31 dic. 2005

El último día




Bueno, amigos, hoy es el útimo día, y estaré desconectado un rato.
Gracias a los que vienen a leer aquí, a pesar de mis largos silencios. Es que la realidad todavía se asoma más allá de esta pantalla, y lo reclama a uno.
Así no se puede.
Va fotico del pasado, que me gusta mucho de cuando los carnavales, y los papelillos, y los setentas y.
Que este ciclo que comienza etc.
Y así.

22 dic. 2005

Las gamberradas de Baudelaire

Joven mendigo, Bartolomé Esteban Murillo, 1650. Museo del Louvre, París
No avisaron del incendio porque "a ver si nos iban a decir algo a nosotros", parece que es uno de los argumentos de los chicos que, "por broma", quemaron viva a una señora que dormía en uno de esos espaciosos recintos de los cajeros electrónicos en Barcelona. A estas alturas, el frío del invierno catalán debe empujar a muchos de los que no tienen dónde dormir a lugares de ese tipo, en busca de algo de calor. La defensa de los tres chicos (dos de 18 y uno menor de edad) ahora dice que ellos no tenían intención de matar a la señora (pero sí de caerle a patadas para divertirse), que no sabían que el líquido con el que la rociaron era inflamable (entonces, ¿para qué se lo echaron? ¿Jugaban al carnaval venezolano?), y que actuaron bajo el influjo de la absenta, el hada verde que hacía las delicias de Baudelaire y empujó a Van Gogh a agredir a Gauguin y a cortarse su famosa oreja.
Me gustaría que me dijeran qué saben los abogados defensores de la imagen del mundo que tienen estos chicos (a uno de los cuales parece que apodan el Vader, por su afición a los videojuegos), me gustaría saber qué opinan ellos de la pobreza, del hambre, de la necesidad, de la guerra; qué opinan de juegos como Grand Theft Auto: San Andreas, o a qué nivel llegaron; qué saben de Las flores del mal, qué sienten cuando escuchan "senté a la belleza en mis rodillas/ y sentí que era amarga". Pero no; la defensa sólo nos permite saber que ellos estaban borrachos de absenta, que se asustaron cuando vieron a la mujer ardiendo, que ellos no sabían lo que hacían. ¿Pero es que alguien sabe lo que hace hoy en día? ¿Quién les vendió absenta a unos niños? ¿Dónde estaban sus padres a esa hora de la madrugada, dónde la gente adulta? ¿Mirando para otro lado? ¿Qué se fizo el rey don Juan, los infantes de Aragón, qué se fizieron? Qué hubo de tanto galán, qué de tanta invención que truxeron? Mais où sont les neiges d'antan? Ubi sunt qui ante nos in mundo fuere?
El mal es una oquedad muy atractiva; pero, como el Dador de Luz, hay que estar preparado para acercarse a ella.

21 dic. 2005

¿Golpe democrático?

Evo Morales oyendo mensajes de su móvil después de jugar un indigenista partido de paddle.
(foto de AP tomada de El País).


Hoy el diario El País publica una entrevista al elegido presidente de Bolivia, Evo Morales. Ha arrasado en las elecciones, se prepara para asumir el cargo y llevar a cabo su programa de nacionalización de los recursos naturales. Hasta ahí, todo muy bien. Pero, en un momento de la entrevista, la periodista le pregunta "¿Confía en Hugo Chávez?", y el nikezado jugador de paddle contesta con esta perla:

R. Lo respeto y admiro muchísimo. Lucha junto a su pueblo por la dignidad, la soberanía, los recursos naturales. Cuando un líder defiende a su pueblo, y ésa es mi experiencia, un pueblo defiende a su líder. Es el caso de Chávez. Imagínese, tantos golpes como padeció: uno militar, uno económico, uno mediático, un golpe democrático, inclusive, con el referéndum para revocarle, que se convirtió en un referéndum confirmativo. Y sigue en pie más fortalecido. [negritas mías, claro].

