5 oct. 2006

203. I have a dream: Quiero dos premios nóbel

Roger Kornberg ha recibido el Nobel de Química por haber descrito el proceso que permite la transcripción de la información genética contenida en el ADN. Arthur Kornberg, su padre, ganó el Nóbel de medicina en 1959. Esa es la noticia, a mi modo de ver, más importante del día, porque es la que todos deberíamos desear para nuestros propios países. Cuando es posible que dentro de una misma familia la dedicación al estudio se convierta en una constante, quiere decir que las condiciones sociales están dadas para que esa sociedad genere prosperidad en beneficio de todos y de manera expansiva. Porque los talentos en los diferentes oficios no nacen espontáneamente; Johann Sebastian Bach provenía de una familia larga de músicos y José Antonio Ramos Sucre creció a la sombra de varias generaciones de intelectuales en la suya. O, como dice un anuncio que suelen pasar en la televisión aquí en España: si tú lees, ellos leerán. La imagen no puede ser más directa: un señor sentado tomando café mientras pasa las hojas de un libro y a un lado su hija, que lee un libro infantil mientras bebe cola-cao y pasa las hojas a la misma velocidad que su padre. No voy a ser más necio de lo necesario: qué sueño ese el de ver dos premios nóbel venezolanos caminando por las calles de Caracas. ¿De verdad sólo es un sueño?
La educación es el elemento más importante de la sociedad, porque es la articulación hacia el futuro de los descubrimientos del pasado. La Humandiad no estaría donde está sin la ayuda de ese instinto que es el deseo de transmitir los conocimientos. Y, cuando ya ninguno de nosotros esté sobre la tierra, continuaremos en los logros de nuestros genes egoístas. Podemos dormir tranquilos: seguiremos existiendo aunque muramos; y tan sólo quedan 5 mil millones de años para que se le acabe el combustible al sol. hay tiempo para descubrir la manera de alquilar otra casa en el espacio.
Cuidemos celosamente esta que nos han dado, mientras tanto.

4 comentarios:

Javier Miranda-Luque dijo...

Juan Carlos: que leamos, padres e hijos, es un buen principio onírico. Lo del Nóbel ya es cosa de suecos. Leía, sí, mi tataratatarabuelo Sebastián Francisco, pero no logró contagiar a sus coterráneos. Excusa que me cite, pero como dice uno de mis personajes "si por cada cancha deportiva oxidándose en cualquier rincón patrio se hubiese dotado una biblioteca (...) quizás exportaríamos algo más que misses y boxeadores". Persistamos en los sueños lúcidos, lúdicos, irreductibles, irrenunciables...
Abrazo consonante, JML.

segundodebut dijo...

Mi tesis de grado en la escuela de arquitectura fue una biblioteca. Así, a secas, no un centro polifuncionisticomegawaohiperespacialdeconstructivo sino una simple y silvestre biblioteca con techos altos,iluminación natural y bellas vistas. A todo el mundo (profesores incluidos) les pareció rarísimo ¿una biblioteca en estos tiempos de internet? Era como si me dijeran mija tu si estás pasada de moda. A mí el dia de colegio que mas me gustaba, era el dia que me llevaban a la biblioteca. Quizás porque ahí la cosa era como tu dices, no estás en un pupitre aborregado, sino buscando tu mismo lo que te interesa. En fin.

Anónimo dijo...

Es un sueño, mío también y creo que de muchos. Pero no se resuelve tan fácil como otorgando el material sino sembrándolo. Las necesidades urgentes del venezolano convierten a la lectura en una No- necesidad, y lamentablemente a veces en un lujo que no se conoce.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Venezuela tiene urgencias, sí, Nelke; pero la lectura es importante. Que lo urgente no se coma lo importante.
Qué belleza esa tesis, Puroteatro: ojalá que hicieran muchos de tus planos si son como esa idea...
Javier, hay que persistir, que tarde o temprano los sueños se convierten en realidad. Si lo ahcen las pesadillas, pues es de justicia que ocurra lo mismo con los sueños...