30 sept. 2006

Escritores sensibles, críticos inexistentes

Hace como tres meses, más o menos, me encontré en Lavapiés por casualidad con el editor y periodista Sergio Dahbar, que merodeaba por allí atraído por una exposición fotográfica. El saludo, como siempre que uno se encuentra con gente de Venezuela, fue afectuoso; y de inmediato lo invitamos a que se tomara un vino con nosotros, esa sana costumbre aprendida en este, mi país de adopción y del que, según algunos de los que vienen a hacer comentarios en este blog, estoy (más) enamorado. Quizá no les falte razón. Pues bien, en ese breve vino que compartimos, acribillamos a preguntas a Sergio sobre el país, sobre el periódico (El Nacional) en el que trabajaba entonces y su nueva rotativa, etc. Y de libros, claro, porque él es el editor de ese best seller nuestro que se llama Chávez sin uniforme, de Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka, y que desde hace algún tiempo se vende en las librerías de Madrid, donde lo compré yo. Y como estábamos comentando sobre el curioso (pero muy feliz) boom editorial y de librerías que está experimentando Venezuela hoy en día, aproveché -sabiendo que él era en esos momentos (no sé si lo es aún) una de las opiniones más prestigiosas dentro de su periódico- para decirle que no comprendía cómo El Nacional, en cuyo universo se mueven por lo menos cinco proyectos editoriales, no le daba más espacio a El papel literario y, mucho más importante, a la crítica y promoción de libros. Recuerdo que le dije que el nivel de un país también se puede medir por la cantidad de suplementos culturales que ofrecen sus medios de comunicación y él estuvo de acuerdo conmigo, aunque no pudimos seguir hablando de eso, porque debía encontrarse con sus amigos para visitar la exposición que lo había llevado hasta la plaza de Lavapiés. Supe con alegría, meses después (y a través de un post de Rodrigo Fino, que mantiene su Según como se mire desde Buenos Aires), que Sergio había fundado El librero, una revista (creo, obvio, que dirigida a los libreros) donde se reseñan las publicaciones que se venden en Caracas, y pensé -la vanidad siempre le tiende esas celadas a uno- que quizá nuestra mínima conversación había contribuido en algo a la (muy acertada) decisión de llenar un nicho -el de la recensión crítica- que, en Venezuela, es ancho y ajeno.
No han sido pocas las veces que he declarado que en nuestro país los críticos se hacen los longuis y no se dedican a hacer su trabajo natural, que es el de comentar los libros que van apareciendo en el país, pues la creación en una nación necesita del correlato que lo ilumine desde otro foco; o, como mucho, se dedican a hablar -muy cosmopolitas y muy en su derecho- de los libros publicados en otras latitudes -o de los sempiternos autores muertos de toda la vida, Ramos Sucre, Teresa de la Parra, Carpentier y Lezama Lima a la cabeza-. La ceguera voluntaria de los que se supone que deben ejercer la crítica nacional es un vicio que, según algunos (como Eduardo Casanova), ya es una muy vieja costumbre; y a mí me parece rarísima costumbre teniendo en cuenta que Venezuela no es, precisamente, un país de gente tímida a la hora de opinar.
No es raro ver en los periódicos largas y sesudas críticas de los libros (a veces tramposos) de Paul Auster o de escritores tan supinamente aburridos como Roberto Bolaño o Sergio Pitol, incluso comentarios entusiastas sobre el último libro de (mi diosa) Amelie Nothomb; pero (y pongo poquísimos ejemplos) sobre No habrá final, de Roberto Echeto, El elefante, de Fedosy Santaella, Bengala, de Israel Centeno, Los cristales de la noche, de Carlos Noguera, El round del olvido, de Eduardo Liendo, Nueve mil kilómetros y tu abrazo, de Juan Carlos Méndez Guédez o Amo perdido, de Tomás Onaindía resulta una milagrosa novedad ver que alguien le dedique unos momentos de su tiempo critiquero. De la última novela que he visto cierto entusiasmo es de Falke, de Federico Vegas, de la que Emilcen Rivero me dijo en la feria del libro de Caracas del año pasado que se se trataba de la "nueva Doña Bárbara", aunque no percibo que remonte el Arauca con la misma suerte entre los críticos de oficio. Como se ve, la literatura venezolana sigue brotando generosa como un manantial, ajena a que los que la prueban sean incapaces siquiera de hacer un gesto de repugnancia o amargor.
Por eso leí con enorme interés (y confesa alegría) el prólogo a De la urbe para la orbe del crítico y profesor universitario Luis Barrera Linares que Ficción Breve publicó, pues es una señal de que los críticos venezolanos aún se interesan por lo que es su campo de trabajo natural: la literatura venezolana. Dice varias verdades allí Barrera Linares, y se entusiasma porque aparecen nuevos narradores patrios. Comenta una antología de 15 autores nacidos entre 1959 y 1981, y coincido con él en que no hace falta ser jovencísimo para ser un nuevo narrador. Además, en esa antología está incluida Enza García Arreaza que tiene, a mi modo de ver, un talento enorme y en plena eclosión. Al final de su texto, Barrera Linares acota, entre sabio, pontífice y regañón:
Valga recordar para cerrar esta presentación que -a mi muy modesto y personal parecer- la generación emergente viene a llenar definitivamente algunos de nuestros lugares vacíos, sin que ello implique una ruptura con el pasado de nuestra narrativa pero, eso sí, con posibilidades ciertas de pasar a ser narradores latinoamericanos (y dejar de ser sólo narradores venezolanos, como lo hemos sido hasta ahora el resto). Sin embargo, consciente de la hipersensibilidad extrema con que se han desarrollado algunos de nuestros escritores que claman recurrentemente por la crítica pero la niegan cada vez que les es adversa, así como he expresado mi satisfacción por el contenido de este volumen, también es mi deber dejar claro que la responsabilidad a todas luces manifiesta en estos textos será su acicate principal a la hora de juzgar, aceptar y tolerar la futura crítica (adversa o elogiosa) que puedan recibir en el transcurso de su carrera como escritores.
Como sé que siempre he agradecido las críticas y reparos que críticos como Barrera Linares han hecho de mis propios libros, me atrevo a romper una lanza a favor de nosotros, los hipersensibles escritores: no, yo no niego la crítica, profesor Barrera Linares, al contrario, yo clamo por ella en este desierto en el que se ha convertido. Yo sigo escribiendo y tratando de publicar, ¿está dispuesto usted a cumplir con su parte? Echo de menos las cáusticas y pasionales críticas de una Alicia Perdomo, sueño con que en Venezuela se pueda leer cada semana una revista como El Cultural o el suplemento literario del diario ABC, de Madrid. Quiero para mi país, en difinitiva, críticos que lean su literatura y hagan su trabajo: comentarla, recomendarla, condenarla, estudiarla. Porque no sólo de fuentes, pitoles y bolaños viven los apetitos lectores de los venezolanos.

