12 sept. 2006

El pupitre y el culto de la mediocridad

Estoy convencido de que uno de los instrumentos más efectivos para adormecer la capacidad de raciocinio en la escuela es el pupitre. En realidad, me refiero a la ecuación pupitre/frente a la/pizarra. Desde muy pequeños, desde primer grado, somos obligados a sentarnos (mejor, a encajarnos) en ese incómodo asiento y a mirar durante cinco, seis horas hacia delante (con breves pausas llamadas, significativamente, recreos); nos enseñan desde párvulos a mirar hacia la pizarra, allí donde una persona se dedica a atiborrarnos de información muchas veces sin ninguna gracia ni talento oratorio. A este ejercicio le llaman cumplir los objetivos
Y, claro, como estamos en una edad inquieta, nos revolvemos en ese pequeño potro de tortura, lo rayamos, le pegamos chicles por debajo, nos balanceamos en él, nos jurungamos unos a otros, nos tiramos papelitos: finalmente, él es más poderoso que nosotros y terminamos dominados.
Esto lo puede constatar un observador externo a las nueve de la mañana si se pasea tranquilamente por los pasillos que dan a los salones de cualquier escuela: reina un silencio sepulcral, en realidad un silencio pupitral: todos los alumnos están encajados en sus maquinitas de embrutecer, mirando hacia el frente, tratando de captar algo de lo que se dice por allá, en las alturas de la pizarra. No me extraña que haya tantos niños con los llamados problemas de atención, porque lo que se requiere de nosotros no es capacidad de atención sino ascensión al nirvana. Ni un gato está más quieto cuando va a cazar un pájaro, ni un león está tan inmóvil cuando va detrás del ñu.
Estoy seguro de que si la educación prescindiera de esa puesta en escena a la hora de enseñar, si optara por una nueva relación con el conocimiento -quizá la que Aristóteles probó con el joven Alejandro y sus compañeros en el santuario de Mieza, una que no molestaría para nada a Simón Rodríguez ni a Bertrand Russell- sería más fácil hacer que todos cojan el gusto por el asunto más pronto. No se trata de un canto a la indisciplina; se trata de traer la educación a nuestro tiempo; porque, ¿alguien se ha dado cuenta de que esto de los pupitres ya lo usaban en Salamanca cuando fray Luis de León daba clase allí? En muchos aspectos, la educación que recibimos sigue siendo de corte medieval, llena de ideas preconcebidas que van más allá de la simple enseñanza de la regla de tres o de las características de la mitosis: nos educan para que tengamos una determinada visión del mundo, para que, por igual, rechacemos o adoremos (que es lo mismo) lo tortuoso, no el saber. No hay nada que incentive más el embrutecimiento del espíritu que la rigidez del que enseña, más interesado en establecer una jerarquía que en compartir gozoso un conocimiento. En una sociedad de borregos importa más la vanidad del maestro que la lumbre de la verdad. Por eso quizá he sentido siempre lo acertado de la siguiente frase, que leí en un poeta alemán cuyo nombre he olvidado, y en la que se puede sustituir la palabra universidad por centros de enseñanza: la universidad es el lugar donde la mediocridad rinde culto al genio. Y el pupitre es su reclinatorio, agrego yo.

9 comentarios:

Franca Alejandra dijo...

Los pupitres son en mi opimion un excelente medio de expresión ante la represión que implican, no soy capaz de culpar a ningún alumno que labre en ellos frases de amor, odio dolor o groserías porque pobres chicos de algún modo tienen que liberar el dolor acumulado en las nalgas y en la dignidad al verse "obligados" a permanecer ahí sentados en cada turno de clase!
rEcuerdo los que usé con cierta grima, pienso ahora en los que usa mi hija, hubiera deseado que siempre hubieran sido de esos fabulosas acolchados y con mesita independiente ( solo disponibles en colegios clase AA ) y no los terribles modulos de una pieza, en realidad me dolián las nalgas...que horror!. Y no logro recordar los que uisaba en las universidades que asistí, la verdad no logro recordarlos! OH! Pero que horror ver a un adulto también obligado a estar ahí "empotrado"...
Ahora que leo tu post caigo en cuenta e internalizo que realmente uno de los primeros causantes de los déficits de atención, regaños etc deben ser los pupitres...
qué sería lo ideal entonces? me has dado un buen tema para analizar...
Saludos
F!

