28 oct. 2007

322. Mi condesa


El Prado inaugura sus nuevos espacios exponiendo su colección del siglo xix; hace diez años, justo el domingo antes de que esta colección se fuera a dormir la década de los justos, alcancé a llegar a Casón del Retiro donde, desde hacía ciento cincuenta años, me esperaba la carita dulce y enloquecedora de la condesa de Vilches, que desde que yo era un adolescente me ha dicho tantas cosas.
Probablemente, en otra vida, fui uno de los miles de enamorados de esta hermosa e inteligente mujer (escribía que daba gusto), isabelina de pro y amiga, supongo, de Federico de Madrazo, que no escatimó pinceles para retrtarla así de bella, así de etérea, así de perfecta. Por su culpa, incurrí a los 18 en la poesía, acto supremo de la cursilería humana, sobre todo cuando se tiene poco talento y demasiada pasión: "Algunos/ han sido condenados/ a amar mujeres plasmadas,/ pegadas a las paredes;/ a mí me ha tocado/ amar a mujeres de carne y hueso/ pero tan inquietas/ o lejanas/ como un pincel". Qué ternura, chico. Ardo en deseos de volver a verte. Condesa, ¡eres lo plus!

2 comentarios:

me(r)che dijo...

Si, la condesa está mucho mejor que el chivúo aquel...espero que cumpla con su trabajo de musa y vuelvas a las andadas. Saludos a Siro.

viva la república dijo...

Eso es una mujer y lo demás son prototipas. No he tenido el placer de admirar esa pintura de cerca, por fin voy a poder hacerlo. Gracias por alegrarnos la vista.