11 sept. 2006

Francisco de Miranda, el revolucionario incómodo.
(entrevista de E. A. Moreno-Uribe)

El novelista Juan Carlos Chirinos ha escrito "Miranda, el nómada sentimental", la más reciente biografía del Prócer. Él ahora subraya los conflictos del quijotesco personaje con Simón Bolívar y otros mantuanos venezolanos

E.A. Moreno-Uribe

Nunca sospechó Francisco de Miranda (1750-1816) que a 200 años de su desembarco en la Vela de Coro para iniciar la independencia política de la provincia de Venezuela, se le ofrecieran tantos homenajes a su magna gesta y que, además, sus compatriotas descendientes comenzaran a escudriñar en su historia, para hacer conocer todas la facetas de su rocambolesca historia. Pero jamás se imaginó que para acentuar más las celebraciones de su bicentenario, un casi cuarentón escritor, y de los mejores, como es Juan Carlos Chirinos se enamorara de su saga e hiciera con ella una biografía, Miranda, el nómada sentimental -336 páginas editadas por el Grupo Editorial Norma- que es más un bien una deliciosa novela histórica, muy bien escrita, que hace amena la revisión de su pasado. Chirinos, desde Madrid, explica que se interesó por el prócer ya que había leído algunos fragmentos de los diarios de Miranda, y desde la época de la Universidad nunca dejó de revisar un librito hermoso: Los clásicos griegos de Miranda, de Juan David García Bacca. "Y cuando surgió la posibilidad de hacer una biografía, no lo dudé un momento y acepté: era mi oportunidad para conocerlo a fondo".
-¿Por qué fracasó o por qué no culminó su campaña admirable? ¿Le tenían miedo los mantuanos metidos a revolucionarios?¿Hay un cierto sino trágico en los revolucionarios que no son comprendidos en su tiempo o son traicionados?
-Cuando Miranda se embarca en la empresa para liberar Venezuela, en 1806, la gente salió corriendo cuando llegó a La Vela de Coro y a Ocumare. Más tarde, en 1810, los mantuanos lo buscan para que los ayude a defender la Primera República. Él acepta, pero pienso que entre su mentalidad cosmopolita (se trata de un hombre que vivió más de 30 años viajando por el mundo, alejado de Venezuela) y la visión más bien provinciana de los mantuanos revolucionarios, había un abismo enorme. Ni Miranda comprendió que ellos no estaban preparados para una revolución al estilo estadounidense o francés, ni ellos entendieron que un movimiento secesionista es algo más que lanzar proclamas y "construir" un Estado ficticio. Cuando los españoles los derrotan (por culpa, por cierto, de la torpeza de un muy novato Bolívar en Puerto Cabello), los mantuanos no dudan en entregar a su cabecilla, Miranda, para salvar sus cuellos y sus propiedades. Algo de cainismo hubo en el final de la Primera República, y en parte se debió a que él no era de la misma clase social que los Bolívar, los Tovar o los Soublette. Pagó los platos rotos el más tonto, y, sin duda, el más peligroso de los revolucionarios. El sino trágico de Miranda "estaba cantado". No es que no se le comprendió; más bien se le entendió demasiado. Si hubiera seguido vivo, Miranda habría sido un estorbo tanto para la corona española como para los mantuanos. Es el revolucionario incómodo, ese admirable musiú nuestro, como lo llama Elías Pino Iturrieta.
-¿Cómo queda Bolívar en este libro, teniendo en cuenta lo que pasó con Monteverde y la famosa negociación que el español después burló?
-No hablo demasiado de Bolívar en el libro, porque en realidad el Libertador no es tan importante en la vida de Miranda. Cuando se conocen, en Londres, él es ya un hombre célebre en ambos continentes; Bolívar, un muchachito impulsivo. De hecho, casi estropea las relaciones diplomáticas con el Primer Ministro inglés, William Pitt, por bocón. Luego, cuando están en Venezuela, Bolívar ve a Miranda como a un héroe; Miranda no le hace demasiado caso, porque Miranda era todo un gentleman; Bolívar apuntaba maneras, pero aún le faltaban tablas. Y sí, Bolívar fue uno de los que prendió a Miranda en La Guaira, prestándose a la traición. Se dice que Miranda pretendía huir con el tesoro de la Primera República; si lo iba a hacer no sería para gastárselo en lujos. Miranda era un hombre recto y demasiado famoso como para convertirse en su vejez en un pillo. Yo creo que lo traicionaron todos ellos. Porque les convenía.
-¿Cuál es el criterio con el que elaboró esta biografía?
-Oír a Miranda, esa fue mi consigna. Me sumergí, y sigo sumergido, en la Colombeia , el archivo de Miranda, para saber qué pensaba, cómo escribía, cómo contaba su vida. Así escribí este libro. Los demás textos de la bibliografía me sirvieron de soporte; pero las palabras de Miranda fueron lo más importante. Ah, y el extraordinario cuadro de Michelena. El Archivo es enorme; de él pueden salir varias biografías, varias novelas, varias enciclopedias.
-¿Cómo fue su método de trabajo? ¿Qué tiempo le consumió?
-Comencé a trabajar en este libro en 2001. Calculo que le dediqué un promedio de cuatro o cinco horas al día. Muchas horas en la Biblioteca Nacional en Madrid; varios viajes a Venezuela a buscar libros, ver su Archivo, fotocopiar algo que no tenía a la mano en España. Formalmente, armé una especie de índice cronológico y a partir de allí comencé mi lectura, la investigación. Es como cuando comienzas un videojuego de estrategia en el que el mapa que debes recorrer está todo tapado por una capa oscura: la vida de Miranda se me fue "apareciendo" a medida que iba leyendo, escribiendo e investigando. Fue como descubrir el Nuevo Mundo. Una delicia.
-¿Qué es lo nuevo o lo nunca antes escrito sobre Miranda en este libro?
-La verdad, creo que todo y nada es nuevo. Después de biografías como las de Picón-Salas o Polanco Alcántara (y la de Inés Quintero, que debe de ser excelente y que no he tenido oportunidad de leer), no creo que yo pueda atreverme a decir que "descubro" cosas nuevas en la vida de Miranda. Lo único que puedo decir con seguridad es que esta biografía es mi lectura personal. La visión de un exiliado venezolano sobre otro exiliado... bueno, hay algo que me gustaría resaltar: Miranda fue el protector del célebre médico militar James Stuart Barry, que en realidad era una mujer disfrazada de hombre, y de la que están haciendo una película en Inglaterra. Barry lo quiso tanto, que le dedicó su tesis doctoral.
-¿Y ahora qué, después de esta biografía? ¿Dónde queda su novelística?
-Ahora mismo estoy terminando un ensayo más bien político, pero cuando me libero trabajo en dos novelas de las que, por supersticioso, no pienso contarte nada. Sólo que una se desarrolla en la Antigüedad y otra en nuestro tiempo. Pero voy poco a poco, sin prisas. Además, todavía tengo una novela inédita sobre el amor en Caracas, a la que le estamos buscando editor. A ver si hay suerte.
-¿Hay planes para venir a Caracas? ¿Sabe de la película sobre Miranda que hizo Diego Rísquez?
-¡Qué ganas de ir a Caracas y a Valera! ¡Qué ganas de comer tequeños otra vez! No sé si pueda ir este año, pero en cuanto pueda escaparme agarro un avión y les caigo por allá. La película de Rísquez no pienso perdérmela, me produce una curiosidad inmensa y me sentiría orgulloso si la pasaran aquí en Madrid.
(El Mundo, Caracas, lunes, 11 de septiembre de 2006)

