14 nov. 2007

334. El Boom en ocho minutos

Sin más explicación, sólo con un gracias, diosito, que te lo llevaste antes de que ocurriera todo este desastre, y se pusiera del lado equivocado.

13 nov. 2007

333. Media bestia


Si el 666 es el número de la bestia, entonces este post es el de ½ anticristo. Quizá no sea casualidad, al hilo de los acontecimientos actuales; pero yo prefiero hablar, para celebrar el post 333, de uno de mis cómics favoritos, Lucifer, esa maravilla de historia de Mike Carey, inspirada en aquel capítulo de Sandman donde el diablo se cansa de gobernar el infierno y dimite cortándose las alas, dejándole la llave del negocio al señor de los sueños. Qué hace con esa llave lord Morfeo hay que preguntárselo a Loki y a Duma, el ángel guardián del silencio, que nunca habla -¿o sí?
Pues resulta que el señor Lucifer se muda a Los Ángeles, abre una taguara a la que llama, of course, Lux y, luego de hacerle un favor a Yaveh, recupera sus alas en poder de los hijos de Izanami, la temible diosa de los muertos oriental y dueña de la casa sin ventanas, y se dedica al negocio de ser dios: crea su propio universo, a pesar de la oposición de los basanos, o cartas del tarot.
¿A que es una historia que dan ganas de leer?
Yo la leo todo el tiempo, sobre todo porque la rebelión iracunda del protagonista me encanta. De su ironía no se salva ni el arcángel Miguel, el hermano bueno pero amargado. Sé que muchos especialistas muy frikis (palabra que no encuentro en el RAE-online, por cierto, y como cabe esperar de ese lento organismo) me dirán que ese cómic es tradicional, o pretencioso, o qué sé yo, tal como dicen de Sandman, esa otra gran obra literaria, pero a mí me da igual: los lectores de cómics somos así de raros y por suerte todavía podemos leer sólo lo que nos apetece. Para mí, dibujitos, colores y una historia que me haga imaginar. Y al que no le guste, que cruce uno de los tantos portales al universo de Lucifer regados por nuestro mundo de mortales. Pero cuidado los Jin En Mok, que son unos bichos sin forma y muy muérganos (otra palabra cuyo significado venezolano no aparece en la oruga mataburros).
Hay aquí en Madrid el monumento al ángel caído; el único, creo, del mundo: allí en el parque de El Retiro.

12 nov. 2007

332. La mancha



Amigos, tarde, pero no inoportuno, les invito al blog en el que desde este mes de noviembre recibiremos Ernesto Pérez Zúñiga, Nicolás Melini, Juan Carlos Méndez Guédez y yo. Se llama La mancha, y nuestra intención es colaborar en la difuminación y borrado de esa línea absurda que se traza entre la literatura española y las literaturas de los países allende los mares; nunca hemos entendido por qué si John M. Coetzee (sudafricano), Paul Auster (estadounidense), Anif Kureishi (inglés), James Joyce (irlandés), Margaret Atwood (canadiense) y los grandes John Fante y Sam Savage (universales) pertenecen tranquilamente al mismo cosmos literario, el español Gustavo Martín Garzo, el venezolano José Balza, el argentino Julio Cortázar, el chileno Carlos Franz o el colombiano Jorge Zalamea no pueden moverse tranquilazos en la misma patria literaria. En todo caso, en el universo lector, sus libros no cruzan fronteras ni usan pasaportes. A esa patria la hemos llamado La mancha, en honor a Cervantes, el papá de todos los narradores del mundo mundial, y para recordar la idea que utilizaron, primero, el venezolano Arturo Uslar Pietri (el Reino de Cervantes) y, luego, el mexicano Carlos Fuentes (el Territorio de La Mancha).
Nuestro blog quiere contribuir a poner en movimiento la enorme diversidad en la unidad de la lengua que, para bien o para mal, compartimos. ¡Y que viva la ficción!
Así que ya saben, amigos: creación, reflexión, libros y entrevistas, cada mes, en La mancha. Por allá los esperamos.

10 nov. 2007

331. Llamazares, otra vez ingenuo (¿o cómplice?)


Como siempre, ese político español, incoloro, inodoro e insípido que se llama Gaspar Llamazares, pero a quien sin embargo su país le da amplia cobertura y bajo esta democracia no ha sido víctima de la represión que sí sufren periodistas y políticos en Venezuela, sale en defensa de Chávez, con su inocente, o ingenua (o perversa) mirada europea sobre las izquierdas reaccionarias que asolan el continente donde está mi país. Y dice:

El coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, ha comentado que la reacción del Rey ha sido "excesiva" y "no muy afortunada". Llamazares, además, ha defendido al presidente de Venezuela: "puede discutirse la oportunidad de las formas", pero “lo que no es discutible es lo dicho por Chávez sobre la implicación y el apoyo" del Gobierno de Aznar en la intentona de derrocarlo en 2002.
Para el líder de IU, "lo que hace Chávez es decir la verdad", y que "a estas alturas alguien se escandalice" por censurar aquella maniobra "es, cuando menos, hipócrita. (El País, 10 de noviembre)

con toda su cara lavada, y sin tomar en cuenta que la función de un político es contemporizar con las palabras, no usarlas para insultar. Y que ya está bueno de que Chávez, que no tiene nada bueno que mostrar, ni tiene ninguna propuesta que sea mínimamente inteligente, siga con la macacoa de que Aznar es muy malo y fascista y a él lo querían tumbar. Que sí, que ya lo sabemos, y que ya sabemos quién es Aznar; pero no se trata de eso, Hugo, the first, sino de que tu gobierno es un bluff y la corrupción de tus funcionarios ha sumido a Venezuela en el caos.
Llamazares, deberías cuidar tus opiniones, y averiguar un poco más, porque muchos pensamos que eres un ingenuo, para no pensar que eres un indecente y un vagabundo.

330. El bocón vs. el Borbón




¿Por qué no te callas?


Preguntó el rey Borbón y jefe del estado español, Juan Carlos I, a aquel que sueña con ceñirse la corona de Hugo I.
Y todos los venezolanos le explicamos: no se calla porque no quiere, porque no puede y porque es la única manera de que no se note su profunda ineptitud para gobernar. Como aquel Burundún Burundá que inventó Jorge Zalamea, el que ahora gobierna mi país es un saco de palabras y palabras que tienen una única finalidad: impedir que el que las pronucia se dé cuenta de que, muy en el fondo, una vocecita le dice que no tiene nada, nada que decir; y que es solo el ansia de poder, el placer de ver a sus acólitos bajar la cabeza y sonreír ante cualquier cosa, lo que lo impulsa a hablar. No se calla, rey Borbón, porque su ser es el insulto que pronuncia, el chascarrillo que se inventa, la vulgaridad que lo reviste. Pero usted sólo es un rey, usted no usa su imaginación para cosas tan perversas como escribir una novela; por eso una ancianita tan venerable, tan aristocrática y fina (pero con el virus de la narración y -cómo no- de la vanidad y la ambición- en la sangre) como Elena Poniatowska puede pasar ocho horas escuchándolo sentada sin proferir, harta y reventándose de las ganas de orinar, lo que usted nos ha hecho el favor de proferirle al presidente de la democratura de Venezuela, desde la tribuna donde millones lo han escuchado: ¿Por qué no te callas, Hugo I, por qué? Ya le digo, rey Borbón: porque si se calla, desaparece.
Otra manera de hacerle esta pregunta -pero usted no se atreve a tanto, para eso acepta la democracia- habría sido: ¿por qué no te dedicas a resolver los problemas de tu país y nos dejas a los demás en paz? ¿Por qué no luchas contra la delincuencia que acaba con los ciudadanos venezolanos, la inflación que se come sus bolsillos y la corrupción que vacía las arcas del Estado venezolano y llena las calles de tu país de Hummeres y Mitsubishis?
Ay, rey Borbón; si supieras cuantas veces nos hemos hecho estas preguntas.

329. Dio la lección y se fue


Chico, acabo de leer en El País que se murió Mailer. Y yo que ponía ayer la lección literaria del post de abajo, con ganas ya de leer su novela. Ojalá los redobles mediáticos no sean demasiado fastidiosos y no conviertan al escritor en el potaje de la semana. Que eso da siempre náuseas. Nos queda esa enseñanza, por lo menos.

328. Lección de escritura


Este jueves he leído en El Cultural la entrevista que le hacen a Norman Mailer, a propósito de nueva novela. Va, como tantas otras, del nazismo; y un trocito de capítulo da una idea de lo que uno se puede encontrar allí.
Por mi parte, debo decir que estoy un poco aburrido de dos clases de novelas, las que van sobre algún aspecto de la Guerra Civil española, y las que regresan a la maldad que tanta hubo en el Tercer Reich alemán. Trato de evitarlas, hasta que se me pase el hartazgo, el empacho, la pereza, la ladilla y el repeluz. Por ejemplo, algo que no voy a leer ni patrás son las tales benévolas de Johnathan Littel: deben de ser casi mil páginas de tostón sobre lo malo que es elmal y lo malos que fueron todos esos malos, y lo bueno que soy yo escribiendo sobre eso. No, mano: send that bone to the next dog.
Sin embargo, la novela de Mailer me ha interesado, y quizá me traicione y caiga en la tentación por esto que dijo en la entrevista, y que constituye toda una lección de escritura. Les ofrezco sus sabias palabras, pues, para que la saboreen:

Escribir una novela es, en cierta medida, como una escalada. Si eres ambicioso, intentas retos que están más allá de tus fuerzas. Hay muy pocos novelistas realmente ambiciosos, Martin Amis, Pynchon, Cormac McCarthy... Sentí que había llegado el momento de intentar una cumbre más dura, de intentar algo más allá de mis costumbres y técnicas. Pensé: ‘te estás haciendo viejo, así que debes intentar algo muy grande’. Y pensé que tenía que hacer el intento, porque era realmente interesante, como en realidad he estado haciendo toda mi vida. Eso es lo que te espera si eres un profesional. Tienes que aprender más y más qué es lo que estás haciendo.

8 nov. 2007

327. Ministro del Interior o esbirro


Es inconcebible que, en este momento, en donde el pueblo se prepara para la aprobación de una reforma a la Constitución se quiera cimentar una matriz de opinión que asegure que la reforma es un golpe de Estado al país y que lo democrático es que no se apruebe. Sin duda, quieren formar una masa irracional, dice Pedro Carreño, el lamentable Ministro del Interior venezolano.
¿Es que ya ha sido aprobada la inconstitucional reforma para que él hable así? A juzgar por la cifra de muertos semanales en el país sin duda vemos que este ministro es un irresponsable, un ineficiente y está asustado.

