20 oct. 2006

221. El horror a las formas


fábula
En uno de los diálogos platónicos, Sócrates es sorprendido por sus amigos bañadito y vestidito de punta en blanco, cosa que al parecer no era su costumbre, pues sus intereses estarían en el territorio de su daimon particular. De inmediato se chancearon con él y le preguntaron cuál había sido el motivo que lo había impulsado a convertirse en lo que no era. Él, tranquilamente, explicó que había sido invitado a cenar a casa del rico y hermoso Agatón, donde los acompañaría entre otros el famoso y muy malcriado Alcibíades. Y agregó: Hay que ir bello a la casa de los bellos.
Con todo el respeto que ya generaban la sabiduría y el valor del ateniense, no le habría hecho falta dejar de vestir como lo hacía para ser bienvenido a la casa de su amigo, pues éste lo tenía por tal sobre todo por lo que era, no por cómo se vestía. Sin embargo, Sócrates tuvo la sensatez de, al menos en una ocasión, mirar hacia el mundo de la moda y adaptarse a la forma que por fuera se debería de haber esperado de su forma por dentro. Muchos años después, esta anécdota sería convertida en ficción por Saint-Exupéry en El Principito para mostrar la banalidad de los adultos cuando un astrónomo oriental no va a la Academia vestido con frac para demostrar la existencia del planeta del pequeño monarca. La misma situación enfocada desde dos puntos de vista diferentes pero que nos hablan de lo mismo: ¿Es importante la forma? ¿Es más importante que el fondo? Quizá la forma no sea lo esencial, pero lo contiene: puede ser una primera respuesta.
Por estos días anda por ahí un anuncio con Bruce Lee en el que éste recomienda ser agua, porque esta es formless y se adapta al recipiente que la contiene. Quizá en eso pensó Sócrates cuando se fue a casa de su amigo hermoso. Quizá eso deberían de pensar algunos que van a la ONU como si fueran al recinto bullicioso de una gallera, o estuvieran departiendo con macarras en un mercado público.
No hay que tenerle horror a las formas que, si no lo son todo, por lo menos sirven de modeladoras. A la forma como dices algo y ese algo que quieres decir les ocurre lo que explica Saussure cuando habla de significado y significante: son inseparables, como un lado de la hoja y el otro. Si cortas uno, cortas el otro. Si acabas con la forma como dices algo, dejas de decirlo como te lo propones, y pasas a decir otra cosa. Y eso pasa cuando usas la tribuna de la palabra para reventarla.

1 comentario:

Arcangel Vulcano dijo...

Interesante reflexión Juan carlos, "muy exacto" tu símil de "la gallera" para definir lo que ocurre más resientemente en la ONU; claro, que lo malo es que por esos lares, también hubo mucho "gallo pataruco" que salió trasquilado y con las espuelas muy chiquitas, por la envergadura de la contienda. Creeme que a mi se me pareció más lo ocurrido a lo que suele suceder por allá en tu tierra hermosa del alma llanera, en el sitio que ustedes los venezolanos denominan como "cancha de bolas criollas"; curioso el peculiar juego también por el bullicio, pero se parece al acontecer de la ONU aludido, con la jugada de "un boche clavado", que creo que fue lo que le pasó al gendarme de Barinás, recibir el duro golpe cual bola criolla vertiginosa que cae veloz y suena al chocar fuertemente, lanzando a la que impacta lo más lejos del "mingo". Por lo demás,en cuanto a las formas que aludes,es evidente que también es verdad que debe buscarse siempre el equilibrio, tal y como sueles hacerlo en tus escritos.Un boche clavado requiere mucha pasticidad, allí se cumplen las formas.clavados también quedaron algunos pero como crucificados por no saber llenar las formas adecuadamente. A culquiera le dan un boche en la ONU si no cubre las formas adecuadamente y más si las ignora desde la tribuna, como muy bien lo señalas, ¡si señor! que claro viste el escenario...¿lo sacarón de "patica" lejos del mingo verdad Juan Carlos?, pero mejor me quedo con Sócrates, que elegancia no?...