9 comentarios:

Klaus Meyer dijo...

Felicitaciones por la publicacion del libro.

Juan Carlos Chirinos dijo...

gracias, Klaus, a ver qué tal...

ROBERTO ECHETO dijo...

Maestro, estoy muy orgulloso de Ud. De verdad. Te felicito de todo corazón por la biografía de Miranda, por esta entrevista poderosa y porque Ud. es todo un sensei Chamberlain.

Brindaremos, maestro.

Un gran abrazo.

R.E.

Fedosy dijo...

Que belleza de entrevista. Y cuanta bolas le echaste, chamo! Admirable, si. Felicitaciones, y cuando vengas, comeremos tequenios.

Larga vida a los libros.

F.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Roberto, fedosy,
gracias, panitas, ojalá que no tarden esos vinos ni esos tequeños,
un abrazo

Guillermo Viloria Rojas dijo...

Extraordinaria entrevista,felicitaciones de nuevo paisano.Eres en esencia un gran investigador, te revelas ante el mundo como un gran escritor.¡que orgullo! debes sentir de ser venezolano...Trujillano...Valerano...¡Salud!

Juan Carlos Chirinos dijo...

gracias, Guillermo...

Enrique dijo...

Juan Carlos, tremenda entrevista, y mejor foto. Te ves inteligentísimo.

Un abrazo desde mi Carraca.

Juan Carlos Chirinos dijo...

jajaja Enrique gracias! Que tu Carraca te sea leve!