*foto de AP tomada del blog de Francesco Spotorno. Pistolero gubernamental dando la cara ayer en la Universidad Central de Venezuela, y apoyando la reforma del sátrapa que mal gobierna mi país

7 nov. 2007

326. ¿Por qué a los escritores les fascinan los dictadores?

Estaba pensando en esto cuando me topé con este post de Saparapanda, en el que reflexiona sobre la actitud del escritor, el intelectual y el artista frente al poder. Pero yo estaba pensando sólo en los escritores: me pareció que una buena razón para comprender la lengua del escritor en la bota del sátrapa la podemos hallar en la misma naturaleza de la escritura: no hay nada más atractivo en una novela que un malo bien hecho. Hannibal Lecter, el gran Brundún Burundá, doña Bárbara, the Joker, Drácula, Antínoo, Voldemort, Danglades... tantos malos malucos en el mundo de la ficción; tantos personajes por los que construirse un mundo ficticio perfecto en su esteticidad, quizá sea la razón por la cual un García Márquez, por ejemplo, cae a los pies de un tirano como Castro, representación viva de su Patriarca de ficción; o por eso las carantoñas de Borges con Pinochet, un machomachote como los pendencieros de sus cuentos más argentinos; y, desde luego, toda esta reflexión se me vino a la cabeza pensando en los escritores venezolanos que, al menos una vez, han producido buena literatura y que ahora beben los vientos por alguien tan ignorante y poco atractivo (en la realidad) como Chávez, si bien no se puede negar que en una novela daría un juego que te cagas.
Sí; quizá sea la ficción en la que viven inmersos los escritores lo que los convierte en las víctimas más fáciles de la seducción de los dictadores y los tiranos. O también puede ser que la simple, llana e indecente vagabundería les hace más fácil la existencia bajando la cerviz de su intelecto para seguir medrando, como siempre (premiecitos, premiecitos, premiecitos).
¿Saben qué es lo único que agradezco de todo este desastre político venezolano? Que Cortázar esté muerto: no soportaría verlo tan ancianito y barbudo tragándose un aló presidente de ocho horas, como hizo la viejita Poniatowska, para su eterna vergüenza. Una sentada de 100 mil dólares. Pobrecita, vale.

6 nov. 2007

325. Erasmo, Moro y la muerte de los amigos


En enero de 1985, cuando comencé con 17 años a estudiar en la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, compré mi primer libro, cosa que me hizo muy feliz, a pesar de los 30 bolívares que me costó (y que me costaron no pocos almuerzos en el comedor de la Universidad). Era la Utopía, de Tomás Moro, una entretenida obrita sobre la sociedad perfecta, que tanto han buscado los seres humanos desde que el mundo es mundo y por la que tantos se han matado. Pero además de la delicia que era leer ese libro (si no me equivoco, en una de aquellas ediciones de Alianza Editorial, con portada de Daniel Gil), me gustó mucho descubrir la fraterna y enorme amistad entre el ajusticiado sheriff de Londres y el filósofo holandés Erasmo de Rotterdam: nada más importante para ellos que el hilo que una hermosa amistad crea entre dos seres humanos sobre la base de los sentimientos comunes y las afinidades intelectuales. Aunque cada uno vivía en un país distinto, y se vieron poco, sus cartas se convirtieron en el enlace de una cercanía de pensamiento y corazón. Son ellos dos, para mí, el símbolo más nítido de lo que debe ser la amistad, ese bien tan preciado por Cicerón.
Cuando un amigo muere, hay que lamentarlo con enormes lágrimas en los ojos y silencios confusos; pero cuando un amigo se muestra groseramente tal como en realidad es, burlando lo que es más sagrado en una amistad (la transparencia, la integridad, en definitiva, la decencia), no hay lamento que que traiga consuelo, ni canto angelical que disminuya la desolación. Y ya no se puede andar inventando los días para nuevas excusas, porque las razones de la vergüenza están allí, meridianas. Las razones de la vergüenza o de lo que simplemente siempre fue: los seres humanos no estamos hechos para ser íntimos a juro y porque sí; y a veces las diferencias son tan sangrantes (y definitivas) que es preferible dejar que el agua siga corriendo y que cada quien se busque la vida como buenamente pueda. Y que les vaya bien a todos. Ya habrá tiempo para sacar cuentas y presentar resultados.
No fue el caso de la relación entre Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam, siempre fieles a sus principios, y siempre claros y frontales. No por otra cosa perdió la cabeza Moro, cuando se negó a apoyar las vagabunderías y los caprichos de Enrique VIII.
Qué tristeza cuando un amigo vende su intelecto por un plato de lentejas; aunque sean las lentejas del hombre nuevo.

2 nov. 2007

324. Las cándidas preguntas de la izquierda europea



¿Cuántas elecciones más debe ganar Hugo Chávez para que se le trate con el respeto que merece un dirigente democrático? ¿Qué es lo que molesta tanto de procesos de refundación sobre la base de cambios constitucionales y reforma del sistema político?
Gaspar Llamazares. Coordinador general de Izquierda Unida

Estas son dos preguntas que se hace el dirigente español de izquierda, en un artículo publicado hoy en El País, titulado Actualidad del Che, en el que insiste en colocar al siniestro personaje argentino entre los ejemplos humanos a seguir. Yo le contestaría las dos preguntas diciendo esto: El problema no son las elecciones que ha ganado, ni siquiera la manera poco ortodoxa como las ha ganado; el problema es que Chávez se ha servido de la democracia para acabar con ella y "refundarla" a su conveniencia sobre la base de cambios constitucionales hechos a su medida.
Pero sospecho que todo lo que le diga a Llamazares será inútil porque nada como un euroizquierdista para emocionarse con los trogloditas latinoamericanos ("¡Que viva la revolución, pero que viva lejos!").
En todo caso, no quiero dejar una imagen distorsionada de él: en España, afortunadamente para ella, este señor pertenece a la clase de fanáticos a los que muy pocos hacen caso, aunque nadie lo persigue por pensar como piensa y decir lo que dice. A ver qué le pasaría si viviera en Venezuela y se opusiera -como lo hace siempre con los gobernantes de aquí, con todo el derecho del mundo- al gobernante ególatra que tenemos. A ver si seguiría llamándolo demócrata. Es que estos euroburgueses de izquierda hasta ternura dan...

31 oct. 2007

323. Cultura Canalla

Me ha llegado por email el editorial que hoy firma Teodoro Petkoff en su periódico Tal Cual, con una petitoria de difundirlo por toda la red, a pesar de que compruebo que forma parte del contenido para suscriptores de la edición electrónica: lo hago de dominio público -espero que a Petkoff no le moleste demasiado- porque estoy 100% de acuerdo con lo que dice el editorial, y además me hago las mismas preguntas que se hace el veterano político y ahora periodista.
Y lo dejo aquí, también, con la pura esperanza de que, en estos momentos aciagos en los que los más mediocres ejercen el poder impunemente, a aquellos a quienes les corresponde hablar no callen; de que a aquellos a quienes les corresponde actuar, no otorguen. Ojalá no sea una ingenua y vana pretensión.



Cultura canalla
Teodoro Petkoff

Pocos documentos como la carta de Farruco Sesto sobre la actriz Fabiola Colmenares revelan más cristalinamente el espíritu stalino-fascista que anima a algunos sectores de este régimen. Sería injusto, además de inexacto, decir que en el chavismo todos se identifican con la manera de pensar y actuar de ese sujeto, cuya valía como hombre de cultura es poco menos que nula. Es más, hay varios que sólo se refieren a ese tipo con el mayor sarcasmo y desdén. Pero este pequeño canalla ocupa el cargo de ministro de la Cultura y desde allí ejerce un poder y una influencia que no pueden dejar indiferentes no sólo a ningún venezolano sino a ninguno de los intelectuales que honestamente se han montado en el tren del gobierno. Sesto se pregunta, refiriéndose a Fabiola Colmenares: "¿Es un error haber permitido que este personaje menor del fascismo criollo hubiese trabajado en una película de la Villa del Cine?" Se responde él mismo: "Debemos dejar claro de una vez por todas (...) que nuestros espacios, los espacios del pueblo, no van a ser utilizados para atacar al proceso revolucionario". Pregunta y respuesta están precedidas de unas consideraciones sobre la "exclusión" y la "inclusión" en la gestión cultural, que no merecen ningún comentario tanto por su pobreza conceptual como por las mentiras galopantes que pretende hacer pasar por juicios sobre el pasado y el presente del quehacer cultural público en el país.
De acuerdo con nuestro personajillo, a los espacios culturales en manos del Estado sólo pueden tener acceso los chavistas.
Quien no comparta ese credo está excluido. El Estado no es de la Nación; el Estado es del Gobierno y del Partido. Y todos son de Chávez. Así era la Unión Soviética; así era la Alemania nazi; así es, todavía, Cuba. El cretinismo farruquiano pretende imponer como política cultural el desconocimiento del pluralismo y la diversidad propios de cualquier sociedad y sustituirlos por la sumisión al pensamiento oficial en todas sus variantes. Porque el caso de Fabiola es sólo un pretexto para Farruco Sesto. El gran inquisidor, a quien se dirige, en verdad, es a todos los creadores culturales y les advierte que quien no se someta a las pautas políticas del régimen no tiene nada que buscar en "nuestros espacios". Es un texto chantajista y amenazador.
Sería bueno oír de algunos de los intelectuales que se identifican con el régimen pero a quienes se les conocieron convicciones democráticas y anti-totalitarias, la opinión que les merece el credo políticocultural de Sesto.Carlos Noguera, Luis Alberto Crespo, Carlos Azpurua, Roberto Hernández, Juan Pedro Posani, para citar unos pocos, ¿van a callar y otorgar?

28 oct. 2007

322. Mi condesa


El Prado inaugura sus nuevos espacios exponiendo su colección del siglo xix; hace diez años, justo el domingo antes de que esta colección se fuera a dormir la década de los justos, alcancé a llegar a Casón del Retiro donde, desde hacía ciento cincuenta años, me esperaba la carita dulce y enloquecedora de la condesa de Vilches, que desde que yo era un adolescente me ha dicho tantas cosas.
Probablemente, en otra vida, fui uno de los miles de enamorados de esta hermosa e inteligente mujer (escribía que daba gusto), isabelina de pro y amiga, supongo, de Federico de Madrazo, que no escatimó pinceles para retrtarla así de bella, así de etérea, así de perfecta. Por su culpa, incurrí a los 18 en la poesía, acto supremo de la cursilería humana, sobre todo cuando se tiene poco talento y demasiada pasión: "Algunos/ han sido condenados/ a amar mujeres plasmadas,/ pegadas a las paredes;/ a mí me ha tocado/ amar a mujeres de carne y hueso/ pero tan inquietas/ o lejanas/ como un pincel". Qué ternura, chico. Ardo en deseos de volver a verte. Condesa, ¡eres lo plus!