Es decir: debo entender aquí que según Morales el presidente de Venezuela está por encima de la Constitución, ¿no? Porque si el "referéndum para revocarle" es el mecanismo que él mismo introdujo en la Carta Magna para parecer democrático (el referéndum revocatorio), y ahora debe considerársele un instrumento para darle un "golpe democrático" (oxímoron poético donde los haya), entonces apaga las luces y vámonos, y al último le cae.
La demagogia tiene cada vez más cultores; y no sé si hablan de esta forma porque estos políticos en el fondo no tienen ninguna voluntad democrática o porque sencillamente son unos ignorantes. Lo malo es que de demagogos pasan con una facilidad pasmosa a demófagos. Ahí tenemos a los Ceaucescu, a Fujimori y a Milosevic. Ojalá Bolivia no tenga que vivir más penas. Pachamama nos oiga.

20 dic. 2005

Coroto


¿Vienen los "corotos" de Corot? Aquí, el presunto héroe epónimo retratado por Félix Bracquemond en 1861.

A petición de Bolboreta, hoy se presenta la palabra coroto. Su historia es tan hermosa como su significado. Aunque al final pondré la definición de mi botín principal, el Diccionario del habla actual de Venezuela, quiero colocar aquí la explicación que hace Ángel Ronsenblat, tanto por la importancia del personaje como por lo sabroso de la historia. Yo la he tomado de Universalia en línea, que es la revista del Decanato de los estudios generales de la Universidad Simón Bolívar, pero este texto pertenece a Estudios sobre el habla de Venezuela. Buenas y malas palabras, Caracas, Monte Ávila Editores, 1984:

¡Adiós, coroto!

En la palabra coroto cabe el universo entero. Aunque se le conoce también en el Ecuador, Colombia, Panamá, Santo Domingo y Puerto Rico (con el valor de trastos, trebejos, bártulos, baratijas), en todas esas regiones su uso es limitado, y se debe sin duda a expansión venezolana.
Sobre el origen de coroto hay una hermosa anécdota. Se dice que Guzmán Blanco trajo de París un lienzo de Corot, el famoso paisajista. El general solía recomendar machaconamente al servicio: ¡Cuidado con el Corot!. Las criadas empezaron a burlarse del coroto del general, y la expresión se extendió a objetos más diversos.
Una variante de la anécdota atribuye dos cuadros de Corot al general José Tadeo Monagas. Al desplomarse la dictadura monaguista el pueblo saqueó la residencia presidencia y arrastró por las calles los dos Corot, particularmente apreciados por el presidente. Uno de los excontertulios, al ver la suerte infortunada de los cuadros exclamó: ¡Adiós corotos!.
La explicación es demasiado bonita para ser verdadera. Además, la palabra coroto era general ya antes de la época de Guzmán Blanco, antes de la caída de los Monagas, que fue en marzo de 1858, y seguramente antes de la existencia misma de Corot.
El testimonio más antiguo que tenemos hasta ahora es de Núñez de Cáceres, en su Memoria sobre Venezuela y Caracas, probablemente de 1851 ó 1852. Coroto era la cosa inútil, el cacharro roto. En toda la literatura venezolana son infinitos, y las acepciones, diversas. Puede designar un objeto de nombre desconocido o que no se quiere nombrar: ¡Alcánceme ese coroto!, ¿Qué coroto es ése? O un objeto despreciable: ¡Tire ese coroto! Pero puede abarcar todos los objetos de una casa, incluyendo los muebles, o todas las mercancías de un establecimiento, con la estantería: ¿Fulano se marchó con todos los corotos!, ¡Estoy mudando los corotos! ¡Fulano con sus corotos!, se oye alborozadamente en las prisiones, porque es anuncio de libertad. Coroto puede ser también asunto, negocio. Es decir, que absorbe todos los usos de la palabra cosa: ¡Tengo hablarte de un coroto!, ¡Tengo que hacer un coroto!
Estar metido entre los corotos es estar de punta en blanco, luciendo las mejores prendas. ¡Adiós, coroto!, es expresiva exclamación de asombro. Y entregar los corotos (como entregar los papeles) es morirse: ¡Qué vida! ¡El día menos pensado uno entrega los corotos!
¿Y de dónde viene una palabra tan afortunada si nada tiene que ver con Corot? Su origen es realmente humilde. Como el de casi todas las cosas grandes. Es sin duda una voz indígena.


