20 jul. 2006

El puto pañuelo


La verdad sea dicha: el ciudadano común no entiende los hilos que mueven la alta política, ni es capaz de analizar las consecuencias de los más mínimos actos. La Primera Guerra Mundial tuvo lugar como consecuencia de un asesinato, de un archiduquicidio, y la Segunda comenzó porque Hitler "montó" una invasión de soldados extranjeros con presos comunes alemanes disfrazados de soldados polacos. Los hechos en sí no son los móviles de las guerras, sino la señal de que se ha llegado a un punto de no retorno que implica una acción bélica más larga.
El secuestro de soldados israelíes por parte de Hezbolá ha desencadenado nueve días de violencia y ataques desproporcionados por parte del gobierno de Olmert (mueren niños de uno y otro lado; edificios son destruidos y la gente -el ciudadano común- sale pitando para salvar la vida: Maruja Torres ha ido contando el día a día de la guerra en Beirut). El secuestro es el acto que seguramente colma el vaso de la paciencia en el gobierno de Israel, pero no hay que ser demasiado francisfukuyama para darse cuenta de que la respuesta de Israel pone en escena el uso de una fuerza desproporcionada, sobre todo, porque los que pagan los crímenes de Hezbolá son los libaneses que, sin comerlo ni beberlo, ven cómo sus ciudades -Beirut la primera- son hechas añicos. Hay que ser muy fanático para no ver que Hezbolá se beneficia enormemente con todo esto; y también muy idiota para no entender que el gobierno de Israel hace lo que puede para ganarse el rechazo de todo el mundo -menos del gobierno estadounidense, of course.
Yo no voy a decir quién lleva razón (¿hay razón en una guerra?), yo no soy analista político, y mucho menos, especialista en eso que los europeos llaman con soberbia Oriente Medio (¿Medio con respecto a cuáles extremos?): soy un ciudadano común más, de esos que se tragan las bombas y los atentados terroristas mientras sus gobernantes están tan sabrosamente en sus despachos, calientitos tras la seguridad de sus coches blindados y guardaespaldas ceñudos. Uno sólo usa el metro y la calle abierta a cualquier misil, a cualquier resentido atiborrado de explosivos.
Ayer R. Zapatero, creo que tan valientemente como Vargas Llosa, volvió a criticar la respuesta absurda del gobierno de Israel ante el secuestro de sus soldados: y se colocó en los hombros un pañuelo palestino. Mira tú qué gran pecado. El partido de la oposición, con los cancerberos de turno, Acebes, Zaplana y Rajoy (¿por qué todos nombramos a este de último siempre, si es el "líder"?), ha saltado a la yugular socialista acusándolo (¿cómo dicen en ABC?) de «antisemitismo e israelofobia». Estos tipos están majara. Ahora el sentido común se censura. A los ciudadanos nos molesta demasiado el continuo uso político de todo lo que ocurre. Parece ser que, cuando quieren o les conviene, los políticos (esa plaga, más perniciosa que los abogados que tanto odiaba Tomás Moro) son el estorbo de la vida tranquila. El asunto es que a los niños muertos ayer en Nazareth, en Beirut, en Gaza, ya les sabe a excremento las condenas de la ONU, el apoyo incondicional al gobierno de Israel del congreso estadounidense, las alharacas del PP, y los gestos inconcientes (o premeditados) de Zapatero. Es que muerto es muy jodido dar alguna opinión.
Lo peor de todo es que puedo terminar este post diciendo: Y todo este peo por un puto pañuelo.

4 comentarios:

ROBERTO ECHETO dijo...

Gran Juan Carlos, es que al mundo le falta grandeza.

Ayer vi un trozo de ese desaguisado cinematográfico que es Troya. La vi por accidente; en realidad porque estaba esperando Los Sopranos... Pero debo decir que me impactó mucho la escena en que Peter O'Toole haciendo de Príamo fue adonde Aquiles Pitt a reclamar el cadáver de Héctor. Esa escena fue grande por O'Toole y porque en sí esa escena es una de las más grandes de la literatura jamás escrita.

Al mundo le falta eso, maestro: grandeza, que hasta para tratar a los enemigos hay que tenerla.

Un abrazo.

Juan Carlos Chirinos dijo...

así, es; y mientras, siguen muriendo niños, que es lo peor que se puede decir del ser humano.

renzo el gitano, un panita del pantano. dijo...

Hay que meterle un misil por el orto al mundo, desde que es mundo y mientras sea, habitado por quienes andamos en dos pies y razonamos, mataremos a mujeres y a niños y trataremos de darle razones a las guerras, unos atacab otros se defienden, otros atacan y se defienden, otros provocan y tierra arrasada. A la mierda, amigo. A la mismisima. Nosotros, los que nos atormentamos, eventualmente seremos llevados al tormento. Salud y suerte.

Anónimo dijo...

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