27 oct. 2007

321. Siro salva

Unas foticos de Siro, el gato vagabundo; dueño del piso e inspector general de todas las cosas que se mueven por aquí. A ver si con su sabia mirada quitamos la pava que algunos posts traen consigo. ¡Zape, gato!



Siro: ¿sí, dime?



Siro: ¡Quita pallá esa luz!



Siro, el andino: Epa, mirá, ¿y esto?

5 oct. 2007

320. El Platón de Chávez

Hay un señor llamado -inmerecidamente- Juan Carlos, como tantos otros -el hoy en día cuestionado rey Borbón incluido-; un nombre común y corriente; los que lo llevamos lo queremos mucho, por razones identitarias obvias. Este lamentable tocayo de tantos, Juan Carlos Monedero, quizá merezca un nombre más alto, más noble, más famoso, y no estos dos nombres tan prostituidos en el universo de la onomástica: por ejemplo, Platón sería un apelativo más apropiado. Por qué, preguntará alguno, se me ocurre ofrecerle este tan ventajoso cambio de nombre; y lo voy a explicar.
Pues resulta que este señor, tal vez harto de que en su propio país nadie entendiera las luces de sus novedosas propuestas politicas, ha encontrado, como ocurrió en su tiempo con el divino filósofo de la Academia ateniense con el tirano de Siracusa, un gobernante (o tirano) dispuesto a dejar que utilice un país completo para llevar a la realidad las ideítas que pululan por su estudiosa cabeza. España, su país de origen, no le ha hecho caso nunca, quizá por la sabiduría que dan las guerras civiles, las extenuantes dictaduras providenciales y la prosperidad consensuada. El caso es que el que gobierna Venezuela le ha dado cancha y alas, y allá está, enseñando a los venezolanos (tan torpes siempre) cómo es que se construye la felicidad de un país a golpe de teorías emergidas de la caverna europea de sus ideas.
Dice este filósofo del socialismo de siglo xxi que el consumismo no es un buen amigo del socialismo, y se explaya sorprendido de que en la naciente república socialista el deseo de la propiedad privada arraigue en los corazoncitos de estos ignorantes de la patria tricolor; afirma, como quien habla desde el empíreo, que esa actitud forma parte de una contradicción de este proceso que demuestra que hay mucho cuarta republicanismo sociológico. Este país se acostó adeco y se levanto chavista y eso es real en términos electorales, pero no tiene porque [sic] ser real en términos de conciencia.
Y ya, resolvió de un plumazo 500 años de idiosincrasia venezolana, con la sola fuerza de su pensamiento rusoniano y europeo, culto, sí, pero bucólico talío.
Un prometeo ibérico pata negra que trae la luz de la propiedad colectiva del Estado solidario y no egoísta. ¡Albricias, Alvar Chávez, ca recibidos somos en tierra!, parece celebrar con su agudo pensamiento, mientras le arregla la vida a 24 millones de venezolanos que no le han pedido que meta sus narices donde nadie lo ha llamado. Y tan culto, y tan seguro, y tan filósofo se sabe, que se atreve a lanzar una velada amenaza al amo que le paga por pensar: Yo tengo muy claro el riesgo del estalinismo; si viera que se camina en esa senda, no tendría qué hacer aquí. O sea, o se hace como me lo imagino yo, o no juego más. Y punto. Que aquí el filósofo soy yo, ¡cohóne!
Una sola pregunta tengo, lego de mí, al nuevo filósofo político de mi país, al nuevo Jefferson hispano: muy bien que no le guste la propiedad privada y las perversiones del capitalismo; pero, digo yo, ¿usted seguirá cotizando en la seguridad social española -esta patria capitalista que no lo entiende-, y -plus a su favor- estará recibiendo por su trabajo un asqueroso sueldo en dólares que se cuidará de mantener a buen recaudo en alguno de esos asquerosos bancos españoles como el Santander o el BBVA? Quizá planee pasar el resto de su vida en Venezuela, cambiando manos de cambures por flamantes lionzas de trueque y viviendo en el mar de la felicidad del siglo xxi. Dudo que guarde para sí tal honor.
Sospecho las respuestas. Las mismas que tiene Chomsky cuando habla del fideicomiso gringo en el que está metida su jubilación, que le asegura su vejez imperialista; las mismas de los revolucionarios del primer mundo que celebran las revoluciones en los paisitos estos llenos de cabezas subdesarrolladas (aunque forrados de petróleo), pero que sienten una amplia tranquilidad cuando saben que ellos y sus familias viven en los países desarrollados que aseguran salud, vejez, tranquilidad y verano a pesar de los botines, los laras, los koplowitz, los polancos, los ortegas y todos esos asquerosos ricos capitalistas que, paradoja hipócrita, no se crean, ayudan con sus triquiñuelas a que España prospere como lo hace.
Agradezca, señor Monedero (honor que le hace a su apellido, por cierto), que Rufino Blanco Fombona ya no vive, porque un bárbaro ilustrado como él ya le habría cruzado la cara de un guantazo y se hubiera visto en el brete de batirse a duelo con el autor de El hombre de hierro, que -le paso el dato- nunca perdió ninguno. Por mi parte, creo que la fineza elucubradora de sus neuronas rojas rojitas no merecen la recompensa de un final tan romántico.
Por eso, tan solo porque ha emulado en totalitarismo idealista y fascismo utópico al sabio ateniense de hace 2300 años; y porque el nivel de hipocresía y caradurismo es tan alto en este señor (para llamarlo de alguna manera), es por lo que merece este epíteto: Platón de Chávez, el meteco que se ofreció (por unas pocas monedas de oro -¿monedoro?-) a empedrar con su severo pensamiento el camino triunfal de Hugo Chávez hacia la dictadura más rica y feroz, más tramposa e hipócrita, más infeliz y nefasta del siglo xxi.
Gracias, en parte, a este hijo de la... madre patria.

3 oct. 2007

320. En el planeta de los libros

Esta noche estuve visitando El Planeta de los Libros de Nieves Martín, un reducto para los libros en Madrid, de los pocos que hay para hablar y oír hablar de este vicio que es el úncio que crece y crece...

29 sept. 2007

319. McCarthy y la lectura superficial

La Carretera
Cormac McCarthy
Mondadori, 2007/210 p./18,90 €

Confieso que cada día atesoro menos (buena) disposición para leer cierto tipo de libros, y tengo plena conciencia de que puede tratarse de un problema lector que me concierne a mí, y no a los libros que ya no quiero leer. Por varias razones: porque no los entiendo; porque los entiendo y no entiendo qué es lo que les celebran tanto; porque cada vez que me los pongo delante de los ojos se me cierran, como huyendo de un discurso que nada me dice. El aburrimiento es libre y por eso cada uno de nosotros está en su derecho de entretenerse con lo que le plazca, desde el horror de los grandeshermanos (que han hurtado obscenamente una excelente idea narrativa de Orwell) a las consideraciones lógicas de Wittgenstein o los chistes renacentistas de Leonardo. Diciendo esto no quiero escaquearme como un caballo de ajedrez para no enfrentar el asunto sin tapujos: quizá lo que ocurre es que cada vez somos más superficiales, narrativamente hablando, cuestión que de ningún modo me quita el sueño.
Porque si tener esta sensibilidad narrativa significa tragarse completo el tostón que es La carretera, la última y premiada (y alabada, y consentida, y celebrada y añoñada) novela de Cormac McCarthy, pues prefiero seguir disfrutando de las vicisitudes de las expulsadas Fábulas entre Nueva York y las tierras natales, la verdad. Y es que esta novela de McCarthy son más de 200 páginas de texto plaano y leeento, de discurso aparentemente apocalíptico, más bien apocaestítico, que te obliga a seguir a un padre y a su hijo por un Estados Unidos devastado por el invierno nuclear. Quizá como cuento la anécdota habría sido más efectiva, porque es meollo insuficiente para el universo de la novela, pienso, y puedo estar equivocado.
Sólo puedo concluir que este libro no es para mí (he comenzado Todos los caballos bellos y la cosa mejora un montón), que el libro ha tenido su éxito merecido entre los lectores entusiastas y los críticos profundos; pero creo que deberían poner una advertencia para los lectores banales como yo: "manténgase alejado de los videojugadores, hiperquinéticos crónicos y de los que ya vieron la maravillosa The Straight story de Lynch". Quedan advertidos. Después no se quejen. Como yo.

22 sept. 2007

318. Kadaré y las lecturas


Leo El expediente H., de Ismail Kadaré, en una edición de Muchnik de 1993 -por ahí anda una de Alianza también-. El ejemplar que leo me lo prestó Nicolás Melini, ese maestro mío en tantas cosas, pero sobre todo en encontrar lecturas maravillosas. Saroyan, por ejemplo, virus que se difunde por todo el mundo. Azotando a la doncella, de Robert Coover, porque Nico es el lector más tatastán que yo conozco en el mundo. Así que me dejo guiar mansamente por sus recomendaciones. Lo único que le he descubierto yo, y eso porque Tomás Onaindía (otro que tatastanea con furia) me lo recomendó primero, fue a John Fante, nuestro padre antes de cualquier beat o modernos de esos que andan por allí creyendo descubrir el agua tibia con los experimentalismos y el lenguaje de la calle y la heterodoxia y tal. Creo que después de las primeras lecturas de Cortázar, allá por los inicios de los pavosísimos años ochenta ("Casa tomada", "Las babas del diablo", "Ómnibus", "Orientación de los gatos" y, claro que "Queremos tanto a Glenda"), y del deslumbrante descubrimiento de Ficciones por esa misma época (con ese tipo de letra delicioso que la editorial Oveja Negra utilizaba para esa colección de libros marrón; ¿era Oveja Negra?), no había sentido tanta emoción al descurbir un autor como cuando leí Pregúntale al polvo, de Fante. Lo último de él: Al oeste de Roma, díptico de novela y noveleta, o "relato largo y relato menos largo" conformado por "Mi perro idiota" (nada de lo que diga vale la pena que lo diga ahora: sólo léanla) y "La orgía", para morirse de risa.
Pero estaba con Kadaré, y el tatastanismo de Nico y Tomás desviaron mi atención. Estoy con El expediente H., una historia extraña y montañosa. Antes de seguir quiero declarar que es lo primero que leo de este autor albanés (como Olimpia, la madre de Alejandro), y que creo que este libro se parece poco a lo demás; me dio esa impresión cuando leí breves resúmenes de sus otros libros, pero nada puedo asegurar. En este que leo (al que le deben sobrar como 17 páginas, máoméno), dos investigadores irlandeses viajan a las montañas de Albania (estamos en 1935) en busca del origen de la épica, esto es, en busca de los últimos rapsodas que, como lo hiciera Homero hace tres mil años, cantan, componen, varían y enmiendan la epopeya albanesa cuyas raíces se disputa con Serbia en una típica pelea nacionalista y campurusa. Pero no es una novela de aventuras, ni una novela de investigación, ni "de la tierra" (¡no!, ¡qué horror!): el descubrimiento de esta novela son los lahutare, los tocadores de lahute (¿laúd?), los últimos raposdas en el mundo que cantan (e hipnotizan) como lo habría hecho Homero. No; no quiero decir más: quiero que salgan corriendo y busquen esta novela, que soporten el exceso de prosa del principio, y se sumerjan como yo lo estoy haciendo ahora, en este paraíso que es la palabra de Kadaré: Una montaña fría, un instrumento arrimado a la lumbre de una chimenea y un magnetófono grabando todo lo que ocurre: como los ojos del lector que tenga la fortuna de leerla.

