20 may. 2006

Jesús, padre de familia


Ya estrenaron El código Da Vinci y, como era de esperarse, pasó con más pena que gloria por Cannes. Los críticos estadounidenses pronostican que el primer fin de semana va a hacer una gran taquilla, pero que probablemente el boca a boca haga que la película pinche. Y no va a ser por lo que esperan algunos, que el boicot de conciencia se haga efectivo, sino porque la película hace todo lo posible por ser aburrida y mala como el libro de donde la parieron. Encima la dirige Ron Howard, director mediocre como pocos, con títulos tan desabridos como Apollo XIII, Cinderella man y Cocoon, que sin embargo yo vi con emoción a mis dieciocho años, pero así no se vale. Quizá es que este director es especialista en cine para adolescentes. No sé.
En todo caso, me parece que lo más honesto es recomendarles que lean El enigma sagrado, de M. Baigent, R. Leigh y H. Lincoln, que es el libro de donde supuestamente Brown sacó la tesis de su millonaria novelita. Lo interesante de este libro es que los investigadores (que trabajaban en un documental para la BBC cuando comenzaron la investigación, en 1976) están conscientes todo el tiempo de que las conclusiones a las que llegan son un disparate. Y a pesar de que uno se pierde en las casi 600 páginas de datos y comparaciones, hay algunas cosas que se sacan en claro, como por ejemplo que el proceso de elaboración de lo que conocemos como la Biblia no es más que un proceso de selección y mutilación de textos según la conveniencia del momento. decir esto es casi una perogrullada. En este aspecto, también estoy leyendo (muy poco a poco) un libro más riguroso y "serio", Los evangelios apócrifos, que es la edición de la prestigiosa BAC (Biblioteca de Autores Cristianos) de algunos de los manuscritos evangélicos hallados en el siglo XX (que no entran en la Biblia) y que de alguna manera cuentan una historia diferente de la ortodoxa.
La reflexión final del libro de Baigent et al es harto interesante porque, aparte de que muestra la sensatez inexpugnable de los autores, sirve tanto para fanáticos de las teorías de la conspiración como para fieles de la ortodoxia católica, y aquí se las dejo para que lo comprueben. Quizá sea cierto que Jesús tuvo familia, que vivió hasta la vejez, aunque su estirpe no se haya prolongado hasta los merovingios y hasta nuestros días. Y eso no parece quitarle, a los ojos de los que crean, un ápice de divinidad al ungido, o mesías, que es lo mismo.
Así que si quieren enfrascarse en las teorías de las conspiraciones de este nuevo siglo, quizá sea más productivo ir a libros mejor escritos que la tontería esa que acaban de estrenar, que ni es secreta, ni blasfema, ni .
Ta logo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Este es mi comentario. stoyseguro que Davinci no se comió una Reina Pepiá.
FS














GAUGUIN Y EL CANAL





























A Héctor y Lily, cómplices de alma y chicheme.



GAUGUIN Y EL CANAL
(Obra teatral en 8 escenas y un acto)
En el escenario un ciclorama, el ciclorama servirá como pantalla y como cámara de luz desde la que se podrá jugar con las transparencias. Imágenes, transparencias, colores y volúmenes que cambiarán según la luz y en el que se verán algunos de los cuadros de Gauguin. En esta especie de pantalla de liencillo aparecerán también sombras e imágenes de la construcción del canal francés.

Una roca de piedra en medio del escenario y muchos baldes para recoger los restos de piedra y sacarlos del escenario.

Dos personajes:

GAUGUIN:
Gauguin, el pintor francés, delira lleno de rabia frente a todos los personajes que lo han acompañado en su vida. Delira en los últimos minutos de su muerte.

MAHU:
Mahu migra a otros personajes y a otros tiempos narrativos: Mette, Nahive, Van Gogh y todo aquel personaje que necesite
Gauguin para contarnos su vida.


ESCENA 1
“Este país no es lo que debería ser”

Oscuro. Escuchamos el sonido de la piedra golpeada y el himno francés. El de la piedra es un sonido seco y duro que contrasta con la armonía de “La Bastille”. GAUGUIN, con pico de esclavo, trabaja en el Canal de Panamá. Golpea una piedra con rabia y violencia. Agarra los restos de piedra, los mete en unos baldes. Sobre el ciclorama irán apareciendo imágenes de fotografías de la construcción del canal francés.

GAUGUIN: (Terminando de cantar el himno francés) ¡MERDE!
Mi fama de artista crece cada día pero, mientras espero, paso a veces hasta tres días sin comer, lo cual destruye mi salud y también mi energía.

Recoge los restos de piedra y los mete en los baldes.

GAUGUIN: Quiero recuperar esta última. Me voy a Panamá para vivir como un salvaje.

Pausa. Vuelve con ira a golpear la piedra.

GAUGUIN: Conozco una pequeña isla del pacífico (Taboga), casi deshabitada, libre, fértil, situada a una legua en el mar de Panamá. Me llevo mis pinturas y mis pinceles y me haré fuerte lejos de los hombres.

Lanza los restos de roca en un hueco del que sale luz y luego regresa a picarla.
GAUGUIN: Seguiré teniendo que soportar la ausencia de mi familia pero ya no soportaré esta mendicidad que me asquea.

Vuelve a golpear la roca y saca algunos trozos que mete en los baldes. La ira incrementa la torpeza de su trabajo.

GAUGUIN: No temas por mi salud, el aire allí es muy sano y, como alimento, los peces y las frutas son gratis...

Los lanza en el hueco y vuelve a la piedra.

GAUGUIN: Carta sin fecha, principios de abril de 1887.

Vuelve a la piedra y la golpea con rabia.

GAUGUIN: En fin, la estupidez ya está hecha; pero ahora hay que repararla. Mañana voy a ir a trabajar en el istmo para abrir el canal, a 150 piastras al mes; y cuando...

El cansancio le quita el aliento.

GAUGUIN: ...y cuando haya podido ahorrar...

Recoge los restos de piedra y los mete en los baldes.

GAUGUIN: ...en cuestión de dos meses, me iré...

GAUGUIN queda exhausto sobre la piedra.

GAUGUIN: No te quejes de tu trabajo. Yo tengo que cavar desde las cinco y media de la mañana hasta las seis de la tarde bajo un sol de los trópicos y con lluvia todos los días...

Se levanta y se acerca a la piedra para iniciar su trabajo.

GAUGUIN: ... y por la noche me devoran los mosquitos... Panamá, principios de mayo de 1887.

Entra un MAHU. Lleva un pico en la mano y se acerca a GAUGUIN

GAUGUIN: ¡Merde! El nuevo.

MAHU: Soy tu compañero de sector.

GAUGUIN: El Nuevo.

GAUGUIN sin mirarlo vuelve a la piedra.

MAHU: ¿Qué hago?

GAUGUIN: Construir el canal como todos.

MAHU: ¿Qué?

GAUGUIN: Abrir un hueco que deje pasar la muerte del progreso.

MAHU: ¿Qué?

GAUGUIN: Un hueco entre dos mares para que pasen barcos mezquinos.
MAHU: Me mandaron a trabajar en este sector.

GAUGUIN: Servir al que todo lo tiene.

MAHU: No entiendo.

GAUGUIN: ¡Que piques, que piques la piedra!

MAHU: He venido a sustituir...

GAUGUIN: Sí, lo sé. En lo que va de mes eres el tercero.

MAHU: ¿Tres?

GAUGUIN: Dos murieron por debilidad y uno por desprendimiento
de piedra.

GAUGUIN: ¿Has tenido la debilidad?

MAHU: No.

GAUGUIN: Yo sí, pero no ha podido detenerme.

MAHU: Dicen que te la contagia un mosquito.

GAUGUIN: Dicen, dicen, dicen... ¡Merde! Dicen que esta es una gran obra para la humanidad, pero lo único que veo es hierro, agua y muerte.
GAUGUIN va a la piedra y pica.

GAUGUIN: ¿Tú, de qué quieres morir?

MAHU: No, yo no quiero.

GAUGUIN: Todos y cada uno de los que estamos en esta obra moriremos...

MAHU: Pagan bien.

GAUGUIN: Te pagan por morir.

MAHU: Con el dinero podré ayudar a mi familia...

GAUGUIN: ¡Te pagan por morir, Imbécil!

MAHU: Oiga, ¿dónde me pongo?

GAUGUIN se acerca al MAHU y le agarra la cara.

GAUGUIN: En la rebelión. Rebélate y vuelve a la vida salvaje.

El MAHU se aparta y, sorprendido, se carcajea.

MAHU: (riendo)¿Dónde pico?

GAUGUIN: (eufórico) ¡Vuelve a ser vulgar! Recupera esa fuerza que te ha dado la naturaleza. Reconquista el origen salvaje. Sólo allí encontrarás la libertad.
El MAHU se acerca a la piedra y da un golpe certero.

GAUGUIN: (gritando) ¡No toques mi obra!

GAUGUIN se interpone entre el MAHU y la piedra.

GAUGUIN: ¿Cómo te atreves? No ves que allí está el arte.

MAHU: Mira loco, no quiero problemas.

GAUGUIN: Un consejo, no pinte demasiado del natural. El arte es una abstracción, extráigala de la naturaleza soñando ante ella y piense más en el proceso creativo que en el resultado.

MAHU: Necesito el dinero de este trabajo.

GAUGUIN vuelve a la piedra y la pica con frenesí.

GAUGUIN: El único consuelo en este mundo es el respeto que uno adquiere de sí mismo y el sentimiento merecido de su propia fuerza.

MAHU: Me lo advirtieron: “Ese loco francés te lo va a poner
difícil”

GAUGUIN: Sólo nosotros remamos en el barco fantasma con toda nuestra imperfección caprichosa.

