13 sept. 2006

Poemas en los billetes

Una de las sorpresas más inesperadas que me llevé en mi primer (y hasta ahora, único) viaje a Colombia (en el que conocí el hermoso pueblo de Taganga, de donde tomé el nombre de mi blog, pero esa es otra historia) fue descubrir que en el billete de dos mil pesos estaba reproducido completo, si mal no recuerdo, el Nocturno III de José Asunción Silva ("Una noche/ Una noche toda llena de perfumes,/ de murmullos y de música de alas", comienza) y por el otro lado la efigie del autor. Imaginé el truco pedagógico del portento al que se le ocurrió semejante hazaña: todo el mundo, todos los días, en todo el país se pasaría el poema una y otra vez cuando compraran un mango, pagaran el autobús o pidieran un café. Tarde o temprano ocurriría con los colombianos lo que me ocurrió a mí: se quedarían tratando de leer el poema y mirando la cara del que lo escribió. ¿Se puede urdir una función más útil para un billete? No lo creo. Pensé con tristeza, también, que los billetes de mi país estaban llenos de caras de militares, de batallas, de guerra, de muerte (bueno, ahora parece que al menos el billete de cincuenta mil tiene a José María Vargas y la Plaza del rectorado de la UCV, con su maravilloso reloj de trípode entorchado). Pero aún falta mucho tiempo para eliminar del imaginario venezolano la pesada losa patriarcal de Bolívar -que es epónimo de tooodas las cosas y lugares en Venezuela- y sus militarcitos de la independencia, que ya me tienen podrido, y que conste que lo dice alguien que se dedica a leer sobre ese periodo -justamente, para desmitificarlo-. Que sepan que yo prefiero al Miranda civil y erudito por encima del militar que se dejó engañar por cuatro mantuanos ignorantes y traidores. Prefiero al Miranda que se defendió como un Sócrates exitoso contra la guillotina de Robespierre, que al Miranda ofuscado porque en 1810 los mantuanos seguían ningunéandolo. Prefiero al Miranda que desayuna con la zarina que al Miranda que come mierda en La Carraca, sin duda. Y preferiría que los billetes de mi país estén perfumados de poemas antes que infectos de batallas y galones de esos aterrados seres que tienen que andar con pistolitas encima para que la gente les tenga respeto. Y eso.

Corrección:
Es el billete de cinco mil pesos el que tiene impreso a Silva y su poema...

9 comentarios:

segundodebut dijo...

ah que bueno (je je), cuando cuentes lo de Taganga yo cuento lo del naufragio.

Jesús Nieves Montero dijo...

lo único que te diría juan carlos es que, dada la forma como trabaja la institucionalidad de la literatura en el país, yo estaré aterrado el día que digan que podrán poemas porque lo que menos desearía es tener obligados versos de tarek william en cada billete...

por lo demás, salud!

J.

ps: me hiciste recordar el monumento a los zapatos viejos en cartagena de indias... qué cosas con los colombianos, hacerle un monumento a un poema... y pensar que ni por estar cerca se nos ocurre copiarnos...

Juan Carlos Chirinos dijo...

Sólo faltaba que, por evitar el militarismo hasta en los billetes, nos endilguen una de esas hórridas y decimonónicas odas del gobernadorcito, habiendo tanto Pérez Bonalde, tanto Montejo, tanto Cadenas y tanto Ramos Sucre por ahi suelto...

Juan Carlos Chirinos dijo...

a ver si recupero lo de Taganga, puroteatro...

elCapo dijo...

Ver estos billetes es como ver a Caracas y a Bogotá. Provoca ponerse a llorar.

A nosotros nos sale más el Sol, sí.

Aldebarán dijo...

Lastimosamente, la gran mayoría de mis conciudadanos ignora lo que tiene entre manos cuando paga con un "verde" su almuerzo del día. Pretencioso sería lograr la lectura del escrito, dado el reducido tamaño de los caracteres.

Y más pretencioso aún, aunque fuera de un tamaño legible, que se reparara en ello: dejamos pasar desapercibidas tantas cosas buenas que nos rodean en lo cotidiano.

A la expectativa de los créditos de Taganga.

Juan Carlos Chirinos dijo...

tranquilo Capo, ya vendrán billetes mejores...
aldebarán, lo de taganga lo tengo y lo pondré...

(aka) Rodrigo Coll dijo...

Qué duro es tener que descubrir una y otra vez lo mismo de siempre: la difícil competición del pensamiento con los efectos especiales, aún cuando el efecto especial sea algo así como esa tristeza tipo años 80`s, a lo Jean Claude Van Damme.

Algo más: qué buena noticia saber de tu libro sobre Miranda, más aún en estos tiempos. Estaré atento.

Saludos por allá.

Angel Bermúdez dijo...

Me diste una idea... Gracias
Angel Bermúdez
"Ternuras Asustosas... Homenaje a la Amistad"
http://www.angelbermudez.com