7 sept. 2007

317. El discurso del farsante





En mayo pasado tuve la suerte de visitar Malabo y Luba, las dos principales ciudades de la isla de Bioko, en Guinea Ecuatorial, país que antes estuvo bajo el coloniaje español, una de las tantas pezuñas europeas en el continente africano. Mi visita a ese país se pareció mucho a un viaje a Venezuela donde también se suda a conciencia, las ceibas son enormes y el aire vibra al mediodía a causa de los rayos del sol. Porque, además, Guinea es el único país en el que el español comparte espacio lingüístico con las lenguas vernáculas, como el fang y el bubi, y allí ha ido creciendo una narrativa y una poesía en nuestra lengua que hemos obliterado ignominiosamente, tal vez cumpliendo con el precepto según el cual de Africa sólo nos interesan sus riquezas, no su espíritu.
Pero los entrañables momentos de mi viaje, el cálido afecto de sus habitantes y la poderosa fuerza de la naturaleza no fueron suficientes para ocultar la miseria en la que la mayoría de la población vive; ni los privilegios ocultos detrás de enormes paredes custodiadas por soldados; ni la complicidad callada y oportunista de algunos empresarios españoles, franceses y estadounidenses, siempre pendientes de la cuenta de resultados antes que del bienestar común. Y algo más no pudo ocultar la belleza tropical de Guinea; lo más interesante de todo, lo más singular: el régimen que gobierna Guinea no cuenta con un solo intelectual que avale sus designios. Creo que es el único régimen dictatorial (por lo menos el único que yo conozco) que no precisa de intelectuales para existir. Porque ni la Rusia soviética, ni la Alemania nazi, ni la Cuba castrista, ni otra dictadura que recuerde, dejó de utilizar a los intelectuales que se prestaron a cambio de dinero, honores y atención a sus obritas para maquillar de legalidad y seso lo que apenas era la avispada toma del poder por parte de unos pocos y sacrificar a todos los demás en el altar de una revolución absurda y casi siempre sanguinaria. Confirmé emocionado que los intelectuales guineanos, casi todos en el exilio, no se han prestado para esas vagabunderías. Y deseé en Guinea que los intelectuales de mi país fueran así de valientes.
Vano deseo.





En Venezuela, desde siempre, hay un intelectual a la mano para cada dictador. Rómulo Gallegos les puso nombre en su extraordinaria Doña Bárbara: el dr. Mujiquita, el leguleyo que abonaba con palabras las trapacerías de la feroz doña con el hermoso rostro de María Félix. Pues bien: en mi país nunca ha faltado un mujiquita, el zarrapastroso de turno que hace lo que sea con tal de que sus detritos mentales tomen forma en las páginas de una novela, de un poemario, de un ensayo, y sean celebradas como él cree que se merecen; y él sea condecorado como él cree que lo merece; y sus chistes sean aplaudidos como él cree que lo merece. Todo, a cambio de bajar la cerviz y lamer con juicio la bota que pagará todas sus medallas, todos sus honores.
En Venezuela, estos seres antes se apellidaban Vallenilla-Lanz, Mata y Zumeta; hoy la genuflexión viene tanto de afuera con apellido de aristócrata polaco (Poniatwoska) como de dentro, con apellido mestizo, como debe ser: Britto García. Este señor, Luis Britto García, es uno de los defensores más ilustrados de la revolución bolivariana y el sátrapa que la lidera; economista, escritor, filósofo, intelectual; es capaz de recitar fragmentos enteros de los clásicos y también puede disertar durante horas sobre cualquier cosa, pues es famosa su memoria. Hace 30 años escribió una novela experimental, que yo no he terminado de leer porque es asaz difícil, y tiene no pocos excelentes cuentos, también de hace años; destacaría Helena, una excelente versión de la inocencia.
Pero no se vayan a pensar que este señor, durante los cuarenta años de democracia que precedieron a este chiste que es el chavismo, estuvo arrinconado y marginado por los oligarcas que detentaban el poder; de ninguna manera. Britto García siempre ha sido un intelectual del stablishment; el viejo Estado venezolano que él ha ayudado a desmontar lo cuidó con mimo y fue el beneficiario de viajes, ediciones, premios y demás zarandajas propias del que estaba sumiso al lado del poder, del que brindaba emocionado con un ministro músico y se arrobaba con las palabras de Carlos Andrés Pérez, ese corrupto, hermano gemelo de Hugo Chávez.
Ahora, como buen mujiquita, heredero de los mujiquitas que en el mundo han sido, él escribe del hombre nuevo; ahora reescribe la historia venezolana para comodidad de su nuevo amo y de paso se mete él como precursor de una revolución que quizá ya soñaba cuando hacía lobby en los pasillos del antiguo Consejo Nacional de la Cultura y de la antigua Monte Ávila Editores, con la esperanza de que le dieran sus viáticos, sus invitaciones, sus premios, sus libritos: «En fin, desde la izquierda cultural la palabra insurrecta continuó construyendo un proyecto emancipador en el fragor de la lucha política, en prisión o en los resquicios de nichos académicos o comunicacionales. [...]. Mientras nuestros hermanos guerrilleros, militantes o creadores eran exterminados, desbandados o corrompidos, aprendimos el duro tesón de la hormiga y la subterránea paciencia del topo. Con las herramientas de la idea soñamos una Venezuela original, mestiza, igualitaria, antiimperialista, socialista, integracionista, internacionalista. Se nos llamó los Últimos Mohicanos. Éramos apenas los primeros»[1].
Usted que me lee, quizá no llegue a tener idea de cuánto me repugna consignar las palabras de este farsante, pero cuando las leí supe que si estos nuevos mujiquitas van a reescribir la historia de Venezuela, si van a hacer como Stalin y van a recomponer las fotos de la memoria, por lo menos que no sea con mi silencio, con mi inacción: las pongo aquí y las difundo para que se sepa qué clase de intelectual rodea la barbarie que es la revolución bolivariana.
Pero no acaba. Más adelante, se inventa una historia contemporánea a la medida de su amo, tal como ya hizo el cineasta Román Chalbaud con su Caracazo, la película donde, si lo dejan, le hubiera puesto capa voladora a Chávez (este director, por cierto, antes de hacer su película recorrió no pocas productoras españolas con sus guiones bajo el brazo y tan solo recabó sonrisas ocultas y portazos en la cara). De los acontecimientos del 27 y 28 de febrero de 1989, los saqueos populares y el toque de queda que viví en carne propia, inventa Britto García: «Así, mientras la represión desmantelaba órganos y sujetos del proyecto revolucionario, los intelectuales lo mantuvimos presente hasta que su goteo pertinaz permeó nuevos sujetos de la sociedad venezolana. El 27 de febrero de 1989 se sublevaron en forma simultánea y masiva los movimientos sociales; el 4 de febrero de 1992, las vanguardias progresistas del ejército». Y, ¡voilà!, la mágica palabra de un mujiquita del siglo xxi junta churras con merinas y produce el nuevo discurso histórico; ¡de «forma simultánea y masiva» los movimientos sociales se sublevaron! No sé de qué país habla Britto García, porque en el que yo estaba a las doce del día del 27 de febrero de 1989 no vi «movimientos sociales» sino turbas desaforadas que no robaban para saciar el hambre del estómago sino el hambre de consumo, pues no creo que un televisor de 40 pulgadas, o 20 computadoras sean para dar de comer a los famélicos. Saqueos. Lo que ocurrió durante dos días fueron saqueos de la gente en desbanda, harta de no tener dinero para comprar lo que compraban los estratos altos de la sociedad, en los que se movía —y se mueve, no lo olvidemos— el señor Britto.
«En la hora de la verdad se conoce al intelectual verdadero», termina Luis Britto García. Quizá es una advertencia para él mismo, para que recuerde que el pensamiento que se vende por unos cuantos granos de arroz, no es pensamiento de intelectual sino de borrego asustado y pusilánime que sabe leer mejor que los demás. El intelectual verdadero deja solo a los dictadores en su evidencia, como en Guinea. No se agacha para que el tirano se suba sobre sus palabras, ni pasa ocho horas oyéndolo risueño, aguantando las ganas de orinar a cambio de cien mil dólares y un «si Adelita se fuera con otro». Farsantes.



[1] Ver Rebelión.org: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55746.

316. Simpatía por el diablo

Viñeta de Romeu en El País de hoy, 7 de septiembre de 2007.