GAUGUIN se vuelca a picar la piedra con frenesí.

MAHU: ¡Eh! ¡Tranquilo!

GAUGUIN: (golpeando la piedra)Los músicos disfrutan con el oído, pero nosotros, con nuestro ojo insaciable y en celo, gozamos con los placeres del color y la forma. Viva la pintura, viva el que esculpe...

MAHU: ¡Cálmate, que nos van a sancionar!

GAUGUIN: (frenético)¡Qué bellos pensamientos pueden invocarse con la forma y el color! Que bien están sobre la tierra esos vulgares, con su apariencia engañosa de la naturaleza.

El MAHU, ágil, le quita el pico y se aparta de él. GAUGUIN está exhausto y sorprendido. El MAHU con los dos picos en las manos. Pausa.

GAUGUIN: Dentro de un rato, cuando vaya a cenar, la bestia será sometida, pero mi sed de arte no se verá saciada jamás...

MAHU se le acerca.

MAHU: Mira francés, a mí me mandan, como a ti. Como a todos. Te preguntan: ¿Quieres trabajar? Y uno responde. Yo respondí que sí. Y a mala hora me mandaron a compartir contigo este sector. Pero quiero que te quede claro que yo necesito este trabajo... Mi familia, mi madre lo necesita.

GAUGUIN: Todo me parece poético, y es en los a veces misteriosos rincones de mi corazón donde hallo la poesía. Tratados armoniosamente, las formas y los colores provocan un sentimiento poético...
¡Dame mi herramienta para descubrir el arte, esclavo del amo!

MAHU: (Enérgico) ¿Quieres forma? ¿Quieres sentimiento?
MAHU asesta un golpe a la roca con mucha fuerza. La impotencia se manifiesta en la ira con la que golpea la roca. Es una rabia distinta. Entran dos policías uniformados de época que van a detener al MAHU. GAUGUIN al percatarse se lanza sobre el MAHU y trata de calmarlo. Le quita el pico.

GAUGUIN: Deja la ira, tranquilízate, ya basta. Entiendo tu rabia ciudadano maltratado, pero la solución a tus problemas no está en la violencia. ¿Quieres que te despidan?

El MAHU se percata de los policías.

GAUGUIN: No pasa nada, ilustres y serviles celadores de la ley y el orden. Este panameño ya se ha calmado y volvemos al trabajo.

Los policías, después de una pausa, salen. GAUGUIN se percata de que se hayan alejado y se vuelve donde está el MAHU.

GAUGUIN: ¡Merde! Vaya día de mierda y la jornada aún empieza.

MAHU: (Calmado) No sé quién eres, pero no voy a peder este trabajo por tu culpa. ¿Me dices dónde me pongo?

GAUGUIN: Yo golpeo la piedra y tú llevas los escombros.(Humilde) Por favor, deja que encuentre la figura que está dentro de esa roca.

MAHU: Está bien, yo cargo los restos.

GAUGUIN: Hay que despejar 4 metros de escombros en una hora.

MAHU: Sí, eso es lo que me dijeron al contratarme, que
estamos haciendo historia.

GAUGUIN: Estamos haciendo un hueco.

MAHU: Ya hemos hablado demasiado, hay que recuperar el tiempo.

GAUGUIN: Estamos haciendo un canal interoceánico.

MAHU: ¿Dónde echo las sobras?

GAUGUIN agarra un balde y lo lleva al hueco del que sale luz.

GAUGUIN: ¿Estamos haciendo una tumba? Pero no tiene sentido seguir hablando de ello, ya lo haremos más detenidamente...

GAUGUIN le extiende la mano.

GAUGUIN: Paul Gauguin, pintor salvaje.

MAHU: Soy Mahu.

Suena una sirena de trabajo. El ruido ensordecedor acompasa el cambio de luz. Todo se baña de una luz naranja. Un naranja propio de las pinturas tahitianas de GAUGUIN. En medio de la explosión de color, GAUGUIN se sube a la piedra, se quita la camisa y se coloca una inmensa corona de plumas negras de cacique Taihtí y descubrimos al MAHU, que se ha puesto una peluca de paja. Sonidos Tahitianos. GAUGUIN y el MAHU bailan al son de la música propia de las islas del pacífico.






















ESCENA 2
“A veces las cosas no son como quisiera”

GAUGUIN está sobre la piedra y se erige como el gran monarca de Tahití. La música llena la escena con una atmósfera pomposa.

GAUGUIN: Soy republicano porque considero que la sociedad debe vivir en paz. La mayoría, en Francia, es totalmente republicana; por tanto, soy republicano; y por otra parte, hay tan poca gente a quien le gusta lo grande y lo noble que es necesario un gobierno demócrata. ¡Viva la democracia! Es lo único que hay. Desde un punto de vista filosófico creo que la República es un efecto...

MAHU-VAHINÉ saca una gran tela de color azul cobalto y se la entrega a GAUGUIN que en su arenga política se cubre con ella como con una capa. La luz naranja y la inmensa capa que cubre casi todo el escenario le dan un aspecto agigantado. Todo es naranja y azul cobalto. GAUGUIN parece un gigante.

GAUGUIN: ...y me horrorizan los efectos. Me estoy volviendo antirrepublicano. Intuitivamente, de forma instintiva y sin reflexión. Me gusta la nobleza, la belleza, los gustos delicados y esta divisa de antaño: “Nobleza obliga”. Me gustan las buenas maneras, la cortesía, incluso de Luis XIV. Soy pues, (instintivamente y sin saber por qué) aristotélico como artista. El arte está reservado a una minoría y debe ser noble en sí mismo. Sólo los grandes señores han protegido el arte, por instinto, por obligación (por orgullo, quizá). No importa, los reyes y los papas trataban a un artista, por así decirlo, de igual a igual. Los demócratas, banqueros, ministros, críticos de arte, toman aires protectores, pero no protegen: comercian como compradores de pescado en el mercado. Y quieren que un artista sea un republicano...

MAHU-VAHINÉ: (grita) ¡Bienvenido a Tahití!

MAHU-VAHINÉ le quita de golpe y por sorpresa la capa. GAUGUIN, desprotegido, trata controlar el exceso su discurso.

GAUGUIN: Creo que en una sociedad todo hombre tiene derecho a vivir bien de acuerdo con el trabajo que realice. El artista no puede vivir. Así pues, la sociedad es criminal y está mal organizada.

El sonido vuelve a tomar tintes festivos. MAHU-VAHINÉ baila con gracia delante de él. GAUGUIN, interesado, se baja de la piedra e intenta seguirle el ritmo con torpeza.

MAHU-VAHINÉ: (grita) ¡Bienvenido a Tahití! ¡Oh, gran señor de la cintura!

GAUGUIN: (corrigiendo) “¡Pintura!... ¡Oh, gran señor de la pintura”.

MAHU-VAHINÉ se ríe con timidez fingida. La feminidad de MAHU-VAHINÉ es fingida y lúdica. GAUGUIN y MAHU-VAHINÉ se acercan al proscenio y miran de frente al público.

GAUGUIN: (Al público) Señoras y señores: Mi vahiné. Es así como te reciben en estos países llenos de belleza, de pureza y verdad salvaje.
GAUGUIN olfatea al público.

GAUGUIN: Me lleno de Panamá...

MAHU-VAHINÉ: (corrigiendo)... de Tahití.

GAUGUIN: Lleno de Panamá, de Tahití, de pacífico, del verde azul del mar.

MAHU-VAHINÉ: (con voz de hombre) ¿Cómo fue que te la llevaste?

GAUGUIN lo mira con censura y el MAHU vuelve a tomar su postura de MAHU-VAHINÉ y le señala la piedra. MAHU-VAHINÉ se sube a la roca.

GAUGUIN: Aquel día se había puesto su mejor vestido.

El contraste con el incipiente disfraz de MAHU-VAHINÉ es evidente. MAHU-VAHINÉ desfila sobre la piedra con burla.

GAUGUIN: Una flor en la oreja y un sombrero de caña de azúcar, que ella misma había trenzado, adornado en la parte superior con un cordón de flores secas y un aderezo de conchas de naranjas. (La mira) Con sus cabellos extendidos sobre los hombros estaba muy bonita.

GAUGUIN: Estaba orgullosa de ser la vahiné de un hombre a quien creía importante y rico.

MAHU-VAHINÉ imita desde la roca la narración de GAUGUIN. Es una imitación torpe y graciosa. Un remedo. Un juego que a veces coincide y a veces no con lo que éste narra.

GAUGUIN: Yo sabía que todo su amor era interesado, era lo que a nuestros ojos europeos constituye una puta...

MAHU-VAHINÉ: (ofendida)¡Oye pelao, qué fresco!

GAUGUIN: Esos ojos, esa boca no podía mentir. Hay en ellos un amor tan innato que, interesado o no, seguía siendo amor.

MAHU-VAHINÉ le quita algo de protagonismo y GAUGUIN se percata. GAUGUIN se pone nervioso al ver que el público no le hace caso.

GAUGUIN: Hicimos el trayecto bastante rápido; algo de charla intrascendente y un paisaje rico por todas partes, pero poco a poco variado. A la derecha el mar, los arrecifes de coral y las nubes de agua vaporizada que se elevaban en ocasiones cuando el encuentro con la roca era demasiado fuerte.

GAUGUIN se acerca a la roca y se sienta al lado de MAHU-VAHINÉ.

GAUGUIN: Hola, soy pintor. Un pintor muy importante en Europa...

MAHU-VAHINÉ: ¿Pintor?

