31 mar. 2007

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¡Bebamos de la copa que El Greco nos ofrece y absorbamos la sabiduría milenaria de la serpiente! En ella se encuentran las respuestas a todas nuestras dudas, y el dolor de su mordedura (el licor siempre muerde al paladar) será simple tránsito hacia el mundo del conocimiento. Sólo si estamos dispuestos a entregar parte de nuestro corazón seremos llamados a entender los susurros que el pequeño dragón desea enseñarnos; sólo si fingimos que nos despojamos de la ceguera que nos cubre nos será dado aprender la lengua secreta de los reptiles que vuelan. Igual que hicieron Baudelaire, Goya y Ramos Sucre. ¿Hay alguien, por dios, que no quiera penetrar el blando tejido de las respuestas? Quizá los ciegos de sí mismos, o los que pisan fuerte creyendo que ya llegaron. Pobre futuro el de esos, entonces.

1 comentario:

Persio dijo...

Bebamos, pues.
Y esperemos que el sabor de la copa no recuerde al sabor del salchichón, del que habla Oliverio Girondo en la genial frase de cabecera del blog.
Taganguesco saludo.