10 dic. 2006

265. Uno menos

Por fin se murió Pinochet. Un asesino menos. Falta el que está a su lado (y alguno más), a ver si a América Latina la dejan entrar en la modernidad de una buena vez.

6 dic. 2006

264. And the Berenguer goes to... ¡Ernesto Pérez Zúñiga!

Queridos amigos, en estas semanas he tenido el placer de comunicarles buenas noticias literarias de venezolanos, pero esta vez la muy buena noticia nos la da Ernesto Pérez Zúñiga, ese granadino y madrileño que tantos queremos, que se acaba de hacer con el XVI Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, organizado por el Ayuntamiento de San Fernando de Cádiz (ese lugar tan ligado a la vida de Miranda, by the way) y cuyo monto asciende a 24 mil eurillos de nada + la publicación de la novela en la editorial Algaida, del Grupo Anaya. He sido uno de los privilegiados que ha leído la novela, que concursó bajo el lema de El color de la araña, y les puedo decir que la he disfrutado con la exquisitez de quien lee la prosa de alguien que sabe a dónde va: te cagas de miedo, te excitas, y quedas siempre con las ganas de seguir leyendo -inercia que sólo dejan las buenas novelas-. El jurado, presidido por Juan Manuel de Prada, de seguro percibió eso y mucho más y ha abierto, con este premio, la posibilidad de que los lectores tengan un suculento bocado de literatura a principios del año que viene. Mi alegría y mis mejores deseos para el amigo novelista, dueño de una prosa que seguirá dando guerra durante muchos años, como se lo merece.

En la foto, tomada por mi querida y siempre añorada Silda Cordoliani hace tres años, estamos Ernesto, Nicolás Melini y yo (de derecha a izquierda) muertos de risa (quizá ya intuíamos que ese -o cualquier- premio se dirigía furiosamente hacia la escritura de Ernesto, como dice aquel poema de John Ashbery).

5 dic. 2006

263. ¿De verdad creen que Venezuela no va hacia la dictadura personalista de un megalómano? + razones para seguir oponiéndose

Sin enfriarse aún las máquinas electorales, ya salta la barbarie y el totalitarismo del presidente Chávez: dará 325 mil euros de ¡INDEMNIZACIÓN! por daños morales a dos terroristas de ETA. Y, encima, se ha sabido que quiere nacionalizar a otros dos etarras para que España no pueda extraditarlos. Ahora desmiente la noticia el ministro de exteriores de Venezuela, pero los abogados de los etarras aseguran que hay documentos de compromiso firmados (¿Firmados por quién? ¿Por Tarek?), y todo se enturbia; el gobierno español es cauto (o ingenuo), evade, que sí, que no, y a esta hora que escribo, todavía no se sabe si esos mil millones de bolívares van a parar a las manos llenas de sangre inocente de esos criminales o si es un invento de los abogados leguleyos. Lo que sí es verdad es que, entre sonrisitas desmayadas de Tibisay Lucena, Chávez aseguró, en su toma de posesión, que va hacia el socialismo del siglo xxi que nadie ha pedido, y que él asegura que ha sido la causa de su victoria: no por los 6 billones de bolívares repartidos a los funcionarios públicos, por las amenazas de gente que controla el 23 de enero a fuego limpio, por ejemplo, o por el dinero y los recursos del Estado que descaradamente usó para realizar su campaña. No. Al parecer, la gente votó por él para que los sumerja en el mundo del trueque y la sonrisa para los que matan a la gente por la espalda y delante de sus hijos.
Todas estas son razones para continuar escribiendo, diciendo, denunciando y oponiéndose a esta barbarie del siglo xxi, que nos está arrebatando el país moderno que, mal que bien, habíamos empezado a tener. Ya que los intelectuales del gobierno se limitan a lamer la bota y a aplaudir rabiosamente al líder, ya que no hay nadie de ese lado con decencia, consciencia o guáramo suficiente, tan solo nos queda la oposición continua, la denuncia continua y la defensa de nuestro derecho a no sucumbir en silencio bajo la bota de este "proceso" destructivo y empobrecedor. No sólo del cuerpo, sino del espíritu. Sobre todo el espíritu.

3 dic. 2006

262. IR A VOTAR

antes de viajar por los blogs...
hay que ir a votar
así que mosca, pues.

1 dic. 2006

261. Un artículo de Milagros Socorro

Ayer, la periodista y escritora Milagros Socorro publicó en Con acento, su columna semanal de El Nacional, un texto que considero de extraordinaria lucidez para entender los días que se avecinan en la Venezuela pre/post-electoral, y que amablemente ella me ha dejado colocar aquí, para disfrute de aquellos que se lo hayan perdido y todavía tengan los sentidos sensibles al buen periodismo y la certera escritura. La dignidad de esta profesión en nuestro país se mantiene a flote gracias a personas como ella, de eso no cabe la menor duda. Sin más, el artículo:

Lo vamos a escribir

Por hábito, casi por poner mi cabeza en otra cosa que no sea este nudo en el pecho, me pregunto qué pensarán los observadores internacionales y la prensa extranjera cuando oyen a Chávez vociferar en plaza pública que los resultados del 3 de diciembre ya están escritos.

Me entrego a este ejercicio porque la ira es más llevadera que la sensación de que nuestro destino pende de un hilo, del resultado de dos candidaturas que no sólo expresan maneras opuestas de encaminar al país, sino que a esta hora se perciben muy parejas en su oportunidad de hacerse con el poder... o retenerlo, para desgracia de la República. Vuelvo a leer la reseña del discurso de Chávez en la avenida Bolívar y me esfuerzo en adivinar qué interpretación hacen los distinguidos visitantes de una declaración que tan cabalmente retrata a quien la profiere y que tan a las claras muestra su determinación de deshilachar el ritual electoral, de terminar de abatir la escasa confianza de los electores en el CNE y de reforzar su reputación de autócrata ganado para la manipulación del sufragio.

Estos años nos han enseñado mucho. Hemos aprendido, por ejemplo, que el oficio de observador consiste en practicar sólo la mitad de las acepciones del verbo observar; es decir, la de "Examinar atentamente", como dice el Diccionario de la Real Academia Española, que agrega: "Observar los síntomas de una enfermedad. Mirar con atención y recato, atisbar". Pero se guardan muy bien de atenerse a la otra mitad del significado de esa palabra, que apunta a: "Guardar y cumplir exactamente lo que se manda y ordena. Advertir, reparar". En dos platos, ellos ven, cómo no, pero callan. Y se hacen cómplices.

EN CUANTO A LA PRENSA EXTRANJERA, TAMBIÉN HEMOS APRENDIDO QUE EN BUENA MEDIDA SE COMPONE DE EXPEDICIONARIOS tras la ruta de la chivera de las ilusiones en que se ha convertido Venezuela. Muchos de los periodistas que vienen de otros países lo hacen con la intención previa de constatar en este pobre desguazadero de las utopías que todavía quedan en el mundo héroes a medio camino entre el folklore universal y la insania revolucionaria. Y no les importa nada con tal de llevarse un souvenir de la memoria, una crónica con su firma en la que quede dibujado un último dinosaurio, una cabeza disecada para el museo del tercermundismo. Si no han tenido sensibilidad e incluso piedad para ver y nombrar la tragedia de Cuba, qué puede quedar para nosotros que tenemos en la renta petrolera un taparrabos que impedirá que exhibamos las vergüenzas de la miseria y la esclavitud, como sí ocurre en la isla.

Cuando fuimos arrojados a este zanjón de la historia tuve muchas expectativas frente al sentido de la responsabilidad internacional y, mucho más, en la sensatez de la prensa extranjera, y lo que di por sentado que sería su descreimiento ante un teniente coronel que evidentemente pretendía crear la ilusión de una revolución en marcha para encubrir un régimen militar, autoritario y tan ineficiente que tendríamos que inventar otra palabra para aludir a sus destructivas chapuzas.

No tardaría en percatarme de la gran soledad de Venezuela. Muy pronto comprobaría que la frivolidad es la fuerza que mueve al mundo y que una parte de éste está muy contenta con una película de acción donde los muertos, el atraso y la demolición de los valores democráticos los pongan otros, preferiblemente los pendejos del subdesarrollo.

NO ES QUE NO DUELA. DUELE, DESESPERA Y ENCOLERIZA VER LA FALTA DE RECIPROCIDAD HACIA VENEZUELA, el país democrático que tantos muertos evitó en Centroamérica, que tanto contribuyó a la transición democrática en España, que tantos exiliados del Cono sur guareció y empleó, y, en fin, que tantos inmigrantes recibió para sumarlos, como hijos que para nuestro privilegio llegaron a ser, a la aspiración democrática que casi desde su fundación ha albergado la República. Ese regalo que dimos al mundo –y del que estamos siempre orgullosos– no ha sido correspondido en la misma medida, lo que degrada a quienes lo recibieron y ahora miran hacia otra parte para no ver los terribles asedios que aletean sobre nosotros.

Si ayer se llevaron su botín de paz y convivencia democrática, ahora se hacen los desentendidos para no quedarse sin su porción de los contratos sin licitación o donativos en dólares que el autócrata reparte con la expresa voluntad de intercambiarlos por conciencias, por silencio, por connivencia para sus crímenes, cuando no por aplausos y por insultos para la oposición y la prensa libre de Venezuela. Porque hasta eso hemos tenido que tragarnos: la altanera irrupción de políticos e intelectuales de tres al cuarto que vienen a nuestra casa a llamarnos golpistas (categoría que le cuadra al sátrapa del 92) y a enjuiciar al periodismo venezolano que ha opuesto palabras contra armas, ideas contra un poder omnímodo, reporteros contra militares; y cuyos excesos, que no niego ni atiborran el salón de mis blasones, han obedecido siempre a la determinación de plantársele a un gobierno nefasto, autoritario y ladrón, pero nunca a la meliflua intención de adularlo ni de pergeñar versiones para justificar sus desmanes y sus actos abiertamente delictivos.

LA ESCANDALOSA VISIÓN DE CHÁVEZ ANUNCIANDO QUE YA LOS RESULTADOS DEL 3D ESTÁN ESCRITOS NO DIRÁN NADA A NUESTROS ILUSTRES HUÉSPEDES, como cabe prever que tampoco lo hará la devastadora imagen de una mujer clavada a un árbol como una especie de Cristo en la era de Bill Gates, que llega al martirio arrastrada por una promesa de vivienda que no se le ha cumplido y a ver si con eso sube la apuesta del clamor en un país donde la palabra ha sido objeto de una hiperinflación y ya no vale nada. Sólo el cuerpo doliente logra balbucear algún contenido. Pero a nosotros sí tiene que decirnos mucho. Todo. Porque cualquier venezolano, por joven que sea, tiene detrás la suficiente tradición ciudadana para saber que un demócrata jamás se expresaría de esa manera. Una manera que tiene en la panza la promesa del fanfarrón que nos amenaza con arreglar unos resultados electorales a su antojo y conveniencia.