GAUGUIN: Sí.
Pausa. GAUGUIN se explica pintando sobre un lienzo imaginario.

MAHU-VAHINÉ: Ah, un hombre que hace hombres.

GAUGUIN: Bueno, es una forma de describirlo pero...

MAHU-VAHINÉ: ¿Adónde vas?

GAUGUIN: Voy a Panamá.

MAHU-VAHINÉ: ¿Panamá?

GAUGUIN: Sí.

MAHU-VAHINÉ: ¿Y qué vas a hacer allí?

GAUGUIN: Buscar una mujer.

MAHU-VAHINÉ: ¿Quieres una?

GAUGUIN: Sí.

MAHU-VAHINÉ: Si quieres te dejaré una. Mi hija.

GAUGUIN: ¿Es joven?

MAHU-VAHINÉ: Eha.(sí)

GAUGUIN: ¿Es bonita?

MAHU-VAHINÉ: Eha.

GAUGUIN: ¿Y muy joven?

MAHU-VAHINÉ: Eha.

GAUGUIN: Y tiene buena salud

MAHU-VAHINÉ: Te he dicho que Eha.

GAUGUIN: De acuerdo, ve a buscarla.

GAUGUIN va al frente del escenario. MAHU-VAHINÉ no se mueve de la piedra.

GAUGUIN: (al público) Estuvo fuera un cuarto de hora y mientras, sus otras hijas (todas menores) me trajeron comida: maioré, bananas silvestres y camarones. Y de pronto, entró con su hija. A través del vestido de muselina rosa, excesivamente transparente, se veía la piel dorada de los hombros y los brazos; dos botones apuntaban, recios, en el pecho. Su rostro encantador me pareció distinto y sus cabellos crecidos como la maleza, ligeramente rizados. Una orgía de colores a la luz del sol. Supe que era originaria del archipiélago de las Tongas.

MAHU-VAHINÉ: (corrigiéndolo)Del archipiélago de San Blas.
GAUGUIN vuelve a la piedra.

GAUGUIN: ¿No me tienes miedo?
MAHU-VAHINÉ: Aita.(no)

GAUGUIN: ¿Quieres venir a mi cabaña?

MAHU-VAHINÉ: Aita...

GAUGUIN: Tu madre me dijo...

MAHU-VAHINÉ: Primero el dinero... y luego la niña

GAUGUIN le da un billete raído.

MAHU-VAHINÉ: ¡Ahora sí!

GAUGUIN: ¿Quieres comer?

MAHU-VAHINÉ: ¿Debo?

GAUGUIN: ¿Cuantos años tienes?

MAHU-VAHINÉ: Trece.

GAUGUIN: ¿No has estado nunca enferma?

MAHU-VAHINÉ: ¿Eres bueno?

GAUGUIN: Sí, soy pintor.

MAHU-VAHINE: ¡Ay, mijita!

GAUGUIN: Pronto reconocerán mi obra en París.

MAHU-VAHINÉ: Harás feliz a mi hija.

GAUGUIN: Sí.

MAHU-VAHINÉ: Eha.(Sí)

GAUGUIN: ¿Sigues queriendo vivir en mi cabaña?

MAHU-VAHINÉ: Eha.

GAUGUIN: ¿Así que ahora eres la vahiné de un francés?

MAHU-VAHINÉ: Que vuelva dentro de ocho días. Si no es feliz, le abandonará.

GAUGUIN: ¿Quién eres tú?

MAHU-VAHINÉ: Su madre de leche.

GAUGUIN: ¿Y la otra madre? Me ha mentido.

MAHU-VAHINÉ: No, esa también es su madre.

GAUGUIN: ¿Y tú? ¿Quieres entrar en la habitación?

MAHU-VAHINÉ: Sí, pero no vuelvas a apagar la luz.

GAUGUIN vuelve al frente del escenario.

GAUGUIN: (al público) Eso fue todo. Mi corazón palpitaba mientras ella, impasible, colocaba ante mí, en el suelo, sobre una hoja de banano... el alimento. Comí -aunque tengo buen apetito- con timidez. Esta
joven me encantaba y me espantaba: ¿Qué pasaba por su mente? Yo, casi un viejo, vacilaba. Quizás su madre le había impuesto el trato. (Mirándola en la piedra. Ella se pone de pie en la piedra y le hace señas) El labio burlón, aunque tierno, indicaba que el que estaba en peligro era yo y no ella. No puedo decir que salí de esa habitación sin miedo.

GAUGUIN, rápido, se sube a la piedra. La toma por los brazos e intenta besarla. MAHU-VAHINÉ forcejea y se libra.

MAHU-VAHINÉ: (llora histérica) ¡No vuelvas a dejarme sola así, sin luz! ¿Qué has hecho en la ciudad? ¿Has ido a ver mujeres, ésas que van al mercado a beber y a bailar y después se entregan a los oficiales, a los marineros, a todo el mundo?

MAHU-VAHINÉ le da una cachetada, se va corriendo y se coloca detrás del ciclorama. Vemos la silueta de su transparencia. Escuchamos su llanto infantil que se transforma, de pronto, en un llanto de mujer adulta. MAHU-VAHINÉ se transforma en MAHU-METTE. MAHU-METTE se coloca un vestido danés de finales del XIX. Le ayudan sus dos hijos. A su lado dos hijos como en una foto familiar. Un color azul inunda la escena. Toda la gama de azules posibles chocan con los objetos, cuerpos y siluetas que hay en el escenario. El ambiente es antiguo y fantasmagórico.


GAUGUIN se sienta sobre la piedra. No resiste el quejido asmático de una MAHU-METTE que no ha dejado de quejarse.




























ESCENA 3
“Lamento no ser lo que quieres que sea, pero tengo una sola vida”

Mahu-Mette está detrás del ciclorama. El efecto de transparencia hace que veamos sus silueta.

GAUGUIN: No llores Mette... no llores... (gritando) deja de llorar mujer... (Ella, obediente, hace silencio)... Salgo casi de la tumba y me han llevado de mi jergón para escribirte.

MAHU-METTE: Hoy he recibido por primera vez noticias tuyas: todas tus cartas estuvieron dando vueltas por todas partes. Bendito correo.

GAUGUIN: Ya llegará el momento en que podremos escribir y responder al mismo instante y el hombre será más feliz... (Mahu-Mette vuelve a lamentarse)

MAHU-METTE: ...el hombre que decide viajar lejos de su familia buscando nuevos horizontes en su vida.

GAUGUIN: Durante mi estancia en Colón contraje una enfermedad, envenenado por las emanaciones, los vapores del canal. Había tenido energías suficientes para resistir, pero empecé a debilitarme de día en día.

MAHU-METTE: En resumen...


GAUGUIN: Hace un mes que caí enfermo de disentería y fiebres palúdicas y no pude volver a levantarme. En estos momentos...

MAHU-METTE: mi cuerpo es un esqueleto y mi voz se apaga en la garganta; aunque he estado muy bajo, a punto de sucumbir cada noche, por fin lo he superado...

GAUGUIN: pero he sufrido un martirio con el vientre.

MAHU-METTE: Actualmente, lo poco que como me produce dolores atroces en el hígado y tengo que hacer grandes esfuerzos para escribirte:

GAUGUIN: Se me va la cabeza. Y a veces no sé donde estoy, en Panamá, Francia, Tahití.

MAHU-METTE: Como podrás comprender, mis últimos recursos monetarios se han ido en farmacia y en algunas visitas al médico.

GAUGUIN: Me dicen que es necesario que vuelva a Francia, de otro modo seguiría estando siempre enfermo del Hígado y con las fiebres.

MAHU-METTE:¡Ah mi pobre Mette, cuánto siento, pues, no haber muerto!

GAUGUIN: Todo habría terminado. Me han gustado tus cartas pero, aún así, me han producido una pena que en este momento me abruma.

MAHU-METTE: Si, al menos, nos detestáramos (el odio sostenible)

GAUGUIN: Pero tú empiezas a sentir la necesidad de un marido justamente en el momento en que es imposible.

MAHU-METTE: Y, pobre Mette, enloquecida por el trabajo, me pides que te ayude.

GAUGUIN: ¿Puedo?

MAHU-METTE: En este momento estoy en una choza de MAHU, acostado...

GAUGUIN: sin fuerzas, sobre una estera de varec y no tengo con qué volver a Francia.

MAHU-METTE: Sin fecha, agosto de 1887.
Mahu-Mette sale del ciclorama y se acerca a la piedra.

GAUGUIN: Soy artista, Mette

METTE: Y yo madre.

GAUGUIN: Necesito el arte.

METTE: Y yo un marido.
GAUGUIN: No entiendes que la libertad es el arte.

METTE: El casero, no.

GAUGUIN: Me voy a Panamá.

METTE: ¿Y qué hago yo?

GAUGUIN: En la sociedad hay dos clases...

METTE: Son 10 años de matrimonio.

GAUGUIN: ...Una que posee un capital de nacimiento que permite al individuo ser rentista, socio o patrón comerciante.

METTE: ¿Y los niños?

GAUGUIN: ¿De qué debe vivir la otra clase sin capital? Del fruto de su trabajo.

METTE: Me iré a casa de mi padre, a Dinamarca.

GAUGUIN: Algo podrido.

METTE: Tenías un trabajo y una vida.

GAUGUIN: Una muerte segura.

METTE: Tus hijos te extrañan.

GAUGUIN: ¿Por qué han de sufrir los niños en la familia de un artista y no en la de un empleado?

METTE: Hace falta la presencia de un padre.

GAUGUIN: Debo recordarte que hay en mí dos naturalezas: la india y la sensitiva.

METTE: Hace falta la cabeza de familia.