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Núñez y Pérez son menos literarios, pero más precisos en su segunda acepción:
Coroto. m. /2 coloq Cualquier objeto cuyo nombre se ignora, no se recuerda o no se quiere mencionar. Obs: Se usa como término genérico.

La generación que no acaba

Soy de una generación que no acaba y por eso me siento muy cómodo en ella. Se me pide a causa de esto que conteste a varias interrogantes: si existe una narrativa generacional en español, si existe una narrativa con características geográficas, y cómo me siento en mi generación en contraste con otras generaciones. Respondida esta última, contestaré las dos primeras. Cuando pienso en si pertenezco a una generación, pienso que el primer miembro de los escritores de América Latina es Cristóbal Colón. Con él, sobre todo con la tercera carta a los reyes católicos, entra a América (en canoa, por cierto) una lengua que no se resignó a quedarse en los campos de Castilla y se desparramó generosa por todo un continente, aceptando, como no podía ser de otra forma, la convivencia con las cientos de lenguas que ya se hablaban antes de que el genovés pisara la tierra para él desconocida. Porque la literatura siempre ha sido un continuo; la clasificación entre una forma y otra no es más que la categoría necesaria para que nuestro entendimiento no se pierda en esa línea viscosa que es la Historia. Desde luego, ha sido muy útil para poder ver, mirar, cada momento de ese continuo, fraccionándolo de manera artificial. Que la literatura es una sola voz ya lo han dicho infinidad de escritores antes que yo, y basta evocar la volátil existencia del libro de arena de Borges para entender que entre un escritor y otro hay más lazos de los que estamos dispuestos a admitir. Del genovés descubridor a los jóvenes escritores de eso que mal llamamos Latino América (¿y por qué no también España?) que difunden sus textos a través de Internet fluye el hilo de una generación que no acabará nunca.
Pero debemos aceptar la convención categorizadora y tratar de hablar de los últimos veinte años, es decir, los años en los que nosotros mismos hemos querido participar de ese hilo generacional que sigue su curso con cada libro de cuentos, con cada novela, con cada poemario, con cada ensayo literario. Y me parece que cada vez es más difícil describir una narrativa con características geográficas precisas tal como se verifica en novelas como Doña Bárbara, del venezolano Rómulo Gallegos (cumbre del realismo documental y crítico latinoamericano y precursora, a mi entender, del Realismo Mágico que luego caracterizaría la obra de García Márquez y sus epígonos), en Cecilia Valdés, del cubano Cirilo Villaverde o en la monumental Adán Buenosaires, del argentino Leopoldo Marechal, tan cercana a los experimentos de Joyce. Obras todas que se actualizan con la lectura de cada generación, y que señalan el camino antes que imponer estilos y temas. Porque la geografía de la narrativa latinoamericana moderna, en su afán de crear la cartografía mayor, trasciende tiempos y espacios. Como en aquel cuento borgiano en el que el mapa del Imperio tenía el tamaño del Imperio, el mapa geográfico de la ficción latinoamericana ocupa toda la ficción —y más allá. No hay que olvidar que la realidad, esa otra realidad que está más allá de las palabras, se impone siempre y casi no hay escritor latinoamericano que no trate de reflejarla en lo que escribe: pobreza, marginación social, violencia política, corrupción: todo eso que Néstor García Canclini llamó con tanto acierto nuestra cultura híbrida. Pongo algunos ejemplos. La obra del venezolano Juan Carlos Méndez Guédez (Una tarde con campanas) ha creado un espacio verbal para el exilio latinoamericano y mágico en Madrid de la misma manera como el también venezolano Roberto Echeto (Breviario galante) disecciona la realidad fractal de la ciudad latinoamericana contemporánea, ciudad ésta que tiene un origen cuasi mítico y que el colombiano William Ospina (Ursúa) recupera como una historia más fabulosa que la imaginación. Su compatriota, Pedro Badrán Padauí (La magia del Joe Domínguez) cree también que la marginalidad se alimenta de la leyenda, mientras que el mexicano Jorge Volpi (En busca de Klingsor) fija una mirada exótica sobre Europa y el chileno Carlos Franz (El lugar donde estuvo el Paraíso) explora la voz femenina en el contraste de la selva amazónica. Simultáneamente, en el norte, el hondureño Roberto Quesada (Big banana) y la dominicana estadounidense Julia Álvarez (¡Yo!) ponen en escena la realidad de ser inmigrantes que pierden sus raíces en el país más poderoso del mundo. Autores de varias generaciones y de dos decenas de países que son al mismo tiempo los topógrafos de un mapa que cambia todos los días y cuyas montañas se mueven veloces como gamos. Y tras estos topógrafos, las voces de las literaturas de otras lenguas (esos otros mapas del mundo: un idioma es el Universo traducido a ese idioma, proclamó Ramos Sucre) resuenan como espacios para el intercambio y la opinión, la identificación y el disenso: John Maxwell Coetzee, Banana Yoshimoto, John Fante, John Cheever, Fedor Dostoievski, Lev Tolstoi, Vladimir Nabokov, Murasaki Shikibu, Amélie Nothomb: autores de muchas lenguas y muchos tiempos conviven apaciblemente en el juego de las palabras, porque en el mapa de nuestra generación, de cuatro (o muchas dimensiones), el tiempo y el espacio ocupan las mismas coordenadas. Por eso me parece tan cómodo que esta generación no se acabe nunca.
Viena, 14 de diciembre de 2005. Instituto Cervantes

