29 sept. 2007

319. McCarthy y la lectura superficial

La Carretera
Cormac McCarthy
Mondadori, 2007/210 p./18,90 €

Confieso que cada día atesoro menos (buena) disposición para leer cierto tipo de libros, y tengo plena conciencia de que puede tratarse de un problema lector que me concierne a mí, y no a los libros que ya no quiero leer. Por varias razones: porque no los entiendo; porque los entiendo y no entiendo qué es lo que les celebran tanto; porque cada vez que me los pongo delante de los ojos se me cierran, como huyendo de un discurso que nada me dice. El aburrimiento es libre y por eso cada uno de nosotros está en su derecho de entretenerse con lo que le plazca, desde el horror de los grandeshermanos (que han hurtado obscenamente una excelente idea narrativa de Orwell) a las consideraciones lógicas de Wittgenstein o los chistes renacentistas de Leonardo. Diciendo esto no quiero escaquearme como un caballo de ajedrez para no enfrentar el asunto sin tapujos: quizá lo que ocurre es que cada vez somos más superficiales, narrativamente hablando, cuestión que de ningún modo me quita el sueño.
Porque si tener esta sensibilidad narrativa significa tragarse completo el tostón que es La carretera, la última y premiada (y alabada, y consentida, y celebrada y añoñada) novela de Cormac McCarthy, pues prefiero seguir disfrutando de las vicisitudes de las expulsadas Fábulas entre Nueva York y las tierras natales, la verdad. Y es que esta novela de McCarthy son más de 200 páginas de texto plaano y leeento, de discurso aparentemente apocalíptico, más bien apocaestítico, que te obliga a seguir a un padre y a su hijo por un Estados Unidos devastado por el invierno nuclear. Quizá como cuento la anécdota habría sido más efectiva, porque es meollo insuficiente para el universo de la novela, pienso, y puedo estar equivocado.
Sólo puedo concluir que este libro no es para mí (he comenzado Todos los caballos bellos y la cosa mejora un montón), que el libro ha tenido su éxito merecido entre los lectores entusiastas y los críticos profundos; pero creo que deberían poner una advertencia para los lectores banales como yo: "manténgase alejado de los videojugadores, hiperquinéticos crónicos y de los que ya vieron la maravillosa The Straight story de Lynch". Quedan advertidos. Después no se quejen. Como yo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante y agudo el texto. Como en muchas otras ramas de la vida, la superficialidad y la "imagen", o, si se quiere, la llamada promoción, le hacen un gran daño a la literatura.
Un buen saludo.
Eduardo Casanova.

Juan Carlos Chirinos dijo...

y uno nunca sabe dónde se equivoca, y dónde está pillando el truco de los libros. Gracias por pasar por aquí, Eduardo. Saludos.

rg dijo...

Hola Juan Carlos,

no he leído "La carretera" ni la novela anterior de McCarthy, pero todas las demás sí. Tal vez tengas razón sobre esta última novela. Sin embargo, estoy seguro (o casi seguro) de que "Suttree" o "Meridiano de sangre" te atraparían por su extraordinario uso del lenguaje (aparte de que las historias pueden ser estremecedoras), a pesar de que también son leeentas. La fama y el reconocimiento le llegaron a McCarthy tardíamente; no se puede decir que sea un producto prefabricado. Tiene, cómo no, algunas novelas prescindibles; "La carretera" pudiera ser una de ellas.
Saludos desde el extremo oriental de la patria.

Juan Carlos Chirinos dijo...

gracias, amigo, por el comentario: leo, como he dicho, "todos los caballos bellos", y desde luego se trata de otro escritor: uno con una fuerza enorme.
Todo bien por allá, espero. Ramos Sucre en sus moradas y Dios en la de todos.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

La valoración que haces de La Carretera no la comparto y desde luego decir que es un tostón me resulta incomprensible. Entiendo la buena acogida y el premio Pulitzer que ha recibido ya que en mi opinión es una novela maravillosa, de lo mejor que ha escrito Cormac. Ya que estás empezando con "todos los caballos.." te recomiendo que sigas con su trilogía (en la frontera y ciudades en la llanura), ya verás como al final te gusta este extraordinario escritor.