GAUGUIN: La sensitiva ha desparecido, lo cual permite que la india camine en línea recta y con firmeza.

METTE: Hace falta que ejerzas el matrimonio.

GAUGUIN: Björnson, el escritor noruego, y su esposa acaban de publicar un libro en el cual reclaman para la mujer el derecho a acostarse con quien le parezca. Se ha suprimido el matrimonio y ya no es más que una asociación... ¿Qué te parece?

METTE: ¿Qué me parece? (Pausa) Trabajo para mantener a nuestros hijos... vivo el futuro que me obligas a vivir. Intento entender lo que me dices cuando me pides ausencia. Intento entenderte, Paul. Te vas en búsqueda de un lugar y un tiempo para poder pintar. Un paraíso salvaje donde dejar que tu espíritu libre pueda encontrar en la naturaleza la verdad... ¿Era así?

GAUGUIN: Dentro de dos días estaré en Noumeda donde tomaré el barco que me llevará a Tahití.

MAHU-METTE: Paul, es 1887 y no sé en el futuro, pero ahora, las mujeres no vivimos en una sociedad que tolere nuestra soledad.

GAUGUIN: Te garantizo que dentro de tres años habré ganado la batalla.

MAHU-METTE: No estaba preparada para sacar sola a una familia.

GAUGUIN: La vida en Europa es un desorden.

MAHU-METTE: Trabajo como un hombre, soy el padre y la madre sin quejarme, pero quiero otra vida.

GAUGUIN: En el futuro podremos –tú y yo- vivir al margen de las dificultades.

MAHU-METTE: Quiero otra vida, Paul. Más bien, quiero la vida que me prometiste y que ahora me robas con tus viajes y tu arte.

GAUGUIN: Tú podrás descansar y yo trabajaré.

MAHU-METTE: No quiero ser la mujer que soy.

GAUGUIN: Tal vez algún día te darás cuenta de quién es el padre de tus hijos.

MAHU-METTE: ¿Quién es el padre? ¿Un pintor? ¿Un fantasma?

GAUGUIN: Estoy orgulloso de mi nombre.

MAHU-METTE: Si pudiera decirte todo esto a la cara y no a través de una carta.

GAUGUIN: No pienses que soy egoísta y que los abandono.

MAHU-METTE: Si pudieras ver mi cansancio.

GAUGUIN: Déjame vivir así durante un tiempo.

MAHU-METTE: Cómo impedírtelo si fuiste tú quien decidió dejar su trabajo en París, rechazar Europa, abandonar su familia y lanzarse a la aventura.

GAUGUIN: Los que me hacen reproches no saben todo lo que hay en una naturaleza de artista y entonces...

MAHU-METTE: Por Dios, Paul, nos matas en tu recuerdo.

GAUGUIN: ¿Dónde estoy?

MAHU-METTE: Dices que en Panamá.

GAUGUIN: Bella la noche de hoy. Miles de personas hacen lo mismo que yo esta noche, se dejan vivir y sus hijos se educan solos.

Mahu-Mette empieza a agonizar, le falta el aire y su asma se agrava. Perdida, recorre el escenario. GAUGUIN, incólume, se desentiende.

MAHU-METTE: ¿Dónde estás, Paul?

GAUGUIN: Digo que en Panamá.

MAHU-METTE: Al menos, cuéntame cómo es eso.

GAUGUIN: Toda esa gente va por ahí a cualquier pueblo, en cualquier camino, duermen en una casa, comen, dan las gracias y se van. ¿Y se les llama salvajes? Cantan, no roban jamás, mi puerta nunca está cerrada, no matan. Cuatro frases los define y la usan mucho: ¡Ey, qué pasó! ¡Adiós gracias! ¡Me da igual! y ¡Juega vivo!

MAHU-METTE: (sin aliento) ¿Volverás?

GAUGUIN: El suelo panameño va haciéndose totalmente francés y poco a poco este antiguo orden de cosas va a desaparecer. Nuestros misioneros han traído mucho de la hipocresía protestante y se llevan un poco de la poesía, sin contar la viruela que ha invadido toda la raza.

MAHU-METTE: ¿Volverás, Paul?

GAUGUIN: A ti que te gustan los hombres guapos, aquí no faltan, bastante más altos y musculosos como Hércules.

MAHU-METTE: (ahogada) Deberías volver.

GAUGUIN: Adiós querida Mette, queridos hijos, recordadme con cariño. Y cuando regrese, nos volveremos a casar.

MAHU-METTE: (sin aire) Paul, nuestra hija ha muerto.

Pausa. MAHU-METTE cae en los brazos de GAUGUIN mientras agoniza. GAUGUIN con gran dolor, llora.

GAUGUIN: Mi hija. Mi hija preferida. La última vez que te vi en Copenhague fue durante un breve viaje... ¿Lo hice en 1891? Mi niña de ojos acuarela. Mi caricia... mueres en 1897 a los 19 años de edad. Nunca viste mi cuaderno, decorado con dibujos... yo, que soy tu padre y quien más te amó, lo había destinado para que lo leyeras y me conocieras y me perdonaras... en él, recogía algunas opiniones sobre el arte, el amor y...

GAUGUIN desconsolado carga a Mahu-Mette.

GAUGUIN: ...pero no será hasta 1963 cuando lo edite y el mundo lea, mi amor por ti. Descansa en paz mi pequeña catarata anaranjada.

Entran los dos hijos y GAUGUIN les entrega el cuerpo de Mahu-Mette. Mahu-mette se incorpora con vitalidad.

MAHU-METTE: Tu dolor amarillo ya no me convence, Paul. Te hago una pregunta que espero no se aparte de tu oído por el resto de tus días: ¿Crees que tu pintura(aún sin éxito) mereció la sangre de tu familia?

GAUGUIN, estupefacto, no puede responder. Mahu-Mette sale rápido y se coloca en la parte de atrás del ciclorama. GAUGUIN inquieto busca en los baldes, hasta que consigue uno que está lleno de agua. Se apresura a cubrir la roca con un lienzo. El gran volumen de la roca se ha vuelto blanco a causa del lienzo. GAUGUIN se cubre con una capa de lienzo. Del ciclorama sale gritando Mahu-Van Gogh. Se detiene al ver a GAUGUIN. Mahu-Van Gogh tiene una capa de lienzo similar a la de GAUGUIN. Se miran y se miden como en un duelo. El duelo de dos hombre, el duelo de dos pintores, el duelo de dos amigos. Todo se vuelve amarillo y naranja. Se lanzan uno contra el otro y se abrazan con efusión.













Ç



ESCENA 4
“Esto nunca pasó”

GAUGUIN: Vincent, Vincent... Ayer se dio una cena en mi honor, a la que asistieron cuarenta y cinco personas, pintores, escritores, presididos por Mallarmé.

MAHU-VAN GOGH: ¿No estabas en Panamá?

GAUGUIN: Estoy, Vincent, estoy.

MAHU-VAN GOGH: Por qué no me llevaste.

GAUGUIN: Estamos en Panamá, Vincent, estamos.

MAHU-VAN GOGH: Estamos porque yo quiero, no porque me
invitases.

GAUGUIN: Lo que ocurre es que Laval me convenció.

MAHU-VAN GOGH: Laval, ese encorsetado pintor.

GAUGUIN: Él, me habló de este paraíso de palmeras y sol.

MAHU-VAN GOGH: ¿Sabe que sedujiste a su novia?

GAUGUIN: No.

MAHU-VAN GOGH: ¿Que la magreaste hasta la saciedad?

GAUGUIN: No.

MAHU-VAN GOGH: Que la llenaste de óleo y trementina.

GAUGUIN: Calla Vincent, que Mette puede escuchar.

MAHU-VAN GOGH: No te avergüenza ser tan “megalómano”

GAUGUIN: Mira quién habla.

Mahu-Van Gogh se separa de GAUGUIN.

MAHU-VAN GOGH: Me dicen que trabajas en una obra...

GAUGUIN: Sí, Vincent, estoy encontrando lo primitivo del color y la perspectiva.

MAHU-VAN GOGH: ...una obra transoceánica.

GAUGUIN: ¿Qué te han contado?

MAHU-VAN GOGH: Que en tu estupidez, en vez de ir a un espacio solitario y óptimo en luz...

GAUGUIN: Panamá tiene un sol valiente.

MAHU-VAN GOGH: ... has llegado al progreso más salvaje: La construcción de un canal.

GAUGUIN: Europa necesita mover sus barcos.

MAHU-VAN GOGH: Dicen que trabajas como esclavo.

GAUGUIN: Sólo soy esclavo del color.

MAHU-VAN GOGH: ¿Y la luz?

GAUGUIN: Es mi único dueño.

MAHU-VAN GOGH: Te desperdicias trabajando para el progreso.

GAUGUIN: No, Vincent. Encuentro la verdad de mi libertad.

MAHU-VAN GOGH: ¿Qué libertad?

GAUGUIN: La que tendremos en el futuro.

MAHU-VAN GOGH: ¿Cuándo?

GAUGUIN: Cuando alguno de nuestros cuadros se venda por... 50 dólares.

MAHU-VAN GOGH: (ríe)¡Estás loco!

GAUGUIN: ¿Por qué?

MAHU-VAN GOGH: ¿Tanto dinero?

GAUGUIN: Tengo confianza en que la gente...


MAHU-VAN GOGH: Un cuadro mío nunca valdrá tanto.

GAUGUIN: Un cuadro de Vincet Van Gogh valdrá mas de 30 dólares, te lo aseguro.

MAHU-VAN GOGH: (ríe) No subestimes el mal gusto de la gente.

GAUGUIN: ¡Créeme! Tal vez no ahora, pero dentro de cinco, diez años...

