10 may. 2006

¿Qué culpa tiene Leonardo si el sapo salta y se ensarta?



271.000 links arroja san Google, ese cátaro relapso, cuando relacionas el nombre Leonardo da Vinci con la palabra código. Yo creo que él estaría cagado de risa viendo cómo su obra demuestra casi sin querer que es polisémica como ella sola. Encantado estaría de ver a tantos católicos alarmados porque un escritor, mediocre pero con editoriales que lo apoyan, se hace con la bolsa mayor de las ventas (después de la Rowling) y encima le hacen una película que promete ser "la canción del verano". Seguramente, el genio ya habría inventado una máquina que igual serviría para cortar las cabezas de los espectadores que para rebanar las ramas de las zanahorias. Porque un hombre que sustituyó por una servilleta de tela al pobre conejito blanco que su señor utilizaba para limpiarse las manos, no podría menos que inventarse juegos de ingenio y máquinas de guerra para celebrar que, tantos años después, su inteligencia no encuentra parangón y basta evocar su nombre o alguna de sus obras para que quien los invoque se haga rico y famoso, aunque sea un negado y tenga la cabeza tan tapada como un bombillo. Lo único que pediría para el maestro es un poco de atención, y no quedarse con la pirotecnia de los ignorantes. Un buen comienzo es The mind of Leonardo, una excelente exposición sobre cómo funcionaba la mente de este artista e inventor y cómo trató de llevar a cabo los extraordinarios disparates que se le ocurrían. Un león mecánico que camina y ofrece flores de su pecho, un tanque de guerra (el otro día vi un documental en el que unos de un ejército trataban de reconstruir el modelo en escala natural) y el enorme caballo para su señor Sforza son algunas de las maravillas que, como en un museo de los niños, uno puede jurungar. Su concepción del movimiento es suficiente para quedarnos horas pensando en él: "Leonardo's conception of man and nature was quintessentially dynamic. Nature is the theater of incessant phenomena of transformation, governed by the same laws to which mankind and all living organisms are subject", dice en uno de los apartados de la página web de la exposición. Y es que no hay secretos encerrados en criptex ni logias esperando el regreso de los dioses pintados en las telas del artista que sean más estimulantes que las propias notas y la infinita curiosidad del que las creó. Lo demás es mercadeo de los aburridos. Lo que ocurre con Leonardo y su obra hoy en día me recuerda una frase que leí hace décadas, en bachillerato. Creo que era de un poeta alemán: "La Universidad es el lugar donde la mediocridad rinde culto al genio". Hoy nos asombramos ante las genuflexiones de los mediocres que cubren de misterio lo que sólo es genalidad, sin entender que, como decía Spinoza, los milagros más extraordinarios suceden todos los días delante de nosotros.

2 comentarios:

Tesne dijo...

De verdad no entiendo como la gente puede creer que hay una "conspiración" tras las obras de Da Vinci.

Juan Carlos Chirinos dijo...

la publicidad, que todo lo cambia...