6 sept. 2007

315. El reino de Cervantes

Mi reino es de este mundo
Vengo a anunciarles el descubrimiento (mi descubrimiento) de un nuevo reino. El descubrimiento, que no la invención; el pregón, que no la noticia; se trata de un reino en el que todos vivimos pero sobre el cual no podemos caminar salvo en sueños. Un reino sin auténticas fronteras o, al menos, sólo con las fronteras que llevamos nosotros mismos encima. Un reino cuyos límites no colindan con las montañas ni los mares de los otros países de este planeta, pero que traza con firme eficacia las distancias entre aquellos que aman, beben, duermen, deliran, luchan y se esfuerzan en otros territorios y nosotros, los del reino de este mundo. Un reino que es liviano y pesa tanto como las pirámides aztecas e incas; torrencial y caudaloso como el Orinoco, y estático como la canícula del mediodía en Medina del Campo; un reino débil como la palabra colibrí y volátil como la cotufa; poderoso, como el sonido del tambor (yo soy la canción del bongó/ aquí el que más fino sea/ responde si llamo yo), apenado como el cante jondo; embriagante como la sanguinolenta bota de la plaza de toros; apacible como la meseta castellana; misterioso como los precipicios de Ronda y prejuiciado como las campanas de Oviedo al mediodía; es un reino que no es igual en ningún lado y que es el mismo siempre, en Malabo, Caracas, Madrid o Buenos Aires; un reino que es setecientas palmeras plantadas en el mismo lugar.
El reino del que hablaré, ya lo dice el título del texto que voy leyendo, es el Reino de Miguel de Cervantes, feudo imperecedero de aquel que perdiera una mano en la batalla de Lepanto, luchando contra los infieles; recaudador imperial, cuyo hijo predilecto, nuestro señor Don Quijote, todavía recorre, acompañado de Sancho Panza, su escudero, y a lomos de su esquelético rocín, el territorio que aquel gobierna, el territorio de la Mancha, como también se le ha conocido, y que —por lo menos— se extiende a lo largo de tres continentes: Europa, América y Africa. Y no hay tratado, ordenanza, resolución ni convenio internacional que pueda evitar la comunicación entre los millones de súbditos que el reino de Cervantes alberga. Como debe ser.
Probablemente Arturo Úslar Pietri, que le puso el nombre al reino que habitamos, habría aprobado con agrado nuestra reunión de hoy, justamente aquí, tan cerca del ecuador y debajo del trópico de cáncer; y probablemente habría aceptado con cierta vanidad ilustrarnos con todo su conocimiento, con todo su saber, con el don de su palabra siempre seria e incisiva. Porque es a él, al venezolano Arturo Úslar Pietri a quien debemos la excusa que nos trae hasta aquí; a él debemos la posibilidad de establecer los límites del reino del que me propongo hablar, de sus gobernantes y sus leyes; él fue quien reconoció a su rey natural y nos abrió los caminos de este reino con sus libros, con sus charlas, con su palabra; aunque debo señalar que él mismo no conoció todas las fronteras de nuestro reino. En su momento, declaró que «hay una evidente comunidad de historia y de cultura, en muchos aspectos única en el mundo, que se ha formado a lo largo de cinco siglos entre España y los países hispanoamericanos. Sin mucha distorsión se podría ampliar el concepto a lo iberoamericano, para incluir también a Portugal y el Brasil». No menciona a Guinea Ecuatorial, quizá porque su pasión latinoamericana lo empujaba sólo a pensar en los países del otro lado del Atlántico, quizá porque desconoció —como yo mismo hasta hace una semana— la riqueza cultural que nos depara este país, tan parecido al mío propio y donde sudo de la misma forma, veo los mismos árboles, como las mismas frutas, pero donde oigo mi propia lengua con otro acento, y aprendo lenguas nuevas para mí, desconocidos sonidos fang y bubi que ya quiero tener en mi universo lingüístico: «madjiwa», «anñé kööri», sé decir ya y no veo la hora de utilizar estas palabras en mis cuentos, en mis novelas, en mi vida. Ya quiero decir «Ö», diez en bubi, y contar de cinco en cinco los árboles que ven mis ojos.
En algo podemos excusar la omisión de Úslar Pietri: él fue un hombre entregado a su tiempo político y espiritual, y la preocupación por América Latina lo era todo en su escritura. Desde el nombre mismo, todo era un motivo de reflexión para él: «No es banal que no tengamos un nombre aceptado para el conjunto. Se le ha llamado de tantas maneras que resulta casi como carecer de nombre: Hispanoamérica, Iberoamérica, América española, Indoamérica, la Raza, la Hispanidad, etc. La falta del nombre único ha hecho más difícil la comprensión del hecho y ha aumentado la dificultad de entenderlo cabalmente». Mal podía, entonces, tomar conciencia de que de este lado del Atlántico, en esta isla llena de color, en este continente del que todos salimos, el español, la lengua oficial del reino de Cervantes, también bulle y evoluciona compartiendo oclusivas y velares en las bocas de los guineanos y de los que tienen la suerte de vivir aquí. En los más de quinientos años que nos separan de la azarosa aventura de Colón, nosotros aún dudamos si llamarnos latinoamericanos, o sudamericanos, o iberoamericanos, etc. Yo, que soy venezolano, y cuya idiosincrasia no puedo explicar excluyendo al caribe anglófono, francófono, al holandés, al papiamento al Canadá y a Estados Unidos, prefiero decir con rigurosa nomenclatura geográfica que soy americano, porque América es una palabra que viene del futuro.
La comunidad del libro
Quizá es una gran suerte —o un destino muy marcado— el hecho de que sea un solo libro el que nos determine los límites del territorio espiritualmente lingüístico que podemos considerar como «nuestro» con todo lo que de impreciso tiene esta palabra. Y es en ese libro en donde se dibuja por vez primera el mapa cultural sobre el que caminamos. Úslar señala que «lo más característico que distingue a esa realidad cultural (...) se dio primeramente y se definió de manera perdurable en el siglo xvi. Es la época en que la dimensión política alcanza su plenitud desde Carlos V hasta Felipe II; es, también, la ocasión en que se define cabalmente un juego de valores característicos: lengua, religión, moral, romancero, refranero, paradigmas, convicciones y metas de vida. La síntesis suprema de ese conjunto se expresó en la obra de Cervantes. Allí está recogido y expresado lo esencial, irrenunciable y persistente de esa manera de ser (...) tan múltiple y dispersa, y tan semejante a sí misma. Constituye, para decirlo con las fórmulas viejas tan cargadas de sentido (...) un reino cultural y podríamos llamarlo, con toda propiedad, el reino de Cervantes».
A partir de esta conciencia compartida, los que hablamos español podemos reconocernos como semejantes tanto si recorremos las vertiginosas calles de la plaza de la Candelaria en Caracas, como si tomamos el tranvía del viejo Corrientes en Buenos Aires, subimos por la Gran Vía hacia Callao en Madrid, atravesamos el arduo zócalo de Ciudad de México, admiramos el Museo Nacional de Bogotá o cruzamos veloces la carretera que une Malabo con Luba, aquí en Bioko. Sin embargo, no hay que olvidar la certera reflexión a que hace referencia Úslar, con el ánimo de marcar las oportunas diferencias y rebajar adecuadamente la insensatez del entusiasmo: «Bernard Shaw, con sabia ironía, dijo una vez que Inglaterra y los Estados Unidos eran dos países separados por una lengua común». No olvidemos nunca que lo mismo que nos une, nos separa; que las semejanzas existen precisamente para que las diferencias se destaquen con nitidez entre nosotros y que, menos mal, ninguno de nosotros es igual al otro: cada individuo es único y por eso mismo nos podemos reconocer como semejantes.
Esto mismo ocurre con la literatura que se ha desplegado en los países de habla española. A partir de nuestro Don Quijote de la Mancha, primera y superior novela de cuantas haya en el mundo, germen y guía de todo los que se desarrolló después (un orgullo que nunca debemos pasar por alto: hablamos la lengua en la que está escrita la obra narrativa cumbre de la literatura occidental), el español ha dado cabida a escritores y obras que son hermanas y distintas al mismo tiempo y que reflejan realidades específicas convertidas en tópicos universales: si la mexicana sor Juana Inés de la Cruz denunció con pericia el machismo de su época («hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón/ sin ver que sois la ocasión/ de lo mismo que culpáis»), al igual que varios siglos después lo hiciera Alfonsina Storni en Argentina («hombre pequeñito que jaula me das/ digo pequeñito porque no me entiendes/ ni me entenderás»), muchos años después el coronel Aureliano Buendía abre la vertiginosa Cien años de soledad recordando, frente al pelotón de fusilamiento, la tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo, Valle-Inclán desgrana su teoría de los esperpentos frente a los espejos deformantes del callejón de Álvarez Gato en Madrid, en los calurosos llanos venezolanos Santos Luzardo remonta el Arauca a bordo de un bongo en dirección a la hacienda de El Miedo, a enfrentarse con su enemiga mortal, doña Bárbara; mientras tanto, Julio Cortázar cuenta que en Francia un grupo de intelectuales latinoamericanos tratan de disimular el hecho de que en París son como hongos que crecen en los pasamanos de las escaleras y en la quinta de Triste-le-Roy de Buenos Aires un detective fracasado, Lönrot, descubre que el laberinto que Jorge Luis Borges le ha construido sólo sirve para que su muerte sea más poética. Y aquí en Guinea, el español se reviste de la fuerza telúrica de la tierra y la negritud africana para bullir en adivinanzas, mitos indígenas, poesía de modernismo tardío (como en el caso de Cristino Bueriberi) y novelas abiertamente de la tierra como Cuando los combes luchaban, de Leoncio Evita, la primera novela guineana en español y uno de mis grandes descubrimientos de este primer (y espero que no el último) viaje al Africa subsahariana.
Todas estas obras a las que he hecho referencia están escritas en español; todas (y muchas otras más) las podemos leer y entender en el idioma que hemos asimilado desde la cuna y de todas podemos aprender palabras nuevas y exóticas para cada uno nosotros, según sea el caso: lunfardo, fuca, choteo, bongo, arepa, cachapa, bubi, ma, wa, nñé, mañoco, piolín, vaina, escuincle, chaval, chamo, gachupín, jeva, tía, mina, garota, flipa, tripea, guagua, buseta, ceiba, papaya, patilla, lechosa, guanábana, cambur, zamuro, zopilote, curumo, cóndor, colibrí, ruana, madjiwa, amor, dientecito de ajo, caballito de juguete...
Desde luego, un tesoro enorme se esconde tras el simple hecho de hablar el mismo idioma y ser simultáneamente tan diferentes.
Y hemos de agradecer a los escritores nuestros que se hayan tomado la molestia de crear este mundo de palabras con la intención de que el verdadero que les rodeaba cobrara significado profundo para sus conciudadanos. Citando otra vez a Úslar, él se declara consciente de lo que estaba haciendo cuando se propuso crear una obra literaria: «Íbamos hacia la obra literaria en una misma actitud y, además, con un igual propósito: expresar aquella realidad tan compleja y tan rica que hasta entonces nos parecía que no había sido adecuadamente reflejada». Y es que no otra es la función del lenguaje en el ser humano: sin las palabras, la realidad sería imposible de asir, porque antes de agarrar con las manos un objeto, tenemos que agarrarlo con la palabra, con el símbolo que le da sentido dentro de nuestra cabeza. Quizá esa sea la razón por la cual es harto complicado definir sencillamente la idiosincrasia de un pueblo y, mucho menos, eso tan adusto y decimonónico que es la «identidad nacional». Yo soy yo y mis circunstancias, nos enseñó Ortega y Gasset, y por lo tanto mi identidad es directamente proporcional a la conciencia de identidad de mis semejantes.
Heredaremos el reino
He utilizado hasta la extenuación el vocablo «semejante», con la obvia intención de que marcara nítidamente mi propósito: en un reino donde todos hablamos la misma lengua, ninguno de nosotros la usamos igual, por suerte. Ustedes aquí hablan un español correcto y algo prosopopéyico para mi español caribeño directo y un poco confianzudo; en España nuestra lengua es franca y sincerota como los tacos que se dicen a cada instante, pero también elusiva y felina como la pregunta con que dicen que suelen contestar a las preguntas los gallegos; y en los demás países donde se habla español este idioma canta y cuenta y muestra las huellas de un pasado propio y común. Todo eso, mezclado, es lo que nos hace súbditos semejantes, que no iguales, de un reino lingüístico en el que cada quien habla su lengua con la belleza, corrección e incorrección que la hace tan atractiva y particular. Atrás quedó el tiempo en que las reglas ordenaban el mundo (ya en las Letanías a nuestro señor Don Quijote rogó en su momento Rubén Darío: «de las academias/ líbranos, señor»); ahora, al menos los escritores, preferimos que las reglas describan cómo es el mundo en realidad en vez de decirnos cómo debe ser. Porque es el baquiano, el que la usa, el que sabe en su intuición cómo usarla, para bien o para mal. El que ha estado allí, en la casa del ser que es el lenguaje, es el que sabe «cómo se bate el cobre», como decimos en Venezuela.
De la misma manera como los conquistadores de América se muestran conocedores del mundo que les tocó someter, más que su rey que, a lo lejos, allá en la corte española, esperaba por noticias y riquezas que no se había tomado la molestia de ir a buscar. Esto hace levantar la airada voz de protesta de Hernán Cortés, Francisco Pizarro y Lope de Aguirre, tal como ha sido contado: «“Ha cuarenta años que me he ocupado en no dormir, mal comer, y a las veces ni bien ni mal, traer las armas a cuestas, poner la persona en peligro, gastar mi hacienda y edad; los grandes reinos y señoríos de muchas bárbaras naciones y gentes, ganadas por mi propia persona y expensas, sin ser ayudado en cosa alguna, antes muy estorbado por muchos émulos y envidiosos, que como sanguijuelas han reventado de hartos de mi sangre”. Es la misma motivación que movió a los Pizarro a levantarse contra los enviados de la Corona y la que mueve a Lope de Aguirre a escribir a Felipe II para “desnaturalizarse” de los reinos de España. Empezaba con ellos una nueva vida para ellos mismos y para todo el entorno. Empezaban de hecho un nuevo tiempo y una nueva situación histórica”». Y esa situación histórica no era otra que la creación de la gran comunidad en la que ahora nos vemos inmersos y que deberíamos, ya que ha costado tanta sangre y tanto sufrimiento, celebrar y cuidar como la herencia que nos ha sido legada para que continúe y sea cada día más fuerte, más unida, más heterogénea. Y para que traiga más paz.
Esta tarde he venido aquí con la intención de anunciar la buena nueva del reino de Cervantes y me voy con la duda de si he delimitado bien las fronteras de este reino; me voy con la incómoda sensación de que apenas he mostrado un fugaz trazo de ese mapa imaginario; quise hacer como los topógrafos chinos de los que habla Borges en su cuento, que tratando de que el mapa del país fuera lo más exacto posible al país terminaron por construir un mapa tan grande como el país: una empresa a todas luces condenada al fracaso. Tal vez debía no pronunciar esta conferencia; tal vez tenía que haber dejado hablar los poetas antiguos (qué se fizo el rey don Juan/ los infantes de Aragón/ qué se fizieron) o modernos (La princesa está triste/ qué tendrá la princesa/ un suspiro se escapa de su boca de fresa) o a los escritores malditos (Yo adolezco de una degeneración ilustre; amo el dolor, la belleza y la crueldad, sobre todo esta última, que sirve para destruir un mundo abandonado al mal); o simplemente, he debido comenzar con las primeras palabras de nuestro libro talismán, la novela de Cervantes, y avisarles que el verdadero cartógrafo de nuestro reino habita en algún lugar de la Mancha de cuyo nombre es mejor no acordarse.

