3 jul. 2006

Luz de la calle...

...oscuridad de la casa, decía mi abuela, con esa sabiduría que sólo tienen las abuelas que nunca conociste. Desde afuera, tratamos de hacernos una composición de conjunto, y sólo podemos imaginarnos la cara que se le puede quedar a uno cuando sabe que el dinero que debería de servir para que en el hospital de tu ciudad por lo menos haya un baño donde mear mientras esperas para sacarte la sangre, será utilizado para resolver los problemas de otros, igual de necesitados que tú. Es como una mezcla de frustración, ira, egoísmo y sentimiento de culpa, pues no terminas de entender por qué para que en África, en el Bronx o en Bolivia dejen de comer mierda tienes que empezar a comerla tú. Quizá se deba a que alguien tiene que comérsela y los que deberían comérsela no saben, no contestan.
No me llamo a engaño; sé que pensando así me caerán como mínimo acusaciones de xenófobo, racista e insolidario; y en mi fuero más interno -quizá los años de juedocristianismo surten su efecto- una culpa se niega a desaparecer a pesar de las tres pastillas de culpín diarias. Y cuando se me pasa el ataque, pienso: ¡pero si yo no tengo nada contra la gente del Bronx, de Bolivia o de Mali; yo lo que quiero es que en mi país no haya gente en la miseria y que no tenga que pasar por el humillación de hacer cola en un hospital central como el de Valera!
La cosa es tan perversa que la chequera de Bolívar, que ya camina por cualquier continente, se ha encargado de construir un modelo de solidaridad como el refrán de mi abuela, pero modificada: luz de la calle, oscuridad para el que el no esté conmigo en mi casa.
Y los daños colaterales que se jodan.
Aquí en España nunca falta el ciudadano español de una sola ceja que en cuanto ve que sus derechos son conculcados de una u otra forma echa mano de lo más fácil: joputas moros, sudacas de mierda, rumanos ladrones, venís a mi país a robarnos el trabajo, el dinero y las mujeres. Y hace la transfererencia. Entonces mi culpita dice: ¡Pero si tú haces lo mismo! Y luego de bajar un momento la cabeza, avergonzado por sentir en mi frente una sola ceja, recapacito y me aseguro de que no se trata de desprecio por el otro, sino de simple sentido común.
El presidente de Perú dijo en estos días que Chávez no fue elegido presidente de Latinoamérica. Se equivoca. Él se ha elegido presidente de Latinoamérica y de lo que se le ponga por delante. Pero ahora está optando para hacendado de toda Venezuela. 100 millones de dólares diarios lo avalan.

***



Hoy comencé un libro de Slavoj Zizek, Repetir Lenin, que quizá deba leer más de uno que sigue pensando que está revolución se está improvisando. Esta revolución no se está improvisando. Está clarita, tiene real y se está armando en el cerebro de los niños -por si acaso.

4 comentarios:

Martha Beatriz dijo...

Lo malo es que no es caridad, es manipulación. Porque la caridad empieza por casa...

Juan Carlos Chirinos dijo...

es lo que yo digo, Martha; manipuladísimos y con las manos atadas (casi)

ROBERTO ECHETO dijo...

MAESTRO, NO OLVIDES QUE EL DOMINGO DE LOS BARBEROS ES EL LUNES.

Juan Carlos Chirinos dijo...

jajajajaja!!! ¡Así es, Roberto!