20 jul. 2005

DEUS LO VOLT



Hay historias donde se cuenta que en el pasado los hombres demostraban su fe haciéndose los locos; se subían a una columna y de allí no bajaban [Buñuel habló de ellos en Simón del desierto], se escondían en cuevas, se iban lejos, mendigaban, cosa que no le gustaba a Benito de Nursia. Ahora no; ahora se hacen los locos de otra manera; han descubierto la pólvora y se lanzan contra los demás para demostrar que su dios los acogerá con una sonrisa una vez hayan cumplido con su triste deber; ahora, otros locos invaden países enteros y los destruyen para demostrar ante sus dioses que son capaces de cumplir justa venganza. ¿Alguien se ha parado un momento a buscar una solución menos explosiva, o es que el bolsillo lleno ensordece los oídos ante el pum pum de las bombas?
ien ecuerdo esta anécdota, convertida en poema por Blanca Strepponi (El jardín del verdugo): por carta, Arnaud Almaric pregunta al papa de turno, una vez que hubo tomado Béziers: "Santo Padre, ¿cómo diferenciar cátaros de católicos?". El jerarca le contestó: "Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos". En 1209 masacraron a 20.000 cátaros. Deus lo volt...
Pero, ¿es posible dialogar con un fanático?