8 oct. 2006

208. Teoría de las utopías

Ayer leí que Julio Cortázar se alejó de Jorge Edwards cuando a éste se le ocurrió publicar su (la) verdad sobre la revolución cubana en el ya célebre Persona non grata. Parece que los artistas, tan sensibles siempre, no soportan el grosero peso de la verdad, y a mí me parece que hay quien puede llegar a la ceguera absoluta con tal de mantener virgen su ilusión. Al parecer, tal fue la ceguera cortazariana. El sol, el Caribe, el ron, unas buenas mulatas y, algo de que él como argentino carecía, la supuesta y muy tramposa alegría tropical, le hicieron creer que en la Cuba comunista anidaba la sede del Paraíso.
Cuando Tomás Moro levantó el edificio de su lugar en ninguna parte, su Utopía, le puso nombre a algo que ha estado en la imaginación del ser humano desde que el mundo es mundo: over the rainbow hay un lugar en el que nadie sufre, en el que todos somos felices; pero suele suceder que ese lugar ideal queda lejos, es de viaje difícil y casi siempre aparece el aguafiestas de turno, como Edwards, a decir que todo es mentira y que algo huele a podrido en Dinamarca. La fuerza de la utopía es tan grande que puede quebrantar nuestro libre albedrío y anular los movimientos de la voluntad. Eso lo saben los demagogos como Castro y Chávez: aceptamos más rápidamente las promesas de una vida fácil y sin complicaciones (el edén siempre es una posibilidad jugosa) antes que la evidencia de la cruda realidad en la que hay que ganarse con constancia lo que se desea. ¿Dije demagogos? Yo prefiero usar la palabra homérica que le gustaba a Miranda: demófagos, devoradores de pueblo. Esos oscuros seres capaces de jugar a su antojo con la ilusión de la gente, capaces hasta de doblegar la voluntad de aquél que creó a esos obstinados seres llamados cronopios, hermanos de los voluntariosos y ordenados famas. La verdad, amigos, yo agradezco a la señora Muerte que se haya llevado temprano a Cortázar, padre de la Maga y el bebé Rocamadour, pues puso a salvo la lectura fascinante que nos espera en sus libros, alejada del desengaño: visto lo visto, el escritor argentino parece que fue tan libre en la escritura de sus extraordinarios textos como dogmático y tozudo en sus convicciones políticas: ni siquiera la realidad del totalitarismo castrista le hizo ver que él y su generación de escritores habían colocado las esperanzas en esa equivocación de la Historia que parece no alcanzar la absolución definitiva del cáncer terminal. Como dice Roberto Echeto: los personajes de ficción que se queden en los libros que, si no, les huelen mal los pies. Qué peligro. Qué peligro son las utopías. Sobre todo en manos ociosas.

12 comentarios:

Octavio Vinces dijo...

Las historias del arte y de la literatura están colmadas de grandes creadores de dudosa calidad personal: seres mezquinos, contradictorios, traidores, amantes del dinero y aduladores de los tiranos. Pero éste no es únicamente un fenómeno del pasado. Es cierto que la decencia no abunda en estos tiempos, pero en ciertos círculos parece ser un insulto o un demérito. He conocido honrosas excepciones; no necesito nombrarlas; a ellas he dispensado mi agradecimiento y, en algunos casos, mi amistad personal. Pero siempre son muchos más los que me han producido aversión y pesadumbre y una tremenda necesidad de taparme la nariz. Ahí están, sin importar la ciudad donde vivan, en los lugares habituales; pululan en cafés, librerías, pinacotecas, presentaciones, y también en embajadas, organismos públicos y casas de gobierno. A pesar de que los nombres y los rostros cambien, siempre son iguales, si no los mismos. Aman la adulación, el reconocimiento y el respeto. Son desconfiados por naturaleza, inseguros, no se soportan ni ellos mismos. Se atacan entre sí con virulenta expresividad, inventan absurdas polémicas en las que sus complejos y frustraciones se esconden bajo conceptos tan etéreos como la revolución o el origen geográfico. Son, en conclusión, unos tipos bastante poco recomendables. Por eso he llegado a la conclusión de que lo más inteligente es conocer su trabajo y no conocerlos a ellos. No hay razón para negarlo, además sería inútil e injusto: a veces se encuentra uno con cosas realmente buenas, incluso admirables, creadas por estos tipejos. Pero por eso mismo lo mejor es no traspasar la esfera de su obra, verla como un objeto independiente y autónomo. De lo contrario uno se arriesga a no interesarse más en ella y a terminar perdiéndose de algo que quizá valga la pena.

Anónimo dijo...