19 dic. 2005

El primero de Aisatu

Amigos, con mucha alegría tengo el honor de colocar en mi blog el primer cortometraje de Aisatu Producciones, de Nicolás Melini y Mama Diédhiou, futuros padres y por mucha suerte mis amigos. El corto se llama Lejos de casa; es una breve pieza documental que refleja lo que muchos de nosotros sentimos cuando hablamos con nuestras familias. Es que esto del teléfono acerca tanto las voces queridas que, al final, siempre quedamos con ganas de estar allá, viviendo las alegrías y compartiendo las tristezas. Que lo disfruten (hagan ¡click! sobre la pantalla).



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17 dic. 2005

Guaya

El alambre de púas es otra guaya más...

De este vocablo, que según mis informaciones también nos llegó vía campos petroleros, el Diccionario de la Real Academia sólo apunta su origen hispánico, pero los venezolanos sabemos que una guaya es un alambre grueso y resistente, como el que se usa para amarrar los barcos a los muelles. Y es que parece ser que nada como el oído para que una palabra entre a una lengua: los gringos (palabra de la que hablaré pronto) de la Shell o de Texaco decían wire para pedir un alambre o un cable, y los trabajadores venezolanos (mi abuelo era uno de ellos) entenderían que los visitantes del norte necesitaban una guaya para amarrar un bidón de gasoil al camión que sin duda tardaría cuatro horas en llegar a Cabimas, la insólitamente caliente ciudad del lado oriental del lago de Maracaibo. Los malandros de hoy en día conocen como guayas las cadenas gruesas de oro y plata. No confundir con el mecate, palabra que viene del nahua mecatl, y que es una cuerda hecha de cabuya o cocuiza. Así que cuidadín con tu guaya, que la estoy cazando...

Narnia

¿A que el mapita recuerda la Tierra Media?