5 sept. 2007

314. Europa, no nos falles


La noche del 14 de marzo de 2004, cuando se dieron los resultados electorales, muchos compartimos el clamor que retumbaba en las voces de muchos jóvenes de Madrid: «¡no nos falles, ZP!». Después del obstinado final de legislatura del presidente Aznar, sordo al clamor antibelicista del pueblo que lo eligió, la llegada de Zapatero era un soplo de aire muy fresco para los que estábamos hartos de los gestos groseros y prepotentes con que Aznar concluía sus ocho años de gobierno —que tuvieron, hay que decirlo, no pocos momentos de acierto, tanto dentro como fuera de España. Yo estaba tan alegre ese día, que le dije eufórico a mis amigos españoles: «hoy he decidido que me quedo en este país para siempre». Y ya llevaba siete años aquí.
Una de las razones para que un venezolano inmigrante se alegrara tanto de que los socialistas regresaran al poder en el único país que habla español de Europa, tenía que ver, como no podía ser de otra forma, con el futuro de las naciones hispanohablantes allende los mares, Venezuela entre ellas. La política española que, en teoría, debería ser la más abierta hacia las necesidades y retos de nuestros países, parecía encontrar en el presidente Rodríguez Zapatero un nuevo interlocutor, menos viciado por los arrumacos con el mediocre y tantas veces torpe George Bush, y menos prejuiciado ante los problemas sociales y económicos que los hispanoamericanos padecemos como una gripe mal curada desde el siglo xix.


Con gobiernos cada vez más corruptos y autoritarios pululando por esos lares, los latinoamericanos estamos cada día más necesitados de un oído sensato que ponga más atención y menos bolsillo sobre América Latina. Siempre he pensado que la riqueza natural de un país es una bendición envenenada, que igual lo lleva al éxito como al más vil de los fracasos. Sobre todo si los que codician esas riquezas cierran los ojos, taponan los oídos y callan las bocas con tal de recibir su parte del botín. Hay momentos en que está en juego algo más que la estabilidad económica o el suministro de recursos.
Europa ejerció un papel fundamental en el siglo xx, consolidando lo que tantas regiones desean desde hace centurias: la paulatina unificación política y económica que aún está en sus inicios y ya se augura auspiciosa aunque no exenta de peligros. El experimento de la Unión Europea tiene las mismas características que el frustrado proyecto de la Gran Colombia, soñado primero por Francisco de Miranda y ensayado por Bolívar cuando lo creyó conveniente. El éxito de la UE es en sí mismo un aval para que su opinión tenga el peso suficiente para tomar en cuenta sus razonamientos. Sobre todo cuando en otro punto del planeta el totalitarismo extiende sus manos con aparente impunidad, y hasta con muecas de sonrisa entre los «guardianes de la democracia», ese sistema imperfecto y perfectible que debe procurar «la mayor cantidad de felicidad posible al mayor número de ciudadanos», para parafrasear a Bolívar, tan perversamente utilizado en mi país en los últimos nueve años.
Muchos ciudadanos de la Unión Europea —entre los cuales se cuentan no pocos políticos, empresarios, banqueros e intelectuales— deberían abandonar de una vez por todas la ingenuidad rousseauniana según la cual en América Latina prolifera la «raza cósmica» y que las revoluciones que están teniendo lugar allí son la panacea para erradicar la corrupción y el mal gobierno que los azotan desde hace décadas.
Al contrario, desearía que alzaran su voz airada y no cesaran de exigir que gobernantes democráticamente elegidos —transformados astutamente en dictadores «indefinidos»— vuelvan al cauce de la democracia y permitan que de verdad sean los pueblos los que decidan su futuro. Europa nunca debería olvidar que Hitler llegó al poder apoyado abrumadoramente por el cultísimo pueblo alemán.
El caso de Hugo Chávez debería levantar algo más que graciosas suspicacias, pues no son pocos los venezolanos cualificados que hace años advierten de la deriva totalitaria del teniente coronel, sobre todo ahora que quiere llevar adelante una reforma constitucional «pintada» según su inspiración personal y sin deseos de que nadie le «cambie los colores» al cuadro que para él es Venezuela. El economista Domingo F. Maza Zavala, voz más que autorizada en el Banco Central de Venezuela, ha dicho en un artículo del 29 de agosto que la propuesta presentada por Chávez a la genuflexa Asamblea Nacional es «una ampliación del espacio económico del Estado y una evidente concentración de poderes» en el presidente. Pero las opiniones disidentes no sólo vienen de entornos adversos: El propio presidente Luis Inácio Lula da Silva, amigo declarado de Chávez, dijo a un diario brasileño que «cuando un líder político comienza a pensar que es indispensable y que no puede ser sustituido comienza a nacer una pequeña dictadura». Y más adelante agregó: «Chávez está proponiendo una reforma en la Constitución. Yo no pido eso porque soy adepto a la alternancia de poder. Creo que ocho años es suficiente para hacer aquello que creo que es posible hacer». (Chávez gobierna desde hace nueve años).
El contraste de Lula con las declaraciones de Chávez en el asfixiante y megalómano Aló, presidente del 26 de agosto, no puede ser más transparente: «Yo asumo la responsabilidad [de la propuesta de reelección indefinida] y se trata de que este ser humano (Chávez) está en el centro de la propuesta, en el centro del debate». En otras palabras: «yo y sólo yo soy el líder y centro del país que es mío de mí».
Ante esta realidad que lamentablemente se ha repetido decenas de veces en América Latina, los escritores nos preguntamos qué hacer. Cuando converso con los escritores latinoamericanos que viven aquí en Europa llegamos a la misma conclusión: Nada bueno traerán a Venezuela las carantoñas hacia Chávez de algunos intelectuales europeos (los saramagos, los ramonets, las regases y las gopeguis que gritan «¡que viva la revolución! —pero que viva lejos») alelados ante su propio espejismo de Utopía americana, ni los inmorales y perversos convenios como los del Alcalde de Londres para recibir gasolina venezolana barata que moverá a precios módicos los pintorescos autobuses de la City (mientras millones de venezolanos piensan qué hacer para acostarse esta noche con algo en el estómago), ni los saludos ignorantes o cínicos como los de Sean Penn o Danny Glover (a quien le han «otorgado» 18 millones de dólares para hacer una película, mientras muchos directores venezolanos esperan a veces décadas para obtener una mísera ayuda de su propio gobierno).
Nada bueno saldrá de esta complicidad light y logrera. Sólo le están dando un generoso compás de espera para que se arme, desmonte el Estado venezolano y emule, cuando se sienta (más) todopoderoso, al primer genocida que se le venga a la cabeza, de Stalin a Mussolini, pasando por Hitler o el mismo rey Leopoldo de Bélgica, ese personajillo patético y peligroso.
Y esa es la razón del título de estas líneas: Europa no debe fallarle a sus convicciones democráticas, que tanto le ha costado consolidar, a cambio de un poco de gasolina, una invitación a unas «vacaciones revolucionarias», o un poco de celebridad. El señor Chávez va a apropiarse de Venezuela y no se irá hasta que la desangre completamente. Es lo que suelen hacer los déspotas cuando se les da todo el poder. Europa en bloque debe denunciar esto y exigir cambios —antes de que sea demasiado tarde. Este guión ya se ha escrito demasiadas veces, y es hora de que los defensores europeos del chavismo se den cuenta de ello. Sólo te pedimos, Europa, que esta vez no nos falles.

