25 may. 2006

Navarrete: ahora odio a Miranda, ahora lo amo

Manuscrito del Arca
Página tercera del manuscrito del Arca de Letras, y Theatro Universal, de Juan Antonio Navarrete. Conservado en la Biblioetca Nacional de Venezuela

Fray Juan antonio Navarrete no ostenta el título de venezolano universal con que se designa a Francisco de Miranda, pero seguramente tenía todos los títulos para serlo. Su vasta cultura, extraída de la que suponemos fue su extensa biblioteca, podían haberle deparado largas y sabrooosas horas de conversación con el Precursor. Ambos, de alguna manera, emprendieron el viaje de la autoeducación, ambos bebieron a gusto de la copa del siglo de las luces y convirtieron sus cabecitas en sendos faros de sabiduría. La diferencia más importante entre Miranda y Navarrete es que el primero viajó incesantemente de un lado para otro y el segundo se quedó clavado en Caracas como una estaca. Pero ambos dejaron para la posteridad la fuente inagotable de sus palabras. cada uno en un solo libro, para más casualidad. Miranda, en su Colombeia, Navarrete, en su Arca de Letras, y Theatro Universal, una enciclopedia más cercana a la china que describe Borges en El idioma analítico de John Wilkins, que a la muy estructurada de Diderot y D'alembert. En este libro hay de todo y para todos, ordenados por el alfabeto con dificultad. En ambos libros se puede asistir al prodigio de ver cómo se desarrolla un pensamiento a través de los años; ambos libros son la huella de las obsesiones y la vida de sus autores. cada libro llevó varias décadas de creación; el pentimento de sus textos no recae sobre ellos sino en la página siguiente; el Arca y la Colombeia son palimpsestos y como tales se corrigen una y otra vez. Incluso para cambiar de opinión. Cuando Miranda invade Venezuela, Navarrete lo consigna casi con escándalo, como el exabrupto de una panda de bandoleros:

Año 1806

57. Por los meses de febrero y marzo se han puesto en armas todas las tropas por todas las bocas y puertos de las costas de Caracas, por las invasiones y amenazas del enemigo inglés. Se han hecho rogaciones públicas en la ciudad, hasta con sermones. Un tal Don Francisco Miranda, patricio de Caracas, anda fomentando la sublevación Y tiene inquieta la provincia anda por el mar y se hacen diligencias por apresarlo. (.....) 59. Por el mes de julio día 11 se hizo en Puerto Cabello la justicia de diez reos, entre otros varios, que se cogieron en una goleta que acom­pañaban al citado Miranda del n° 57, supra, y venían a hacerse dueños con él del gobierno y pueblos. Se les cogieron entre el barco las banderas, armas, papeles, patentes de nombramiento en oficios y empleos de la provincia, que ya daba Miranda supuesto por suyo todo.­ Pero todo se quemó por mano del verdugo en público cadalso en la plaza de la ciudad de Caracas el día 4 de agosto, día de Nuestro Padre Santo Domingo, entre nueve y diez de la mañana, con acta solemne de justicia y tropas. Entre los diez reos ya dichos, sólo tres se confesaron para morir, porque eran católicos españoles e italianos. Los otros siete no quisieron sino morir en su secta luterana y calvinista, que no admite el sacramento de la penitencia y eran ingleses de Norteamérica. Y por tanto enterrados en sagrado y los otros siete en un foso en la playa del mar de dicho puerto.

Pero más adelante, en 1810, lo veremos defendiendo la causa patriótica con tanto fervor como el que más. ¿Muestra del devenir del pensamiento de Navarrete, o simple actitud acomodaticia? Hay que estar mosca porque, en Venezuela, los que saltan talanqueras tienen siglos viviendo del cuento, y acomodando sus mediocres existencias a las circunstancias, siempre para medrar como mejor les convenga. Espero que no haya sido el caso de mi querido cura yaracuyano. Pero cosas veredes, Sancho...

1 comentario:

la maga dijo...

Yo conocí a Navarrete gracias a José Balza. Me pareció maravilloso. Un antecesor de lo fantástico.