MAHU-VAN GOGH: treinta, cuarenta, cien años.

GAUGUIN: Tenemos que ser pacientes

MAHU-VAN GOGH: Pero si cambio mis cuadros por leche y mantequilla.

GAUGUIN: Hay que aguantar.

MAHU-VAN GOGH: Mientras espero, me consumo.

GAUGUIN: Hay que resistir.

MAHU-VAN GOGH: A veces mi cabeza no es mi cabeza.

GAUGUIN: Tienes que controlarlo

MAHU-VAN GOGH: Mi oreja me domina y me descontrola.

GAUGUIN: ¿Son los nervios?

MAHU-VAN GOGH: No, es la invasión.

GAUGUIN: ¿La Invasión?

MAHU-VAN GOGH: Una oreja que no es mía que se instala en mi cabeza y me deja sin mí. Me deja en el futuro. ¡La invasión de cabezas! ¿No te pasa? De pronto, tu cuerpo tiene otra oreja que le da órdenes, y entonces empieza la lucha de tu cuerpo con tu nueva cabeza. No es exactamente una lucha sino que tu cuerpo busca tu verdadera oreja llena de cerumen ocre (porque está perdida) y mientras la encuentra, la nueva oreja que te ha invadido, te llena de libertad...mi oreja son moscas de colores ocres que se meten en mi oreja…mi oreja a veces es peligrosa, a veces violenta, pero siempre me deja el cuerpo lleno de vida... me encuentro más cansado, más cansado, más cansado, más cansado, más cansado.

MAHU-VAN GOGH se agarra la oreja con dolor y expectativa. GAUGUIN se le acerca, trata de calmarlo.

GAUGUIN: Mira lo que estoy trabajando.

GAUGUIN le enseña la roca cubierta con el lienzo.

MAHU-VAN GOGH: Interesante

GAUGUIN: ¿Te gusta?

MAHU-VAN GOGH: Interesante.

GAUGUIN: ¿Qué te parece el trazo?

MAHU-VAN GOGH: Expresa el pensamiento de una frente en el brillo de un tono de luz contra el fondo oscuro. Expresa esperanza en un puñado de estrellas.

GAUGUIN: Lo estoy creando desde la necesidad primitiva y ancestral.

MAHU-VAN GOGH: No termina de definir el trazo, como hace Daumier.

GAUGUIN: Merde, con Daumier y su trazo.

MAHU-VAN GOGH: No volveremos a discutir sobre Ziem o Theodore Rousseau.

GAUGUIN: No, no lo haremos porque no hay nada que discutir. Todos son un grupo de momias con pincel, que pintan cuadros sin alma y sin corazón.

MAHU-VAN GOGH: Muy mal, mi querido Paul, muy mal. Si no eres capaz de complementar tu arte a partir de la propuesta de los demás...

GAUGUIN: Eso es mentirse, Vincent.

MAHU-VAN GOGH: Es saber escuchar el color y la forma.

GAUGUIN: No puedo ser como los demás.

MAHU-VAN GOGH: Ni yo, lo sabes bien.

GAUGUIN: Me pides que pinte sintiendo el tufo de las escuelas de bellas artes a mis espaldas.

MAHU-VAN GOGH: Hay que escuchar con los ojos de todos los creadores, sólo así podremos entender la luz.

GAUGUIN: La luz sale de lo más virginal de la naturaleza.
Me basta con revisar lo que ha hecho Velásquez, Ingrés, Degas y lanzarme sobre el lienzo.

MAHU-VAN GOGH: No, no es así... Hay que esperar que el ímpetu te llene y en ese momento es cuando el trazo está listo.

GAUGUIN: Vehemencia...

MAHU-VAN GOGH: Sí.

GAUGUIN: Arrebato.

MAHU-VAN GOGH: Sí.

GAUGUIN: Furor.

MAHU-VAN GOGH: Oui.

GAUGUIN: Azul.

MAHU-VAN GOGH: Luz.

GAUGUIN: Amarillo.

MAHU-VAN GOGH: Rojo.

GAUGUIN: Libertad.

MAHU-VAN GOGH: Una oreja.

GAUGUIN: Girasoles.

MAHU-VAN GOGH: Panamá.

GAUGUIN: Oreja.

MAHU-VAN GOGH: Una oreja panameña.

MAHU-VAN GOGH: Sí, sí, sí.

MAHU-VAN GOGH explota de frenesí. Agarra un balde lleno de agua y se lo lanza a la piedra con violencia. GAUGUIN, sorprendido, no sabe qué decir. Suena un nocturno de Chopin con la distorsión de la locura de MAHU-VAN GOGH.

GAUGUIN: ¡Merde!

MAHU-VAN GOGH: ¡Ahora sí, ese sí es mi retrato!

GAUGUIN: ¿Cómo te atreves, loco holandés?

MAHU-VAN GOGH: No te vayas a Panamá, Paul.

GAUGUIN: Maltratas mi obra.

MAHU-VAN GOGH: No he sido yo, ha sido la oreja de otro...

GAUGUIN: Sin huevos te voy a dejar cuando te agarre.

MAHU-VAN GOGH saca un cuchillo y lo amenaza

MAHU-VAN GOGH: Ha sido otro... no he sido yo.

GAUGUIN: (irónico) Loco. Enfermo y loco holandés.

MAHU-VAN GOGH: (dolido) ¡Touché!

GAUGUIN: Eres romántico y yo primitivo.

MAHU-VAN GOGH: Sí, soy un sentimental de pies a oreja y cultivo el arte por amor a la intensidad de la expresión ante lo abismal y horrendo del ser humano.

GAUGUIN: Busco la felicidad, Vincent, la armonía.

MAHU-VAN GOGH: Yo me busco a mí... y a veces me acerco.

GAUGUIN: Por eso no nos entendemos y lo mejor es que cada
cual siga su camino.

MAHU-VAN GOGH: Me quiero quedar contigo en Panamá.

GAUGUIN: ¿Viniste alguna vez?

MAHU-VAN GOGH: Vine en tu sonido, en tu oreja... Alguna vez, en algún ataque... ya sabes, mi cuerpo y tu oreja.

GAUGUIN: Hasta siempre, Vincent.

MAHU-VAN GOGH: Adiós.

GAUGUIN: Pintaré tu retrato de memoria y con despedida.

Aparece la imagen del retrato de Vincent Van Gogh pintando girasoles, 1888. (Óleo sobre lienzo Rijksmuseum Vincent Van Gogh) La emoción invade a MAHU-VAN GOGH que salta y explota de risa y dolor...

MAHU-VAN GOGH: Ese soy yo verdaderamente, pero tal como si me hubiera vuelto loco.

MAHU-VAN GOGH se sube a la roca. Y alza el cuchillo en un rito agresivo y se coloca el cuchillo en la oreja.

GAUGUIN: ¿Pero qué haces?

MAHU-VAN GOGH: Te doy mi amistad.

GAUGUIN: ¿Estás loco?

MAHU-VAN GOGH: Una entrega verdadera y repetida.

GAUGUIN: ¿Esto lo hiciste por el dolor y amor a una prostituta en Arlés?

MAHU-VAN GOGH: Que sepa la historia que mi oreja, la oreja de Van Gogh, la corté en Panamá como pago ante la afrenta sobre la obra de Paul GAUGUIN.

GAUGUIN: Es como si fueses dos personas.

MAHU-VAN GOGH: Es triste, soy mi peor enemigo.

GAUGUIN: No lo hagas, Vincent.

MAHU-VAN GOGH: Será la única forma de que me recuerden.

MAHU-VAN GOGH se corta la oreja. Un río amarillo y el sonido se derraman por la piedra, bañándola con rigor. MAHU-VAN GOGH abre la boca y lanza un grito de dolor que no escuchamos. GAUGUIN, que no quiere seguir viendo lo que ocurre, va hasta el proscenio. GAUGUIN llora por su amigo.

GAUGUIN: (Al público) Intentaré olvidarme de él y de mi estancia en Arlés. Intentaré pintar su retrato y su alma con mirada trastornada, que muestre al pintor extendiendo su mano con torpeza para manejar el pincel. Trataré de captar en ese cuadro el maníaco furor de su manera de pintar, su agitación, en la que un mecanismo interno, de una manera en cierto modo automática, da la terminación al cuadro.

GAUGUIN voltea y MAHU-VAN GOGH ha desaparecido. Sólo está la roca cubierta con el lienzo. El color naranja y amarillo cubre parte de este lienzo y sobre él vemos el cuchillo y lo que intuimos como su oreja. GAUGUIN se acerca a la roca y agarra el cuchillo y la oreja. Se sube en ella y levanta las manos.

GAUGUIN: Y ante este pequeño cuadro que tiene la pretenciosa intención de imitar la verdadera naturaleza, se siente uno tentado a decir: ¡Cuán pequeño eres, hombre! Así pues, igual que un kilo de verde es más verde que medio kilo.

El color verde invade todo el escenario. En el ciclorama, vemos imágenes verdes del canal y sus esclusas a medio construir.

GAUGUIN: Todo este montón de colores exactos carece de vida y miente. Miente de forma estúpida y descarada. ¿Dónde está ese sol que calienta? ¿En qué se ha convertido esa inmensa alfombra verde de lucha y recuerdos que es Panamá?












ESCENA 5
“No existe la justicia divina”

MAHU-GUARDIA con dos soldados que lo escoltan entran rápidamente. MAHU-GUARDIA lleva un uniforme de guardia nacional con lentes oscuros, sus subalternos también. GAUGUIN los ve y se guarda en los bolsillos el cuchillo y la oreja de Van Gogh.

