30 mar. 2007

287. La lealtad del/al caudillo

No es un sentimiento recíproco como la suma de las partes no es mayor que el todo; cada individuo está en la obligación de guardar reverencial fidelidad e incondicional lealtad hacia la figura del caudillo, pero el caudillo, por razones que sólo él sabe, puede traicionar al más perruno de sus adeptos. Esto no sólo es aplicable al tiranuelo que gobierna Venezuela y al anciano enfermo pero feroz que ha mantenido a Cuba bajo su bota en el último medio siglo, sino a todo aquel que ejerce una posición de poder y pretende que se le rinda culto y reverencia sin tener que dar nada a cambio, salvo la alegría de estar a su lado. Mucha gente se alegra de que, como represalia a sus dueños, un canal como Radio Caracas Televisión sea privado de su derecho a transmitir en abierto, y muchos lo consideramos una muestra clara (pero previsible) de la dictadura que poco a poco se fue instalando en nuestro país sin que el mundo la llegara a calificar como tal, gracias a errores, intereses y desidias de todo tipo. Y aunque a mí personalmente el señor Granier no me es nada simpático, y sé por algunos amigos que trabajaron allí que se trata de una persona déspota que ejerce el poder como le entra en gana (exige lealtad y da patadas en el culo), sigo pensando que no se le castiga por comportarse con la misma arbitrariedad que -oh, casualidad- su enemigo Hugo Chávez. El caudillo, por naturaleza, tiende a eliminar a los otros caudillos; el caudillo, por naturaleza, sabe cuándo hacerse la víctima y cuándo tener corazón de hielo; el caudillo es, cuando le conviene, el pueblo y, cuando no, azote del pueblo. Y quizá por eso Bolívar -caudillo arbitrario como el que más- sabía que el que se prolonga en el poder es el candidato perfecto para convertirse en tirano. ¿Debe haber democracia en la calle pero no en las empresas? ¿Debe haber democracia en las asambleas pero no en el palacio presidencial? ¿Es el poder de los dioses indefinido?
Que se hagan estas preguntas los que blanden el poder, antes de que sobre ellos caiga el inevitable brazo de la justicia, esa ciega insensata.

1 comentario:

fernando dijo...

El día en que al caudillo que gobierna se le rompa ese lazo que tiene con el pueblo y la gente deje de decir que la culpa no es de él sino de quienes lo rodean, ese día ni los millones de petrodolares lo salvaran