18 comentarios:

GJPW dijo...

No sé si le has echado una vista al 2666 de Bolaño. Pero me parece que está muy lejos de ser "aburrido."

En lo demás estoy de acuerdo contigo.

Saludos

--Guillermo

Anónimo dijo...

En estos días, viendo con tristeza el papel literario, sus escasas páginas, viendo las porquerías de revistas dominicales que expresan, con puntualidad, los índices crecientes de frivolidad venezolana, pensaba sobre la falta que hace tener buenas publicaciones culturales. Así que, de acuerdo contigo en buena parte de los que dices en este post.

Ahora, me deja perplejo lo que dices de Bolaño y Pitol. Me parece una "boutade" que mancha el artículo y que de verdad lo deja a uno perplejo. Decir algo así de Bolaño, tan a la ligera, y sobre todo siendo escritor, me parece un desatino de marca mayor. Ser escritor y lector, joven además, y no entender la importancia de Bolaño en la literatura contemporánea me parece una contradicción. Pero bueno, tampoco quiero ponerme talibán en materia de gustos literarios.

Saludos.

Rodrigo

ROBERTO ECHETO dijo...

Aparecieron los bolañeros de costumbre...

Juan Carlos Chirinos dijo...

amigos Gjpw y Rodrigo, lo bueno de los gustos literarios es que cada uno tiene el que le apetece; respeto su afición a Bolaño y a los escritores que ustedes consideren buenos. Yo sólo puedo argumentar que por más que los leo, no logro "engancharme" con ellos, por decir lo menos. Me parecen lecturas aburridas, la verdad, qué se le va a hacer. No creo que tenga que ser una "boutade" decir que me parecen aburridos estos (u otros escritores); yo no escribo opiniones "a la ligera": soy un lector, leo con los sentidos abiertos y soy libre de dar mi opinión sobre lo que leo, sea esta positiva, como en el caso de Amelie Nothomb (o Coetzee, o etc.), o de tedio, como en el caso de los autores que cité.
Todo lo demás es trabajo para los críticos literarios, no para mí.
saludos.

Anónimo dijo...

Lo de Bolaño es una jugada maestra de su editori Herralde. Dijo que era un genio y salieron los loritos a repetirlo y a repetirlo.
Bien por Herralde, lástima por Bolaño que no disfrutó de su gloria.
Pero sus novelas y sus cuentos son una soberana LADILLA.

Anónimo dijo...

AaaH ok. No sabía que bastaba con que un editor dijera que un escritor es un genio para convertirlo en un éxito. Gracias.

