9 dic. 2005

Pereza rima con tristeza




Amigos que leen esto: he estado ausente. Oyente, leyente, más bien, de las cosas que van pasando en Internet, en España y en mi país, Venezuela. Es lo que me tiene más alejado de estos predios: mis dos viajes a Venezuela han sido duros, aunque el afecto no me ha faltado, como siempre que viajo para allá.
Tengo fotos, recuerdos, cosas que decir. Y algunas no me salen. O me salen en otros medios.
Tengo trabajo, mucho; es decir, tengo muchas cosas que escribir.
Tengo humor, gracias a Delirio, y eso me salva un poco.
Como al resto de la gente en Caracas.
Dos cosas me pertubaron en mis dos viajes:
1. Caminaba una mañana de Colimodio a Patronato; la gente iba y venía, y de repente caí en cuenta: ¿dónde estaban los mendigos que recogen latas y comen los restos de pollo en la basura? ¿Acaso habían desaparecido? No: miré bien y me di cuenta. Lo que diferenciaba al mendigo de las demás personas es que aquel andaba descalzo, con los pies negros por la mugre. La proliferación de buhoneros de todo tipo (Roberto Echeto me cuenta que en el bulevar de Sabana Grande hay hasta un burdel ambulante: pagas, consumes y te vas) nos va poco a poco llevando a un estado de igualdad: igualdad de pobreza. Y advierto a los que piensen que este es comentario clasista o racista que se guarden muy mucho sus palabras en donde puedan, porque el que quiera negar que el nivel de vida en Venezuela, para la mayoría, baja estrepitosamente es que está ciego o es demasiado perverso. Y los que hemos padecido repetidamente fuertes y verdaderas necesidades económicas no le tenemos miedo a la palabra pobreza ni a la palabra riqueza, prefiriendo siempre esta última a la primera. Riqueza para todos, se supone que es la consigna, ¿no?
2. Lo segundo que me enristeció ya lo he comentado en algún lado: el erial intelectual que se está apoderando de la cultura oficial. La primera vez que lo percibí en directo fue en la inauguración de la feria del libro. Loar a un Ministro de Cultura como el que tenemos profiriendo sus proposiciones dogmáticas y reír los estúpidos chistes de Luis Britto García (quien tuvo las neuronas despiertas alguna vez y escribió unos maravillosos cuentos) da vergüenza ajena (aparte de la indignación que me produjo la proliferación de "asesores" cubanos que cobraban 3 millones de bolívares mensuales, ¿para enseñarnos qué sobre las ferias del libro?). La mayoría calla: el bozal de arepa es un silenciador invisible pero muy efectivo. Y algunos se aprovechan, a cambio de poner cara de ideólogos supuestamente convencidos de que el socialismo que el presidente quiere imponer como sistema de gobierno (medida inconstitucional, por demás) es la panacea. "Pana, lo que sea", paracen murmurar mientras rasguñan viáticos y billetes de avión. Rastacueros. Y al que proteste, se le va sacando sutilmente (y a veces no tanto), se le excluye; para después ver a estos nuevos policías políticos de la cultura exclamar, consternados: "es que el poeta no acepta nuestras invitaciones, está radicalizado, y no quiere comprender". Venezuela, obviamente, ahora no es de todos, por lo menos a los ojos de los estalinistas del Conac, sino que es propiedad de los que bajan la cerviz y guardan discreto silencio.

Y así me vine de Venezuela, con muchas cosas más que decir; con muchas emociones, guardando contento en un rincón, sin embargo, porque el país no se rinde, todavía sigue luchando, se sigue escribiendo, se sigue creando, a pesar de que la ignorancia gubernamental crece como un tumor. A pesar de que cada vez todo es más caro (Caracas y Madrid son igual de caras), a pesar de que cada vez hay menos espacio y más medocridad campante.

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Temas de los que querré escribir en algún momento (los pongo para que no se me olviden y para que los reclamen si les apetece):

-Narnia.
-"El código Chávez", de Eva Golinger, que acabo de leer (pésimamente traducido y editado).
-"El rostro secreto", libro de Luis Barrera Linares, con el que uno no sabe si reírse de la bufonada o llorar por la enanez crítica.
-"Chávez nuestro", que leí en Valera, estupefacto: ¡hay catecismo chavista!
-Folletos de la Misión "vuelvan caras" que leí, otra vez en Valera y otra vez estupefacto: ¡Para un "lancer@", la "obra" de Chávez (un discursilísimo baladí) tiene que ser más importante que la Constitución!
-"La sombra del viento", de Ruiz Zafón y "La historia del rey transparente", de Rosa Montero: las dos absolutamente legibles y entretenidas, aunque en ambas quizá sobren algunas páginas. ¡Ay, con la emoción de escribir mucho!
-Y así.

6 comentarios:

Fedosy dijo...

Panita, así son las cosas. Sí, lástima lo de aquel señor qué escribió tan grandes cuentos. No se entiende cómo algunos tan inteligentes siguen a Maguila de esa manera. ¿Será porque es simpático, dirachero y jacarandoso?

Larga vida al curry!

RomRod dijo...

es el Mephisto de István Szabó hecho realidad...

Anónimo dijo...
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Juan Carlos Chirinos dijo...

Opinión, no doxa; opinión, no insultos descontrolados; que para insultar también hay que tener estilo, caramba...

ROBERTO ECHETO dijo...

Maestro, te faltó contar cómo nos "encunetaron" dos veces en la feria del libro. Una con la presentación de tu Niño malo y otra con el coloquio con Isaac Rosa. Si tú no lo dices por elegancia, yo sí lo digo porque fue así.

Tú (ni nadie) se merece semejante trato.

Un abrazo.

R.E.

Martha Beatriz dijo...

Juan Carlos no había leído este post - esto es una aburrida noche después de Navidad -: La verdad uno se trae tantas emociones, que no sabe que hacer con ellas, vé como todo va empeorando y no sabe a veces que decir, quiere aportar pero instintivamente sabe que cualquier cosa será interpretada como inaplicable y sifrina, en fin. De mi última travesura llegué mentalmente agotada y con ganas de darme una larga pausa...ganas que ya se me quitaron, en lo que pueda, mientras se pueda vuelvo. Un abrazo.