Nosotros no podemos hacernos de la vista gorda ante el anuncio de Chávez de que si gana las elecciones, aquí no habrá cabida para ningún otro proyecto que no sea la revolución bolivariana, lo que equivale a avisar que tampoco habrá espacio ni Patria para los millones de venezolanos que estamos radicalmente opuestos a ese proyecto. ¿Qué va a hacer con nosotros? ¿Nos va a sacar a rastras de nuestras casas? ¿Nos va a recluir en campos de concentración? ¿Nos va a matar? Será la única manera de reducirnos, porque debe saber Chávez que los demócratas venezolanos somos imbatibles. No hay amenaza ni peligro para nuestra integridad y vidas que nos haga dar un paso atrás en nuestro compromiso de impedir el desmantelamiento de la nación y la confiscación de nuestras libertades.

Nosotros sabemos –y el que no lo sepa todavía que se avispe– que el 3D lo va a escribir el pueblo democrático, el que no se arredra ante las fanfarronerías de un fracasado que teme a todo menos al ridículo. Y esa caligrafía del 3D será monumental porque cada voto opositor se hará por el bien de Venezuela y, de paso, por la libertad de Cuba, que se acercará más a la democracia en la medida en que su régimen pierda el apoyo del dictador legal de nuestro patio; así como por el reforzamiento de la democracia mexicana y la paz de Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

Ante eso no puede haber miedo sino un coraje febril, loco, desbocado, que sorprenda al felón y lo desarme con el gesto irrebatible, estruendoso, liberador y refundador del civismo venezolano.
(El Nacional, 30 de noviembre de 2006)

30 nov. 2006

260. La física de Caracas

Aquí les dejo este video que encontré buceando en youtube, hecho por un chico con mucho ingenio, Mirko Casale Simonovic, que dice de este pequeño trabajo que es "mi primera creación en Venezuela. Participó en el concurso www.caracasfilminuto.com.ve 2006. Primera obra que salió de la Cooperativa Audiovisual Maracaybo Cine, a la que pertenezco" Una mirada de lo más acertada de lo que es Caracas, y sus "leyes" naturales que, por cierto, son la razón para que yo diga, quizá con algo de presunción, que la capital de Venezuela y la Atenas de hoy tienen muchas cosas en común, a pesar de estar tan separadas en tantos sentidos. El zaperoco es el mismo. Disfruten del video, pues.

28 nov. 2006

atrás para progresa que país del Historia .259

No merece el más mínimo comentario: vean este video y juzguen por ustedes mismos... o exíjanle a gente como el vicepresidente José Vicente Rangel, el alcalde Juan Barreto, el ministro Aristóbulo Istúriz, el cineasta Román Chalbaud, el filósofo Noam Chomsky, el periodista Ignacio Ramonet, la abogada Eva Golinger, el escritor Luis Britto García, o al mismo Hugo Chávez que no acepten un sueldo, sus dólares relumbrantes ni sus dádivas para hacer sus peliculitas, sino un vale para que lo cambien por comida en algún mercado premoderno de esos con los que sueñan ellos... el día en que ellos acepten vivir así, quizá podríamos plantearnos retrotraernos a ese modo de vida, que ni siquiera Rómulo Gallegos describió tan bien en su Doña Bárbara:

25 nov. 2006

258. Otro sábado con la literatura venezolana, ahora inmigrante

Esta vez nos toca el turno a Juan Carlos Méndez y a mí por la publicación aquí en España del segundo volumen de Inmenso estrecho, una serie antológica de la editorial Kailas que pretende llamar la atención sobre uno de los asuntos más importantes en este país (y en Europa): nosotros, los inmigrantes (nietos de Vicente Gerbasi, ese poeta blakesiano de Canoabo).
Varias decenas de escritores colaboran en los dos volúmenes de esta excelente idea, cuyos beneficios estarán destinados a la ONG Red Acoge: Nicolás Melini, David Hernández de la Fuente, Andrés Neuman, Jorge Eduardo Benavides, Fernando Iwasaki, Santiago Roncagliolo, Ernesto Pérez Zúñiga y su hermano, José María Pérez Zúñiga + un montón más de entusiastas contadores de cuentos. El libro fue presentado en la FNAC de Callao el jueves pasado y lo comentan hoy en la Babelia, de El País; yo les dejo, además, el cuento con el que he participado, La mirada de Rousseau, que espero disfruten (y, a los que estén aquí, que les estimule para comprar el libro y colaborar con la causa):



La mirada de Rousseau

Entra al bar acostado en su coche, mullido, empujado por su madre. Todos suspenden por un instante su actividad cotidiana para atenderlo; hasta las moscas dejan de sorber el azúcar de las tazas cuando hace su entrada, casi triunfal, en el espacio de esa mañana de domingo. Sus ojos rasgados producen en quienes lo miran una ternura inmensa, casi dolorosa. Durante un minuto es el protagonista del bar: nadie se pierde el más pequeño de sus movimientos, como si se tratara de una estrella de rock a punto de cometer alguna barbaridad. También el hombre que está en la esquina le sonríe unos instantes antes de proseguir con su lectura: ha comprado, como siempre, el periódico más abultado y, saboreando el aroma del café y el cruasán, sigue los acontecimientos del mundo en el orden en que el dueño del diario se los presenta: la portada de colores, con fotos de las noticias más importantes (él se detiene, sin embargo, en los recuadritos más pequeños, con la esperanza de encontrar una noticia aunque sea negativa de su país), el anuncio de los suplementos con suculenta lectura de séptimo día, las noticias internacionales, los líderes del mundo sacándose los dientes, la opinión de los expertos, el editorial, la caricatura que casi siempre es lo más agudo. Nada. Ninguna noticia de su país (¿habrá, finalmente, desaparecido?), ni siquiera en los indicadores económicos. Una moneda tan devaluada no tiene cabida en el concierto de los millones. Su país es insignificante en medio de la avalancha de progreso y bondad que abunda en los periódicos. ¿Fue esa otra razón para que él se fuera, para que estuviera tomando café en este bar, una mañana de domingo a miles de kilómetros de su vida pasada? No es fácil detectar estos sentimientos nuevos, inmigrantes en su corazón, sobre todo cuando se perciben con la inocencia de quien descubre un continente. No pocas veces las lágrimas han saltado a sus ojos, intempestivamente: los asesinatos, las injusticias y los logros de los menos capaces producen en él una emoción que se guarda de reprimir, no vaya a ser que el dueño del negocio se dé cuenta de su estado de ánimo y lo eche por raro,
—¡Cómo se le ocurre llorar en mi negocio!— gritaría.
Así que las lágrimas permanecen sentadas en el borde de sus párpados, como espectadores expulsados de un partido que se desarrolla en las ventanas del mundo. Aunque alguna de esas lágrimas, es cierto, desearía probar el vértigo que se siente cuando se desciende por las mejillas a toda velocidad, como hacen los esquiadores finlandeses. Nadie percibe las lágrimas del hombre. Nadie, salvo el bebé de ojos rasgados que ha entrado triunfante a la cafetería, mimado por todos y cada uno. Tal vez haya una conexión entre ellos dos, piensa el hombre de la esquina que vuelve a levantar la mirada en dirección del niño. Tal vez, imagina, este niño ha recorrido los mismos kilómetros que yo y los soldados finlandeses de sus ojos están listos para lanzarse por sus mejillas, para pedir comida o un poco de calor. Los ojos del niño: dos universos horizontales, verdes o azules, que miran al hombre con curiosidad; en su corta vida no ha visto a nadie llorando como él ha aprendido a hacerlo cuando quiere que le satisfagan sus caprichos. ¿Ya sabe que cada movimiento suyo produce una reacción de alarma en la madre, en el padre, en los abuelos? Y si no lo sabe, lo lleva grabado en el genoma. Con esas lágrimas —desgarradoras a veces— se ha asegurado teta, calor y cama en abundancia.
Por eso el bebé mira con atención; todos los ojos sobre él y los suyos sobre las lágrimas del hombre: un espejo que se refleja en otro hasta el infinito. La madre lo saca del coche y lo enseña a caminar, mientras el padre y todos los mayores celebran los primeros pasos. El bebé sonríe y mira a los gigantes con sus ojos de colores; suficiente argumento para que todos pierdan el interés por el resto del universo. El café del hombre de la esquina se ha enfriado, pero él no se ha dado cuenta porque el análisis de la realidad política que hace el próximo premio Nóbel de Economía lo mantiene en ascuas: ¿tan terrible se presenta el próximo milenio? La mosca, una entre millardos, se desliza hasta el borde de la taza para hurtar el dulce que queda en el café sin que el hombre —¿otra vez con lágrimas en los ojos?— se percate ni aparte la atención de los índices nutricionales de los próximos cincuenta años. La algarabía que se ha formado alrededor del bebé excita a todo el mundo y reduce el espacio del jolgorio a sus maromas, consciente, demasiado consciente de que es el centro de atención. Ni siquiera el dueño del local, pendiente todo el tiempo de las ganancias de su negocio, se percata cuando el chico de la chaqueta de cuero entra en el local y se arrima a la barra.
—Vodka.
No tanto por el escueto mensaje, sino por lo temprano del día para comenzar a beber algo tan fuerte fue lo que llamó la atención al dueño del local; sin embargo, acostumbrado a no hacer preguntas sino a vender con cordialidad de acuerdo a las leyes —pocas prohibiciones quedaban en su estructura mental—, sirvió la bebida en un pequeño vaso. El chico de la chaqueta de cuero dio cuenta de un solo trago de la mínima cantidad y con un golpe seco colocó el vaso sobre la barra. El camarero cogió la botella, sabía que el cliente le iba a pedir otra ración. Como en las películas de vaqueros. Son trucos que se aprenden con la experiencia y se notaba que el dueño de la cafetería tenía varios años en esto del negocio hostelero. Nunca alguien que pide algo tan fuerte en la mañana bebe poco. La artimaña para que gaste mucho es servirle su droga en pequeñas dosis, por «paquetes continuos», como los fragmentos de luz que se desplazan por el aire e inciden sobre los ojos del bebé y las lágrimas del hombre de la esquina, que se debate entre el llanto operático y el grito contenido ante las noticias de golpes de estado y atropellos, soldados cargando sus fusiles y niñas violadas con la venia de los jueces en cada rincón del planeta donde todo esto se desarrolla. Menos en su país. El dueño de la cafetería sabe mucho, por algo es el jefe.
—Leche.
Levanta la botella, que queda suspendida en el aire.
—¿Qué?
La mano baja y coloca el vodka en su lugar, sin obedecer la orden de ninguna neurona del cerebro. Quizás no ha oído bien, la algarabía de los clientes por la presencia del bebé y sus maromas tal vez lo hicieron escuchar mal.
—Un café con leche, ¿no?
Sonríe, listo para colocar en la máquina una taza más, un euro más para su bolsillo. Pero la respuesta lo congela.
—Quiero leche— dice el chico mirando al bebé.
La perplejidad del dueño del local es tan breve que ni siquiera él mismo la percibe, apenas es capaz de recordarla una vez que ha sucedido. De inmediato coloca un vaso largo y reluciente en la barra y lo llena de leche entera, de la que usa para hacer los espumosos cafés. Y tal como ocurrió con el vasito de vodka, el chico de la chaqueta de cuero despacha el cremoso líquido de un solo trago. El padre del bebé se acerca a la barra, alegre como debe ser, y entre risas y promesas paga los bollos y las bebidas que toda su pandilla ha consumido. Con algo de tristeza, con la desolación de la cotidianidad, todos se despiden del bebé, que alza los bracitos para saludar: ya se trata de una estrella de Hollywood. Regala una última mirada al hombre de la esquina, comprendiendo su dolor mientras lee. El hombre levanta la cabeza y se cruza la chaqueta de cuero del chico antes de fijar la atención en el bebé.
—¡Gú!— dice, y el hombre cree oír en ese balbuceo una vaga advertencia.
Recorre el bar: la gente ya va saliendo y ve un vaso vacío, untado de leche que se escurre hacia el fondo. «¡Gú!», y el niño abre más los ojos; aún no es posible detectar los vanos sentimientos de la angustia, el palpitar del estrés de sus pupilas y cómo bate los brazos sin saber si saluda o avisa. «¡Gú!», y el corazón se le oprime, aunque el hombre supone que se trata de la reacción natural del que lee un periódico por las mañanas. La mezcla de desgracias, éxitos y premoniciones puede desolar al espíritu más resuelto. Sin terminar de salir —una estrella apura hasta el último segundo de su gloria—, el bebé repite más alto: «¡Gú!», con una voz que vaticina melodiosas frases de barítono, pero el hombre no está preparado para entender el lenguaje de los que acaban de llegar al mundo, quizá de la misma forma como muchos de sus vecinos no le entienden cuando habla en su lengua nueva y lejana. «¡Qué ojos tan bonitos los de esta criatura!», es lo único que atina a pensar mientras se seca un hilillo de lágrima prófuga. «Adónde vas, llanto mío», resuena en su cabeza y no sabe si es el recuerdo de un verso o una súplica de su estado de ánimo. Cuando finalmente el bebé sale, la alegría del universo se desvanece, como si fueran granos de polvo que nunca hubieran existido.
Otros cuatro clientes se marchan.
El hombre de la esquina sigue leyendo el periódico, ocultando sollozos a veces, disimulando la risa súbita después. Son los efectos de las noticias que pasan una detrás de otra frente a sus ojos, desde donde sus lágrimas esperan sentadas, aburridas. El arte, los toros, las efemérides; el horóscopo le anuncia una semana relativamente tranquila y en paz. Nada de qué preocuparse entre miércoles y viernes. Su reino no es de este mundo, lee sonriendo mientras piensa que estos astrólogos no saben ya qué hacer para engancharlo a uno en sus desvaríos. El chico de la chaqueta de cuero aún sostiene en su mano el vaso vacío, teñido de leche, y el dueño de la cafetería nota que un bigotito blanco sobre el labio superior le da un aire infantil, como si el bebé que acaba de marcharse lo hubiera dejado a él como heredero de sus gestos, de sus costumbres de lactante. Percibe que habrá una media hora de descanso antes de que aparezcan los clientes de las once de la mañana, los que vienen a probar algo para irse con sus familias a dejar que el domingo caiga como una premonición. Ya lo sabe, tantos son los años de experiencia, y por eso aprovecha para guardar unas cajas de cerveza que han estado toda la mañana mal puestas sobre la barra. Un hostelero que se precie no tiene su local tan desordenado.
El chico coloca el vaso sobre la mesa. Se limpia con la manga la boca —en el dorso de la mano lleva tatuada a la virgen de los sicarios— y se vuelve hacia el hombre que lee llorando el periódico: todo ocurre en un instante, mientras el dueño del local recoge el vaso para lavarlo.
—¡Maldito, regresa de donde viniste! ¡Viva nuestra tierra libre!
Tres detonaciones enormes y secas abren la cabeza del hombre que en la esquina lee el periódico, ahora manchado de rojo, como si la sección de sucesos, llena de muertos y atentados, hubiera reventado como una ampolla mal curada, como si toda la sangre del mundo, la que el futuro premio Nóbel de Economía vaticinara para el próximo milenio, se desparramara en una sola página frente a los ojos asombrados del hombre que llora por las palabras. El dueño del bar no reacciona; en todos los años de hostelería no se había entrenado para algo así; y el chico de la chaqueta de cuero, con la pistola caliente en la mano, patea la puerta y se lanza dentro de una camioneta oscura que lo espera afuera y que ya arranca, sin dar tiempo a ninguna reflexión. El hombre de la esquina yace muerto y, por fin, las lágrimas saltan de sus párpados, felices de probar el vértigo de los esquiadores finlandeses.