Así es.
Pienso en estas cosas y me deprimo. El gran Cortázar amigo de esos carniceros...porque ojo, Cortázar dio declaraciones favorables al dictador Videla, no sólo apoyó a Castro, o al delincuente de Ortega...
Que me deprimo.
Prefiero que los lectores de este delicisio blog me aclaren si esos videos eróticos que ciruclna por alli con Pamela Anderson son verdaderos o son un montaje.

Anónimo dijo...

Así es.
Pienso en estas cosas y me deprimo. El gran Cortázar amigo de esos carniceros...porque ojo, Cortázar dio declaraciones favorables al dictador Videla, no sólo apoyó a Castro, o al delincuente de Ortega...
Que me deprimo.
Prefiero que los lectores de este delicisio blog me aclaren si esos videos eróticos que ciruclna por alli con Pamela Anderson son verdaderos o son un montaje.

Anónimo dijo...

Ya es suficiente con que nos gusten sus obras, es demasiado pedirles que nos caigan bien, o que compartan nuestras mismas ideologias.

Rafael Osío Cabrices dijo...

Un ensayo reciente publicado por Debate, "Fantasía roja" de Iván de la Nuez, habla de la fascinación de los intelectuales de izquierda con la Cuba de Castro. Lo recordé no sólo por que caso Cortázar sino por el "somewhere over the rainbow", al que se le hace alusión también.
Es triste pensar que Cortázar fuera chavista si estuviera vivo. Es increíble cómo la política produce tantos engaños, cómo el sueño de la razón produce tantos monstruos incluso entre quienes veneramos como los mejores de nosotros.

Octavio Vinces dijo...

La figura del intelectual "filotiránico", o adepto a la tiranía, es de larga data, como lo demuestra Mark Lilla en su excelente ensayo The reckless mind (editado en español por editorial Debate con el título de "Pensadores temerarios"). Para quien quiera leer su parte final puede ir a la siguiente dirección: http://www.letraslibres.com/index.php?art=9420
Cien por ciento recomendable.

Kira dijo...

Hace poco me leí Rayuela. Curiosamente me sabía toda la cuentística de Cortázar pero nunca le había entrado a Rayuela. Siempre me quedaba frenada en las primeras páginas de hasta que me la devoré unos meses atrás estando en Dar es Salaam. Y pensé lo mismo que tú. Que menos mal que se murió porque me hubiera podrido que apoyara a Chávez.

Lo de demófago es hartamente preciso y me encanta que Miranda hubiera usado esa palabra. Lo usaré de ahora en adelante.

Un abrazo y todo el cariño como siempre.

Anónimo dijo...

Dios, ¿y de Pamela nadie puede decir nada? Porque yo cuasndo pienso en Cortázar abarazando a Daniel Ortega; o cuando recuerdo sus apoyos iniciales a Videla, o a Castro...prefiero pensar en Pamela.

Juan Carlos Chirinos dijo...

creo que todos estamos de acuerdo en una cosa: los textos maravillosos de Cortázar se salvaron de él mismo, gracias a Dios; aunque ya no sé si seguiría llamándolo "papá Cortázar" como lo hacíamso cariñosamente en la Universidad. A lo sumo. Julio, de pana y todo.
Estaré pendiente de ese libro de De la Nuez, Rafael.
Sí, Kira, esa palabra griega que rescató Miranda para nosotros es una maravilla.
saludos y gracias atodos por venir.

SALMOS COMPULSIVOS dijo...

Qué decir de Gunther Grass y su confesión al borde de la muerte -física, no espiritual ni literaria, mucho menos mediática-. Quizá sea el desquite de Louis Ferdinand Céline, cincuenta años despúes, luego de ser injuriado por el tambor batiente de hojalata en cuanto foro hubiere. La presunta o relativa miopía política del autor no erosiona ni empobrece una obra magnífica y perdurable en nuestra memoria. Peor mal es patinar en lo políticamente correcto, sin duda, apología a homilías moralistas cargadas de buenas intenciones. Un abrazo fraterno de José Carlos De Nóbrega, quien espera conocerlo en Valencia, la de Venezuela, en el marco de la Feria Internacional del libro U.C.

Juan Carlos Chirinos dijo...

ojalás puede ir para allá en alguna oportunidad...

Anónimo dijo...

qUISIERA SAber de dónde sacan que Cortázar apoyó a Videla, porque me he dado cuenta de que la basura repetida en internet termina por convertirse en "verdad".

Por otra parte, cuando uno sabe que quienes desean y pueden la muerte de otros no son esos a los que se llama tiranos, me pregunto ¿qué entiende por teoría de la utopía?

Seamos realistas pues y aceptemos este mundo de bushes y presidentes carmonas.