4 sept. 2007

313. Nueva Taganga

Modifico el aspecto de mi blog a ver si así lo retomo, tan solo que está el pobre.
Es que no me han dado ganas de decir nada, de tantas cosas que tengo que decir.
Para empezar, fui a Guinea Ecuatorial en mayo, una experiencia telúrica de las que sabe tanto Kira, así que iré poniendo algunas de las fotos que me dejaron tomar, porque en ese maravilloso país también hay restricciones, como en todos lados donde unos son más iguales que otros. Miles de restricciones para los seres humanos de esas tierras.
Pero no para los árboles,

ni para la playa,

ni para los pasos de la gente,

ni para el Quijote y Sancho, demoledores siempre.

21 jun. 2007

312. José Antonio Abreu: a un premio más cerca del Nóbel

Hoy, Felipe de Borbón le entregará al director José Antonio Abreu (valerano, por cierto, ji, ji) el premio que lleva el nombre de su abuelo, don Juan de Borbón, en el Alcázar de Segovia, reconociendo "su labor de inserción de los niños y jóvenes más desfavorecidos a través de la música, como impulsor del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela". Qué maravilla.
Un premio que lo acerca más a la nominación que propone Claudio Abbado, el premio Nóbel de la Paz (y al Príncipe de Asturias, que ya lo va mereciendo, digo yo), tal como se cuenta hoy en El Cultural. Ojalá y llegue ese día, para alegría de todos y para que recordemos que en venezuela aún quedan muchas cosas positivas, a pesar de la penumbram...

19 jun. 2007

311. Sin palabras... solo para que corra la denuncia

Tomado del blog de Curiosa (pinchar en la imagen para verla más grande):

14 jun. 2007

309. ¿Frente Unido Nacional Socialista?

¿Alguien me puede explicar por qué este grupo se llama así y a qué se dedica en Venezuela? Es que oigo estas cosas y alucino en colores...

Frente Unido Nacional Socialista

pinchen aquí y lean este artículo publicado en Globovisión, Trabajadores oficialistas marcharon por “la vida y la salud en el ambiente del trabajo”. Como para no creer los nombres que a algunos se les ocurre ponerle a sus ideas (?)...

11 jun. 2007

308. por un puñado de [250.000] dólares

¿Alguien me puede decir qué marca es el traje que lleva el de la foto?

Mientras el presidente Chávez ejecuta uno de sus gestos más hipócritas y desvergonzados, esto es, "donar" los 250 mil dólares con que el muy democrático gobierno de Libia lo premió, como ejemplo para que los seguidores más chupamedias y que estén ostentado más sus hummer, sus mitsubishis, sus pent houses en las mejores zonas de las ciudades de Venezuela y el exterior (Eduardo Casanova denuncia por email a Germán Mundaraín, defensor del pueblo de Venezuela, por su casa de 275,000 $ en Alexandria, Washington, según se puede constatar en el Washington Post); para que estos genuflexos, repito, sigan su ejemplo y entreguen parte de sus riquezas que quién sabe de dónde salieron; cualquiera de nosotros puede, mientras lee este supuesto acto de desprendimiento presidencial, cosultar los presupuestos nacionales en la Oficina Nacional de Presupuesto de Venezuela y descubrir que sólo el presupuesto del Ministerio del Despacho de la Presidencia es de 324.906.300.000,00 Bs. (151,119,209.30 $), y que dentro de ese océano de dinero 598.774.792 bolívares, esto es, 278,499.90 dólares son para ropa, cuchillos de cocina, herramientas del hogar entre otras menudencias. ¿Alguien me puede explicar por qué el presidente de los pobres y adalid de la lucha contra el imperialismo sulfuroso necesita más 404 millones de bolívares en 2007 para vestirse él, su hijita y pocos más, porque los otros hijos son mayores de edad, creo, y ya es hora de que se vayan buscando un trabajo? ¿Es tan cara la ropa en Venezuela? ¡Ah! Es que nos ponemos de Armani, ya entiendo...
¡Pero claro que regala los 25o mil dólares! ¡Si no los trabajó él ni los necesita! ¿Cómo puede pedirle a Acosta Carlez que abandone sus privilegios o a Juan Barreto que regale su pisito del este?
Les dejo un pequeño extracto que hice para que vean cómo se gasta el dinero de nuestro país el presidente además de regalárselo a todo el que desde afuera le eche una mano revolucionaria, como los 30 millones de dólares para Evo, la boloña de real para Fidel, las "tarifas" para Ramonet y demás intelectualitos europeos que se las dan de progres (con el futuro ajeno) y los 18 millones de dólares (36 mil millones de bolívares = 16 películas venezolanas) para ese viejito sinvergüenza que se llama Danny Glover, loco por hacer por fin su película y que le ganó en adulación al al otro viejito, Chalbaud, al que sólo le dieron 3 mil millones de bolívares para su peliculita... el diablo paga con traición, etc.
[Glover tiene la desfachatez de decir que el regalo de los 18 millones de dólares "ayudará al cine venezolano pues con los ingresos se ampliará la capacidad de producción en el país". ¡Vagabundo!]
Digo yo que es mucho lo que se puede recortar de semejante inmoralidad de presupuesto, ¿no?

ÓRGANO: MINISTERIO DEL DESPACHO DE LA PRESIDENCIA
PROYECTO: 370016000 SEGURIDAD Y CUSTODIA PRESIDENCIAL
OBJETIVO DEL PROYECTO:
PRESTAR AL CIUDADANO PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y A SUS FAMILIARES INMEDIATOS LOS HONORES, ASÍ COMO LAS DISTINCIONES QUE CORRESPONDAN A SU ALTA INVESTIDURA. DE IGUAL MANERA CUMPLIR CON SU SEGURIDAD ASÍ COMO TAMBIÉN CUSTODIAR LAS INSTALACIONES PRESIDENCIALES Y LUGARES DONDE EJERZA SUS ACTIVIDADES
UNIDAD DE MEDIDA: DÍA
META: 365
RESPONSABLE/EJECUTOR: GUARDIA DE HONOR PRESIDENCIAL
PRESUPUESTO: 2007*

Materiales, suministros y mercancías
Textiles y vestuarios: [418.869.264]**
Textiles: 14.833.500
Prendas de vestir: 404.035.764
Herramientas menores, cuchillería y artículos generales de Ferretería: 9.513.450
Otros productos metálicos: 3.000.000
Productos varios y útiles diversos: [167.392.078]
Materiales y útiles de limpieza y aseo: 62.016.990
Útiles de escritorio, oficina y materiales de instrucción: 49.882.588
Condecoraciones, ofrendas y similares: 19.537.500
Materiales para equipos de computación: 32.400.000
Materiales eléctricos: 3.555.000

Total de estos rubros:
En bolívares: 598.774.792 Bs.
En dólares: 278,499.90 $
[calculado a partir del dudoso dólar oficial 1 dólar = 2150 bolívares])
*Cifras en bolívares
**Las cantidades entre corchetes [] corresponden al monto total del rubro en cuestión.
Si pinchas aquí, podrás ver el pdf con todo el presupuesto del Ministerio del Despacho de la Presidencia

7 jun. 2007

307. La cagaron

Los estudiantes que reclamaron a la Asamblea Nacional de Venezuela el derecho a hablar en la tribuna, se acaban de retirar del Hemiciclo caraqueño, no se sabe por qué, quizá por presiones, porque se asustaron, porque el evento era un acto político y a los niños no les gusta la política (pero van a la Asamblea a hablar con los Diputados): en todo caso, han puesto en bandeja de oro a los diputados y a los estudiantes chavistas un escenario en el que ellos quedan muy mal parados. Ya lo ha dicho Cilia Flores: se les abrió la Asamblea en cadena nacional y... se fueron. Esto es incomprensible y de una torpeza enorme. Yon Goicoechea, de la UCAB habló menos de un minuto para despedirse y salir corriendo. ¿Es eso reclamar los derechos, ocupar el foro público? En estos momentos se celebra un aquelarre chavista en la Asamblea, una vez que los "otros", a los que acusan de no ser "pueblo" huyeron como el tigre Melquiades, por la derecha :)
No sé si me da risa, o tristeza, la torpeza de estos muchachos que mataron al tigre y le tuvieron miedo al cuero. Era el momento de la diatriba verbal, de la confrontación de ideas: no de la soberbia y la actitud de sobrados. Tontos. Torpes. ¿O es que, por un casual, quisieron imitar a Condoleezza Rice en su "espantá" en la OEA después del rapapolvo al ignorante canciller Nicolás Maduro? ¿O es que de verdad estos niños están monitoreados desde arriba -desde los rectorados, desde los despachos de sus papis- y hacen y dicen lo que se les ordena? Como dirían los querubines en Lucifer: *Confusión* *Duda* *Angustia* *Frustración* *Pena* *Mucha Pena*.