23 nov. 2006

257. La hora de los valientes... miserables

"Malditas sean las guerras y malditos sean los canallas que las apoyan"
Julio Anguita
Político y padre de Julio A. Parrado, periodista español asesinado en Irak por soldados estadounidenses.


Estos soldados que no dan la cara (la cobardía usa fusiles pero no valor), en cambio, disfrutan haciendo sufrir a estos niños iraquíes por una botella de agua. ¿Se puede ser más miserable?

21 nov. 2006

256. Para los que estén en Caracas ese día...

¡El primer venezolano que recibe este premio!

255. A punto de echarse a llover...

...Rafael Osío Cabrices se lanza una muy interesante reflexión acerca de lo que se avecina y de cómo algunos lo estamos tomando. Les recomiendo que se pasen por su blog, Desde el incendio, donde ha colocado una entrada que llamó Apuntes: ¿La calma antes de la tormenta? que, si no aclara el panorama del todo, por lo menos dirige una muy poderosa y lúcida luz sobre el asunto político venezolano, y no sólo por las reflexiones sino por las imágenes casi mitológicas de que nos hace partícipes. Vayan, lean, piensen y comenten.

254. Diferencias



El mejor escritor comprometido no tiene el talento necesario para escribir el peor texto del creador con la más enana imaginación. Se debe a su causa y por eso no tiene otro horizonte.

19 nov. 2006

253. I Mickey Mouse Motherfuckers

A mí me encanta esta canción, este videoclip y este cantante, Mocky, que -para uno que no está tan in touch con los movimientos musicales a la última- representa una propuesta inteligente y llena de talento. Y no sólo con esta canción, sino con algunas otras de su primer álbum, Mocky in Mesopotamia (2002), que no he encontrado aquí en Madrid, o no me he puesto a buscarlo bien. En todo caso, la música de Mocky me produce el mismo entusiasmo que los comics y las novelas de Neil Gaiman, la posmoderna Percusión, de José Balza, la música siempre querida de Franco Battiato, El nombre de la rosa, de Umberto Eco, las memorias de Jung y 99 red balloons de aquel ochentoso grupo Nena. Productos de la sensibilidad humana que nos devuelven un poco la esperanza en nuestra árida especie.


18 nov. 2006

252. Así eras (y quizá serás) tú

No aguanté las ganas de poner esta impresionante foto de Efe que aparece en el tomo 12 de El franquismo, año a año: un kiosko cualquiera en Las Ramblas de Barcelona en 1952. Pónganle atención a la diversa publicidad editorial (y pínchenla para verla más grande): Mi lucha, el Diario de Goebbels junto a Vogue, Cómo ganar amigos, La codorniz y un manual de psicoanálisis, Así eres tú... emblema esta imagen de una España aún cerrada en el fascismo, abierta al mercantilismo y con una iglesia malvada aliada a un peor gobierno que prohibía la alegría, el sexo y la sensualidad, que condenaba a una vida desgraciada a los matrimonios mal avenidos sólo porque la ley divina obligaba a estar juntos hasta que la muerte los separara. No parece extraño, pues, encontrar en este país, hoy en día, aberrados mentales capaces de atar a una silla a su esposa y quemarla con gasolina o matarla a palos, o sencillamente descerrajarle la cabeza de un escopetazo: en estos años desgraciados la manipulación iba dirigida a pensar que todo esto era así porque Dios lo quería (Marisol dixit; recuerda el ¡Deus lo volt!, fanático grito de los caballeros templarios).
Ojalá que esta foto sirva de advertencia siempre para que en todos nuestros países permanezcamos atentos: nunca se sabe dónde ni cuándo puede haber un rebrote de fanatismo que obligue a una moral única, un dogma único, una manera única de ver el mundo y un caudillo único. Malditos sean los caudillos, los líderes únicos, ungidos y sabedores de todo lo que de bueno necesita su pueblo. Porque ellos fueron, son y serán los demófagos más voraces y peligrosos.
Estudiad con cuidado la foto y aplicad-vos la lección que de ella emana, si es que por ventura no queréis vivir bajo este tipo de miedo.


Kiosko del pasado en España: futuro del kiosko en Venezuela

251. Israel Centeno, otra vez un sábado

Cansado de colocar posts o, para utilizar el vocablo español correspondiente, entradas en este blog todos los días, había decidido no escribir nada hasta el lunes; pero hete aquí que abro el Babelia, y me encuentro con otra gozosa nota sobre el libro de Israel Centeno, Inciaciones, ya bastante reseñado por estas tierras, cosa que me alegra y nos debe llenar de júbilo a todos. Tomando en cuenta que en este país se publican más de 50 mil títulos al año, y que de esos, 4 mil y pico son novelas, la probabilidad de que te reseñen un libro en los pocos suplementos culturales que hay es mínima, sobre todo si se trata del Babelia, de El País, ABCD las Artes y las Letras, del ABC, y El Cultural, de El Mundo. Tienes que ser muy famoso aquí, best-seller o, como en el caso de Israel, ofrecer un material de alta calidad. les dejo la nota de Ayala-Dip para que la lean. (Pinchen en la imagen para verla más grande).
Otra vez levanto la copa de Meneses por Isra y por nuestra narrativa que en estos días nos da una alegría tras otra. ¡Que siga así y no pare!