Así se llama el reino al que los hermanitos Pevensie ingresan a través de un armario. De los cuatro, por cierto, la mejor es Lucy, la pequeña, interpretada por Georgie Laura Henley, en su primera película. No está mal para tener sólo diez años, y a juzgar por sus compañeros de reparrto, sin duda es la primera actriz de la peli.
La metáfora cristiana está muy clara (aunque algunos dicen que puede ser publicidad subliminal): pero si dejamos de lado las connotaciones, podremos ver una película entretenida y en el fondo sin pretensión alguna de pasar a la Historia. Aunque algún éxito económico reportará a los productores, porque ya esta es la sexta ocasión en que se adapta la novela de C.S. Lewis. Ya está bueno, ¿no? No pocas veces se nota el decorado sobre el que los actores trabajan; cosa extremadamente extraña si tomamos en cuenta que se trata de Disney, cuya técnica mejora con cada película y que además ya existe la tecnología para hacernos creer que, lo que no existe, es. A veces es como estar viendo de nuevo Tron (1982), que a estas alturas enternece porque las costuras se ven por todos lados, aunque en su momento era lo más de lo más. Quizá a Narnia le pasa que ya hemos visto los Harry Potter y la trilogía de El señor de los anillos; conste que esto no sirve de justificación, sino de razonamiento. Una pena. Se ha gastado demasiado dinero (+ ó - 180 millones de dólares) en una historia que, por su pacatería, nace ya envejecida, y que no podrá evitar el sambenito de ideológica y típico producto de la puritana factoría Disney.
El que la quiera ir a ver, que vaya. Advertido queda. Abstenerse, eso sí, furibundos contra los evangelios y sensibles de ser captados por cualquier meme llorón. No se la pierdan quienes disfruten viendo animalitos hablando, faunos llorando e hipogrifos surcando los cielos. Y a otra cosa, Butterfly.

16 dic. 2005

Guachimán

Klimt posando como un guachimán

Regreso de Viena, una hermosa ciudad que no se puede ver; hay que palparla. Ha sido un viaje de lo más abundante, aunque sólo he estado un par de días invitado para hablar sobre literatura, generaciones literarias y geografías literarias; y el tema ha dado mucho de sí. Nuria Amat, Pedro Sorela y Espido Freire, a quienes tuve el gusto de conocer allá, tenían muchas cosas que decir, y las dijeron. Como siempre, prometo más posts sobre este tema, porque en realidad la visita ha sobrepasado una simple mesa redonda sobre literatura: incluso me ha permitido crear esta nueva sección. Pero todo sea dicho: fue idea de Pilar Cabañas, del Instituto Cervantes de Viena, que no cesaba de maravillarse con los venezolanismos que usamos sin darnos cuenta. Así que a partir de éste empezarán a aparecer entradas del (Pilar lo ha llamado así) Consultorio Lingüístico Venezolano, que no será más que un saqueo vil del Diccionario del habla actual de Venezuela (Caracas, UCAB, 1994), de mis antiguos profesores Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez.
Guachimán fue la palabra primera que levantó la asombrada -y entrañable- risa de nuestra anfitriona vienesa (ella y Carlos Ortega, director del Cervantes allí, nos obsequiaron con un exquisito trato, propio por demás de la ciudad de Klimt) ; y mayor fue su sorpresa cuando le expliqué el origen de la misma. Según mis informaciones, entró al español de Venezuela vía campos petroleros, cuando las empresas estadounidenses disfrutaban de las generosas concesiones que el dictador Juan Vicente Gómez les "regaló". Guachimán les sonó a los obreros venezolanos la palabra que usaban para referirse a vigilante: watchman; y guachimán se quedaron todos los que por la noche tienen que cuidar los lugares de los amigos de lo ajeno. Dicen Núñez y Pérez del vocablo:

Hombre que hace la vigilancia de un lugar, como por ej. una casa en construcción, una finca o una fábrica, generalmente por las noches o cuando está deshabitado o solitario.

Guachimanes son, también, las figuras que presiden el actual edificio de la Biblioteca Nacional en Viena, y el águila dorada que nos indicó que empezaba a caer una incipiente nieve y debíamos regresar al hotel. Hacia donde nos fuimos, rodeados de ángeles, que es costumbre vienesa llenar de alas todos los rincones por estas fechas.
Y así vendrán más venezolanismos pronunciados en Viena (o no), y más recuerdos de un delicioso viaje. ta logo.
adenda: ¡Esto es el colmo! El diccionario de la real Academia no incluye la palabra como un venezolanismo. Si es que todavía me pregunto cuáles son los criterios de los que hacen ese diccionario para organizar los vocablos de nuestra lengua. Lexicógrafos del mundo, ¡únanse contra las Academias! Recuerden las Letanías a nuestro señor Don Quijote, de Rubén Darío...