Con respecto a lo de los gustos, a la sensiblidad de los escritores con sus lecturas, la sensibilidad del escritor como crítico, cito esta frase de Ricardo Piglia que puede ser interesante:

"EN la polémica interna de la poética de los escritores se usan los escritores del pasado para no discutir personalmente".

En este caso, lo cual lo hace más interesante, se trata de escritores contemporáneos...

Rodrigo.

GJPW dijo...

Ni de vaina soy "bolañero." Simplemente me gustan el 2666 y Los detectives salvajes. (El viaje de Pitol también me parece muy arrecho.) Me identifico con sus versiones del desarraigo.

En particular, me interesan los vínculos entre esas dos novelas de Bolaño y la única novela de Roque Dalton, Pobrecito poeta que era yo.

Pero es verdad, cada lector tiene derecho a sus gustos.

--Guillermo

Juan Carlos Chirinos dijo...

no conozco la novela de Dalton, Gjpw, a ver si la busco en la Biblioteca.
No entiendo, Rodrigo, la cita de Piglia, debe de ser la hora en la que escribo.
Lo de Herralde no lo sabía, la verdad; sin embargo, no parece ser mala estrategia: aunque yo conozco mucha gente en Venezuela que trasverbera con los detectives salvajes.
te confieso, GJPW: no he leído y no creo que lo haga ya, 2666; me da pelín ladilla.
Saludos a todos y sigan dando caña, como dicen aquí, y opinando, claro...

GJPW dijo...

Bueno, con lo de Dalton y Bolaño, ellos se conocieron en San Salvador en 1974, un poco antes del asesinato de Dalton por sus "camaradas" (incluyendo el hoy en día profesor de Oxford, Joaquín Villalobos).

Pobrecito poeta que era yo (San Salvador: UCA Editores, 2005) tiene 5 libros separados (igual que 2666) y me parece que influyó mucho el estilo de Bolaño en sus novelas largas. Por ejemplo, el enfoque de Dalton en la bohemia de San Salvador en los años 50 y 60 tiene una lineas que van directamente hacia los hippies chilangos de Bolaño en Los detectives salvajes.

Entiendo que para muchos lectores Bolaño podría ser aburrido o un escritor con demasiado "hype" editorial. Tengo que admitir que el anti-Chavismo de Bolaño me ha gustado mucho. Y no me han interesado tanto sus novelas cortas.

A lo mejor te guste Pobrecito poeta que era yo. Me parece que es una gran obra, aunque no se haya leído o estudiado tanto como su poesía.

Saludos,

Guillermo

Juan Carlos Chirinos dijo...

Guillermo, cuando digo que Bilaño me aburre pienso en lo que he leído de él: los detectives, llamadas telefónicas y alguna novela más que no recuerdo el nombre. Leí hasta que ya estaba demasiado frustrado como para seguir gastando mi dinero en sus lirbos. Su posición política no entra en ese juicio ni para que mejore ni para que empeore. Estaremos de acuerdo que una cosa son los libros y otra muy distinta los escritores. Por ejemplo, yo no leo a Cela. Sé que es un gran escritor, pero yo no leo hijos de puta. Ni a Saramago, ni a Ramonet. Hay demasiados libros en la Biblioteca Nacional y espero no tropezarme con ninguno de los de estos personajes.

GJPW dijo...

De acuerdo.

Es que en el mar de escritores hijos de puta que andan alabando a nuestro Tamakún fascista, me encantó encontrar estas palabras de Bolaño:

"Dios bendiga a los hijos tarados de García Márquez y a los hijos tarados de Octavio Paz, pues yo soy responsable de esos alumbramientos. Dios bendiga los campos de concentración para homosexuales de Fidel Castro y los veinte mil desaparecidos de Argentina y la jeta perpleja de Videla y la sonrisa de macho anciano de Perón que se proyecta en el cielo y a los asesinos de niños de Río de Janeiro y el castellano que utiliza Hugo Chávez, que huele a mierda y es mierda y que he creado yo.

Todo es, a final de cuentas, folclore."

("Los mitos de Cthulhu," Palabra de América, Seix Barral, 2004)

Octavio Vinces dijo...

