14 jul. 2005

CUANDO LA FALANGE SAGRADA SALE DEL ARMARIO

Este texto lo escribí el año 2000, pero, a juzgar por el artículo de Elizabeth Fuentes del trece de julio en Descifrado, sigue teniendo vigencia, así que lo pongo otra vez, aunque no recuerdo que me lo hayan publicado...


Emplazamiento de la acrópolis de Queronea (la colina), lugar privilegiado desde donde, sin duda, cierto numero de tropas de guarnición observaron el desarrollo de la batalla.
(La batalla de Queronea, por Satrapa1)


En 335 a.C., Alejandro III de Macedonia destruyó para siempre Tebas, harto de sus continuas traiciones. Meses antes su padre, Filipo II, había sido asesinado en una ceremonia nupcial por Pausanias, un amante despechado. Nunca se supo bien si fueron estratagemas de Demóstenes, el político ateniense que tanto le temió, de Olimpia, la esposa eternamente ofendida, o del mismo Alejandro, beneficiario mayor en el regicidio —se hizo con un reino que él mismo convirtió en un imperio de magnitudes y geografías orientales—. Al heredar la montañosa Macedonia, el adolescente que la historia conoce como Alejandro Magno, heredó también un sin fin de pugnas y pueblos en rebelión, que no dudaron en empuñar las armas al enterarse de la muerte del cruel y muy eficaz Filipo. Alejandro sofocó todas las revueltas, a lomos de su fiel Bucéfalo, y pronto dominó toda la región Ática, incluida la soberbia e ilustrada Atenas. Quizás su maestro, Aristóteles, sirvió de mucho en la suerte de la actual capital griega, pues no fueron pocas las ofensas que Demóstenes, líder tartamudo, lanzó contra el macedonio. Una de ellas fue el alzamiento de Tebas, la ciudad del poeta Píndaro.
Esta ciudad contaba, desde 480 a.C., con un ejército muy especial: la Falange Sagrada, compuesta por soldados-amantes cuya consigna era luchar por la vida del compañero hasta la muerte. Este juramento se hizo realidad el día que se vio enfrentado al ejército macedonio en la Batalla de Queronea, el 4 de mayo de 338. Ni uno solo quedó con vida cuando se vieron forzados a luchar contra la feroz caballería comandada por Alejandro, que a la sazón contaba tan solo 18 años.
Pero lo que sí pervivió fue el espíritu de este grupo de valientes hombres que, más por su honor que por su patria, se mantuvo firme hasta el último suspiro, contrarios a los consejos que Arquíloco da a los combatientes. En este caso, el amor entre los soldados era lo que aseguraba la cohesión de su fuerza sobre el campo, así como el truco de los hoplitas era defender al compañero de la derecha con el escudo (hoplón), mientras se protegían con el escudo del compañero de la izquierda.
Toda esta paráfrasis histórica viene a cuento por las recientes declaraciones de José María Sánchez Silva, teniente coronel del ejército español y secretario de la escuela de Estudios Jurídicos del ejército. Ha “salido del armario”, y sin tapujos ha hablado ante la opinión pública española de sus orientaciones sexuales. A pesar de que reconoce que la Constitución española prohíbe la discriminación por causa de las preferencias sexuales, confiesa que de todas maneras existe una discriminación de «baja intensidad», reflejada en comportamientos difíciles de denunciar pero fáciles de detectar: una mirada que baja convenientemente para evitar el saludo militar, un cambio de ruta, unos chistes alusivos, gestos humanos para señalar los «defectos» con mayor eficacia que con las palabras. Sin duda, las declaraciones hechas al diario El País (3-09-2000, página 22) y el reportaje aparecido en la revista Zero (septiembre, 2000), no le granjearán más amigos ni mayor fortuna a Sánchez Silva, quien ha dicho: «no quiero ni imaginar la cara que van a poner mis vecinos de toda la vida cuando se enteren de que el serio y formal teniente coronel ha resultado ser un gay». Al menos, él puede hacerlo público con más o menos pocas consecuencias. Por ejemplo, el portavoz del Ministerio de la Defensa español dijo que, a pesar de que con sus declaraciones el teniente coronel no incurría en ningún «motivo de sanción», le parece «desafortunado que utilice su rango militar para un pronunciamiento de estas características. Otra cosa es que lo hiciera a título personal». O sea, que es homosexual mientras no lleve el uniforme puesto.
