19 jul. 2005

OVIDIO'S MAKEUP



O Medicamina faciei femineae, que es como se titula en su lengua original el curioso poema del gran Publio Ovidio Nasón, nacido ariano el 20 de marzo del año 43, justo un día antes del inicio de la Primavera en el hemisferio norte. Los Cosméticos para el rostro femenino son cinco breves "trucos" que da el poeta para preparar cosméticos que ayudan a embellecer la cara de la mujer, nada más y nada menos.
Comienza diciendo

Aprended, mujeres, los cuidados que pueden realzar el rostro
cómo debéis proteger vuestra belleza


Discite quae faciem commendet cura, puellae,
et quo sit vobis forma tuenda modo.

Y, como no podía ser de otra forma, embellecer el carácter es lo primero que aconseja:

Sea lo primero para vosotras, mujeres, la defensa de las cosrtumbres:
una cara agrada si le acompaña en buen carácter


Prima sit invobis morum tutela puellae:
ingenio facies conciliante placet.


Por suerte los modernos cultores de la belleza, como Helena Rubinstein o Clinique, no han descubierto la poesía del autor del Arte de amar, porque muy pronto veríamos a Claudia Schiffer o a Naomi Campbell recitar los versos del poeta latino para avalar los beneficios de la crema reductora de arrugas (o sea, que ennanece las arrugas, no las elimina) o de los sucedáneos contemporáneos de la fuente de la eterna juventud, esa que tanto buscó Ponce de León, el primer maquillador del Nuevo Mundo...
La edición donde he leído esto la acaba de sacar a la venta Espasa, en su preciosa colección Blu, Biblioteca de Literatura Universal, en ese papel delicado que dan ganas de contemplar, no de leer, y en una cajita preciosa y de elegante, por sencilla, presentación:



Va el primer "truco", por si hay alguna curiosa que quiera experimentar, aunque algunos de los ingredientes no los conozco y no sé dónde conseguir una lenta burra trituradora de grano, ni de dónde sacar cuerno de ciervo (para filólogas, la versión original). He colocado en negrita lo que me parecieron los ingredientes, pero pude haberme equivocado. Y como dicen aquí en España, ¡a ponerse guapas! y a dejarse la cara como un espejo:

Ea, di, cuando el sueño abandona vuestros miembros delicados,
cómo puede estar radiante una cara blanca.
La cebada, que envían los colonos de Libia en naves,
despójala de la paja y sus cáscaras;
igual medida de yero macérese en diez huevos,
pero que la cebada pelada pese dos libras.
Cuando ésta se haya secado con el soplo del viento,
ordena que una burra lenta la triture en áspera muela.
También raspa los primeros cuernos que caigan de un ágil ciervo
sobre ésta: procura que se añada la sexta parte de un as sólido.
Y cuando ya se haya mezclado con la harina en polvo,
pasa todo rápidamente por un cedazo de infinitos agujeros.
Añade doce cebollas de narciso sin cáscara,
que una mano recia triture sobre en mármol limpio;
que la masa y la semilla toscana alcance la sexta parte de una libra:
a esto échale nueve veces más de miel y otro tanto más a tu gusto.
La que se trate la cara con tal cosmético,
brillará más tersa que su propio espejo.
Dic age, cum teneros somnus dimiserit artus
candida quo possint ora nitere modo,
Hordea, quae Libyci ratibus misere coloni,
exue de palea tegminibusque suis;
par erui mensura decem madefiat ab ovis,
sed cumulent libras hordea nuda duas.
Haec ubi ventosas fuerint siccata per auras,
lenta iube scabra frangat asella mola;
et quae prima cadent vivaci cornua cervo
contere in haec: solidi sexta fac assis eat.
Iamque ubi pulvereae fuerint confusa farinae,
protinus innumeris omnia cerne cavis.
Adice narcissi bis sex sine cortice bulbos,
strenua quos puro marmore dextra terat;
sextantemque trahat gummi cum semine Tusco:
huc novies tanto plus tibi mellis eat.

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