De tantas tristezas, de dolores tantos,
de los superhombres de Nietzsche, de cantos
áfonos, recetas que firma un doctor;
de las epidemias, de horribles blasfemias,
de las Academias, líbranos, Señor.

12 dic. 2005

La reina de los cuatro nombres [2005]


Políxena, o la muñeca del dios
La niña juega con una muñeca de trapo que Eufrasia, la nodriza ática, ha confeccionado. Sin querer, y para regocijo de la niña, la sirvienta dibujó los ojos de la muñeca del mismo tono que los suyos, lo que interpreta como una buena señal, porque los dioses le han deparado una compañera de juegos a la que debe prodigar cuidados como el preciado tesoro que es. En la enorme habitación, Ofelia, como ha sido bautizada la muñeca («porque todas las cosas deben poseer un nombre, si no desaparecen», asegura la nodriza), tiene un lugar donde nadie la perturba, salvo las manos de su dueña, que cuando regresa de jugar en el jardín o de aprender a escribir los signos de sus antepasados, entra como un tornado y salvando todos los obstáculos la coge de la pequeña silla de piel de oveja que el marido de Eufrasia ha construido a su medida.
¡Ofelia! ¿Dónde está mi Ofelia?, —pregunta la niña al aire, sonriente, mientras Eufrasia la sigue, pues la orden de su amo ha sido que no la descuide ni un segundo. El padre, el rey Neoptólemo, sabe que su hija sueña con Zeus por las noches y eso la inquieta en el día haciéndola particularmente sensible; no es normal que una niña tan pequeña (¿qué edad tiene? ¿6, 7, quizá 9 años?) tenga ya esa devoción por el culto y la alabanza a los dioses. Quizá se deba a que el oráculo dedicado a Zeus está muy cerca del palacio; tanto, que cuando el viento es propicio se puede sentir el aroma del incienso y de la mirra que llegan como campanadas silenciosas y llenas de religiosidad. «Tampoco es tan malo», piensa Eufrasia, «pues mi ama está llamada a cuidar de un palacio y a criar varones sanos y fuertes que se ocupen de los asuntos de la ciudad y de la guerra. Una mujer no ha nacido para gobernar, así que puede ofrecer toda su fuerza a la fe —y a su marido, si los dioses lo permiten—. No le hace daño a nadie su conducta », cavila, pero son pensamientos que se guarda para sí, porque un siervo no debe contradecir las órdenes de los señores y mucho menos atreverse a dudar de su sabiduría. Así que, siguiendo las instrucciones, no deja a la niña sola ni un instante, porque no quiere que su cabeza dé cuenta de sus descuidos. La contempla con el afecto maternal que sólo da la cotidianidad y se ensimisma, trascendiendo el objetivo que mira.
¿Me cuentas otra vez lo de mi nombre?
La sirvienta sienta a la niña en sus rodillas, la niña arrulla a Ofelia en su regazo y, meciéndose las tres, Eufrasia repite como si fuera un secreto el nombre que le han pedido que explique:
Políxena, Políxena, recibes a todos en tu hogar, como la buena mujer que vas a ser, Políxena, Políxena, la muy hospitalaria Políxena...
La princesa de Epiro ríe a carcajadas cuando su aya, firme y dulce, la atormenta haciéndole cosquillas debajo de los brazos, mientras Ofelia cae al suelo y las mira con los ojos iguales a los de su ama, en silencio y sin protestar. La tarde comienza a despedirse en las montañas de Dodona; el viento vuelve a traer el aroma del incienso, Ofelia saluda a la niña sacándole una lengua bífida, y la princesa se queda estupefacta. Ofelia sisea como una serpiente de Samotracia y Políxena se estremece porque sabe que esta noche Zeus volverá a visitarla.

Rodrigo Echeto Marczuk: ¡Bienvenido!

happy new-born parents

Roberto y Mariana, tan queridos por tantos y por tantas cosas, acaban de tener su primer hijo: con "R" de Rodrigo. Yo le regalo, desde aquí, la hermosa canción de Caetano Veloso, de ese maravilloso disco que es Circuladô:
¡Bienvenido, hermano Rodrigo, que le caigan bendiciones por doquier!

