3 oct. 2006

200. Por qué (sólo) regalar libros es un triste gesto de ignorancia

En estos días he leído que la estrategia que han elegido en México para aumentar los índices de lectura entre los niños es la de crear bibliotecas en cada escuela y, mejor, en cada aula. El proyecto de bibliotecas de aula y escolares, con un presupuesto de 143 millones de euros, cada año compra una serie de títulos a todas las editoriales que envíen sus libros (después de una rigurosa selección) y los editan a muy bajo costo con la finalidad de abastecer a los estudiantes de esos insustituibles instrumentos tecnológicos que son los libros. Lorenzo Gómez-Morín, hasta hace poco subsecretario de la Secretaría de Educación Pública de México asegura a El País que el proyecto (sin duda pensado para que dé resultados a largo plazo) ha sido muy positivo: "los niños, según los últimos estudios, leen cuatro libros cada año, el doble que sus padres". Supongo que este proyecto permite que los maestros puedan hacer uso de estas bibliotecas para inculcar en sus discípulos el vicio de la lectura y la afición al conocimiento. Y justamente este es el momento más importante de la lectura: ese en el que alguien te estimula, te acompaña, te enseña que el libro no sirve de nada si no lo abres e interactúas con él.
Por eso a mí me parece un despilfarro de dinero y un gesto triste e ignorante de populismo cuando un gobierno lleva libros a una plaza y los regala, sin ocuparse cuál será el destino de esos textos. En un país donde leer no es una costumbre, como Venezuela, regalar un millón de ejemplares mutilados y feos de Don Quijote de la Mancha no sólo es un derroche de recursos (al Estado venezolano esa gracia en particular le costó 1.670.000 dólares), sino un acto perverso: parecen decir "te regalo un libro y te hago creer que imparto cultura, aunque sé que ni tienes las herramientas para leer ese libro que te regalo, porque como mínimo deberías de estar en capacidad de entender el castellano del siglo xvii, ni el sistema educativo de Venezuela te dará las herramientas para que te acerques a ese libro que te regalo. Lo mejor que puedes hacer con él es venderlo. Que fue lo que hizo muchísima gente, según me cuentan.
Y es que regalar libros no acaba con el analfabetismo funcional ni ayuda a inculcar el vicio de la lectura en la población; sin bibliotecas, esto es, sin el lugar donde el individuo se relacione adecuadamente con este delicado instrumento tecnológico que es el libro, parece casi imposible que pueda cumplir su función a cabalidad. El conocimiento de los libros no se obtiene untándose la portada en la cara o calentando el lomo debajo del sobaco. Lo único que vale es sentarse a leer. Todos los demás métodos son inútiles. Por ahora.

¡Este es mi post 200! ¡y seguimos pa'lante!

6 comentarios:

Ophir Alviárez dijo...

Creo que tienes razón. Habría que, dados los recursos con los que se cuenta, impartir clases, atraer a los futuros lectores, implementar una campaña que hable no sólo de regalar un libro, sino del porqué ese libro puede abrirle las puertas a quien lee, enseñándole, develándole, y sobre todo sentando las bases para que un día, quizás, podamos percibir ligeros cambios. La cultura, amigo mío, la cultura..

Saluditos,

OA

Anónimo dijo...

¿Podrías explorar un poco sobre la situación de las universidades de Venezuela? Mas específicamente sobre la Universidad de Carabobo, me gustaría saber que piensas al respecto. Sin ánimos de jalar bola, me siento orgulloso de que seas venezolano.

Octavio Vinces dijo...

Dentro de América Latina, México es un ejemplo de promoción de la lectura y también de respeto y promoción de sus creadores. La cultura es la única vía para la formación de ciudadanos. Regalar libros a lo loco no ayuda; por el contrario, quizá emperore las cosas. A propósito, felicitaciones por el post 200.

Icen dijo...

Levanto una tapita de Milanta plus, y brindo por este post 200. un abrazo
ice

Juan Carlos Chirinos dijo...

La cultura, Ophir es cierto, hay que repetirlo dos veces, por lo que dice Octavio, a lo loco no se fomenta nada.
No sé lo de Universidad de Carabobo y no me siento ahora autorizado para decir nada, anónimo, pero trataré de leer; me temo que lo que se encuentre uno puede ser desolador. Gracias por tus palabras, y gracias, chicos, por compartir conmigo esta pèqueña celebración del post 200.

Anónimo dijo...

Entiendo que a veces cuando las cosas son regaladas no se aprecian.Pero eso sólo lo puede decir o saber la persona a quien le hacen el regalo.Tengo 61 años y aprendí a leer con la misión Robinson hace dos años y me regalaron algunos libros que aprecio mucho porque yo no me los puedo comprar y ahora que se leer los aprecio más. He leído algunos, me gustan sobre todo los de cuentos de un escritor venezolano que se llama Julio Garmendia. Cervantes lo he leído por pedacitos porque es bastante extenso.Ahora estamos tomando un curso de redacción y manejo de computadoras aquí en la biblioteca Tito Cardozo de Guarenas, en el infocentro y hemos descubierto esto de poder opinar y escribir por internet.La verdad que creo que para saber si eso de relagar libros funciona hay que evaluar esos programas. Que esto no se ha hecho en nuestro país. Preguntarle a la gente que le regalan los libros qué piensa y si lo lees. En mi caso fue muy bueno y agradezco contar con mi pequeña biblioteca que poco a poco ha ido creciendo con algunos libros que he podido comprar en los libreros del puente Fuerzas Armadas, medio viejitos, pero en buen estado. Y aquí en la biblioteca , pero no es igual que leerlos en la casa. Cuente con una admiradora Guarenera y esté seguro que leyéndolo a usted es una forma también de aprender a escribir cada día mejor.

cordialmente;Lucía Sarabia.
hoy creamos direcciones de correo la mía es lucia-sarabia@hotmail.com