21 sept. 2006

Por donde salta el cabro grande, salta el cabro chiquito



...dicen en Valera. Por eso, ayer, mientras escuchaba la intervención (o mitin) de Chávez en la Asamblea de la ONU, en vez de sentir vergüenza ajena, pensé un rato en las maneras groseras, chabacanas, totalitarias, intolerantes, decadentes y nada contemporizadoras del alcalde Barreto y de los papanatas (Medero/Britto García) que fueron a hacer el ridículo a la Feria del Libro de Bolivia: ¿cómo no van a actuar así, si el jefe por el que beben los vientos se comporta igual? Sólo son los cabros chiquitos que siguen la senda del cabro grande. Los aplausos de los acólitos en la ONU fueron acallados por los funcionarios del recinto, porque ni siquiera los fanáticos deben olvidar que ese es territorio de todos, no un teatro para hacer campaña. Como el presidente-candidato ya no subecerro, no vaya a ser que alguien le grite su incompetencia en la cara, se va a la ONU a hacer campaña contra el enemigo que su astuta paranoia le ha diseñado: Bush. Trata de que el presidente gringo, por todos los medios, le haga caso y le plante pelea, pero no sabe Chávez que los enemigos que busca su némesis son más gordos que él, que alardea de guapo porque tiene presos los recursos de nuestro Estado. Ninguno de los demás presidentes, ni siquiera sus amigos más queridos del Medio Oriente, como el presidente de Irán, fueron tan estúpidos como para quitarse la razón lanzando, no ya insultos, sino sandeces dignas de compasión, iguales a las burradas que el más borracho de la fiesta profiere mientras todos miran hacia otro lado, conscientes de que está fuera de sí. No en balde lo peor que le podía ocurrir a un griego en la Antigüedad era emborracharse. Y Chávez, ayer, se emborrachó de sí mismo, estaba ebrio de su propia incosistencia. ¿Son los intelectuales chavistas tan vagabundos como para no sentir vergüenza ajena cuando su líder hace semejante ridículo? ¿O bajan la cabeza oportunamente para que les promocione sus libritos desde la tribuna, como hace el moralmente triste Noam Chomsky, que se ha arrimado a este remedo de líder como tantos otros "intelectuales" del llamado primer mundo (José Saramago e Ignacio Ramonet a la cabeza), sólo para sacar beneficios (eso sí: sin abandonar las comodidades primermundistas del imperialismo neoliberal y consumista que tanto odian, sin dejar de publicar en las mejores editoriales capitalistas y sin dejar de cobrar sus merecidos adelantos en euros o dólares)?
En el espectáculo de ayer salimos perdiendo todos: hasta la ONU se ha degragado tanto que estos peligrosos payasos pueden ejecutar su perversión sin que nadie pueda hacer nada. El artículo que The New York Times le dedicó al incidente (que, por cierto, pocos son ya los periódicos internacionales que le dedican la primera plana a sus payasadas, así de cansados estarán), termina diciendo: "Mr. Ahmadinejad did not offer any Iranian oil to poor United States neighborhoods". Será güevón el presidente iraní para andar regalando el petróleo que él necesita para su campaña de odio contra lo que no sea como él. Las pendejadas, como siempre, se las dejan los líderes del mundo a los venezolanos, que para eso son chulitos, con plata y los más ignorantes del grupo.
Qué vergüenza, qué vergüenza de gobernantes, cielo santo. Y mayor vergüenza por los que se quedan calladaditos para asegurar su plato de lentejas (no vaya a ser que les pase lo que a Walter Martínez).

2 comentarios:

Bolboreta dijo...

De acuerdo contigo, una escena patética.

¡Saludos!

Jesús Nieves Montero dijo...

qué triste lista esa que confeccionaste: britto garcía, barreto, walter martínez...

es una lástima que realmente escribo esto y le voy agregando nombres...

igual, salud por la inteligencia!

j.