3 sept. 2006

Seguramente, son unos bocones


Sanchez Dragó y De Prada, comprimidos por sus egos

Es lo que pensé ayer cuando leí sendos artículos de Juan Manuel de Prada, en el ABC, y Fernando Sánchez Dragó en El Mundo. "Quizá", me dije, "es que estos señores sufren de incontinencia verbal, y no conocen otra manera para drenar sus respectivas obsesiones: hablar, hablar, hablar, decir lo que sea con tal de no dejar espacio vacío entre una idea y otra, acabar con el horror vacui a punta de vocablos, sin importar si se trata de un profundo aforismo o una sandez sin pies ni cabeza". Y concluí para mí: "Sí, seguramente son unos bocones, no personas de malos sentimientos; al menos, yo no tengo razones para pensar eso: que tengan el ego del tamaño de la bandera de España de la Plaza Colón no es suficiente estímulo para ser un hijodeputa; además, no serían los primeros escritores -ni los últimos- que padezcan de 'egomegalia'. Estos señores, como dicen en mi Valera natal, hablan para que no se les pudra la jeta, y escriben para que no les salgan hongos en la uñas". Y con esta considerada reflexión, me quedé de lo más tranquilo y tan ancho.Todo por culpa de dos artículos; el de De Prada, Cayucos al asalto (que tiene acceso en la red aquí); el de S. Dragó, Rubicón (sin enlace, se siente).
De Prada, muy en su línea de acoso y derribo al gobierno socialista, siempre pendiente de apuntar los errores de la administración de Rodríguez Zapatero, no pocas veces con razón, se lanza un análisis (es un decir) de la terrible crisis de los inmigrantes africanos que se montan en un cayuco (un bote de pesca senegalés) y tratan de alcanzar las costas canarias. Muchos perecen, algunos llegan y todos lo hacen porque buscan el futuro en ese paraíso que todos dicen que es Europa. No es un viaje barato: he leído que estos inmigrantes deben pagar 5 mil, 6 mil euros a los traficantes (¿hay otra palabra para estos hijos de puta?) para que los monten en esa ruleta que es el viaje por el proceloso Atlántico. Y aunque los riesgos de morir son innumerables, han llegado decenas de miles este año. Es que el hambre empuja a cualquier odisea. ¿Y qué se le ocurre al De Prada, joven monaguillo irreverente de la derecha española? Nada más y nada menos que esta perla:
"Sin entrar a discutir la inepcia del Gobierno -ya sobradamente glosada- en la llamada «crisis de los cayucos», que durante las últimas semanas ha convertido las costas de las Islas Canarias en las más concurridas de Europa desde que los aliados se lanzaran al desembarco de Normandía, quisiera reflexionar sobre otros asuntos ligados al fenómeno de la inmigración masiva"
Es que hay que ser bien ceporro para comenzar un artículo en defensa de estos seres humanos que sufren las miserias de la inmigración ilegal haciendo esta cabriola semántica en la que la inmigración ilegal se hermana con esa heroica, suicida y deseperada acción bélica en la que, les confieso, si me hubiera tocado participar, habría salido corriendo o, por lo menos, habría exigido a los estadistas, como se les exigía a los generales y estrategos de la Antigüedad, que estuvieran conmigo en la primera fila, bajándose de la lancha conmigo (y con Robert Capa y con Tom Hanks), porque si nos vamos al matadero, nos vamos todos juntos, amigos, no los más pendejos.
El otro artículo que disparó mis (cobardes) pensamientos, y motivo de este post, lo escribió Sánchez Dragó, ese desesperao por la fama que una vez (que lo vi yo en tv) confesó humildemente que antes de que Gabriel García Márquez publicara Cien años de soledad, él ya había escrito un cuento con el mismo tema... En fin.
S. Dragó se despacha en su artículo contra la decisión futura de que los inmigrantes tengamos derechos civiles en España, como votar, por ejemplo. Y advierte que por estar dándole derechos a los inmigrantes de la época, los bárbaros, Julio César dio inicio a la decadencia del imperio romano. Que cuidado, que eso le iba a pasar a España. Lean el final del artículo:
"Le aconsejo [a Rodríguez Zapatero] que saque tiempo, por el bien de sus gobernados y por el mío propio, para echar una ojeada a otro libro: Rubicón, de Tom Holland (Planeta). Así se enterará de cómo Roma dejó de ser un Estado de Derecho -figura jurídica que ella misma había inventado-, y empezó a discriminar positivamente a los ilegales que cruzaban el Rhin a bordo de pateras y cayucos o salvaban los Alpes sobre la grupa de lo qeue aún no eran caballos de Atila, y merodeaban luego, sin papeles, por las vías de la metrópoli, a partrir del instante en que un legionario -León viene de legión- y déspota multiculturalista que se llamaba Julio César cruzó el río más infausto de la Historia. Fue, de hecho, ese progre del Foro quien concedió a los galos y a otros naturales de extramuros el derecho de ciudadanía. Aquella tragedia se repite ahora como farsa. Zapatero -¡Ave, César!- está a punto de imitar a éste, de cruzar el Rubicón del Atlántico y los Alpes de los Pirineos, y de conceder el ius civilis -no sólo el ius gentium, que es cosa razonable- a quienes allanan las fronteras y nos okupan con el exclusivo objeto de mantenerse, mediante el empujón de esos votos, en el poder. Eso en román paladino y a los ojos de quienes creen -no es mi caso- que la patria es madre (y, por su etimolgía, padre) tiene nombre. Se llama parricidio. O quizá, doctores tiene la judicatura, traición."
Después de esto, parece que no debería decir nada. El texto es suficientemente claro.
Sólo quiero agregar esto: menos mal que los países latinoamericanos no estaban llenos de xenófobos como este señor, porque si no, muchos de los españoles (y portugueses, e italianos, y armenios, y etc.) que llegaron, después de la Segunda Guerra Mundial, con una mano delante y otra atrás a las costas de Venezuela, de México, de Argentina, etc., no habrían podido establecerse y trabajar y criar hijos y construirse un futuro. Me argumentarán que en algunos países de América Latina los extranjeros residentes no tienen derecho a voto en las elecciones generales sólo en las municipales, y en otros no tienen derecho ninguno. Puede ser verdad, pero eso no justifica el ataque xenófobo y, otra vez, ceporrísimo de S. Dragó.
Mi único sueño es que dentro de pocos años el Alcalde de Madrid sea hijo de senegaleses, ecuatorianos, o de bolivianos o de venezolanos y que se jodan los imbéciles como Dragó, que se contengan las lenguas de los beatos como De Prada.
Y porque no puedo ser el Alcalde yo mismo. Que si no.

2 comentarios:

Hombre Lobo dijo...

¿Te has fijado que cuando los políticos e intelectuales de derechas hablan de temas como inmigración ilegal, piratería o prostitución, SIEMPRE mencionan a las amorfas e intangibles "mafias"? ¿No resulta obvio que en sus bocas esto no es más que un comodín para que la gente no les critique por decir aquello que realmente quieren decir, es decir: "sucios negros/moros/rumanos/gitanos/polacos?

Si es que en el fondo, todo el mundo lleva por dentro un pequeño fascista ansioso por salir.

Juan Carlos Chirinos dijo...

y tendrás, razón hombre lobo...