambiciosos, Martin Amis, Pynchon, Cormac McCarthy... Sentí que había llegado el momento de intentar una cumbre más dura, de intentar algo más allá de mis costumbres y técnicas. Pensé: ‘te estás haciendo viejo, así que debes intentar algo muy grande’. Y pensé que tenía que hacer el intento, porque era realmente interesante, como en realidad he estado haciendo toda mi vida. Eso es lo que te espera si eres un profesional. Tienes que aprender más y más qué es lo que estás haciendo.

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