31 ago. 2006

Miranda, el nómada sentimental

Muy pronto estará en la calle mi biografía de Francisco de Miranda, que tanto placer y aprendizaje me ha dado estos últimos años. La editorial Norma, que ya publicó mi novela y mis dos biografías para jóvenes, ha confiado en mí otra vez, temeridad que les agradezco para siempre. Deseo a quienes la lean que disfruten tanto como yo lo hice mientras la investigaba y escribía. Les dejo un pequeño fragmento, para que vayan teniendo una idea, y el estudio de Arturo Michelena para su famoso cuadro, que ilustra la portada de mi libro, creo que de preciosa manera. Ahí va:

Estudio para Miranda en La Carraca

Miranda en La Carraca
Su presencia reclama la mirada desde el mismo momento en que cruzamos el umbral. En el espacio que separa nuestros ojos de su superficie, se instala por unos instantes una atmósfera sagrada, como si estuviera a punto de ocurrir un portento. Sólo es un efecto más de la composición del dibujo y la manera de colocar los colores. Si nos acercamos más, descubriremos que los detalles apenas son pinceladas astutamente puestas para que a la distancia nos parezcan reales, casi tridimensionales. Apenas el rincón superior, por encima de su cabeza, nos aleja de la sensación de realidad. Pero hay demasiado espacio como para tomarlo en cuenta.
Y, sobre todo, él nos está mirando.Fija sobre nosotros sus ojos oscuros, aún más opacos por efecto de una sombra que ligeramente lo envuelve. Se podría decir que en esos ojos nació la noción de mirada sombría. Pero nosotros estamos frente a él, como si hubiéramos pedido audiencia para una entrevista. ¿Qué pretendemos preguntarle? Es que el instante en el que quedamos suspendidos, el instante en que entramos al recinto para encontrarnos con él, no dejará que recordemos las preguntas que traemos anotadas en un trozo de papel. ¿Acaso queremos saber sobre sus viajes, sus aventuras? ¿Tenemos algún plan que ofrecerle, distinto al incanato con que siempre soñó? ¿Preguntaremos por el destino de su flauta, de sus partituras, de la técnica que utilizaba en su ejecución? Quizá él piense que somos los mensajeros de alguna gran personalidad que viene a rescatarlo; creerá que venimos de parte de Washington, de parte de su serenísima alteza la zarina Catalina, de parte del Primer Ministro británico, William Pitt, the younger («el joven»). O nos envía John Turnbull, su gran amigo inglés, que no ha perdido la esperanza de sacarlo de esa prisión injusta en la que se encuentra. ¿Acaso no tiene derecho un ciudadano de la América española a exigir para su patria lo que ya los franceses y los estadounidenses han logrado para ellos? ¿No es suficiente ignominia trescientos años de sumisión? Contenemos el aliento, porque parece que va a decir algo, va a preguntar algo. ¿Querrá un poco de agua? ¿Lápiz, papel para escribir? El Generalísimo Francisco de Miranda está solo en su celda de La Carraca, a donde ha ido a parar tras su intento de devolverle la libertad a sus conciudadanos venezolanos, a quienes no veía desde hace varias décadas. ¿Ha perdido el acento dulce del caraqueño? ¿Ha cambiado el enigmático «¡guá!» por la exclamación latina, por el dístico griego, por la interjección francesa? Él, cuyo nombre está inscrito en el Arco de Triunfo de París, junto a otros trescientos generales, el único latinoamericano entre ellos. Un héroe de dos revoluciones. Y ahora allí, preso, en La Carraca...

9 comentarios:

segundodebut dijo...

Tengo un amigo venezolano que se fue a vivir a Moscú. Cuando le pregunté por su vida allá, me contó que iba todas las mañanas a la Biblioteca Nacional a leer Historia de Venezuela. Qué más iba a hacer, se había ido detrás de una rusa y después de un año no hablaba bien el idioma.

Cada vez que te leo, me siento un poco como mi amigo. Gracias por tu lucidez al narrar lo terrible.

Juan Carlos Chirinos dijo...

gracias ti por leer mis cosas, me alegra que encuentres en este blog cosas que te gusten.
saludos

Anónimo dijo...

Estuve en la taberna más antigua de Europa en Praga. Me gustó compartir allí un par de cervezas en unos mesones inmesos de madera. Y no sé cómo hace poco leí que alli todavía se puede leer la firma de Miranda.
¿Sabes algo de eso?

Juan Carlos Chirinos dijo...

nada de eso, pero cuando vaya a praga voy a la taberna esa; ¿cómo se llama?

Fedosy dijo...

Felicidades, mi pana.
Salud por ese libro!

Juan Carlos Chirinos dijo...

gracias, chamín, va por rocanegras!

Guillermo Viloria Rojas dijo...

Soy tu paisano Guillermo Viloria Rojas desde tu natal Valera. Congratulaciones, felicitaciones, aquí celebramos en casa, en familia tus resonantes éxitos; demostración palpable del talento trujillano mas genuino; prueba tangible de la mística y el trabajo de la familia Chirinos, digna representante del gentilicio falconiano. Tu Juan Carlos,hermano de un genio, como César Chirinos el científico trujillano mas notable, ¡mi amigo!, te deseo salud.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Eso, Guillermo!
Gracias! Ahí vamos!
¿Cómo estás tú?

Guillermo Viloria Rojas dijo...

Muy bien gracias a Dios! te envié un correo. Cuídate hermano