MAHU-GUARDIA: Hey, pelao, baja de ahí

GAUGUIN: ¿Me habla a mí?

MAHU-GUARDIA: No, le hablo a tu sombra.

GAUGUIN: Perdone, pero estoy...

MAHU-GUARDIA: Ya sé donde estás... y quiero que te bajes... y te acerques.

GAUGUIN: Esta es mi obra.

MAHU-GUARDIA: ¿Tás sordo, pelao?

GAUGUIN: No, yo no... un amigo, de Holanda.

MAHU-GUARDIA: ¿Me estás tomando el tiempo?

GAUGUIN: No, agente, lo que ocurre es que un amigo mío...

MAHU-GUARDIA: Ciudadano, bájese y ya.
GAUGUIN: Es que esta es mi obra.

MAHU-GUARDIA: ¡Vaya la peste! Después dicen que es culpa de la autoridad.

MAHU-GUARDIA le hace una seña y los dos policías se encargan de bajar a GAUGUIN. GAUGUIN forcejea y recibe un par de golpes y empujones. Los dos policías lo sujetan y lo llevan frente a MAHU-GUARDIA.

MAHU-GUARDIA: ¿Quién, chucha te crees?

GAUGUIN: Soy ciudadano francés.

MAHU-GUARDIA: Y qué... yo soy panameño.

GAUGUIN: Todavía no.

MAHU-GUARDIA: ¿Cómo es la vaina?

GAUGUIN: Todavía no se han separado de Colombia, estamos
en 1887.

MAHU-GUARDIA mira a los dos policías y estallan de risa.

MAHU-GUARDIA: Este man está ponchi.

GAUGUIN: Todavía son colombianos pero pronto la libertad
los llenará de vigor e independencia.

MAHU-GUARDIA: ¿Así que estamos en 1887?

GAUGUIN: Sí.

MAHU-GUARDIA: (lo agarra por el cuello) Estamos buscando a un loco que anda por allí, orinando las calles con los pantalones abajo. ¿Lo has visto?

GAUGUIN: Aquí sólo estoy yo.

MAHU-GUARDIA: ¿No serás tú?

GAUGUIN: No, yo estoy trabajando en mi obra.

MAHU-GUARDIA: ¿Cuál?

GAUGUIN: Ésa.

MAHU-GUARDIA: La piedra.

GAUGUIN: Sí, estoy construyendo el canal.

MAHU-GUARDIA y los dos policías se carcajean.

MAHU-GUARDIA: ¿El canal?

GAUGUIN: Sí.

MAHU-GUARDIA: El canal de Panamá.

GAUGUIN: Sí, el canal construido por los franceses como yo.

MAHU-GUARDIA: Ah, un canal francés.

GAUGUIN: Sí, un canal que traerá el progreso a estas bellas tierras vírgenes.

MAHU-GUARDIA: Así es la cosa.

GAUGUIN: Sí, con este canal, Panamá podrá hundirse como uno
de los países más ricos de la zona americana.

MAHU-GUARDIA: ¿Hundirse?

GAUGUIN: El progreso es el fin.

MAHU-GUARDIA: Tás hablando mucha paja. Dame la cédula.

GAUGUIN: ¿Cédula?

MAHU-GUARDIA: Sí, la cédula. Saca todo lo que tienes en los bolsillos.

Los dos policías lo cachean y encuentran la oreja y el cuchillo llenos de color amarillo.

MAHU-GUARDIA: ¿Y esta vaina qué es?

GAUGUIN: Un regalo de un amigo.

MAHU-GUARDIA: (a los subalternos) ¿Me está tomado el tiempo?

Los dos policías no saben qué responder.

MAHU-GUARDIA: ¿Me estás vacilando? ¿De quién es eso? ¿Dé dónde lo sacaste?

GAUGUIN: Eso es parte de la obra de un pintor holandés que será muy famoso: Van Gogh.

MAHU-GUARDIA le da varios golpes que dejan tirado en el suelo a GAUGUIN.

MAHU-GUARDIA: Conmigo no te pongas liso, francesito. ¿De dónde sacaste esto?

GAUGUIN: Es la verdad.

MAHU-GUARDIA: La verdad en Panamá.

GAUGUIN: Le digo la verdad.

MAHU-GUARDIA: Aquí la verdad te chifea.

GAUGUIN: Soy Paul GAUGUIN, pintor primitivo.

MAHU-GUARDIA: Y yo, toy casa’o con la mamá de tarzán.

MAHU-GUARDIA lo vuelve a golpear.

GAUGUIN: Es la verdad.

MAHU-GUARDIA: ¿Tú quieres que te cuente la verdad de Panamá?: las cosas son como son y “el que parpadea pierde”.

GAUGUIN: El canal.

MAHU-GUARDIA: ¿Qué pasa con el canal?

GAUGUIN: Los convertirá en enemigos.

MAHU-GUARDIA: ¿De quién?

GAUGUIN: De ustedes mismos.

MAHU-GUARDIA lo levanta y lo agarra por el cuello.

MAHU-GUARDIA: Así que tú eres brujo y lo sabes todo. Entonces dime, ¿Cómo será el futuro de Panamá?

GAUGUIN: Ellos ya lo saben.

MAHU-GUARDIA: ¿Quiénes?

GAUGUIN: (Señalando al público) Los que están ahí.

MAHU-GUARDIA deja a GAUGUIN y se acerca al proscenio con cautela. Trata de ver entre el público.

MAHU-GUARDIA: (mirando al público) No veo a nadie.

GAUGUIN: Están ahí, mirando.

MAHU-GUARDIA: ¿Quiénes?

GAUGUIN: Los que le dan sentido a nuestras obras.

MAHU-GUARDIA: ¿Quiénes?

GAUGUIN: Los que ven nuestros cuadros, los que están detrás del lienzo. Esos, que son futuro para nosotros, pero existen. Esos, que nos verán y harán que nosotros seamos pasado para ellos. Como ahora: presente y pasado juntos en este instante de comunicación. En este momento donde el arte desdibuja la realidad y la ficción. Realidad y ficción. ¡Cómo si supiésemos qué es una cosa y otra!

MAHU-GUARDIA, desconcertado, trata de ver al público de la sala. MAHU-GUARDIA agarra a GAUGUIN lo lleva al frente del escenario. Mientras lo amenaza con su arma. GAUGUIN acusa el dolor del maltrato.

MAHU-GUARDIA: ¿Así que allí delante está Panamá?

GAUGUIN: Sí.

MAHU-GUARDIA: ¡Entonces, háblales!

GAUGUIN: ¿Qué les digo?

MAHU-GUARDIA: No sé, tú eres el vidente.

GAUGUIN: Pero qué les...

MAHU-GUARDIA: Las cosas buenas que se merece mi país.

GAUGUIN: Yo no sé...

MAHU-GUARDIA: Habla o te mato.
GAUGUIN, nervioso y asustado de rodillas desde el proscenio. Una luz cenital delimita su cuerpo como si estuviera en una sala de interrogatorio.

















ESCENA 6
¿Será que yo soy tú?”

GAUGUIN: (atemorizado) Cosas diversas. Santo cielo, cuántas cosas infantiles podrán encontrarse en estas palabras. Soy Paul GAUGUIN, pintor primitivo. Me obligan a hablarles y lo hago para salvaguardar mi vida. Es decir, que salvo mi vida mientras les hablo. Una vida sin aliento no es vida. ¿Entienden? Sin mi vida no podría crear y sin mi creación ninguno de ustedes estaría allí. Ahora bien, si una obra de arte fuera una obra del azar, todas estas palabras serían casi inútiles. No suelo expresarme de esta forma, prefiero las cartas y los cuadros, pero, ya que me instan a decir lo que veo, pienso dejar mi lengua exhausta (todo por el bien de mi vida y mi obra) Nací en París en 1848, pero hoy estoy en Panamá y vine a hacer el canal. Tal vez debería disculparme por formar parte de los que sacamos adelante esta obra de ingeniería. Pero no lo voy a hacer. Estoy convencido de que es un error hacer una obra de estas magnitudes... Una construcción como ésta sólo puede traer problemas en el futuro. La mezquindad del hombre por controlar al otro no ha dejado de existir y eso...

GAUGUIN se retuerce de dolor como si alguien lo torturara. Sólo vemos a GAUGUIN pero se escuchan las risas de Mahu-Guardia y los subalternos desde la oscuridad.

