11 abr. 2007

299. El efecto Miranda


Buscando información para mi comentario anterior, me he encontrado con esta excelente reflexión del profesor Arlán Narváez-Vaz, que al parecer ya ha desarrollado en otras notas y que aquí comenta a propósoto de la actuación venezolana en el WorldMUN de este año. El efecto Miranda lo padecemos todos los venezolanos, y sólo espero que esta tendencia se revierta en algún momento. Por lo pronto, copio lo que dice el profesor Narváez-Vaz en este artículo publicado en el diario 2001, con el deseo de que les sirva para reflexionar:

La semana pasada hicimos referencia a lo que llamamos “efecto Miranda”, basado en las penurias, incomprensiones e ingratitudes que sufrió el Generalísimo tras haber dedicado toda su vida a prepararse para la construcción de un país independiente, ordenado y exitoso. Ese mismo “efecto Miranda” sigue cayendo sobre nuestros universitarios y profesionales exitosos, vedados para el sector público o que tristemente tienen que escoger irse al exterior para poder desplegar su potencial técnico y profesional.
La respuesta del régimen a esta situación, tomando el rábano por las hojas como le es usual, viene sacrificando la calidad de la educación y sustituyéndola por catecismos con el “pensamiento” del supremo, quizás para que nuestros jóvenes no tengan la preparación que conduce a las frustraciones y decepciones del “efecto Miranda”. Sin necesidad de las leyes de Educación el flamante ministro del ramo ya ha dado señas inequívocas de ello, por no hacer referencia a las “estudiantes” que en vivo, en el propio “Habla Pegado” presidencial, declararon tener más de la mitad de sus cursos en adoctrinamiento del régimen.

¿Cómo convertir el efecto Miranda en un concepto positivo?

1 comentario:

Hombre Lobo dijo...

El término, de hecho, ya lo había planteado Argenis Rodríguez a mediados de los 90 cuando hablaba del llamado "Síndrome de Miranda", que afectaba a aquellos personajes que, en cierta manera, eran "demasiado buenos para este país", indudablemente preparados (quizás demasiado) pero incapaces de comprender el absurdo caos en el que vivimos.

Un gran saludo.