La herida de la juventud
El primer libro publicado en España por el venezolano Israel Centeno es una novela de iniciación contada por diferentes miembros de una misma familia.

INICIACIONES
Israel Centeno
Periférica. Cáceres, 2006
92 páginas. 11 euros

J. ERNESTO AYALA-DIP

La novela de iniciación tiene una larga tradición en la literatura universal. El escritor venezolano Israel Centeno (Caracas, 1958) transita por este género en Iniciaciones. Y lo hace desafiando, a la vez, la pulcritud y la instantánea eficacia que exige la novela corta. El tránsito de la adolescencia a la adultez tiene como premisa en la novela la descripción del dolor y el éxtasis que provoca todo aprendizaje sentimental. En ese aprendizaje está comprometido el propio cuerpo, que tiene que buscar su acomodo en un paisaje de decepciones y tristezas, los alimentos terrenales que diría el joven Gide. No se trata de salir indemne. En la novela de iniciación de lo que se trata es de rendir honores a las heridas de juventud. En su novela, Israel Centeno trabaja su historia con el arrebato corporal y las preguntas que no siempre tienen respuesta.
A todo ello, Centeno suma la arquitectura. Iniciaciones es una historia de vehemencias varias. El salto del campo a la ciudad (Caracas). Del país al exilio voluntario (París, la ciudad que mejor metaforizó todos los exilios impostergables). La fricción sensual entre miembros de una misma familia, un cierto aire de promiscuidad iniciática.
Israel Centeno crea cuatro voces. Cada una es un relato independiente del otro. Pero los cuatro lo son de la frondosa historia familiar que pasa ante nuestros ojos. Y como toda historia familiar, no es ajena a la historia de una comunidad social. Iniciaciones tiene bastante de radiografía sociológica en sordina. Pero volvamos a la arquitectura. En una novela como la que comentamos, en la que la brevedad es un asunto que va parejo al tema que desarrolla, la tensión psicológica y la precisión en la escritura exigen sincronización, la ilusión de que una de sus instancias nunca queda subordinada a la otra. Difícil equilibrio que Centeno consigue plenamente.
Es probable que los lectores de esta novela recuerden una pieza maestra de la narrativa de iniciación sentimental como es Fermina Márquez, del escritor francés Valéry Larbaud. El hijo de una adinerada familia suramericana que estudia en París, y su enamoramiento.
Israel Centeno trata igualmente la esperanza y la desilusión repartidas en distintas voces. Pero a la delicadeza de trazo psicológico que desbordaba Larbaud, Centeno la sustituye por elipsis que no esconden, así y todo, la derrota final del refinamiento moral ni esa violencia latente y no tan latente que pende sobre estos personajes en busca de algún tipo de salvación individual, de clase o generacional. La densidad que disimula esta novela es la propia de los relatos de esta especie.
Centeno habla de una experiencia iniciática casi diríamos generacional. Inserta en la opacidad y la desorientación. La construcción de estas cuatro voces diluye la tentación prototípica del héroe tradicional en la novela de aprendizaje.
No se trata de un cuerpo y una conciencia determinada, sino de un cuerpo social que parece naufragar sin conciencia.

16 nov. 2006

250. Petróleo más dos tildes de ñapa para los venezolanos

Aquí el candidato Manuel Rosales prometiendo más de lo que le pedimos: nos devolverá el petróleo que Hugo Chávez regala criminalmente y, de ñapa, dos tildes pa'lo panas, una para y otra para . Y se queda tan ancho. Atrévete a acentuar.

¡Ahora las tildes son para todos!

15 nov. 2006

249. Los pícaros del Cine Ideal

Aquí les dejo tres entradas de diferentes películas que, entre julio y noviembre, he ido a ver a los cines Ideal, de los pocos establecimientos que ofrecen películas en versión original, porque -para los que no lo saben- en este país las películas se ven traducidas al español y no es extraño oír a Bruce Willis decir "joder, tío", o escuchar a Winona Ryder expresar melancólica, "jó, qué chungo". Así que los que preferimos ahorrarnos estos residuos del franquismo, y que al parecer no van a acabarse nunca, acudimos a las poquísimas salas de v.o.s. que hay en Madrid (Ideal, Princesa, Renoir y pocos más). Pero, supongo que aprovechándose de esta circunstancia, los administradores del cine Ideal, en Doctor Cortezo, han ido aumentando el precio paulatinamente, de diez céntimos en diez céntimos, y de los originales 5,40 euros de mediados del año pasado (si no me equivoco) han llegado ayer a los 6,60 euros, con lo que se puede comprobar que han aumentado un 22,22 % el precio en apenas un año aparentemente sin ninguna razón y, desde luego, sin aviso ni explicación alguna a los consumidores. Yo he preguntado varias veces y los pobres chicos que trabajan allí de acomodadores no dicen nada, porque supongo no saben y tampoco les conviene andar metiéndose en lo que les puede costar el trabajito. Estas entradas las he guardado para comprobar cada cuánto estos pícaros suben el precio sin aviso (y no sé sin dentro de la legalidad) y para que el que lea esto proteste como yo. Porque de diez en diez, pasan de cinco a seis a siete y así hasta llegar al precio que les dé la gana.
¿Es que no hay un inspector de Hacienda ni un funcionario de protección al consumidor que se dé cuenta de lo mismo que se da cuenta uno? ¿O es que esta gente sólo ve películas dobladas al español del joder, macho, el hostiaputa y el mecagoentó?
Pinchen en la imagen para verla más grande y al derecho.

248. Franco, mentiras y videos

Aquí les dejo dos muestras de cómo Franco, ese dictador español (involuntario) modelo de muchos tiranuelos del siglo xxi, hablaba y mentía sin pestañear, sin saber que el ojo de una cámara es más cruel que las palabras de despedida del ser amado. En el primero,



vimos al pequeño tirano tergirvensando su golpe de Estado y pasándose por las noblezas las leyes (¡tiembla!); mientras que en el segundo, anterior en varios años,



vimos al que-camina-bajo-palio utilizar sin piedad a su propia hija para el proselitismo y la palabra fánatica. Que viva España (y todo el mundo), sí; pero sin locos como este.

13 nov. 2006

247. La preciosa voz de Youtube

No deja de sorprenderme cómo se van expandiendo las posibilidades de Internet, el quinto poder, como decía ayer un artículo en el periódico; no sólo sirve para que todos podamos expresar opiniones, y mostrar a los demás las cosas que pasan en nuestros lugares -sin el filtro muchas veces interesado de los medios de comunicación tradicionales-, ni sólo sirve para que el concepto de libertad adquiera una nueva faz, sino que también es el ágora abierta, el foro público, el mercado medieval donde aquellos que no están arropados por los grandes señores de la industria y los gobiernos se muestren, y muestren lo que el ser humano puede llegar a hacer. En la red, los trovadores no necesitan la aprobación feudal; y cuando algun@ es muy buen@, como en el caso de esmeedenters, una chica holandesa de 18 años, su fama se dispersa sola con las alas propias del mercurio que la lleva. Tiene varias decenas de canciones grabadas (yo tardé en darme cuenta de que canta a pelo, sin playback) y vale la pena escucharla, así que se las dejo.
Definitivamente, este es un medio que debería ser de acceso libre para los seis mil millones de humanos que poblamos estas tierras reales y virtuales. No serían pocas las cosas que cambiarían.
En fin, enjoy it!

12 nov. 2006

246. Descontextualizando una frase de Vargas Llosa para explicarnos [un poco]

Ayer el diario ABC de Madrid publicó una entrevista a Mario Vargas llosa, con cuyas ideas oscilo siempre entre la concordancia y el rechazo, pero de quien sólo con esfuerzo cabría negar su coherencia. Quizá porque tiene tan clara su postura ("[un liberal británico] es exactamente lo que soy y lo que trato de ser combatiendo la tradición de la que formo parte, que no es nada liberal") no es fácil pillar en falta a este escritor tan querido por muchos y que siempre es candidato al Nóbel, con justicia, todo hay que decirlo. A mí, lo repito, me gusta leer sus artículos porque es una oportunidad de ejercicio intelectual, aunque muchas veces me sienta tan distante de su pensamiento como de Alfa Centauri*, y aunque sienta con frecuencia que está sobreexpuesto a las luces de los mass media, y eso agota.
Ayer no. Ayer leyendo esta entrevista me dieron ganas de descontextualizar esta frase porque (me) explica un poco la actitud que asume uno sin querer queriendo, con el susto de que finalmente el trabajo personal -la escritura- termine politizándose con los terribles daños colaterales que eso trae en forma de panfleto, pasquín y texto infecto de (la siempre aborrecible) ideología. Me explica, por qué no decirlo, la diferencia que muchos intuimos entre un escritor y un intelectual, ese pavoso ser del pasado: el escritor nunca deja de ser un ciudadano, y por eso me parece que todos los ciudadanos podemos ser intelectuales, pero en el sentido recto, es decir: todos podemos hacer inteligencia de nuestro propio entorno, de nuestras sociedades, de nuestras realidades, sobre todo ahora que han aparecido estos lugares de la libertad comunicacional que son las bitácoras abiertas, los diarios públicos, los web logs, los blogs. Dice Vargas Llosa que hay que hacer política, cada uno hace la política que está a su alcance y por eso escribo artículos, doy conferencias o participo en el debate cívico, que creo que es lo que debe hacer un escritor. Y el novelista peruano-español nos abre una puerta luminosa hacia la participación y el libre pensamiento, que no debemos dejar pasar, sobre todo, si vivimos en sociedades donde unos pocos (antiguos, fanáticos, carcas, mediocres) se empeñan en que haya un pensamiento único, un partido único, un interés único, un líder único, un padre de la patria único (no me refiero precisamente a Stalin...).
Y no nos da la gana. ¿Verdad, Mario?

*40.684.032.000.000 kilómetros, máoméno. La foto es detalle de la publicada ayer en el ABC, by the way.