No sé si esté en lo cierto, pero a veces veo a la literatura venezolana como un muestrario de esfuerzos aislados, inconexos, aparentemente incapaces de despertar diálogos. Tal vez mi visión tenga algo que ver con Bello y su exilio. O con la proliferación de autores de una sola obra. O con cierto estilo de burócrata que, por ejemplo, vive de la universidad pública y edita en Monteavila. El panorama es, en todo caso, nefasto e injusto. Que Eduardo Liendo, por citar a uno de la lista de Chirinos, no sea ampliamente conocido fuera de Venezuela -y tampoco en Venezuela, no nos caigamos a cova- es simplemente un verdadero sinsentido. Y lo es porque existen escritores españoles y latinoamericanos de calidad muy inferior que sí lo son, y además venden y son entrevistados y reseñados (no me refiero ni a Pitol ni a Bolaño, en mi opinión dos indiscutibles, a pesar de que en sus obras puedan existir textos prescindibles). Es preciso generar un diálogo desde adentro para luego generar un diálogo hacia afuera. La cultura venezolana está más viva que nunca, pero sigue en una situación de aislamiento.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Toda la razón, Guillermo. Suscribo las palabras de Bolaño.
Yo creo, Octavio, que la escritura es un acto aislado; pero la promoción es tarea de las editoriales y la "cadena de produccíón" editorial: críticos, periódicos, agentes, lectores, etc.
Hay qye fomentar más la lectura, promocionar más a los escritores y dejar que los editores apuesten por escritores que sean "rentables"; publicar porque sí a todo el mundo es tan estúpido como mantener silencio.
Hay buenos ecsritores y malos escritores; que sea la "cadena de producción" la que decida´, no el día de la bandera.
saludos!

Octavio Vinces dijo...

No crees, Juan Carlos, que algunos proyectos, digamos, grupales han sido importantes para la difusión de algunas literaturas? No lo ha sido también en ocasiones el surgimiento de alguna figura importante capaz de congregar y generar un diálogo hacia afuera?? Para mí el caso de Octavio Paz es emblemático, pues más allá de las críticas o animadversiones que pueda haber generado (coño, de nuevo Bolaño!!), me queda claro que hizo una labor encomiable por generar un diálogo al interior de la cultura mexicana y,además, desde la cultura mexicana hacia la cultura del resto del mundo.

Analizar por qué algo así no ha sucedido en Venezuela sería quizá una labor titánica o bizantina. Pero a mí me parece que quienes estaban llamados a hacerlo no lo hicieron, quizá porque no quisieron o porque no los dejaron.

Estoy de acuerdo con que el mercado sea el que decida qué consumir. Lastima que existan esos idiotas llamados editores que son todos un elemento distorsionador del mismo.

Chamo, en verdad te gusta tanto Amelie Nothomb?

Saludos y te invito a visitar mi blog.

Juan Carlos Chirinos dijo...

El Estado está en la obligación de fomentar la lectura, debe hacer que sus ciudadanos tengan ganas y sepan cómo llegar a los libros como onjetos de conocimiento, Octavio; la difusión de la literatura venezolana es un tema complejo porque, aparte de los autores "clásicos", ¿cómo sabemos qué es lo que hay que promocionar? En una industria editorial sólida esto se va desarrollando solo. Y quizá de entre todos los editores que tú llamas "idiotas" (opinión que no comparto) salga uno que tenga el olfato suficente para publicar a los buenos y a los rentables.
Soy un devoto lector de Am,elie Nothomb desde que leí "El sabotaje amoroso"; aunque a veces escribe libros más aburridos que otros. Pero ya se sabe, publiocando una novela al año, es difícil mantener el listón alto. Pero sólo por esa novela y "Atentado" tiene un lugar entre mis preferencias.
Pasaré por tu blog con regularidad, gracias,
saludos.

Octavio Vinces dijo...

Convengo contigo, Juan Carlos, en que generalizar no es bueno. Lo que pasa es que he conocido a cada especimen...

Tomo nota de los títulos de Nothomb y trataré de ubicarlos.

Un abrazo

Ignatius dijo...

Bravo! por fin opiniones disidentes acerca de la obra del infumable Roberto Bolaño. Parece que es un pecado decir que a uno no le gusta. Hace meses tuve una discusión con un pesado del staff de relectura que se enfureció conmigo porque dije que Bolaño como prosista me parecía mediocre. Oh! Se abrieron las puertas del infierno! Bolaño el dios, el padre de la literatura del nuevo milenio!
Parece que es un pecado disentir de estos "bolañitos" que repiten como loros que el tipo fue un genio, etc. Parte de esa mitificación de Bolaño se debe, entre otras cosas, a su prematura muerte.

Juan Carlos Chirinos dijo...

quiero insistir en que cada quien es libre de leer los p¡libros que le produzcan su particular placer. Discutir sobre si un escritor es mejor que otro es inútil; el favor de los lectores es voluble y hay que esperar mucho tiempo para que un libro se consolide de verdad. A mí no me gusta Bolaño (he leído, para que no quedara y porque lo encontré en una biblioteca) "2666", con el mismo resultado que los libros anteriores: tedio y más tedio. Definitivamente, no es el tipo de lecturas que a mí me entretienen. Si fuera crítico literario me vería obligado a analizar estas obras, pero no es así.
En fin, los escritores a escribir, los críticos a orientar y el estado a construir bibliotecas y fomentar la lectura para quie haya cada vez más lectores. Ese sería un posible estado ideal de las cosas, ¿no lo creen?