26 may. 2006

Caminando con Thoreau


Leer a Henry David Thoreau siempre es una delicia. Este cultor de los políticamente incorrecto y la desobediencia civil es un escritor que esconde en lo dulce de sus palabras ideas feroces, silvestres, silvanas. No sé por qué razón, cuando leo a Thoreau recuerdo la poesía de Eugenio Montejo, si el misántropo gringo cantaba, entre alabanzas a la naturaleza, la fuerza de la civilización occidental como si de un destino inevitable se tratara. Era como el corifeo de la nueva era de la Humanidad, aunque al principio parezca un hijo puro de Gaia. Aquí les dejo el inicio de un librito que estoy terminado de leer, Caminar, y que poco a poco se va poniendo más heavy:
«Quiero decir unas palabras en favor de la Na­turaleza, de la libertad total y el estado sal­vaje, en contraposición a una libertad y una cultura simplemente civiles; considerar al hombre como habitante o parte constitutiva de la Naturaleza, más que como miembro de la sociedad. Desearía hacer una declaración radical, si se me permite el énfasis, porque ya hay suficientes campeones de la civilización; el clé­rigo, el consejo escolar y cada uno de vosotros os en­cargaréis de defenderla».
Si estuviéramos en tiempos más heroicos él sería el dios Pan de la literatura estadounidense, así como Herman Melville sería Poseidón y Edgar Allan Poe, desde luedo, el siempre renacido Dioniso. Silvia Plath, en cambio, sería Afrodita Tánatos, la diosa del amor y de la muerte...

1 comentario:

Klaus Meyer dijo...

Hola Juan Carlos. Respecto a la informacion que me pediste sobre los diarios de Miranda, te la dejo en mi blog: aqui.

Saludos.