11 nov. 2006

245. Dalí se arrodilla ante Franco, o hasta los genios son humanos

Desde hace varias semanas (doce, exactamente) vengo coleccionando los libros y devedés (o dividís) de la serie El franquismo, año a año, con la expresa intención de conocer fuentes documentales de ese tan revisitado (hasta el hartazgo para casi todos) periodo que aún hoy sigue haciendo mella en la vida y las conciencias españolas. Como inmigrante de este país que ya quiero tanto, no puedo evitar sentir curiosidad por su historia y por los demonios que todavía rondan por las calles menos pensadas. En el tomo de hoy, dedicado al año 1951, está el relato de la muy famosa conferencia de Salvador Dalí, “Picasso y yo”, en el Teatro María Guerrero de Madrid, toda una muestra de cómo hasta las mentes más geniales (las reflexiones sobre arte de Dalí son fundamentales) son capaces de bajar la cerviz y lamer la bota del tirano con tal de obtener el reconocimiento que su ego mendiga, y al mismo tiempo, aplastar la fama del otro gran artista del siglo xx, quizá un pelín más talentoso.
En el neoyorkino MoMa uno puede encontrarse con Las señoritas de Avignon picassiano, obra que es inflexión esencial de la contemporaneidad y quizá tan revolucionaria en Arte como la teoría de la relatividad en Física; también puede verse una de las contribuciones fundamentales de Dalí, La persistencia de la memoria, el pequeño cuadro de los relojitos derretidos en medio de un desierto: pero desde el momento en que lo ves, sabes que no es el cuadro que andas buscando.
Quizá lo que ocurría es que, mientras el talento de Dalí se quedaba todo en su inteligentísima cabeza, el de Picasso, en cambio, sabía cómo bajar hasta los dedos de las manos que es, en definitiva, donde el talento de un artista plástico tiene sentido. No hay que olvidar, that's true, que detrás de Un perro andaluz y de las cabriolas de Walt Disney subyace la imaginación del artista de Cadaqués.
Las primeras palabras de esa lamentable performance de la adulación y la bajeza fueron “Picasso es español; yo también. Picasso es un genio; yo, también. Picasso tendrá unos 72; yo unos 48 años. Picasso es conocido en todos los países del mundo; yo también. Picasso es comunista; yo, tampoco”. Y más adelante suelta sin tartamudear esta perla: “Antes de Franco, cada político y cada nuevo Gobierno no hacían otra cosa que venir a aumentar la confusión, la mentira y el desorden en España. Franco rompe violentamente con esta falsa tradición instaurando la claridad, la verdad y el orden en el país y lo hace en los momentos más anárquicos del mundo. A mí, esto me parece originalísimo”.
Es increíble cómo la inventiva y la capacidad de hablar pueden estar al servicio, sin rubor, de los sentimientos más despreciables y las genuflexiones más abyectas, ¿no? Si vuelven a leer el último comentario del artista, verán entre líneas la apología al golpe de Estado y al fascismo que, en la época en que el originalísimo/generalísimo Franco irrumpe ilegalmente en el poder, es la corriente política que aprisiona el libre albedrío de Europa.
Y para mí, no sé por qué, esta actitud daliniana guarda cierta analogía con algunos intelectuales de mi país. Y me reafirma en la fe de que lo último que debe de hacer uno es conocer al autor, porque a todos, todos, les huelen mal los pies (Echeto dixit).

la foto es detalle de la que aparece en el volumen 11 de El fraquismo, año a año, y es Dalí en la famosa (o triste) conferencia.

10 nov. 2006

244. Tim Hunter y Harry Potter


Cuando pensé en esta curiosa semejanza de inmediato supe que no sería el único que se habría dado cuenta de ella, así que cuando me levanté esta mañana hice una pequeña pesquisa para saber quién más había escrito sobre el tema. Y descubrí que una artista de Estados Unidos, Adriana Ferguson, había incluso hecho esa curiosa ilustración de arriba donde los famosos personajes departen opiniones acerca de sus respectivas y emplumadas mascotas. Explico para el que no lo conozca: Tim Hunter es el niño-mago protagonista de Los libros de la magia ideados por Neil Gaiman (The Sandman), que es el señalado para ser el mago de nuestra era, tal como lo fue Merlín de la suya. Por eso es instruido sobre el mundo de la magia, un universo paralelo que no te toca si no crees en él, y en su andanza descubre que no es hijo de sus padres (su madre ha muerto mucho antes de que la serie comenzara) sino del hada Titania, la reina de Fairie, y el halconero falcomorfo Tamlin. Lo primero que apareció, en 1993, fue una miniserie que después fue editada en un solo volumen y, tras el éxito, en 1994 se creó una serie regular (que no he leído toda). De Harry Potter no tengo que decir nada que ya no se sepa gracias a los millones de ejemplares vendidos y a las películas protagonizadas por Daniel Radcliffe, Rupert Grint y ese futuro sex symbol del siglo xxi que será Emma Watson, si los dioses lo conceden, y no lanzan por el camino divo a la pizpireta niña, como al parecer hace con el mago de Hogwarts.
Pues bien, las semejanzas entre ambos maguitos son, como mínimo, claros mitemas para el prototipo del niño hechicero, cuyo antecedente anglosajón puede ser Merlín y, quizá un poco, el propio Arturo. Y si nos apuran, podríamos pensar en la inteligencia evangelizadora de san Patricio y el proceso de educación constructiva del muy recurrido Perceval. Tim y Harry usan lentes, tienen el pelo negro, más o menos la misma edad, Tim tiene a Yo-yo, un búho marrón y Harry a Hedwig, una lechuza blanca, y ambos son huérfanos de padres. Tienen dos amigos inseparables y deben salvar al mundo de los malos mestureros. Toda una caracterización para el típico héroe de fábulas. En todo caso, la serie de Tim Hunter es varios años anterior a la saga pottera y no parece improbable que la en ese entonces muy pobre Joanne Kathleen Rowling bebiera, entre otras pócimas literarias, de la que emana de la pluma del amado/odiado Gaiman, padre de la pinkypunk Delirio y de la gótica Muerte. Esa no es la opinión de Daurmith de la Biblioteca de Babel, pero sí lo deja sugerido joteivv, en su espacio de deviantART. De hecho, no le pasa desapercibido que, en un hipotético enfrentamiento, Tim would wipe the floor with Harry, aunque con la magia nunca se sabe.
Y es mejor para nosotros que esa línea divisoria se mantenga firme y movediza al mismo tiempo.

8 nov. 2006

243. Por 47 rondas y un puñado [de 1.100.000.000] de dólares

Panamá pagó, en cambio, con un poco de paciencia su sillita de la ONU. Guatemala volvió a quedar como la guayabera (por fuera), y a Venezuela (ese país siempre nuevorrico) la factura por la la gracia (y la tozudez) de su presidente le salió solamente por mil cien millones de dólares. Parece un poco caro pagar tanto por 47 rondas de votaciones (menos mal que eran sin cerveza) para que al final el gato al agua se lo llevara otro.
Y es patético oír y ver al presidente y sus acólitos, como el amigoenemigoamigoenemigo Arias Cárdenas y el vicepresidentico decir que han derrotado al Imperio. Se han derrotado a sí mismos y, encima, han despilfarrado un dinero necesario en nuestro país y han dilapidado el prestigio diplomático venezolano cambiándolo por la cháchara, la intolerancia y la profunda ignorancia del que sólo sabe ser rojo, rojito.
Las facturas, como siempre, las pagamos nosotros.