Boas-Vindas
Sua mãe e eu
Seu irmão e eu
E a mãe do seu irmão
Minha mãe e eu
Meus irmãos e eu
E os pais da sua mãe
E a irmã da sua mãe
Lhe damos as boas-vindas
Boas-vindas, boas-vindas
Venha conhecer a vida
Eu digo que ela é gostosa
Tem o sol e tem a lua
Tem o medo e tem a rosa
Eu digo que ela é gostosa
Tem a noite e tem o dia
A poesia e tem a prosa
Eu digo que ela é gostosa
Tem a morte e tem o amor
E tem o mote e tem a glosa
Eu digo que ela é gostosa
Eu digo que ela é gostosa
Sua mãe e eu
Seu irmão e eu
E o irmão da sua mãe

10 dic. 2005

Pero yo los vi en el Hilton [contra el imperialismo]

También se queja del turisteo de los observadores:

"No se puede ir de observador a unas elecciones y quedarse cómodamente instalado en un hotel con aire acondicionado y viendo la televisión para saber lo que ocurre. Eso no es conocer Venezuela ni su proceso electoral", afirmó durante su discurso en la cumbre del Mercosur que se celebra en Montevideo.

Pero en agosto yo vi a Evo Morales, y a Abel Prieto y a Gilberto Gil, y a tooodos los jóvenes antiimperialistas palpando la realidad socialista del país en los sabrosos (y a 70.000 bolos) desayunos "barra libre" del Hilton, donde se hospedaban. ¿O es que Saramago cuando va a Venezuela a rendir culto a su milicofilia duerme en el barrio José Félix Ribas, siquiera en un apartamento del 23 de enero, de esos que diseñó Carlos Raúl Villanueva?

Ultimadamente...


¿Se acuerdan del chiste de Jaimito en el que éste tiene que hacer una composición sobre su mascota y cuando se la lleva a la maestra ésta, indignada al leer lo que escribió, lo expulsa y lo manda para la casa donde su madre lo espera?: al leer la composición sobre la mascota, la madre, humillada y ofendida, lo manda para su cuarto sin cenar. Y entonces Jaimito, subiendo las escaleras furioso, se detiene y dice: "ultimadamente, ese gato es mío y me lo cojo las veces que me dé la gana!"
Bueno, es sólo un chiste. Cualquier parecido con las declaraciones que coloco a continuación, es pura coincidencia...

"¿Qué tiene que meterse en las cosas internas de un país una misión de delegados que, como anoche me decía un presidente amigo, sólo tiene que decir las elecciones fueron transparentes o no, sirvieron o no sirvieron?, más nada, las cosas de las leyes de cada país son de cada país", señaló.

"Hablo todos los días con mi pueblo, a veces hasta siete horas diarias. Y no iba a dejar de hablar con mi pueblo; lo hice pero nunca para pedir los votos, sino para impulsar la participación", agregó. Consideró como una "evidencia" de "que estos observadores actuaron en connivencia en contra de los intereses del pueblo venezolano y contra los intereses de la democracia venezolana" el hecho de que haya sido cuestionada su "excesiva" exposición a través de programas y cadenas de televisión. "¿Quién les dio potestad para criticar a un jefe de estado?", preguntó. "Jamás llamé a votar por nadie y cuando (llamé a votar) lo hice fue a la participación", agregó.

nota: ningún animal ha sido torturado o ha sufrido lesiones para escribir este post.