Lo que ha llamado mi atención de todo este reportaje ha sido, no obstante, otro aspecto. Como complemento al trabajo escrito, el diario ha tenido el cuidado de colocar una excelente infografía titulada: «participación de gays y lesbianas en los ejércitos», con datos tomados de la Asociación Internacional de Lesbianas y Gays. En ella se muestra que tan solo 23 países en el mundo aceptan a gays y lesbianas en sus ejércitos. ¿Está Venezuela entre ellos? ¡Desde luego que no! Es más, la patria de Bolívar está expresamente señalada como uno de los países que NO permiten (sic) la participación en el ejército por causa de la orientación sexual. Ningún país latinoamericano permite la participación, por cierto. Ni Japón. Ni —¡oh, sorpresa!— la magna Grecia. En Alemania no está permitido el acceso a gays y lesbianas a los cuerpos de oficiales y suboficiales (supongo que por los diarios secretos de Ludwig Wittgenstein).Ya que no podemos prescindir de las Fuerzas Armadas, ¿será posible que Venezuela, por una vez, vaya a la cabeza de la especie y se dé cuenta de que la lucha por la libertad que entraña la tan utilizada palabra revolución implica a todos los ciudadanos y todos los oficios? Con militares y ex militares gobernando nuestro país por todos lados —que se deben saber de memoria la vida y hazañas de Alejandro Magno y tantos otros estrategos hetero, homo y bisexuales (incluidas las Amazonas)— debería de ser natural la verdadera modernización de las Fuerzas Armadas. Pero no. Así como cuando teníamos a Rafael Caldera de presidente, especialista en Andrés Bello, individuo de número de la Academia de la Lengua e introductor de vocablos en el diccionario—el acertadísimo millardo— la gestión de cultura venezolana bajó a cotas inimaginables (¿cuánto tiempo estuvo el CONAC sin presidente por esos años?), en vez de ocurrir lo contrario, esto es, que la cultura fuera el eje de todo el plan de gobierno; asimismo ahora con un presidente ex militar tendríamos que esperar que el ejército evolucione hacia un rol más civilizado, en vez de esperar temerosos a que las Fuerzas Armadas vuelvan a todo tipo de discriminación, incluida la racial (no parecería probable a juzgar por la combinación étnica de Chávez, pero cosas veredes...), para acceder a los rangos más altos. Es probable que en el ánimo de los chavistas el clasismo económico, epidérmico o social sea un tema a erradicar, pero aún falta extender esta depuración hacia áreas tan obvias como el sexo, basamento fundamental de nuestra existencia en este planeta. Y no sólo en el mundo militar. Hay que entender de una buena vez que la homosexualidad, el lesbianismo, el bisexualismo y la heterosexualidad son manifestaciones distintas de lo mismo: nuestro impulso vital, el movimiento del espíritu hacia la fusión con el otro. Que el ejemplo cultural que la historia nos da con ejércitos como la Falange Sagrada tebana, sirva de guía para la nueva categorización que nuestra época debe hacer de comportamientos completamente naturales, ancestrales y necesarios.

2 comentarios:

EnigmasExpress /Gandica dijo...

Con precisión de Herodoto.
Cordial saludo, desde algún punto cerca de esa zona "caliente, frondosa, andina", como calificó a Valera en algún momento.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Gracias,enigma, esa comparación con Herodoto, muy bonita aunque ojalá fuera cierta...