7 nov. 2006

242. Ay, qué noche tan preciosa

Para Fedosy, hermano Chang


Dieron las doce.
Creyendo que ya amanecía, Verles se levantó rápido, seguro de que ése era el día más importante. Corrió hacia el baño mientras pensaba que para ser las cinco de la mañana el cielo estaba aún muy oscuro; sobre todo porque un insecto extrañísimo voló a su alrededor, como un presagio. No tenía reloj, fue hasta su computadora: 02:30 a.m., «¡coño, es de madrugada!», se dijo. Pero eso no importó. Igual su cumpleaños había comenzado y no estaba dispuesto a perderse ni un solo segundo. Se vistió con parsimonia, escogió su mejor traje, al fin y al cabo era su cumpleaños y se merecía —al menos por esta vez— los más insólitos cariños. Se aplicó con justicia el perfume que guardaba en su baño y bajó.
El portero del condominio dormitaba; total, tampoco es que los ladrones fueran tan trabajadores como para esperar hasta esa hora antes de meterse al edificio, ¿a abrir cuál puerta con cien candados? Salvo que viviera un senador, o un millonario —no era el caso— allí entraría un comando de secuestradores, y tampoco contra ellos podría (ni hubiera querido) hacer nada. Verles caminó con sigilo, para no despertarlo, pobrecito. Solamente lo ha escuchado Pancho, un felino negro emblema del edificio, único vigilante despierto.
En la calle había un extraño ruido que Verles atribuyó a los aires acondicionados funcionando. No se preguntó qué hace un aire acondicionado encendido a esa hora de la noche; ni siquiera le pareció extraño, porque ése era el día de su cumpleaños y debían ocurrir las cosas como en el cine: la tradición enseña que la realidad imita al arte, y por eso aquella noche debía comenzar de esa forma. Musiquita en off y todo. Las dos primeras cuadras no percibió nada extraño, a pesar de los aires acondicionados, sólo el frío intenso de esa hora que rueda, y unos cuantos papeles escapados de sus recipientes. Más adelante, un perro hurgaba, junto a su amo o lo que pareció ser su amo, una gran bolsa de basura. Verles se ajustó una gorra que se había cuidado de llevar y se abrazó a sí mismo, pensando que sería una buena postura para un plano americano. Igual a Bob Dylan en la carátula de Freewheelin’; texto por el cual aguzó su oído a ver si hallaba, de alguna manera, la respuesta en el soplo del viento nocturno. Eso sí: los ruidosos pasos de Verles espantaban a los gatos que se hallaban en cada rincón. El ruido persistía. Muchas cuadras antes, el vigilante del edificio continuaba dormido, a pesar de que la cabeza apoyada sobre el filo de la mesa lo hacía soñar cosas muy pesadas: amasaba las arrobas de la conserje, por más que empeñaba toda su libido en amar a la del piso 17, una niñita de ojos rasgados, que usa un collarcito de perlas alrededor de su cuello y mira al suelo como si ella tuviera la culpa, la misma —¡qué casualidad!— que sube el ascensor con Verles todas las tardes y lo baja todas las mañanas siempre mirando al suelo y Verles sospechando que la cosa es con él. El vigilante dormitaba, pero no tanto como para pasar desapercibido el ruido de los aires acondicionados, tan fastidioso y que no quiere dejar dormir. Se levantó y caminó por el estacionamiento, porque está diseñado para sentir la necesidad de cuidar. Nada lo estaba esperando, así que decidió regresar a su puesto donde ya Pancho de ojos verdes se ha instalado, calientico. Verles vuelve a entrar al edificio y esta vez saluda, conversa con el vigilante; el ruido del aire acondicionado no los deja ni por un segundo, pero ellos no quieren percatarse. Verles le pregunta por una arepera cercana, y casi le dice al vigilante
—Es que hoy es mi cumpleaños,
pero tiene miedo de parecer muy solitario. (No, si no lo parece; tan sólo busca a las tres de la mañana una arepera dejando el lecho del celoso esposo, etcétera, se dice). El vigilante le indica una «donde venden unos batidos buenísimos». Vuelve a ajustar su gorra y sale del edificio, en busca de la arepera a cuatro cuadras, abierta para los noctámbulos y sin casa. Verles se sienta frente a una pareja que está leyendo y trata, por curiosidad, de escuchar... nada, no entiende nada y el muchacho está más interesado en besar a su pareja que en estar recitando versos a las tres de la mañana; así que se dedican a darse unos intensos besos que aportan más a la poesía que cien sonetos clásicos. Verles se hace el desentendido, pide su arepa de pollo con queso de mano y su vaso de leche. Él piensa con satisfacción en los dos amantes de la arepera y se dice feliz que también en su cumpleaños tiene cabida el amor. Es su cumpleaños, lo entiende todo el mundo y acciones, sólo quiere ver acciones. El único detalle que no ha resuelto es el de si tiene que ir a trabajar esa mañana: decide que sí, que también la cotidianidad debe ocupar un lugar importante dentro de su cumpleaños. Allá viene el vigilante, ¿con quién dejó el edificio?
—Pancho, mi gato, cuida, no hay problema,
dice; pide una arepa y sucede justo lo que Verles temía: se le sienta a un lado, cordial. Él responde con el mismo afecto, sólo porque es su cumpleaños y también la camaradería intersocial debe existir, el día de su cumpleaños es un día universal, al fin y al cabo sólo ocurre una vez al año. El vigilante pide una arepa de pollo con queso de mano, igualito que Verles, y comenta que «en Barquisimeto las putas, al salir del trabajo comen así —antes de acostarse— en una arepera muy parecida a ésta». Verles ataja: el vigilante ha utilizado la frase tal cual; conque sabe usar los guiones y el pronombre «ésta» con acento y todo: también debe existir exactitud lingüística en el cumpleaños de Verles. Come con más entusiasmo porque sabe que el día de hoy será memorable. Está absorto en sus pensamientos hasta que un gemido de la muchacha de la otra mesa lo saca de su concentración: el muchacho explora con sus espeleólogos dedos las más recónditas cuevas de la muchacha, quien acusa recibo y responde el llamado retumbando como un sótano del cielo. El vigilante también percibe la maniobra y no tarda: la envidia lo embarga y se come su arepa como un espectador de béisbol. Verles piensa para sí «también esto tiene cabida en mi fiesta de cumpleaños». Un poco contrariado, llama al mesonero, paga el consumo de ambos y se va calle abajo. El vigilante lo persigue hasta que comienza a hablar como si nunca lo hubiera podido hacer con nadie. Verles lo escucha cada vez con menos amabilidad. En una cuesta oscura, la esquina del espanto, Verles se detiene, ansioso como está de intimidad, y comunica al vigilante que
—Me gustaría caminar un rato por la calle,
pero el vigilante se ofrece a acompañarlo y Verles —es su cumpleaños— no tiene fuerzas para decirle que no. El ruido de los aires acondicionados, no se ha percatado nadie, continúa y abre sentimientos antes inexplorados. Verles ya se ha calmado un poco y escucha la historia del vigilante:
—En esa esquina, justo por donde subimos, mataron a un ladrón que se metió en la casa de unas muchachas que vivían solas. Dice la gente lenguaraz que había desgraciado a la más joven, como de quince años. Ésta murió al poco tiempo, que se suicidó dicen, y desde esa época se les aparece a los caminantes como nosotros.
Verles piensa que no estaría de más una aventura sobrenatural a esa hora y sobre todo el día de su cumpleaños, Walpurgisnacht. El vigilante acota, sin querer, que
—Además, hoy tres de mayo es el día de la cruz, y es muy capaz de ser un día de aparecidos, ¿no?
Apenas había el desaliñado vigilante acabado de pronunciar su frase cuando en la cuesta de la calle —muy empinada, por cierto— una figura se yergue, y gracias a la luna que brilla su luz para todos se puede distinguir la cintura estrechísima de una niña que lleva alrededor de su cuello un collar de perlas. La previsible silueta de un gato negro completa la estampa.
Verles y el vigilante no pueden dejar de pensar en la niña del piso 17, cómo quisieran ellos tenerla sobre un colchón («me corresponde: es mi cumpleaños», protesta Verles); la niña ha sido el tema de conversación de Verles las últimas semanas. No ha habido ocasión en que su mente no se esté preparando para el encuentro con ella, el momento en que tenga el valor suficiente para decirle «buenos días, está usted muy bonita hoy», o «siempre nos encontramos en este ascensor, ¿no?», o cualquier otra frase que rasgue un futuro promisorio entre ellos. Pero no, Verles no ha podido nunca entablar conversación. No sabe si se debe a su vergüenza o a la intensidad oriental de esa niña. La única vez que la pudo mirar bien —ella venía con varias amigas— se sintió desilusionado al ver que debajo de un labio una línea roja de salsa de tomate bajaba y se perdía tras la barbilla. ¿Era sangre?
El vigilante, por su parte, ha sabido disfrutar de los senos erguidos como cabezas de pascua, ha turbado su corazón con las nalgas vibrantes bajo una falda. El vigilante ha definido exactamente su sonrisa: «es como el mordisco de un murciélago». A ambos una mariposa oscura, de alas contráctiles, les arropa el vientre cada vez que piensan en esa niña oriental. La figura femenina se acerca y Verles reza: «que seas tú, que seas tú niña de oriente, colmillo feroz, collar de serpiente. Que seas tú, es mi cumpleaños, que seas mi mejor regalo en esta noche tan preciosa».
Verles y el vigilante, de pie en la esquina del espanto, están siendo consumidos por las papilas de la misma mariposa porque pueden distinguir la cintura estrechísima de la niña que lleva alrededor de su cuello un collar de perlas; pero un susurro anormal retoza en los oídos de Verles y luego en los oídos del vigilante:
—Ven,
creen entender; pero, como el terror es más rápido que el deseo, Verles se paraliza y trata de tomar —reacción típica— la mano del vigilante quien, más primitivo, ha bajado la cuadra en veloz carrera. Entonces las palpitaciones que Verles escucha no son de su compañero sino suyas propias. La figura empieza a acercarse y Verles está paralizado. El vigilante ha desaparecido. Ella se detiene un momento y tras su silueta aparece la de un muchacho (¿son los de la arepera?) Abren una puerta y desaparecen. Verles queda solo.
Canta un gallo de la noche.
Se ajusta la gorra y regresa al edificio, con la arepa instalada en su garganta. El vigilante ha regresado a su puesto de trabajo y dormita. Verles vuelve a entrar con sigilo para no despertar al vigilante y Pancho protesta airadamente por su plato de leche de la madrugada. Verles sube hasta su piso, con ganas de dormir un poco. También en su cumpleaños se duerme por pedazos. En el ascensor tararea con no poca diversión: «que seas tú, que seas tú, niña de oriente/ colmillo feroz, collar de serpiente; que seas tú, que seas tú, niña de oriente/ colmillo feroz, collar de serpiente».
El ascensor se detiene y abre sus puertas. Verles sale, con sueño otra vez. Escondida en el cuartito de la basura está ella, con su collar de perlas alrededor del cuello, sus colmillos blancos, sus ojos rasgados y su cintura estrecha, esperándolo, acechando el ataque. Un murciélago de otras épocas revolotea sobre su cabeza. Un murciélago con una línea de sangre en la barbilla. Verles abre la puerta y cierra los ojos: total, es su cumpleaños.

241. El Anagrama de Alberto Barrera

Hace tres días que este blog no para de dar noticias literarias, y eso revela que algo se está moviendo en Dinamarca. El lunes me enteré de que también salió una entrevista en El Periódico de Extremadura a Israel Centeno por la aparición de su novela en Periférica, de la cual hablé el sábado con alborozo. Ahora es el turno feliz para Alberto Barrera Tyzska, que ha ganado el premio Herralde de novela, acontecimiento reseñadísmo ya (a menos de 24 horas) a ambos lado del Atlántico (Miami incluida), y en la gozosa blogosfera venezolana. Es una excelente noticia para la literatura patria porque le habla de frente al país de algo que mucha gente ha venido advirtiendo desde hace mucho tiempo (Roberto Echeto, especialista en los itoldyou, lo dijo el año pasado en la Bienal de Mérida y lo publicó en el periódico, armándose la sampablera): que nuestra literatura es tan valiosa como las demás con las que comparte idioma, y que tan solo nos falta mucha más promoción. Hay que pensar que un escritor no aparece de un día para otro, que la novela de Barrera Tyzsca forma parte de un discurso literario que fluye desde hace varias décadas, y reconoce afluentes tan importantes como Ramos Sucre, Julio Garmendia, Eugenio Montejo, Rafael Cadenas, José Balza, Adriano González León o Salvador Garmendia. Me parece, pues, natural, que esta novela finalmente haya eclosionado de manera aparentemente súbita, pues a la literatura venezolana le ha pasado lo que al Guadiana, que se esconde por diversos factores (el de una crítica displicente y perezosa entre otros). Y no es que el autor no sea profeta en su tierra -por fortuna incluso es bestseller-, pero esta luz que el mundo editorial español lanza sobre su obra sin duda ayudará a que cierta miopía crítica vea con mayor nitidez lo que tiene delante de sus ojos y que constituye su material de trabajo. Y aquí es cuando digo que, de paso, toda la literatura actual venezolana debería de despertar, como mínimo, curiosidad en los lectores. El propio Barrera lo ha declarado: "A mí me encantaría que a partir de esto sea una gran oportunidad para que las letras de otros países de Hispanoamérica también se asomaran a la literatura venezolana... donde yo creo que hay un movimientos de escritores (en general) y escritores jóvenes muy interesante (y) donde hay una cosa nueva y vigorosa que sería maravilloso que se conozca". Sin duda está consciente de que en nuestro país hay material suficiente tanto para consumo interno como for export, cosa que ha venido ocurriendo en estos últimos años en pequeña medida (pero en inmensa calidad: Montejo, Méndez Guédez, Pantin, Cadenas, Quintero, De Stefano se leen desde hace tiempo en otros países) y sería de esperar un aumento progresivo. Lo que parece inminente en el mundo editorial en español es que, en cuanto concierne a la literatura venezolana, lo cuantitativo tenderá a equipararse con lo cualitativo, lo cual puede causar cierto escepticismo y alarma en algunos pero yo pienso que es mejor que zozobre a que zofalte.
En todo caso, desde ayer todos los blogs venezolanos estamos de fiesta y los escritores nos unimos, felices, para aupar a nuestro compañero, y que los éxitos se multipliquen.
Por el bien de él. Por el bien de todos.