9 dic. 2005

Pereza rima con tristeza




Amigos que leen esto: he estado ausente. Oyente, leyente, más bien, de las cosas que van pasando en Internet, en España y en mi país, Venezuela. Es lo que me tiene más alejado de estos predios: mis dos viajes a Venezuela han sido duros, aunque el afecto no me ha faltado, como siempre que viajo para allá.
Tengo fotos, recuerdos, cosas que decir. Y algunas no me salen. O me salen en otros medios.
Tengo trabajo, mucho; es decir, tengo muchas cosas que escribir.
Tengo humor, gracias a Delirio, y eso me salva un poco.
Como al resto de la gente en Caracas.
Dos cosas me pertubaron en mis dos viajes:
1. Caminaba una mañana de Colimodio a Patronato; la gente iba y venía, y de repente caí en cuenta: ¿dónde estaban los mendigos que recogen latas y comen los restos de pollo en la basura? ¿Acaso habían desaparecido? No: miré bien y me di cuenta. Lo que diferenciaba al mendigo de las demás personas es que aquel andaba descalzo, con los pies negros por la mugre. La proliferación de buhoneros de todo tipo (Roberto Echeto me cuenta que en el bulevar de Sabana Grande hay hasta un burdel ambulante: pagas, consumes y te vas) nos va poco a poco llevando a un estado de igualdad: igualdad de pobreza. Y advierto a los que piensen que este es comentario clasista o racista que se guarden muy mucho sus palabras en donde puedan, porque el que quiera negar que el nivel de vida en Venezuela, para la mayoría, baja estrepitosamente es que está ciego o es demasiado perverso. Y los que hemos padecido repetidamente fuertes y verdaderas necesidades económicas no le tenemos miedo a la palabra pobreza ni a la palabra riqueza, prefiriendo siempre esta última a la primera. Riqueza para todos, se supone que es la consigna, ¿no?
2. Lo segundo que me enristeció ya lo he comentado en algún lado: el erial intelectual que se está apoderando de la cultura oficial. La primera vez que lo percibí en directo fue en la inauguración de la feria del libro. Loar a un Ministro de Cultura como el que tenemos profiriendo sus proposiciones dogmáticas y reír los estúpidos chistes de Luis Britto García (quien tuvo las neuronas despiertas alguna vez y escribió unos maravillosos cuentos) da vergüenza ajena (aparte de la indignación que me produjo la proliferación de "asesores" cubanos que cobraban 3 millones de bolívares mensuales, ¿para enseñarnos qué sobre las ferias del libro?). La mayoría calla: el bozal de arepa es un silenciador invisible pero muy efectivo. Y algunos se aprovechan, a cambio de poner cara de ideólogos supuestamente convencidos de que el socialismo que el presidente quiere imponer como sistema de gobierno (medida inconstitucional, por demás) es la panacea. "Pana, lo que sea", paracen murmurar mientras rasguñan viáticos y billetes de avión. Rastacueros. Y al que proteste, se le va sacando sutilmente (y a veces no tanto), se le excluye; para después ver a estos nuevos policías políticos de la cultura exclamar, consternados: "es que el poeta no acepta nuestras invitaciones, está radicalizado, y no quiere comprender". Venezuela, obviamente, ahora no es de todos, por lo menos a los ojos de los estalinistas del Conac, sino que es propiedad de los que bajan la cerviz y guardan discreto silencio.

Y así me vine de Venezuela, con muchas cosas más que decir; con muchas emociones, guardando contento en un rincón, sin embargo, porque el país no se rinde, todavía sigue luchando, se sigue escribiendo, se sigue creando, a pesar de que la ignorancia gubernamental crece como un tumor. A pesar de que cada vez todo es más caro (Caracas y Madrid son igual de caras), a pesar de que cada vez hay menos espacio y más medocridad campante.

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Temas de los que querré escribir en algún momento (los pongo para que no se me olviden y para que los reclamen si les apetece):

-Narnia.
-"El código Chávez", de Eva Golinger, que acabo de leer (pésimamente traducido y editado).
-"El rostro secreto", libro de Luis Barrera Linares, con el que uno no sabe si reírse de la bufonada o llorar por la enanez crítica.
-"Chávez nuestro", que leí en Valera, estupefacto: ¡hay catecismo chavista!
-Folletos de la Misión "vuelvan caras" que leí, otra vez en Valera y otra vez estupefacto: ¡Para un "lancer@", la "obra" de Chávez (un discursilísimo baladí) tiene que ser más importante que la Constitución!
-"La sombra del viento", de Ruiz Zafón y "La historia del rey transparente", de Rosa Montero: las dos absolutamente legibles y entretenidas, aunque en ambas quizá sobren algunas páginas. ¡Ay, con la emoción de escribir mucho!
-Y así.