GAUGUIN: Vine a este país como tantos otros, del extranjero, pero me hice de aquí porque “el que parpadea pierde”. (Risas de Mahu-Guardia y sus subalternos que disfrutan de la tortura) Llegué y por primera vez mis ojos se abrieron. Bajé las escaleras del puerto y mis ojos enfocaron por primera vez la realidad como en una pantalla y desde entonces no he dejado de recordar... de existir. (Pausa, tratando de distinguir al público) Los veo a los ojos... bueno, yo no puedo porque la luz me ciega, pero ustedes tendrían que hacerlo... mirarme a los ojos y darse cuenta. En este país hay que darse cuenta todo el tiempo, a cada segundo... ¿Cuenta?, ¿de qué? Sí. Sí, hay que estar alerta y darse cuenta de que las cosas no son sólo como las vemos o como quieren que las veamos... (GAUGUIN resiente el dolor de la tortura) Mi opinión no es, en absoluto, ésta (Dolor y tortura) Sí, sí se parecen a lo que vemos... (Más tortura, dolor y risas de MAHU-GUARDIA) Una vida que no se vive mirándose de frente es una vida sin color. Panamá está llena de color. Creo, fervientemente, que hay que mirar a la vida directamente a los ojos y si te rehuye la mirada... (pausa) En algunos días de imaginación errabunda, recuerdo largos apuntes, estériles con frecuencia y, más aún, turbadores... una nube negra oscurece el horizonte, son las seis de la tarde y tengo seis años. Nos acabamos de mudar. Yo, pequeño y vital, decido mentir por primera vez, una mentira útil y necesaria. Llego del colegio y decido decirle a mi abuela que mi madre me deja salir solo, hijo no le cojas caramelos a nadie y recuerda que las guerras hay que ganarlas antes de empezarlas, sí, mamá. (Pausa) Mi abuela quiere desconfiar pero no puede, acaba de mudarse conmigo y quiere ganarse mi confianza. Le digo a mi abuela que mi mamá me da permiso, ella me deja bajar... quiero bajar y esperarla a que regrese del trabajo. Es el primer día en esa nueva casa. Llevamos dos días de mudados y es el primero en el que puedo esperar a mi madre. Quiero tener un gesto de amor, un gesto azul y verde. Bajo a la esquina, quiero darle la sorpresa a mi madre. Quiero verla bajar del autobús y que nos sorprendamos los dos. Viéndonos. Ella, bajando; yo, viéndola a la cara, como a la vida, a los ojos, quiero verla a los ojos como ustedes a mí. Estoy seguro de que estoy en la esquina correcta, estoy seguro de que estoy en el país correcto... No es Francia, ni Tahití, ni Martinica... es Panamá... soy Paul GAUGUIN, su cuerpo... ¿Y mi cabeza? Sí, mi cabeza, también es mía, no es de otro... Estoy en Panamá, tengo seis años y espero a mi madre. Pasan veinte minutos... eso creo, porque a esa edad no sabía leer la hora... tengo una noción del tiempo. Los colores del atardecer panameño me sirven como el mejor de los cronómetros. Veo cómo pasan ante mis ojos los colores del cielo: han pasados dos celestes “no es tan tarde” y un rosado “mi mamá no viene” y lentamente se viene acercando un azul profundo “¿qué hago, dónde está?”. Sentado en una escalera de la calle, trato de divisar la parada del autobús. Una nube negra oscurece el horizonte. Soy libre pero mi madre no llega. ¿Qué pasa? ¿Será que me equivoque? No, no pude haberme equivocado, ella siempre llega. Yo vuelvo a ver mi reloj, el cielo. Es tarde. Una señora pasa a mi lado y me pregunta: ¿Te gusta el cielo? No, señora, espero a mi mamá y estoy emocionado. Sí señor, el pintor emocionado en medio de su recuerdo y su madre que no llega... La oscuridad me quita la luz, me quita los colores... decido volver y justo en ese instante llega mi madre. Todavía enfundada en su uniforme de trabajo. Inquieta, con ojos y cabellos de un azabache propios de Velásquez. Mi madre y su cuerpo, un poco Degas que se acerca a mí y me regaña, me reclama. La mentira, mi abuela, mi ausencia de casa a esas horas... yo intento explicarle que lo he hecho para esperarla y darle una sorpresa. Entiendo que a veces hay cosas que se hacen y no salen como uno quiere. Una familia, un canal, una obra sobre el lienzo... hay cosas que no salen como uno quiere, pero son. Ahí estoy yo, regresando a casa, regañado, caminando cabizbajo delante de la preocupación de mi madre aprendiendo que la vida tiene sus días raros, sus esquinas esquivas. Aprendo que, a veces, las sorpresas vuelan como bumerang y te golpean la nuca. Allí estoy. Aprendiendo a mirar. Aprendiendo a sentir... y todo esto lo aprendí en Panamá. ¿Puedes decir lo mismo Panamá? ¿Puedes verte a los ojos y reconocer tu autorretrato?(Dolor y tortura en el cuerpo de GAUGUIN y explota de ironía) Hombres y mujeres de Panamá, disculpen este instante en el que este pobre artista se ha quedado en la infancia. Disculpen, si no por piedad, al menos por amor a las flores y a los perfumes embriagadores y a los cielos que son relojes. Igual que las flores, se abren al menor rayo de sol, exhalando sus perfumes, pero se marchitan al contacto impuro de la mano que la mancilla, mis palabras, toda mi obra, todos mis cuadros, son un espejo para el que sabe ver. Un espejo en el que se reflejan cada uno de ustedes. Mírenme a los ojos y podrán verse. Mírenme y verán la vida a la cara. Mírenme, merde, y atrévanse a verse. Atrévanse a hacer algo. Atrévanse a mirar. Atrévanse a conocerse. Cada uno con cada uno. Cada espejo con cada espejo.

GAUGUIN se pone de pie y se libera de cualquier atadura imaginaria que lo haya tenido de rodillas.

GAUGUIN: (frenético) Mírense, mírense, mírense.

GAUGUIN sobre el escenario trata de ver los ojos de cada uno de los espectadores. Pausa larga. De pronto empiezan a proyectarse imágenes de Panamá en el ciclorama. Todas y cada una son fotos. Fotos que se suceden unas a otras. Fotos que van desde la construcción del canal hasta nuestros días. El ritmo de las imágenes va avanzando con rapidez según va avanzando la época. Vemos imágenes de archivo de finales de siglo pasado: la construcción del canal francés, la construcción americana, la ciudad y su evolución; los años veinte, cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta, ochenta, hasta llegar a un vértigo que termina con imágenes de finales de siglo pasado. En especial, vemos la evolución del canal y sus esclusas. La rapidez de las últimas imágenes hace difícil distinguir lo que en ellas se ve hasta que se detiene en una imagen del mar pacífico que queda permanente durante la próxima escena.










ESCENA 7
“¿Estoy listo pa´la foto?”

El escenario vuelve a iluminarse, pero esta vez con un gran brillo y resplandor, vemos a MAHU-MUERTE vestido de negro. Un gran lienzo negro pintado con trazos negros lo cubre. MAHU-MUERTE es la oscuridad con un gesto severo y riguroso. GAUGUIN, nervioso, intuye el peligro de su presencia y se aleja de ella.

MAHU-MUERTE: He aquí el más arisco de los innovadores, el más intransigente de los “incomprendidos”

GAUGUIN: ¿Quién eres?

MAHU-MUERTE: Varios de los que le descubrieron le han abandonado.

GAUGUIN: ¿Dónde está mi compañero de trabajo?

MAHU-MUERTE: Para la inmensa mayoría es un gran cuentista, aunque él, con toda seriedad, sigue pintando flores naranjas y perros rojos, intensificando cada día su personal forma de ser.

GAUGUIN: Tengo que seguir haciendo el canal de Panamá.

MAHU-MUERTE: De complexión fuerte, cabellos canosos y rizados, rostro enérgico de ojos azules...

GAUGUIN: Tengo que seguir trabajando...
MAHU-MUERTE: Tiene una sonrisa personal, muy dulce, modesta y un poco burlona.

GAUGUIN: (buscando) ¿Dónde está Mahu? ¿Dónde está mi compañero de trabajo? Está prohibido trabajar sólo en el canal, hay que hacerlo como mínimo con otra persona.

MAHU-MUERTE: ¿Copia usted la naturaleza?

Pausa larga. GAUGUIN, temeroso, se acerca ante la provocación de MAHU-MUERTE que le hace caer en su juego de preguntas.

GAUGUIN: ¡Copiar la naturaleza! ¿Qué significa eso?

MAHU-MUERTE: ¿Sigue usted a los maestros?

GAUGUIN: ¿Por qué seguirlos? ¡Sólo son maestros porque no han seguido a nadie! Bouguerau le ha hablado de mujeres que sudan arco iris, pero niega las sombras azules; se pueden negar sus sombras pardas, pero su obra no suda nada.

MAHU-MUERTE: ¿A qué se refiere?

GAUGUIN: Él es quien ha sudado en hacerla, quien ha sudado para copiar servilmente el aspecto de las cosas.

MAHU-MUERTE: ¡Son cuadros del famoso Bouguerau!

GAUGUIN: Bouguerau ha sudado y cuando uno suda pintando, apesta. Apesta a insulsez y a impotencia.

MAHU-MUERTE: ¿Y entonces, sus perros rojos, sus cielos rosas?

GAUGUIN: Son necesarios y todo en mi obra está calculado. Es música si usted quiere.

MAHU-MUERTE: ¿La pintura es música?

GAUGUIN: La obtengo, por medio de disposiciones de líneas y colores, con el pretexto de un tema cualquiera, sacado de la vida o de la naturaleza...

MAHU-MUERTE: ¿Escucha usted sus cuadros?

GAUGUIN: Son sinfonías, armonías que no representan absolutamente nada real en el sentido vulgar de la palabra.

MAHU-MUERTE: Eso es bastante novedoso

GAUGUIN: (grita) ¿Nuevo? ¡En absoluto! ¡Todos los grandes pintores no han hecho otra cosa! Rafael, Rembrandt, Velásquez, Boticcelli han deformado la naturaleza.

MAHU-MUERTE: Entonces, ¿no acepta usted el calificativo de agitador?

GAUGUIN: Lo encuentro ridículo. Si hiciera lo que han hecho otros, sería un plagiario y me sentiría indigno. Por eso estoy aquí, en Panamá. Construyendo una obra. ¿Quiere verla?

MAHU-MUERTE: Me gustaría.

GAUGUIN retira el lienzo de la gran piedra. Pausa.

GAUGUIN: ¿Lo ve?

MAHU-MUERTE: ¿El qué?

GAUGUIN: Aquí está todo.

MAHU-MUERTE: ¿A qué se refiere?

GAUGUIN: Aquí está el canal.

MAHU-MUERTE: ¿No hablamos de su obra pictórica?