6 nov. 2006

240. Entrevista en El Nacional

Amigos, con alegría comparto con ustedes (y para los que estén fuera y no puedan leerla on line) la entrevista que el periodista Albinson Linares me hiciera a propósito de la publicación de mi Miranda, el nómada sentimental y que ha salido publicada hoy con un par de (como siempre) excelentes e incisivas fotos del gran Vasco Szinetar.
¡Seguimos pa'lante!

"Esta revolución tan mediocre necesita mitologizarse lo más pronto posible"

Residente en Madrid desde hace varios años, las obras de este venezolano se han convertido en una ventana para leer al país desde el Viejo Continente. Es autor de la novela El niño malo cuenta hasta cien y se retira y los volúmenes de cuentos: Homero haciendo zapping y Leerse los gatos. Publicó recientemente Miranda, el nómada sentimental, una cercana biografía de este prócer venezolano
Albinson Linares


Es fácil imaginar la rutina de Juan Carlos Chirinos durante estos últimos años. Buena parte de las horas matutinas tecleaba sin parar desde que rayaba el alba, en su pequeño piso madrileño. Luego, dirigía sus pasos hacia bibliotecas y libreros viejos, para buscar la quimera que siempre significa recrear una vida pasada. El reto se torna más exigente si la vida del personaje fue azarosa y signada constantemente por un destino caprichoso. Es el caso del personaje biografiado por Chirinos: Francisco de Miranda. En medio de los homenajes estatales que conmemoran el Bicentenario de la Expedición Revolucionaria del prócer, este autor entrega un notable trabajo biográfico titulado Miranda, el nómada sentimental. Publicado por el Grupo Editorial Norma, en las 336 páginas del volumen se respira el aire intenso de una vida transcurrida sin demoras. Escrito con prosa clara y amable, el escritor plasma en el libro buena parte de sus investigaciones en el mítico archivo del héroe independentista. Si algo caracteriza a Miranda, aparte de su genio militar y las intensas batallas de alcoba, es el registro minucioso de cada suceso de su existencia. No abundan los ejemplos de una disciplina tan férrea como la que le llevó a "transcribir" literalmente buena parte de su vida en 63 tomos, encuadernados en piel y cosidos por él mismo. La Colombeia, como él la llamó, más que el diario de un hombre se ha convertido con el paso de los siglos en el testimonio de toda una época. América y Europa, capitales y países, mujeres y hombres, son las grandes piezas descritas minuciosamente por este peculiar personaje. Sobre su biografiado el autor escribe: "Fue guerrero, amante, político e intrigante; habló inglés, francés, español y latín; llevó un diario, escribió cartas, subrayó libros, organizó su archivo; luchó por España, Francia, Estados Unidos de América y por Venezuela; fue amado y odiado, seguido y perseguido con la misma ceguera; pero también fue un nómada viajero y un torpe Perceval, caballero que no sabe todas las reglas de la vida cortesana. No rehuyó la aventura porque la ciencia del vivir es un juego". La realidad y el mito se confunden en vidas como la de Miranda. Errante impenitente se consideraba amigo de Thomas Jefferson, fue el primer extranjero en cursar estudios en Estados Unidos, es el único latinoamericano cuyo nombre está inscrito en el Arco delTriunfo parisiense y los rumores históricos lo pintan como amante de Catalina la grande, emperatriz de todas las Rusias. Quizá uno de los aportes más valederos de este trabajo radica en el análisis de la vigencia que tiene el pensamiento de Miranda: "Es probable que aún estemos buscando esa identidad que nos libere del bochinche y la confusión que él percibió con lucidez, el desorden de este territorio (...) el caldo de cultivo de los más terribles `demófagos’, gobernantes devoradores de pueblo", escribe Chirinos, no exento de razón.
–¿Por qué se planteó el desarrollo de esta historia a través del género biográfico?
–En principio, porque así me lo pidieron, pues ya había emprendido las aproximaciones biográficas de Alejandro Magno y su madre Olimpia, y de Albert Einstein. De todas maneras, cuando empecé a leer el Archivo de Miranda me di cuenta de que escribir un texto de ficción sobre su vida es una empresa que no llevaré a cabo nunca. O deberán pasar muchos años antes de que me atreva a crear una novela sobre él. Francisco de Miranda escribía demasiado bien como para usurpar su voz. ¿Para qué recrear lo que ya está bien contado? Mejor quedarse en el terreno de la no ficción y disfrutar "oyendo" al protagonista.
–¿Cuál es el reto principal de la biografía como género en el siglo XXI?
–Tuve un extraordinario profesor de Historia de Venezuela en la universidad: Carlos Rodríguez Ganteaume. Él no nos enseñaba la historia patria, nos contaba la vida de los personajes que la hicieron posible, y sus clases eran fascinantes. Por ejemplo, en vez de hablar de la Aclamación, nos contaba cómo se comportó Guzmán Blanco; en vez de describir las agitadas elecciones de 1968, relataba lo que hicieron Betancourt, Caldera y Prieto Figueroa. No hacía falta aprenderse fechas: la cronología de esas clases era la vida de la gente. Soy de la idea de que la finalidad de la biografía en este siglo se parece a las clases del de profesor Rodríguez Ganteaume y es la misma de toda la vida: poner en escena y analizar el periplo y las circunstancias de las personas del pasado que hicieron que nuestro presente sea como es.
–¿Qué le motivó a trabajar en la figura de este prócer histórico?
–Como te dije, me lo propusieron y yo acepté por curiosidad. Y a medida que entraba en su vida me fui involucrando más y más, y ahora pienso que he tenido una suerte inmensa al toparme con este personaje en mi carrera de escritor. Después de emprender la lectura de ese "Himalaya de papeles" que es el Archivo mirandino, como lo llama Salcedo Bastardo, no creo que vuelva a pensar y a escribir como antes. ¿Qué lo motiva a uno, en el fondo, a acercarse a un libro, a un personaje, a un escritor? No lo sé; quizá sea al revés, quizá son los libros y las historias los que lo escogen a uno. De lo que no cabe duda es que las lecturas te marcan y te cambian la manera de ver el mundo.
–¿Aún trabaja al ritmo de la música?
–Siempre. Y con este libro tuve la suerte de conseguir un ejemplar de Miranda, su flauta y su música, grabado por Luis Julio Toro, María Esther Jiménez, Rubén y Carlos Guzmán. Como Miranda tocaba flauta, estos músicos venezolanos grabaron las composiciones que el precursor seguramente conoció e interpretó. Así que cuando me ponía a escribir, a revisar capítulos o a investigar en la Biblioteca, las escuchaba con muy bajo volumen.La música del siglo XVIII me acompañó, quizá indicándome el ritmo de la escritura. Trato de madrugar siempre porque tengo la superstición de pensar que mi momento más creativo ocurre a las 5:00 de la mañana. El resto del día me muero de sueño.


Un Miranda usurpado
–Las dificultades que atravesó la familia del prócer desde su asentamiento en Venezuela son un fiel reflejo de la intensa lucha de clases planteada en el seno mismo de la incipiente sociedad venezolana. ¿Fueron todos esos antecedentes un acicate para la formación del carácter intrépido y aventurero del caraqueño?
–No estoy seguro. Cuando Miranda se fue a Madrid, viajó "becado" por su padre, que lo mandó a la península con un cargamento de cacao. La venta enCádiz de este producto le sirvió para instalarse en Madrid. Poco a poco, en diez años, Miranda se fue convirtiendo en un intelectual, en una persona muy preparada que hablaba francés, inglés, griego y latín; que sabía de literatura antigua y contemporánea, y que estudiaba artes militares y leía cuanto libro caía en sus manos. Después viajó a América, huyó de la corona española y quizá allí comenzó a formarse algo parecido al deseo de independizar su continente de los españoles. El resto de la historia es bastante conocida. Viajó por Europa y América y conoció a los personajes más importantes de la época. ¿Toda esta agitada vida tiene como germen el desprecio de los mantuanos caraqueños hacia su padre? Tal vez. Si a Miranda lo hubieran dejado estudiar en laUniversidad de Caracas o enrolarse en la milicia, quizá no habría tenido necesidad de viajar tanto ni se le hubiera ocurrido la idea de invadir Venezuela en una corbeta.Ni esta entrevista se hubiera llevado a cabo.
–En este Año Mirandino, ¿considera que el uso que se ha hecho de la figura de este prócer es apropiada? O por el contrario, como ha sucedido con Bolívar, Zamora y Piar, ¿se utiliza su recuerdo con fines políticos?
–Toda mitología necesita dioses tutelares y esta revolución tan mediocre e ineficiente necesita mitologizarse lo más pronto posible, tal como ocurrió en Cuba, en laItalia de Mussolini, en la España deFranco y en la Alemania nazi.También el culto a María Lionza ha tomado prestados a José Gregorio Hernández, Simón Bolívar y el Negro Primero, porque un panteón sin dioses pronto se convierte en ruinas. El peligro de esta mezcolanza bolivariana es que se deforma y se falsea la historia a conveniencia, creando episodios que no ocurrieron y contando sucesos de manera tendenciosa."No hay que olvidar que fue la torpeza de Bolívar la que le dio la estocada final a la Primera República y que Miranda, quizá por piedad, decidió no fusilarlo (hay una emocionante carta de Bolívar dirigida a Miranda en la que el Libertador se echa toda la culpa y acepta su destino); que Bolívar, Soublette y otros traicionaron al precursor y lo entregaron a los españoles a cambio de su libertad, y que al Libertador no le tembló el pulso cuando ordenó fusilar a Piar, por más que se lamentara después."Creo que acercar tanto a Miranda y a Bolívar es, como mínimo, una falta de tacto. Miranda es un hombre ilustrado del sigloXVIII; Bolívar es un héroe romántico del XIX; para Miranda, la lealtad está por encima de todo; el norte de Bolívar es la libertad de su patria y el fin justifica un poco los medios. Muy maquiavélico todo.En todo caso, la historia siempre es un poco más complicada que un cuadro de Tito Salas".
–En el trabajo se nota un especial énfasis en mostrar el lado humano del biografiado. ¿A qué responde este interés?
–La vida de Miranda hay que contarla desde dentro. Hay que dejarlo hablar a él para hacerse una idea del universo que percibe.Eso inevitablemente te empuja a averiguar los detalles de ese cuadro vital, más que las grandes pinceladas históricas.
–¿Cuál es el legado o el mensaje de Miranda para los venezolanos, o mejor dicho para la juventud venezolana?
–Allí Miranda sí coincidía con Bolívar: leer. Para él, la lectura era un vicio indispensable. Bolívar nos dejó esta profecía: "Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción". Ojalá que por una vez les hagamos caso y evitemos ser utilizados por aquellos que nos prefieren ciegos, brutos y fanáticos.