Larry dijo...

Epa chamo, casi cada artículo que escribes me da una idea para escribir yo uno, así que me tienes repleto de ideas que no he podido completar. La dictadura del pupitre es la dictadura de la uniformidad, si te pones a ver. Lo mejor sería que cada uno recibiera una educación lo más personalizada e individualizada posible. Después de todo, cada persona es un mundo y cada niño es un mundo de posibilidades y potencialidades esperando por ser descubiertas. Pero la idea de la educación masiva no puede con tanta diversidad, se tiene que conformar con imponer una medida para todos. Obviamente los más brillantes son obligados a reducirse al nivel de los más tontos, a su rapidez y su capacidad. De allí la máquina de embrutecer, como la llamas.

Saludos.

Jesús Nieves Montero dijo...

por venezuela no te preocupes: ya con las misiones en las cuales te pagan, no vas a ningún pupitre (ni siquiera a un aula) y te dan tu título es el modelo educativo revolucionario...

salud por los procesos de aprendizaje osmótico!

j.

Diana dijo...

Chicos hay que volver a la escuela peripatética. Bien lo has dicho JC CH, así daban las clases, los sabios y los maestros. El pupitres es ortopedia y el salón de clases tambien. Simpre odié los zapatos ortopédicos de mi hermanito, hubiese sido más sexi, si lo huberan dejado con los pies planos. Lo prometo. No, mejor lo juro.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Franca, me alegra que te interese tanto el tema como a mí: hay que pensar en esto siempre.
Larry, gracias por seguir mis posts y "acompañarme" con tus reflexiones. No sé cómo se puede hacer para que la masificación no se coma a la calidad. Es un tema largo para escribir.
Jesús, ojalá no tuvieras razón, pero me temo que eso está siendo así. ¿Dönde se pued eleer sobre eso?
Ouroboros, los zapatos ortopédicos, los odiaba trambién! Pero al menso esos son para ayudar al pie a crecer; lo de los pupitres no e sortopedia; es lecho de procusto.

saludos a todos!

Maléfica dijo...

Me hiciste recordar que en algunas aulas de mi facultad los pupitres estaban unidos con barras de metal para que no los sacaran de los salones. El propio instrumento de tortura.
¿Pero cómo va a haber un nuevo proceso de educación si a los maestros los forman con el mismo estilo y en las mismas aulas con pupitres torturadores? No pueden ofrecer lo que no han experimentado.

ROBERTO ECHETO dijo...

Hermano Juan Carlos, cuando yo estudiaba cuarto grado, tenía un amiguito que era un genio y que se llamaba Gonzalo.

Gonzalo vivía dibujando las ruedas, el volante, la palanca, el cenicero, los botones para subir los vidrios, los faros y hasta la placa de un hipotético auto. Luego recortaba todas esas figuras y las iba pegando en su pupitre, de manera que él, en lugar de sentarse en un pupitre normal y corriente, se sentaba en su LTD Landau.

Nunca más he visto a la imaginación luchando de manera tan enconada contra la brutalidad de ese magisterio y de todos los magisterios.

Un gran abrazo.

R.E.

P.S. Cuando el pupitre de Gonzalo se parecía demasiado al LTD Landau de sus sueños, la maestra Belkys le ordenaba a mi amigo que volviera al mueble de marras a su forma original. Gonzalo. niño obediente al fin, lo hacía, pero al poco tiempo estaba otra vez con sus marcadores y sus tijeras construyéndose la nave de sus sueños.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Se puede revertir el daño, maléfica, porque nosotros también estudiamos en pupitres y mira, sabemos cuánto matan el deseo de aprender.

Gran Roberto, ese cuento es una belleza, y Gonzalo nuestro profeta. ¿Dónde estás, profeta Gonzalo?

segundodebut dijo...

Bravo por Gonzalo!!!! Abajo las Belkis.