7 sept. 2006

El artista y el poder

Vuelvo a pensar en las relaciones entre los que tienen el poder de la creación y los que detentan el poder de decisión, porque leí esta noticia en El País en la que se informa que Pepe Rubianes suspende su espectáculo en Madrid sobre Federico García Lorca porque se ha sentido presionado por el alcalde constructor de esta ciudad, Alberto Ruiz Gallardón, que ya avisó que no piensa contratar al artista. Está en su derecho y está en su derecho Rubianes de llevarse su espectáculo. El trasfondo del asunto son las declaraciones del artista sobre la Guerra Civil, que no han sido del agrado de Gallardón ni de su partido. También leo hoy en El Cultural que los trabajadores de la Biblioteca Nacional de España se han rebelado contra la actual directora, Rosa Regás, acusándola de prácticas dictatoriales y abuso de poder. Entre otras cosas, la directora quiere mover una estatua de don Marcelino Menéndez Pelayo del sitio donde está para llevársela al jardín. Digo yo que harán falta otras cosas más importantes en una biblioteca que estar moviendo estatuas que a nadie le estorban. Estos casos me recuerdan la dolorosa noticia de que un nutrido grupo de artistas venezolanos, premios nacionales de sus respectivos oficios, han firmado una carta pidiendo la sandez de un gobierno de transición en Estados Unidos preocupados, dicen ellos, por el bienestar de los estadounidenses y de la Humanidad, pero que no pueden ocultar el tinte electorero, espaldarazo político para su candidato-presidente, el mismo que usa los recursos del Estado para hacer campaña. Un documneto que no honra para nada a ninguno de su firmantes, sino al contrario, los convierte en fieles rubricadores, cervices agachadas, albedríos entregados a cambio, quizá, de unos cuantos honores. Triste papel.
¿Es ese el rol de los artistas, de los intelectuales?
Todavía recuerdo cuando un grupo de notables creadores (entre los que estaban, si no me falla la memoria, algunos de los que hoy firman contra el sistema de gobierno estadounidense y son renegadores consuetudinarios del pasado bipartidista venezolano) aceptó la invitación del entonces presidente Carlos Andrés Pérez al Palacio de Miraflores para debatir con él el futuro del país. ¿Qué hacían allí? ¿Le recordaban sus deberes como mandatario o se arrimaban al poder con esa fruición excitante que sólo da el carisma de la parafernalia? ¿Es lo que hacen ahora? ¿Le recuerdan al poder que el rey está desnudo, o van ellos también con las vergüenzas al aire, tan contentos de estar siempre cerca de la lumbre del poder?
La función del intelectual y del artista en una sociedad es difícil de determinar en estos tiempos, toda vez que el artista se ve oligado a estar de uno u otro lado, de pactar con un grupo u otro, de ser empleado de este empresario o de aquel. Su única libertad, como la de todos los profesionales, es la de decidir si se queda o se va. Como casi todos los que ejercemos las artes liberales, el artista sólo está seguro de que es dueño absoluto de su hambre. Sin embargo, cuántas veces más triste es tener que bajar la cabeza ante aquel que sólo es un funcionario público que debe administrar con sensatez la riqueza que pertenece a todos. Cuánto más triste es ver al intelectual haciendo malabares teóricos para justificar los disparates del gobernante que ni siquiera tiene claro un proyecto de país y que sólo actúa movido por involuntariedad de las entrañas. En una sociedad democrática el artista puede aspirar a cierta independencia de pensamiento, aunque muchas veces se vea coartado por los trucos del poder, com en el caso del affaire Rubianes/Gallardón. Alguna salida siempre queda, y el ingenio es todas las veces más rápido que el apetito del poder. Los únicos virus para los cuales el poder político no tiene defensas son la ironía y el humor. Pero en un régimen donde la palabra verdadera sólo pertenece a una persona, el humor y la ironía son los primeros talentos que se suprimen. Una como ceñuda presencia se instala en las plumas, los pinceles, las claquetas, las máscaras y las batutas y hace que los artistas empiecen a hablar y a crear en la dirección del führer. La disensión se paga con el ostracismo (Walter Martínez); la fidelidad perruna, con halagos, dinero y premios (Román Chalbaud).
Mi admirado profesor, Jesús Olza, s.j., nos dio una vez un consejo que nunca he olvidado: las ideas se cristalizan en la cabeza, no hay que dejar que eso suceda, porque cuando sucede, empezamos a envejecer. Y a morir, digo yo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno, caballero. Muy buen texto. Es muy duro ver que tanto intelectual admirado tenía los pies de barro, y el bolsillo del ego ávido de dos o tres cariñitos.

Juan Carlos Chirinos dijo...

es duro, sí.

Kira dijo...

A mí no me parece mal trabajar con el gobierno siempre y cuando quieras hacer país y no gobierno... así que si justificas sus boutades y mamarrachadas sencillamente es que estás atragantado con el bozal de arepa. Es de verdad lamentable ver que gente que uno respetaba anda ya ahogado de masa.

Juan Carlos Chirinos dijo...

y muy triste, Kira, muy triste ver tanta masa en la boca de la gente