Recuadro 1

ENTRE LO HUMANO Y LO REVOLUCIONARIO

"Éste no es un gobierno revolucionario, no sé cuándo los venezolanos nos vamos a dar cuenta de esto. Revolucionarios eran Copérnico, Descartes y Andrés Bello: cambiaron la manera de ver el mundo y nadie se dio cuenta de ello cuando lo hicieron. Miranda participó en movimientos de sedición e independencia, estuvo en un momento de la historia occidental en que políticamente hubo muchos cambios y se empezaron a formar las repúblicas. Pero esos cambios ya estaban en la cabeza de la gente, ya habían sido escritos en los libros que Miranda leyó, por cierto. Una revolución no es cambiar la dirección de un caballo, colocar un adjetivo estéticamente feo al nombre del país o dilapidar el dinero insensatamente. Una revolución modifica el mundo y te hace más dueño de ti mismo y de tu conocimiento. Cuando Copérnico se dio cuenta de que la Tierra no era el centro del Universo no cambió nada y lo cambió todo: nos lanzó a la soledad de una galaxia perdida en el infinito. Eso sí que es una revolución.
Miranda era inteligente y erudito, apuesto, simpático, viajado, tocaba flauta, caía en gracia a las personas adecuadas y todas las mujeres se enamoraban de él. Con este personaje no cabían medias tintas: o eras su amigo o lo odiabas. Me hace gracia porque a veces me pregunto, si hubiera vivido en su época, ¿formaría parte de la legión de hombres que lo envidiaron y le desearon todo el mal del mundo o estaría entre los leales amigos que le acompañaron siempre? Pero después me digo que hay que ser muy resentido para no disfrutar de la compañía de semejante ser humano y me reconforto porque se aprende a ser feliz con la felicidad de los demás".


Recuadro 2

UN MIRANDA UNIVERSAL

El autor Juan Carlos Chirinos comenta sobre su biografiado: "Hay otros tan ilustrados como él en el siglo XVIII, como el padre Juan Antonio Navarrete, que tenía una biblioteca excelente en Caracas; pero no conozco a ningún otro venezolano de la época que haya escrito tanto, viajado tanto y que haya entablado amistad con tantas personalidades como Miranda. Era como una especie de Alvin Toffler, un Francis Fukuyama de la época: tenía la información necesaria y estuvo en los lugares adecuados para calcular qué podría ocurrir en la política internacional de su tiempo. A mí me interesaba mucho más el Miranda estadista, intelectual, pensador, que el Miranda guerrero. En definitiva, él no era eso. Era una cabeza que escribía, una personalidad que seducía y un hombre que convencía a los demás con su palabra y su buen hacer. Cuando regresó a Venezuela, más de cuarenta años después, no entendió a su propio país, se "desvenezolanizó". Quizá por eso el historiador Elías Pino Iturrieta lo llama ese adorable musiú nuestro".




4 nov. 2006

239. Israel Centeno, la alegría de los sábados

¡Pínchame y creceré!

Vuelve la obra de Israel Centeno a darme otra alegría sabatina. Si el sábado pasado me topaba con emoción con la edición española de Iniciaciones en la Casa del Libro, hoy (que no he salido a ver libros porque la lluvia recomienda quedarse en la casa, como los gatos) abro el suplemento cultural del diario ABC -quizá el mejor en España hoy por hoy- y me encuentro con la certera reseña (pinchen en la imagen para agrandar) que Arturo García Ramos hace, y que coloco a continuación para el que quiera compartir esta alegría conmigo (y con su autor).
¡Éxito para Isra y la literatura venezolana!

Fábula «de-constructiva»
Arturo García Ramos
Iniciaciones es el relato de cuatro historias —tituladas con el nombre de sus protagonistas— que simulan cierta independencia. Y así se obliga al lector a conocerlas, en el orden al que nos somete la lectura sucesiva. La vida de cada personaje da cuenta de un rito de iniciación, una experiencia sufrida y traumática que lleva a cada uno a penetrar en un nuevo espacio, en una redefinición de sí mismo. Los lazos familiares unen esas vidas; de modo que cada historia se va tejiendo en relación evidente con las otras, pero el último rito de iniciación es el
más sospechoso de todos; es el rito de la escritura, y nos hará dudar de todo lo precedente. Vistas en conjunto las cuatro psi­cologías que componen la obra —dos masculinas y dos femeninas— repre­sentan un catálogo de frustraciones en el que los varones se sitúan en el polo más violento y tribal, en tanto que las mujeres procuran dar el salto a la civilización (Europa, la cultura, el progreso...), pero se enredan en un destino no menos destructivo. Israel Centeno ha buscado revisar con su fábula la lectura de la realidad vene­zolana que propuso su compatriota Rómulo Gallegos en Doña Bárbara; pero revirtiendo los valores de atraso y progreso, para proponer un análisis en el que la modernidad sale tan mal parada como la brutalidad que predomina en el aislamiento rural. Periférica recupera a este escritor venezolano prácticamente desconocido en Es­paña. Puede decirse de Iniciaciones que tiene los rasgos característicos de una novella, una narración que por sus dimensiones ya no podemos conside­rarla un cuento, y que solemos confor­marnos con decir que es una «novela corta». Pero a lo que apunta ese límite en el espacio es a otra serie de rasgos que afectan al modo mismo de narrar; porque como en el cuento, hay en la novela corta una concentración de los hechos, desnudos, una depuración de todo lo que es digresivo o accesorio y una ficción que se compensa por el cuidado de la técnica. Israel Cen­teno ha convertido la narración de la biografía de los miembros de una familia de los llanos de Venezuela en un experimento. En el mejor sentido, podríamos hablar de que la lectura de esta historia constituye una aventura de-constructiva. (ABC, 4 de noviembre de 2006)

3 nov. 2006

238. La diferencia entre la desobediencia civil y el delito ciudadano


Desde que el mundo es mundo, el ser humano se vio obligado a establecer ciertas reglas de juego, a imitación de las que tiene la naturaleza, para que la convivencia con los de su misma especie fuera más o mneos normal y los enfrentamientos naturales por el territorio, la reproducción o los recursos se redujeran a la mínima expresión. Prácticamente, y sin que nos hayamos dado demasiada cuenta, el ser humano ha ensayado todos los modelos posibles de vida en comunidad y algunos le han resultado más eficaces que otros, algunos han sido menos dolorosos y otros pocos han tenido relativo éxito. Matriarcado, patriarcado, democracia, tiranía, triunvirato, comunitarismo, shaponos, librepensamiento, waldenismo, dictadura, sociedad, matrimonio, bigamia, poliandria, amazonismo, ascetismo, nomadismo, imperialismo, anarquía, tetraquía, protectorados, colonialismo... todos, todos los sistemas de vida humana han sido ensayados a lo largo y ancho de la Historia y en los cinco continentes y, como he dicho, algunos han tenido más éxito que otros, algunos han producido mayor miseria, y unos pocos, muy pocos, han procurado la "mayor suma de felicidad posible" (Bolívar dixit) a sus actores pasivos y activos.
Hasta que se demuestre lo contrario, el sistema que hemos heredado de la cultura griega y que hemos adaptado a nuestra propia concepción del mundo, la democracia, se ha mostrado como el sistema menos malo, y subráyese el epíteto, menos malo de cuantos en el mundo han sido, y eso no es cosa de alegrarase, pero al menos algo es algo. Aún la emocracia está en una etapa de desarrollo "inicial", debe pasar por varias y duras pruebas hasta que el ser humano entienda que no se pueden coartar las libertades de los ciudadanos (los polites griegos) en beneficio del omnímodo poder del Estado yno se puede reducir al Estado hasta el tamaño de un ratón en beneficio de los apetitos de cada uno de los ciudadanos. Quizá este movimiento de ida y vuelta no tenga salida concreta, pero estoy seguro que la paradoja de la vida democrática en un Estado fuerte no se resuelve siguiendo con ceguera el consejo lúcido, sabio, y muy complejo de Simón Rodríguez, o inventamos o erramos.
Esta frase ha producido, creo yo, más confusión que luz, porque son muchos en Venezuela que creen haber encontrado la frase bisagra para los desbarres mentales y el delirio oportunista.
No se puede inventar nada nuevo; a lo sumo, quizá se pueda volver sobre nuestros pasos y reflexionara sobre ellos.
Ahora mismo hay un debate en la red, y en la vida real, según el cual las palabras delictivas del presidente de PDVSA (resumidas en la frase "el que no esté con nosotros está contra nCoHsÁoVtErZos y va pa'fuera") no son sino muestra de que en Venezuela ha cambiado definitivamente el proyecto de país y que bajo esta nueva concepción del mundo es lícito romper con el sentido común de las leyes en beneficio de un nuevo "contrato social" que tiene enemigos por todos lados y mentes malignas e imperialistas preparadas para acabar con el sueño de toda una nación.
Se olvidan de que, antes que cualquier revolución, los seres humanos necesitamos confiar en las propias leyes que nos imponemos para domesticar los instintos y dormir al Gilgamesh que llevamos dentro, que antes que cualquier idea de patria (o muerte) debemos respetar la ley escrita tanto como se de la ley natural de la gravedad se tratase y fuera igual de inevitable porque de lo contrario corremos el riesgo de caer en la ley del más fuerte y, allí, señores, sólo sobrevive el que tiene más garras y colmillos más afilados. Es aquí donde los límites entre la desobediencia civil, que llama la atención sobre los desmanes de algunos se difuminan en el terreno del delito ciudadano, una de las formas más tristes de la mediocridad, justamente porque atentan contra el normal funcionamiento de la vida en sociedad, contra el funcionamiento cotidiano de las relaciones entre los polites. Y la mediocridad, señoras y señores, en vez de ser una condecoración que da derecho de saquear los recursos de todos como más nos convenga (como pregona insensatamente Rafael Ramírez), se vuelve peligrosa señal de debilidad que, tarde o temprano, se cobra sus deudas. Y si no me creen, vuelvan a ver la suerte de Escar en El rey león...