
Adora al niño Jesús, desde luego; y es con mucho lo mejor de todo el tríptico donde se halla...
A estos caballos también les pasa miopía. A esa hora que los vi, por allá por los lados de la calle Sevilla, el sol incidía sobre el grupo escultórico de una forma curiosa; el juego de las sombras que siempre seduce me impulsó a sacar mi teléfono y ¡click! dejar plasmada la imagen, pero otra vez la miopía, esta vez en chiquitico...

Finalmente este león de oro; quería escribir una cosa larga y bonita sobre este león y sus hermanos, escondidos aquí en la callé del León (desde luego), pero esta tecnología nueva es miope como mis ojos sin los lentes:

La próxima vez mejor me quedo con las imágenes en la memoria porque, o mi pulso es un desastre (los vicios...), o la punta de la tecnología no es tan afilada como uno cree, más bien roma.
Pues sí.







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