Más, despúes del aquelarre celebratorio de la patria roja, el socialismo de las hummer y la muerte de los más pendejos:
Ahora los estudiantes que huyen dicen que no fueron a debatir, sino a ejercer un "derecho de palabra"; pero parece que estos chicos no entienden que cuando uno habla, cuando ejerce el derecho de palabra y es el emisor del mensaje´, lo envía a un receptor que, en toda democracia, tiene derecho de ejercer el también de emisor, tiene derecho de hacer uso de la palabra, y ese es el meollo de la democracia: el diálogo, no las oraciones afirmativas e imperativas, no el yo tengo la razón y me voy, no el toco taima y boto tierrita: si ya tenían asambleas universitarias para debatir, ¿qué hacían allí, en el lugar donde lo único que se hace es debatir?
Absurdo.
Torpe.
Ingenuo.
Y, lamentablemente, sospechoso.

12 may. 2007

306. Monte Ávila, socialismo y muerte

Salgo de mi letargo bloguero para contar esto:
Con su discreta amabilidad de siempre, Ángel García, librero de referencia en Caracas, fundador y Gerente de la librería de la editorial Monte Ávila en los espacios del Teresa Carreño desde que Katyna Henríquez se fuera para su maravillosa librería El Buscón, nos anuncia con un muy sentido email que la librería ha cerrado sus puertas tras 14 años de exitosa existencia. En un país en el que cada día se abren más librerías y en el que la actividad editorial está en constante alza con títulos y sellos editoriales nuevos, alguna oscura razón revolucionaria habrá decidido que esta librería ya no hacía falta: y esto no debería sorprendernos, el socialismo de esta gente, ya sabemos, sólo lleva hacia la laguna opaca de la muerte. Poco a poco van desmantelando el país en beneficio de sus extraños fantasmas, y en esta deconstrucción suicida se van cargando (como dicen los españoles) todo las cosas buenas que los venezolanos teníamos. Supongo que ahora serán las paranoias de Eva Golinger, las boludeces de tontos como Britto García y los manuales para adorar al caudillo lo que el Estado ofrecerá a sus lectores. Y supongo, también, que detrás de la muerte de la librería, vendrá la muerte de Monte Ávila Editores, la otrora importante editorial venezolana (puntera publicando a Djuna Barnes, H. A. Murena, Harold Bloom, Carlos Rangel, Mario Praz o Northrop Frye) y, más adelante, la Biblioteca Ayacucho, ese monumento de cultura latinoamericana, porque se tratará de borrar todo vestigio de pensamiento y estilo, en pro de la estética chabacana y de cuartel que tanto le gusta al teniente coronel de Sabaneta. Acabar con el entartete-kunst (el arte degenerado) para imponer el arte heroico, como quería el cabo de Baviera; acabar con el pensamiento para darle paso al grito obligatorio de la Fuerzas Armadas venezolanas: ¡patria, socialismo o muerte! Que tengan suerte, ya que no les queda vergüenza.
[como supongo que es una carta pública, les reproduzco la carta de despedida que Ángel García ha mandado hoy a nuestros emailes; el tiempo dilucidará las razones para este absurdo cierre; ¡ay, intelectuales del régimen, cómo van a esperar la absolución de la Historia si tarde o temprano tendrán que explicar el apoyo a estos disparates!; y luego no digan que no sabían nada como hizo Leni Riefenstahl en su momento]:

Estimados clientes y amigos,
El 30 de noviembre de 1993 abrió sus puertas la Librería Monte ÁvilaEditores a los lectores de esta ciudad. Con los años y con mucho esfuerzo,la librería no sólo se convirtió en el lugar de encuentro de escritores,artistas, profesores, estudiantes y lectores en general sino que irradió suencanto más allá de las fronteras de la ciudad y del país. La librería del Teresa fue desde sus inicios, una clara referencia de librería cultural,donde tuvimos la suerte y la dicha de ofrecer todo el catálogo de la casa,nuestra querida Monte Avila, además de todos los fondos editoriales quepudimos adquirir para nutrir una buena oferta bibliográfica, creyendosiempre en la bibliodiversidad.El martes 8 de mayo del presente, a las 7:20 p.m., la librería cerró suspuertas. Nos embarga la tristeza lógica de dejar atrás el esfuerzo de casicatorce años pero nos sentimos contentos y complacidos de haber entregado lomejor de nosotros y haber logrado hacernos presente en el mapa personal delibrerías de cada uno de ustedes y en la memoria de esta ciudad.Vivimos momentos de esplendor y también tiempos de incertidumbre. Junto a unnutrido grupo de compañeros y amigos que formaron parte del personal de lalibrería en sus diferentes momentos, tuve la suerte de estar antes y despuésdel cierre de sus puertas. Junto a Katyna y el equipo inicial, vivimosemocionantes tiempos de apresuramientos para la apertura. Hoy, junto a miscompañeros, Katiuska, Amelis, Iraida, Yudely, Carolina, Alexander, Rita, Fabiola y Yanelys, hemos vivido momentos de profunda tristeza pero nossentimos orgullosos por el trabajo realizado. Son muchos los nombres que deberíamos mencionar y más las historias que setejieron dentro y alrededor de la librería, sin embargo, no es tiempo decontar historias, ya tendremos ocasión para hacerlo. Por lo pronto, deseohacerles llegar nuestro más profundo agradecimiento por habernos apoyadotodos estos años y haber sido ustedes los más importantes actores de estaobra.Hasta pronto. Ángel R. García - Librero

25 abr. 2007

305. ¡Epa, Segundo Debut, Lovecraft en la Carlos III!

Para que no se me queje otra vez la ya famosa y muy leída Segundo Debut porque no aviso a tiempo de las cosas, les sugiero que a partir de hoy se den una vueltecita, los que anden por allí, por la Universidad Carlos III, de Madrid (sede de Getafe), donde estarán desarrollándose unas jornadas en homenaje a Howard Phillips Lovecraft, ese maestro de lo fantástico y el terror hecho palabras, el padre de todas las locuras que se nos aparecen en sueños. La cosa se llama El horror sobrenatural: mito y literatura desde el otro lado y ha sido organizada por David Hernández de la Fuente, mi muy paciente profesor de griego, y Fernando Broncano, ambos del Instituto de Estudios Clásicos sobre la Sociedad y la Política Lucio Anneo Séneca, quienes han sido tan amables de invitarme a hablar de Lovecraft y el cuento hispanoamericano, y han tenido el enorme tino de importar de Birmingham a mi querida amiga, compañera ucabista ("...¡juventud!") y eruditísima editora textual Bárbara Bordalejo, de la que ya les he recomendado su divertidísimo blog aquí, a mano derecha. La programación del evento es como sigue (si exceptúan con generosa y cristiana piedad a servidor, comprobarán que el asunto está conformado por puro cuarto bate, como decimos en Venezuela), y espero que la disfruten, si pegan el brinco hasta aquel campus (que, por cierto, es enorme). Así que ya sabes, Segundito, corre la voz:
Programa
Miércoles 25 abril
I. Los mitos de Lovecraft
10:30. Apertura y Presentación. Fernando Broncano / David Hernández de la Fuente. 11:00. Juan Antonio Molina Foix (traductor, editor y ensayista): "Libros y personajes emblemáticos citados por Lovecraft". 12:00. Pausa. 12:30. Francisco Torres Oliver (Premio Nacional de Traducción) "Raíces góticas en Lovecraft". 13:00. Mesa redonda. 16:30. Lovecraft audiovisual (I): "Fabular imágenes. Filmes lovecraftianos" por Luis Revenga (director de cine, guionista y editor) . 18:00. Lovecraft audiovisual (II):"Lovecraft y el cine" por Jesús Palacios (escritor y crítico de cine). 19:30. Mesa redonda
Jueves 26 abril
II. Temas y símbolos del horror
10:00. Bárbara Bordalejo (directora del Institute for Textual Scholarship. Universidad de Birmingham):"La estética del horror: Edmund Burke, el horror tradicional y H. P. Lovecraft". 11:00. Pedro Serra (investigador de la Universidad de Salamanca): "Lo no-muerto, el poema y la meta-carne. Del materialismoabsoluto en Lovecraft et alii". 12:00. Pausa. 12:30. Alberto Santos (editor): "Editar a H. P. Lovecraft". 13:30. Mesa redonda. 14:00. Pausa. 16:30. Pablo Acevedo (poeta e investigador de la Universidad Complutense): "Lovecraft en la modernidad". 17:30. Lecturas lovecraftianas (I): Performance. Iury Lech (escritor, músico y crítico literario)
Viernes 27 abril
III. La escuela del horror
09:00. Manuel Broncano (profesor titular de Literatura norteamericana en la Universidad de León): "Lovecraft en la tradición oscurantista norteamericana". 10:00. Juan Carlos Chirinos (biógrafo y novelista): "Lovecraft y el cuento hispanoamericano". 11:00. Pausa. 11:30. Lecturas lovecraftianas (II): Novela. Ernesto Pérez Zúñiga (poeta y novelista). 12:30. Lecturas lovecraftianas (III): Poesía. Luis Alberto de Cuenca (poeta y profesor de investigación en el CSIC) . 13:30. Mesa redonda y conclusión: Fernando Broncano / David Hernández de la Fuente.

24 abr. 2007

304. La noche de los books

Por segunda vez se celebró en Madrid la Noche de los Libros, para conmemorar el día del libro. Conté más de 170 actividades simultáneas en las bibliotecas, librerías y espacios culturales de la capital. Entre ese montón de encuentros, a mí me tocó compartir con la periodista Ely del Valle, el profesor Federico López Socasau y el publicista Ignacio Ochoa en la biblioteca municipal que está en la calle Felipe el Hermoso. Y fuimos allí a hablar de humor, tema del que saben un rato largo estos autores: Ely lleva varias ediciones de sus libros sobre los padres (Éramos pocos y se jubilaron mis padres) y sobre los hijos (Un adolescente bajo mi techo), que aborda con amable humor las situaciones de la vid acontemporánea actual; y Federico e Ignacio son ya famosos por sus fromlostianos libros de la saga From lost to the river, diccionarios español/inglés fromlostiano, o lo que es lo mismo, la traducción divertidamente libre de español a inglés: ahí es nothing. Y quizá porque se conmemoran las muertes de dos grandes de la literatura occidental, Cervantes y Shakespeare, el español y el inglés se dieron la mano ayer en la biblioteca.
Es el segundo año de este evento. Y por segunda vez participo. Ojalá se repita muchas veces.
Por lo pronto, a las doce de la noche me compré unos textos de Séneca seleccionados por María Zambrano que prometen mucho.