GAUGUIN: Aquí esta todo: Mi pintura, mi trabajo, mis viajes, mi alma, mis colores, toda y cada una de mis formas... (tocando con fruición la piedra) mi alma, mi corazón. Todo está dentro de la naturaleza y esta es una de las mejores muestras de la naturaleza.

MAHU-MUERTE: ¿Toda su vida está ahí?

GAUGUIN: Sí y la esculpo para que de ella salgan mis recuerdos.

GAUGUIN: ¿Quiere ver alguno?

GAUGUIN toma el pico y empieza a golpear la roca. Recoge un pequeño trozo y se lo da a MAHU-MUERTE.

MAHU-MUERTE: ¿Qué esto?

GAUGUIN: Mi viaje a Papette.

Mahu-Muerte se pone el trozo de piedra en el oído.

MAHU-MUERTE: No es lo que me dice su recuerdo.

GAUGUIN: ¿No?

MAHU-MUERTE: No, aquí escucho a su esposa, Mette Sophie Gad que llora y escribe interminables cartas. Le pide que vuelva a su lado.

GAUGUIN: Imposible, todo fue un acuerdo.

MAHU-MUERTE: Le pide que no abandone a sus hijos.

GAUGUIN: Nunca lo hice.

MAHU-MUERTE: Mette llora y se arrepiente por haberlo acompañado el 22 de noviembre de 1873 a su boda.

GAUGUIN: Nos casamos por amor.

GAUGUIN vuelve a golpear la roca y recoge otro trozo.

GAUGUIN: Aquí está el nacimiento de mi hijo Clovis. 1879.

MAHU-MUERTE toma la piedra.

MAHU-MUERTE: Cierto. El hijo que abandonaste cuando estuvo enfermo en 1886 en una pensión en Pont-Aven.

GAUGUIN: Estaba enfermo y yo tenía que seguir pintando.

MAHU-MUERTE: Nunca quisiste a tu hijo.

GAUGUIN golpea y saca otra piedra

GAUGUIN: Mi exposición en Copenhague.

MAHU-MUERTE: 1885, un fracaso artístico te trajo desavenencias con los suegros, y te hizo viajar a París mientras Mette se queda con los niños en Dinamarca.

GAUGUIN: Nunca me entendieron.

MAHU-MUERTE: Abandonar una familia para irse a pintar es algo difícil de entender.

GAUGUIN: Tenía que crear. La belleza es eterna y puede tomar mil formas para expresarse.

GAUGUIN empieza a golpear la roca sin detenerse. MAHU-MUERTE recoge alguna que otra piedra.

MAHU-MUERTE: 1892 se enferma de gravedad, pero pinta mucho y envía 7 cuadros a París.

GAUGUIN: No es verdad.

MAHU-MUERTE: 1897, muere Aline. Ruptura definitiva con Mette.

GAUGUIN: Me dolió mucho.

MAHU-MUERTE: 1893 una enfermedad de los ojos, la soledad y la falta de dinero le obligan a regresar a París.

GAUGUIN: Mi tío Isidoro me deja algo en su herencia.

MAHU-MUERTE: 1900, Vendes algunos cuadros y tu situación financiera mejora. Muere tu hijo Clovis

GAUGUIN: No hay pena más grande que enterrar a un hijo.

MAHU-MUERTE: 1898, intento de suicidio. Estancia en un Hospital de Papette.

GAUGUIN: No hay pena más grande que enterrar a tu familia.

GAUGUIN no deja de golpear la roca.

MAHU-MUERTE: 1894, se despide de su familia en Copenhague.
GAUGUIN: ¡Mentira!

MAHU-MUERTE: 1897, Enferma de muerte, el alcohol y la sífilis han destruido su salud.

GAUGUIN: ¡Mentira!

MAHU-MUERTE: 1899, Su amante, Pauúra, da a luz a su hijo Emile.

GAUGUIN: ¡No mientas!

MAHU-MUERTE: 1902 Pleitos con la iglesia y la administración. Achaques cardíacos y la sífilis despiertan el deseo de volver a tu Francia natal.

GAUGUIN: ¡Mientes!

MAHU-MUERTE: 1903, El rebelde es condenado a tres meses de prisión por el delito de injuria.

GAUGUIN: ¡No es cierto!

MAHU-MUERTE: 1903, Para tu defensa te faltan las energías y el dinero.

GAUGUIN: No, no, no.

MAHU-MUERTE: Estás listo pa´la foto.

GAUGUIN: ¿Sabe usted qué será en breve el colmo de la verdad?: La fotografía.

MAHU-MUERTE: 1903, antes de entrar a cumplir la pena, mueres a la edad de 54 años.

GAUGUIN: La naturaleza, la verdad.

MAHU-MUERTE: 1914, se inaugura el canal de panamá con el cruce del barco Ancón.

GAUGUIN deja de golpear la piedra. Está exhausto y sorprendido. Se acerca a MAHU-MUERTE. En el ciclorama se deja de ver la imagen del mar pacífico y aparece un color mostaza intenso. MAHU-MUERTE se quita la capa de lienzo negro y cubre la piedra. GAUGUIN cae sobre la piedra, casi sin aliento.














ESCENA 8
“Lo que vemos a veces no es lo que vemos”

GAUGUIN: ¿Quién eres?

MAHU: Soy tu compañero de labores.

GAUGUIN: ¿Mahu?

MAHU: Sí.

GAUGUIN: ¿El panameño?

MAHU: Sí.

GAUGUIN: ¿Construimos el canal?

MAHU: Creo que nunca dejaremos de construirlo. Hasta hoy en día lo seguimos construyendo.

GAUGUIN: Toda obra tiene su tiempo, Mahu, no lo olvides.

MAHU: ¿Cómo te sientes?

GAUGUIN: Creo que estoy listo pa´la foto

MAHU y GAUGUIN sonríen con complicidad.

GAUGUIN: ¿Debo despedirme?

MAHU: El tiempo hará lo suyo con el arte y tu memoria.

GAUGUIN: El arte, ¿Lo ves Mahu?

MAHU: ¿El qué?

GAUGUIN: El arte está en la cabeza.

MAHU: El arte está en la memoria.

GAUGUIN: Todo está en esa piedra. ¡Destrúyela!

MAHU: No.

GAUGUIN: Golpéala hasta convertirla en ceniza.

MAHU: No.

GAUGUIN: ¿Lo ves, Mahu?

MAHU: ¿Qué?

GAUGUIN: ¿Ves tu patria?

MAHU: ¿Dónde?

GAUGUIN: Delante.

MAHU: Te veo morir.

GAUGUIN: ¿Te ves?

MAHU: ¿Dónde?

GAUGUIN: Soy tu espejo.

MAHU: ¿Y tú, te reconoces en mí?

Pausa. GAUGUIN le quita la mirada.

GAUGUIN: ¿Cuánto valdrá un cuadro mío en el futuro?

MAHU: No puedes seguir huyendo.

GAUGUIN: Soy el otro, el que busca.

MAHU: Hay que buscar en sí mismo, adentro y no en la vida salvaje y ficticia.

GAUGUIN: He buscado toda mi vida en el que no soy. ¿Dónde estoy?

MAHU: En Panamá.

GAUGUIN: ¿Dónde estoy o dónde soy?

GAUGUIN desvaría. Pausa larga. De pronto empiezan a proyectarse imágenes de toda y cada una de las obras de GAUGUIN en el ciclorama. El ritmo se incrementa según se van sucediendo. El vértigo de la sucesión de cuadros debe llegar al paroxismo.

GAUGUIN: Mi obra pasa ante mis ojos. ¿La ves?

MAHU: No.

GAUGUIN: Pues deberías. Deberías ver mi obra. Mi familia. Queriendo ser libre me quedé sin mí. Me quedé sin mi familia. Sin mi vida. Me inventé una vida que nadie creyó. ¿Esa libertad merece la pena?

GAUGUIN muere. En el ciclorama se agolpan las imágenes con frenesí hasta que llegamos al fade out. Todo se vuelve negro. Todo se oscurece y se queda sin luz, hasta la vida en el teatro.


FIN

Elijah dijo...

Como complemento, seria bueno añadir que, del trabajo de Teabing (digo Baigent…ya se me pegaron los anagramas de Brown) surgieron nuevas pistas no esperadas y que tienen que ver con un misterio, a mi modo de ver, de importantes consecuencias, si se llegasen a confirmar las evidencias. Me refiero al misterio de los caballeros templarios. H. Lincoln ha estado investigando el tema por varios años (de paso, el mismo no participo en la demanda que incoaron Baigent y Leigh en contra de tu repudiado Brown), y las evidencias señalan que existen construcciones medievales que exhiben tecnología asíncrona, es decir, ninguna otra fuente del periodo se refiere a la misma, y por ende los “expertos” no creen que existiera en ese periodo. Sin embargo, de acuerdo con la teoría sostenida por Lincoln, en la misma localización en la que se supone entro Maria Magdalena a Europa, existen edificaciones que reproducen ciertos símbolos a nivel regional, los cuales parecen indicar que quienes fueran sus constructores poseían conocimientos avanzados en astronomía, matemáticas y tecnología de la construcción. Por supuesto que los sospechosos son los misteriosos templarios. Si uno asocia las excavaciones que los mismos hicieran en el Monte del Templo en Jerusalén, su apoteósica subida al poder y más tarde, trágica caída y aun mas misteriosa desaparición, no puede uno dejar de pensar en una conjura o conspiración de colosales proporciones. Como dicen, no eres paranoico si de verdad te persiguen. Por ultimo, y solo con ánimo de completitud: El libro de Baigent, Leigh y Lincoln que presentas con titulo en español, en ingles se llama, “Holy Blood, Holy Grail”.